Dentro de cada uno de nosotros existe una grandiosa Luz Dorada, somos luz creadora y perfecta, descubrirlo nos concede acceso a la verdad acumulada en la consciencia, y la posibilidad de liberarnos definitivamente del ego.

Los secretos, la información, los métodos para llegar a la verdad y poder acceder al reino de Dios, estado mental de total e infinita paz, donde todo es armonía y nuestra subsistencia está garantizada, la salud es perfecta y no existe el sufrimiento, requiere de un trabajo interno para lograrlo.

La abundancia del universo es infinita, lo único que hay en él es riqueza por doquier, no obstante, el ser humano hasta el tercer nivel de desarrollo de conciencia vive aferrado desesperadamente a sus posiciones materiales limitadas, y a creencias que lo restringen aún más, convencido de que no existen otras posibilidades para subsistir.


El ser ignorante es limitado por sus creencias y esclavizado por sus posesiones.


Aquel que se cree dueño de algo o de alguien, condiciona totalmente las posibilidades de acceder a la abundancia infinita, a la información y a todas las puertas de acceso a los inconmensurables recursos existentes y dispuestos por el Padre para todos sus hijos, convirtiéndose por decisión propia en un esclavo de sus posesiones, aferrado desesperadamente a las cosas que cree que son suyas, en la absurda idea de que no puede vivir sin ellas.

Desarrolla una incontrolable necesidad de proteger aquellas personas o pertenencias de las cuales se siente dueño, llenando así su vida de angustia permanente, ansiedad y temor a perderlas.

Existe un grandioso Dios Creador, que es nuestro Padre Celestial, que dispuso el universo entero para sus hijos, que todo lo creo con la única finalidad de que nosotros sus hijos podamos disfrutar de esa infinita riqueza, pero las creencias limitantes de una mente enferma, dominada por el ego y la ignorancia, nos lleva a elegir una vida miserable, porque estamos aferrados a todo aquello que creo que es “Mío”, convirtiéndonos es esclavos de esas posesiones que debemos proteger a toda costa para no perder el control sobre ellas.

Quien piensa que algo o alguien es indispensable para su subsistencia, o para poder ser feliz, o para tener paz interior, vive aferrado desesperadamente a pequeñas porciones de bienes materiales, a actividades sofocantes y a un número limitado de personas que llama “seres queridos”, sin los cuales piensa que no puede vivir.

En ese torbellino de creencias que nublan su mente y lo llenan de pánico, el ser humano inconsciente e ignorante, anhela poseer cada día más bienes materiales, cayendo en el engaño de que son suyos, pero no se da cuenta que todo aquello que puede perder en algún momento por cualquier causa inesperada, no le pertenece; no comprende que solo es dueño de su paz interior, de la felicidad que él mismo puede proporcionarse, y del amor que es capaz de dar al mundo que lo rodea.

Todo lo demás, son simples objetos materiales que el universo le permite administrar de manera temporal, que algún día llegaron a sus manos y que de igual manera algún día perderá la posibilidad de administrarlos, pues no son suyos, pasaron por sus manos de forma pasajera para que descubra que no le pueden proporcionar felicidad, paz y ninguna otra condición espiritual que realmente lo lleve a la plenitud de la vida.


Los bienes materiales son para usar y las personas para amar, pero en el afán de poseer lo hacemos al revés.


Mientras creamos que no existen otras formas de convivir y compartir los recursos que tenemos a nuestra disposición, mientras tengamos instalada en la mente la idea de que somos dueños de algo o de alguien, permaneceremos desesperadamente aferrados a las costumbres, tradiciones y culturas conocidas por nosotros, porque tenemos pánico al cambio, lo consideramos una amenaza que nos proporciona pérdida.  

Quien piensa de esta manera, será eternamente pobre o miserable hasta que cambie de actitud. Veamos la definición de estas dos palabras:

Pobre: Persona que quiere todo lo que no tiene.

Miserable: El que solo puede disfrutar lo que posee.

Se mantendrá pobre, aquel que trata de poseer cosas, se mantendrá miserable aquel que cree que es dueño de algo o de alguien. El ser humano en su ignorancia absoluta del funcionamiento del universo pelea por migajas, mientras el pan se desperdicia.

Podemos entonces concluir que:

  • No somos dueños de nada ni de nadie.
  • No somos indispensables para nada, ni para nadie.
  • Nada, ni nadie es indispensable para ser feliz y tener paz.

Vivimos y nos comportamos como pobres o peor aún como miserables, peleando por migajas para poder sobrevivir, luchando por unas pocas sobras, deprimidos y esclavizados por creencias falsas, sin llegar a descubrir que cualquier lucha para subsistir nos conduce a pelear, que toda creencia que nos roba la paz y la armonía y nos impide expresar abiertamente el amor, nos destruye y que la idea de querer poseer a las personas o los bienes materiales, nos mantiene esclavizados.

Preguntas:

¿Por qué razón las personas se aferran a sus limitadas posesiones?

¿Qué tipo de creencias limitan el acceso a la abundancia infinita?

Luz Stella Solano M.