Cómo escuchar empáticamente

Cómo escuchar empáticamente

En este artículo se explica el procedimiento para lograr comunicarnos en forma empática con nuestros interlocutores.

¿Cuál es el propósito de la escucha empática?

El objetivo de la escucha empática, también llamada comunicación transformadora y comunicación no evaluativa, es COMPRENDER lo que su interlocutor(a) le transmite, no sólo RACIONALMENTE, su pensamiento, sino también EMOCIONALMENTE, sus sentimientos, de modo tal que se sienta plenamente entendido.

¿Cómo se hace esto? 

Debe estar dispuesto a proceder del siguiente modo:

  • Abstenerse de emitir juicios mientras trata de comprender a su interlocutor(a). Limítese a tratar de comprenderlo(a) racional y emocionalmente, sintonizándose con él. Pregunte todo lo que le ayude a lograr esa comprensión racional-emotiva.
  • Cuando crea haber comprendido, repítalo a su interlocutor(a) usando sus propias palabras (las de usted). Haga esto hasta que su oyente esté de acuerdo en que lo que usted entendió, es lo quería decirle.
  • No trate de convencer al otro, recuerde: el objetivo es COMPRENDER no persuadir.
  • Si es necesario tomar una decisión, use dos tiempos, uno para comprender otro para decidir. Tome un descanso que separe el proceso de decidir del de comprender, y enfrente la solución de sus diferencias con su interlocutor(a) buscando un acuerdo que satisfaga los intereses de ambas partes.

¿Qué hacer si por razón de su función, padre, madre, jefe, profesor(a), juez, etc. Debe juzgar?

  • Juzgue sólo cuando haya comprendido racional y emocionalmente al otro, no antes, no durante, DESPUÉS.
  • Concéntrese en juzgar la conducta, usando para ello el o los REFERENTES adecuados, la LEY, las normas de convivencia del hogar, las reglas de evaluación de la materia, etcétera, que sean pertinentes a la situación.
  • Evite convertir la conducta de su interlocutor en una característica permanente e inmodificable de su personalidad. Ejemplos:
  • NO diga: es un grosero, mal educado. Señale la conducta: Le levantó la voz a su mamá y la dejó hablando sola.
  • NO afirme: es una mujer amoral, promiscua, infiel. Describa la conducta: se enamoró de otro hombre, dejó a su esposo y se fue a vivir con él.
  • NO señale es un ladrón; diga: se llevó a su casa herramientas de trabajo sin permiso de su supervisor y no las devolvió.
  • NO comente que es un mal estudiante… un vago… un irresponsable; especifique: perdió la materia porque no alcanzó la nota mínima para aprobarla, etcétera.

Esto es más que glamour conversacional, tiene mucho más fondo. En palabras del filósofo Edgar Morin, en su obra MIS DEMONIOS[1]: (…) el axioma de Robert Antelme –no separar a nadie de la humanidad- está y estará presente en mi espíritu. En eso me diferencio (…) de todos los que reducen el criminal a su crimen. Un ser humano es mucho más que su conducta en un aspecto determinado, y no es inteligente reducirlo a ella, ignorando otros aspectos de su ser.

En el campo cristiano equivale a la idea que recoge la frase “duro con el pecado y suave con el pecador”. Si desde el referente cristiano Dios se abstiene de juzgar el ALMA de un ser humano, hasta el momento de su muerte, ¿Por qué hacerlo en vida cuando todavía hay posibilidades de cambio? Si es necesario evaluar, concéntrese en la conducta del prójimo, sin condenar su ALMA.

Toda persona consciente o inconscientemente usa unos referentes, acertados o falso, para tomar sus decisiones. Hay por lo tanto una lógica subjetiva que conduce a que lo que cada persona senti-piensa o actúa, sea coherente con su información, su modo de procesarla y sus referentes. Toda persona tiene razón desde la perspectiva de su lógica subjetiva, aunque no la tenga desde un punto de vista objetivo, o desde referentes distintos a los que ha usado para llegar a las conclusiones a las que llega.

Tenga en cuenta que esto no significa estar de acuerdo con su conducta, sino aceptar que toda persona actúa en función de su propia percepción de la realidad, no importa lo distorsionada que esta sea.

 ¿Por qué es tan difícil practicar la escucha empática?

Es prácticamente imposible escuchar empáticamente a alguien que piensa distinto a uno, sin que los propios pensamientos y sentimientos no se modifiquen, generalmente en forma favorable tanto hacia el interlocutor o interlocutora, como hacia el tema que se esté tratando.

Dado que para la mayor parte de las personas la imagen que tienen de sí deriva de sus senti-pensamientos, la modificación de los mismos se torna amenazadora para su coherencia interna y se tiende a bloquear la mente y cerrar el corazón, cuando se percibe, como consecuencia de la escucha empática, que la propia forma de pensar y de sentir se está modificando.

Lo anterior provoca que se disparen mecanismos psicológicos de defensa, que buscan bloquear el entendimiento de la verdad del otro para proteger la propia coherencia interna, fundamentada en la mayoría de los casos, en la adhesión a la forma de percibir la realidad de cada quien.

¿Cómo mantener la apertura racional- emotiva al otro u otra?

Hay dos métodos principales, no excluyentes; a saber:

  • Percatarse de que usted es fundamentalmente un centro de consciencia y de que su identidad no depende de lo que piensa o siente. Ha cambiado de forma de pensar y de sentir innumerables veces y sigue siendo el mismo; por lo tanto, si como consecuencia del diálogo empático cambia, su esencia, lo que es, un centro de consciencia permanece.
  • Darse cuenta de que quién juzga antes de comprender, no sólo no entiende, sino que no cambia, y sobre todo que ese cambio NO lo produce su interlocutor sino la comprensión que usted realiza de sus senti-pensamientos; es decir, es usted mismos el que decide modificar su forma de ver las cosas al contrastarlas con otras percepciones de la realidad. Igualmente entender que al modificar sus senti-pensamientos acercándolos más a lo que las cosas son, evoluciona hacia una mejor versión de usted mismo.

y aprender a mirar la vida no sólo desde la propia perspectiva sino también desde la de los demás, ampliando racionalmente su mente y emocionalmente su corazón.

No pierda la oportunidad de usarla.

ALBERTO J. MERLANO A.

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Observar sin juzgar

Observar sin juzgar

Se describe la práctica de la observación no evaluativa, necesaria para desarrollar una auténtica comunicación en la que los interlocutores estén dispuestos a cambiar, como consecuencia de comprender empáticamente el punto de vista del otro.

No se comprende lo que se juzga

La práctica de observar sin juzgar consiste en hacernos conscientes de la experiencia, momento a momento, en el aquí y ahora, sin la interferencia de juicios o reacciones mentales o emocionales.

No se comprende lo que se juzga. Para evaluar se requiere, un deber ser contra el cual comparar lo que observamos. Para comprender es necesario suspender, por lo menos provisionalmente, el patrón normativo de referencia, sin ningún proceso consciente o inconsciente de evaluación.

No somos lo que hacemos

Comprender sin juzgar es difícil, pero no imposible. En asuntos humanos el juzgar impide entender el punto de vista del otro. Si queremos lograrlo hemos de hacerlo sin juicios y, si este es imprescindible, debe realizarse sólo después de haber comprendido, no antes, y siempre acerca de la conducta, no del ser; es decir, sobre lo que el otro hace y no sobre lo que ES, mirando como distintos, aunque complementarios, al individuo y sus senti-pensamientos y acciones.

Escuchar desde la nada, desde el vacío, sin juzgar, es empezar a entender. Quien juzga no comprende porque está mirando la cuestión desde su propio punto de vista y no desde el del otro; tampoco cambia porque no se permite ver los otros ángulos del asunto pues se ha formado ya su propia una opinión.

La llamada comunicación transformadora o empática consiste en comunicarse con el interlocutor tratando de entender no sólo sus razones sino sus sentimientos, sin emitir crítica alguna. El propósito de los interlocutores es COMPRENDER la posición racional-emotiva de cada uno de ellos, no necesariamente tomar una decisión.

Muchas veces el solo entendimiento del mundo racional emotivo del otro produce cambios significativos en la relación, porque el proceso conduce no sólo a entender mejor el mundo en el que vive el interlocutor, sino que al hacerlo la propia forma de ver la situación también se modifica.

El proceso es el siguiente:

  1. Escuchar al otro sin cuestionarlo, buscando entender sus senti-pensamientos.
  2. Resumir lo escuchado, validando si la recapitulación es correcta a juicio del interlocutor.
  3. Opcional: decidir qué hacer.

Observar sin juicio no implica necesariamente que nos abstengamos de hacer evaluaciones, sino que mantengamos una separación temporal entre nuestras observaciones y nuestros juicios.

Aceptar a los demás

Una de las recomendaciones más poderosas para facilitar esta práctica, es aceptar a los demás tal como son. Esto puede implicar algo más que la pasividad que proviene de la simple resignación ante lo que no podemos modificar. Se podría convertir en complicidad, una forma de tolerancia activa, con la vida del otro mientras ella no perjudique a los demás. Tal vez sea este el modo más profundo y más bello de relación entre seres humanos que se aman.

Observar en forma no evaluativa, no sólo es necesario para comprender a los demás, sino también para aplicar la célebre y útil sentencia del oráculo de Delfos conócete a ti mismo pues nuestra evolución hacia formas más avanzadas de consciencia y de vida no se deriva de violentar nuestro ser, sino de comprender por qué hacemos lo que hacemos. Si no somos capaces de mirarnos sin evaluarnos, no podremos entender qué es lo que en nosotros acontece.

Al respecto dice el sacerdote jesuita Tony de Mello (1931-1986):

“Para crecer el único camino es la observación. El irse observando uno a sí mismo, sus reacciones, sus hábitos y la razón de por qué responde así. Observarse sin críticas, sin justificaciones ni sentido de culpabilidad ni miedo a descubrir la verdad, es conocerse a fondo. El observarte a ti mismo, es estar atento a todo lo que acontece dentro y alrededor de ti, como si esto le ocurriese a otra persona, sin personalizarlo, sin juicio ni justificaciones ni esfuerzos por cambiar lo que está sucediendo, ni formular ninguna crítica ni auto compadecerse. Los esfuerzos que se hagan por cambiar son peores, pues se lucha contra unas ideas y lo que hay que hacer es comprenderlas, para que ellas se modifiquen por si solas una vez que comprendas su falta de realismo”.

Que el juez descanse

Dejemos que el juez descanse y tratemos de ser lo que somos. Esta comprensión surgida de la ausencia de evaluación, del no-juicio, puede ser profundamente transformadora de nuestros senti-pensamientos y actos. No necesitamos estar en permanente vigilancia sobre nosotros mismos para que nuestra conducta se ajuste a lo que creemos es lo ideal, Cuando nos miramos con curiosidad y amor, sin juzgarnos,
COMPRENDEMOS y al hacerlo somos capaces de cambiar sin gran esfuerzo de voluntad.

ALBERTO J. MERLANO A.
Administrador de Negocios de EAFIT. MBA Universidad del Valle. Consultor en Administración a Escala Humana con énfasis en Manejo de Conflictos. Profesor de las Facultades de Administración de la Universidad de los Andes de Bogotá y de la Universidad del Norte de Barranquilla.

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Despegarse de los resultados…Valorar…Agradecer

Despegarse de los resultados…Valorar…Agradecer

No preocuparse por lo que no se puede controlar, complementado con valorar y agradecer lo que se tiene, son puntos claves para lograr eficacia en la acción y paz en el corazón.

No seamos esclavos de los resultados

Desapegarse de resultados consiste en no hacer depender de ellos el sentirnos bien o mal. Implica darle tanto valor al proceso, en particular al aprendizaje que de él derivamos, como a las metas que queremos alcanzar. No significa no tenerlas en cuenta o no trabajar por objetivos, sino no esclavizarnos “neuróticamente” a los resultados de nuestras acciones menospreciando los esfuerzos exitosos o fallidos por alcanzarlos y las enseñanzas que de ellos derivamos.

Dado que la cultura empresarial es tan propensa a la evaluación por resultados, esta es una de las prácticas más difíciles de entender para gente familiarizada con la vida organizacional.

Lo primero que hay que comprender es que en el mundo en que vivimos, los resultados son consecuencia de múltiples variables interdependientes. En muchos casos no tenemos el poder necesario para lograr lo que se nos pide o queremos obtener. Dependemos para ello no solo de la colaboración de otros, sino en ocasiones de la ocurrencia de eventos sobre los que no tenemos control alguno.

En situaciones multi determinadas e interdependientes, como son buena parte de las que se dan en la vida y en las empresas, somos generalmente dueños de nuestros esfuerzos, no de nuestros resultados. Esto se evidencia con contundencia en la medida en que los propósitos son más ambiciosos e involucran mayor número de personas y eventos.

El poder normalmente se encuentra fragmentado y para lograr un determinado objetivo, debemos ser capaces no solo de unir la voluntad de quienes lo tienen, sino esperar que aquello que escapa a nuestro control, gravite a nuestro favor. La incertidumbre es característica del universo en el que vivimos y los sistemas caóticos son abundantes en él, de hecho, la complejidad basada en la interdependencia de todo con todo, constituye la esencia de lo biológico y lo psico-social. La actual Teoría de la Complejidad ayuda a comprender esto.

Lo dicho fortalece la toma de decisiones grupales y representa un serio desafío a los tradicionales sistemas de administración por objetivos y evaluación por resultados, enfocados más sobre la acción individual que sobre la acción grupal, que normalmente sobrevaloran la capacidad de los ejecutivos de las organizaciones para lograr que las cosas sucedan de acuerdo con los deseos de la empresa.

Manfred Max Neef humanista y economista chileno ganador del premio Nobel Alternativo de Economía en 1983, nos recomienda derivar en estado de alerta, recordándonos que quienes sólo tienen claro el punto de partida y de llegada se pierden de lo más interesante que es el viaje en sí mismo. Hay mucha afinidad entre este planteamiento y el expresado por Constantino Kavafis en su muy conocida poesía ITACA.

Todo lo anterior correlaciona también con lo que los psicólogos denominan tolerancia a la ambigüedad, una competencia necesaria para los que, como los administradores, trabajan para lograr resultados en un mundo en donde la incertidumbre, derivada de la interdependencia de todo lo que existe, llegó hasta la Física, la reina de las ciencias naturales. Saber aceptarla y navegar con ella, concentrándonos en los procesos, es vital para la tranquilidad y la efectividad personal.

La paradoja es que cuando soltamos el apego por los resultados y nos concentramos en el proceso, nuestro desempeño mejora. No obstante hacer lo que aquí se recomienda para incrementar la productividad, laboral o de otro tipo, contraría la finalidad del desapego pues en la práctica, continuaríamos aferrados a los fines de nuestras acciones, pues seguiríamos valorándonos en términos de éxito o fracaso en lo que emprendamos.

El meta objetivo

Consiste en generar una especie de meta-propósito coincidente con la cosmovisión de vida que tengamos, que convierta los resultados buscados en simples medios al servicio del mismo.

La auto-realización, entendida como el proceso de llegar a ser lo que potencialmente se es, puede servir. En este sentido el éxito o el fracaso se convierten en maestros, porque a través de las acciones para obtener resultados aprendemos… somos más. Podemos de esta manera convivir con todo tipo de intencionalidades, sin sentirnos apegados a ellas y convertir en aprendizaje todo lo que vivamos.

Para los creyentes en Dios y en su intervención personal o impersonal en asuntos humanos, el aceptar su voluntad puede representar una idea equivalente. San Ignacio de Loyola desde la perspectiva cristiana, decía: “Obremos como si todo dependiera de nosotros, pero dejemos el resultado en manos de Dios” 

La posición de Deepak Chopra, respecto a la posibilidad de desapegarse de los resultados, es muy interesante. Afirma que si cuando formulamos nuestros objetivos nos abrimos a la posibilidad de que no se cumplan si así lo dictan las circunstancias, o la voluntad de Dios, según nuestra visión de vida, podemos luchar por ellos concentrándonos en los esfuerzos y sin dejar de mirar los resultados, no hacer depender de los mismos nuestra valoración del éxito o el fracaso de la acción.

El enfoque plasmado en el Bhagavad Gita, que constituye la esencia de la filosofía del Karma Yoga de los hinduistas y budistas, obtiene un notable equilibrio entre medios y fines: Mirar el futuro y luchar por construirlo según los propios sueños, pero sin apetecer los frutos de la acción. Si se dan bien, si no, examinar porqué y modificar los fines o los medios, enfatizando en todos los casos el valor de la experiencia en sí misma y el aprendizaje que se deriva de ella. El camino y lo que en él se aprende es el fin, el destino el medio. Gandhi, seguidor del sendero del Karma Yoga, afirmaba al respecto: Esfuerzo completo, victoria completa.   

Coincidentes con esta orientación está el aprender a reconocer las oportunidades de crecimientos que nos ofrece la vida. Cuando nos sintamos emocionalmente inseguros, nos enfermemos, perdamos un trabajo o una relación se acabe, detengámonos, y busquemos las lecciones que puedan estar presentes en estos hechos, en lugar de lamentarnos por no haber logrado lo que queríamos. En esta dirección apunta un cántico de guerra de la etnia Suahili: Solo la lucha le da sentido a la vida, la victoria o la derrota está en manos de los dioses ¡Celebremos la lucha!

Valorar y agradecer

La práctica de desapegarse de resultados se complementa con la de VALORAR y AGRADECER lo que se tiene, concentrando nuestra atención no sólo en lo que no tenemos sino en lo que está a nuestra disposición.

VALORAR significa mantener la capacidad de reconocer el inmenso valor que tienen todas las cosas que la vida nos ha dado. El que no valora lo que tiene corre el riesgo de perderlo. La queja nos empobrece. La FELICIDAD se relaciona con la valoración de lo que tenemos. 

AFIRMACIÓN

Valoro y disfruto intensamente todo lo que tengo y todo lo que hago.  Reconozco que valorándolo, desarrollaré la capacidad para disfrutar nuevas cosas y relaciones. RENUNCIO a quejarme de lo que hago o de lo que tengo. 

AGRADECER significa renunciar a sufrir por las dificultades, comprendiendo el profundo valor pedagógico que ellas tienen para reconocer nuestras propias limitaciones y la gran oportunidad que existe en todo aquello que representa algún nivel de dificultad, porque permite el desarrollo de competencias que facilitan la trascendencia definitiva de cualquier dificultad asociada a las relaciones humanas, al cuerpo físico, a los recursos disponibles o a la capacidad de aprovechar el medio dentro del cual nos corresponde actuar. El agradecimiento, independientemente de buenos o malos resultados, es una profunda herramienta de liberación, pues siempre hay algo que agradecer.

AFIRMACIÓN

 Agradezco TODO lo que tengo y todas las situaciones difíciles y dolorosas, porque ellas son oportunidades que nos da la vida para aprender y desarrollar mi potencial. RENUNCIO a sufrir ante las dificultades, comprendiendo que me enseñan a liberarme de las limitaciones, las dependencias y en últimas del sufrimiento.

 Autor Invitado
Alberto J. Merlano A.
 

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Aceptar… Asumir… Dejar ir

Aceptar… Asumir… Dejar ir

Este artículo nos enseña como ACEPTAR lo que no podemos cambiar o bien porque no es posible o porque el costo de hacerlo es muy alto, igualmente a ASUMIR nuestra responsabilidad por aquello que nos sucede, y por último DEJAR IR lo que no podemos o no queremos modificar.

Aceptar

Significa dejar de pelear con la vida, aceptando a las personas, las situaciones, las circunstancias y los hechos tal como se den, incluidas decisiones y acciones del pasado, lo malo, así como lo bueno.

Asumir

Significa no culpar a nada ni a nadie, ni siquiera a nosotros mismos por las situaciones que nos correspondan vivir, por el resultado de las decisiones que libremente hemos tomado y por las emociones y sentimientos que experimentamos. Para ello hemos de comprender que si bien, no controlamos mucho de lo que nos sucede, si lo hacemos con la forma en que reaccionamos a ello. Cuando asumimos la responsabilidad por lo que nos acontece, dejamos de culpar a los demás y tomamos el control de nuestra propia existencia, abandonando la posición de víctimas.

Dejar ir

Implica saber renunciar no aferrándonos a aquello que la razón nos dice es, en nuestras circunstancias, imposible o muy costoso de lograr. Sólo podemos dejar ir aquello que hemos bendecido. Al respecto podría ser útil recordar el hermoso pensamiento expresado por el poeta brasilero Machado de Assis: “La noche pasada, cuando tumbado dormía, soñé que una colmena moraba en mi corazón y que las abejas doradas hacían blancos panales y miel dulce de todos mis naufragios”.

Aceptar…Asumir…y Dejar ir, estimula la capacidad de dar respuestas creativas a la vida, tal como es, en el aquí y en el ahora, es liberarse del pasado, dejarlo atrás, con el objeto de poder comenzar a experimentar la vida tal como es en presente, empezando entre otras cosas, a aceptarnos como somos con todo lo que consideramos nuestras imperfecciones.

Sin los fracasos de ayer no seríamos lo que somos hoy. Evaluar nuestras acciones pasadas a la luz de lo que somos en presente no es racional, pues si volviéramos atrás con el grado de consciencia e información que teníamos en ese momento, volveríamos a cometer los errores que hoy lamentamos. Esta es también la base del perdón: la convicción de que todo ser humano actúa dentro de las limitaciones de su nivel de evolución y de sus circunstancias.

Permanece abierto a la vida

¿Cómo saber cuándo es bueno luchar y cuándo aceptar? Una conocida oración atribuida a San Francisco de Asís nos puede ayudar a decidir. En ella se pide a Dios fortaleza para cambiar lo que sea modificable, aceptación de lo que al cambio se resista y sabiduría para reconocer la diferencia.

Cooperemos con lo inevitable, ayudando a que sea lo que ha de ser. Al cerrarnos al cambio no podemos permanecer abiertos a la vida. El deseo de controlarlo es nuestro gran obstáculo hacia el logro de la felicidad.

Dejemos que la gente sea como es y viva la vida a su manera. No tratemos de hacer a los demás copias de nosotros mismos; basta con el original.

Una de las nobles verdades de Buda, tal vez la más conocida, es que las expectativas, los apegos, son la causa del sufrimiento. Otra dice que la forma de extinguir el sufrimiento es eliminarlos. Cuando dejamos de esperar que las cosas sean distintas a lo que son, comenzamos a transitar el sendero de la paz interior.  Si dejamos de luchar y de resistirnos a lo inevitable, viviremos plenamente el presente, permaneciendo abiertos a todas las opciones sin aferrarnos rígidamente a ninguna de ellas.

Siempre que enfrentemos cualquier evento recordemos: Este momento es como debe ser. Las cosas son como son, los juicios los elaboramos nosotros mismos. Bueno o malo son evaluaciones de la mente, sólo tenemos vida por vivir. Esto es así porque en la vida no parece haber premios ni castigos decretados por una entidad externa a nosotros mismos, solo consecuencias de nuestros propios actos.

La base de la comprensión

Busquemos explicaciones más que culpas, tratando de aprender de todo lo que nos pase, renunciando incluso a entender, si no nos es posible explicarnos por qué algo sucedió como sucedió. Todo lo que nos pase, bien aprovechado, trabaja en favor de nuestra auto-realización. En cada problema hay una oportunidad, que nos permite transformar cualquier circunstancia adversa, en algo positivo.  De nosotros depende esta alquimia.

Cuando nos encontremos sufriendo ante cualquier situación hagámonos esta pregunta, ¿Qué es lo que no estoy aceptando? Al planteárnosla encontraremos la causa del sufrimiento. Para Gerardo Schmedling, reputado maestro espiritual ya fallecido, aquello que no somos capaces de aceptar es la única causa del sufrimiento. Para él, si lográramos admitirla obtendríamos una liberación instantánea del dolor.

No hay nada que no se pueda aceptar, incluso la propia falta de aceptación. Esta literalmente obra milagros pues el cambiar nuestra percepción de lo que vivimos modifica nuestras relaciones con nosotros mismos y con el entorno, propiciando nuestro propio cambio y el de los demás.

Afirmaciones:

Renuncio a intentar cambiar a los demás y, en su lugar, trabajaré sobre mí mismo. Renuncio a luchar y a tratar de modificar el orden del Universo  y sus procesos cuando no me corresponda hacerlo, y, sobre todo, a tratar de interferir con las experiencias de vida de las demás personas.

Asumo el resultado de mis decisiones y de mis experiencias de vida. Sé que mis pensamientos y sentimientos los genero yo mismo y no lo que sucede a mi alrededor, y mucho menos lo que piense, digan, hagan, o dejen de hacer los demás. Renuncio a culpar a nada ni a nadie, incluyéndome a mí mismo, por lo que piense o sienta.

Dejo ir y bendigo el pasado, lo que evalué como malo y lo que evalué como bueno, sin él no sería lo que soy hoy. Renuncio a culparme por lo que volvería a hacer si regresara al pasado con el nivel de conciencia y conocimientos que tenía en aquel entonces. Me concentraré en el Presente, pues el pasado es inmodificable y el futuro sólo existe en mi imaginación.

Autor Invitado:
Alberto J. Merlano

Estas afirmaciones son pieza fundamental para trabaja en favor de nuestra auto-realización.

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Wu wei el arte de hacer desde la no-acción

Wu wei el arte de hacer desde la no-acción

DESDE TIEMPOS INMEMORIALES ALGUNOS ANTIGUOS SABIOS CHINOS ACUÑARON UN CONCEPTO CUYA ENUNCIACIÓN REPRESENTA UN INMENSO LOGRO EN LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

a la par que la expresión de uno de los métodos de administración más sutil y poderoso que existe: el Wu Wei, también conocido como la Ley del Mínimo Esfuerzo o el arte de obtener resultados aprovechando las fuerzas existentes en cada situación en lugar de ir en contra de ellas, del cual las artes marciales orientales son su más conocido ejemplo.

Nuestra educación occidental ha sido cimentada en la exaltación de la acción arrolladora como valiosa en sí misma. Hemos sido formados en la cultura de que por encima de los medios está la consecución de los objetivos y que son los logros los que determinan ese apreciado valor social llamado éxito, independientemente del costo en que se incurra para obtenerlo, muchas veces reflejado en conductas que obstaculizan la cooperación presente y futura entre grupo y personas interdependientes. Frente a los habituales valores que sirven de base a la acción desbordante, la energía frenética, o el dinamismo de la excitación propia de cualquier lucha, la propuesta de este paradójico hacer con la mínima acción, se revela tan seductora como inaprensible si se trata de comprender desde una perspectiva sesgada por la visión de la vida como una lucha entre opuestos en lugar de una síntesis entre contrarios.

Tal vez por ello, el Wu Wei sea para nosotros, los occidentales, más difícil de comprender que para los pueblos de Oriente aunque, en realidad, el factor cultural es mucho menos condicionante que el deseo sincero que cada persona tenga de orientar su vida hacia la acción no violenta propia del Wu Wei usando métodos que enfaticen más la cooperación que la confrontación.

Pero ¿es este concepto algo más que una reflexión ingeniosa fruto de algún monje taoísta? Y, lo que es más importante:

¿Es susceptible de ser aplicado en el ámbito de lo concreto, en el mundo de las empresas o de la política, por ejemplo?

¿Cómo es posible hacer desde el no-hacer?

¿No son ambas ideas antagónicas?

Pues bien, la práctica del Wu Wei en la vida diaria no sólo es posible, sino que facilita el éxito, entendido como lograr lo que se quiere, tanto en resultados como en un mínimo de consecuencias adversas posibles, para las partes involucradas. Si entendemos el Wu Wei como la práctica que nos conduce a no violentar la naturaleza de lo que queremos modificar buscando la línea del menor esfuerzo, lograremos un valioso criterio para la acción eficaz en todos los órdenes de la vida.

Si bien es cierto que la acción no solo efectiva sino eficiente; es decir, lograda con el mínimo esfuerzo, es generalmente una consecuencia de la madurez proporcionada por la experiencia de tratar de lograr cambios con el mínimo costo posible, no es menos cierto que se trata de una forma de ver la vida desde la perspectiva de la no violencia, aplicable a nuestra conducta a través de un aprendizaje consciente.

Un sistema está como está porque no puede estar de un modo distinto, las múltiples fuerzas de distinta intensidad y dirección que lo componen se hallan en un equilibrio inestable que produce el resultado que se observa; esto independiente de los criterios de valor que sean usados para evaluar la situación y quererla llevar a un nuevo equilibrio.

Esta verdad de PEROGRULLO si se analiza con detenimiento es la clave de la acción transformadora eficaz y eficiente.

SI SE QUIERE MODIFICAR ALGO CON EL MÍNIMO ESFUERZO aplicando la concepción del Wu Wei, hay que entender lo más completamente posible qué determina el equilibrio del sistema y cuál es la intensidad y dirección de las fuerzas que generan su actual estado. El Wu Wei implica por lo tanto, conocer en profundidad la naturaleza de lo que se pretende cambiar con el fin de poder movilizar el sistema al resultado apetecido con un mínimo de intervención reconfigurando las fuerzas que lo integran.

Esto equivale a una acción “terapéutica” equivalente a retirar los elementos que dificultan que el sistema funcione en la forma deseada, logrando que este por su propia dinámica logre un desempeño que lo “optimice” lo cual implica conocer las fuerzas más poderosas y profundas que operan bajo la superficie del sistema que se quiere modificar, normalmente relacionadas con la naturaleza humana. El Wu Wei es parcialmente coincidente con la teoría de cambio de Kurt Lewin (2) cuyas investigaciones condujeron a la afirmación de que es más económico, en todos los sentidos de la palabra, modificar un sistema eliminando las fuerzas restrictivas que lo ubican en una determinada posición de equilibrio que aumentando las fuerzas impulsoras. Lo anterior implica en el mejor de los sentidos sabiduría en la acción, minimizando no sólo las intervenciones a las estrictamente necesarias sino también no proveerlas de una potencia superior a la mínima para lograr el resultado apetecido, concentrándose más en las restrictivas que en las impulsoras.

Aplicando una somera observación a la conducta empresarial, se evidencia de inmediato la tendencia que tienen los Gerentes a complicar el logro de sus propósitos por desconocimiento del sistema o por arrogancia del EGO, percibiendo los procesos de cambio como batallas de ganancia cero en la que forzosamente debe haber ganadores y perdedores. Siendo el Wu Wei el método de obtener resultados con la menor inversión de tiempo, esfuerzo, energía y medios posibles, podemos observar que el beneficio de usar esta perspectiva se multiplica en proporción directa a la complejidad del desafío y a la necesidad de causar el mínimo daño posible a las relaciones de cooperación necesarias en cualquier sistema compuesto por actores con metas coincidentes, aunque tengan intereses diferentes.

El Wu Wei no tiene nada que ver con la inactividad. Muy al contrario, siendo como es el arte de permitir que las cosas sucedan siguiendo su flujo natural, se puede afirmar que el no-hacer lo que no conviene hacer dada la naturaleza del sistema a intervenir, es la máxima expresión de la acción; es decir, una acción que brota de la profunda naturaleza de lo que se intenta modificar dejando al margen las necesidades del ego y el irreal mundo en el que habita. Este propósito esta expresado en la frase del Arte de la Guerra de Sun Tzu en la que sostiene que el supremo logro es someter al enemigo sin luchar.

También aunque con una filosofía distinta basada en el odio que desintegra y no el amor que une, subyace en la práctica marxista orientada a aumentar las contradicciones dentro de un sistema con el fin de provocar su cambio. Aplicado a la propia vida y a la administración de personas el WU WEI implica construir sobre fortalezas, las propias y las de los demás, en lugar de sobre debilidades. Para aplicar esta práctica del hacer sin hacer, volviéndonos maestros de la acción en la inacción; se sugieren los siguientes pasos:

1. Definir el QUÉ, el POR QUÉ y el PARA QUÉ de lo que se quiere cambiar. Establecer los límites del sistema que se intenta modificar.

2. Esto se hace contestando a la pregunta ¿Quiénes tienen poder o autoridad para lograr que el sistema cambie, o en su otra cara, para impedir su modificación?

3. Descubrir las fuerzas naturales, el ATRACTOR hacia donde se dirige el sistema. Las fuerzas más grandes son las que existen en la naturaleza humana; son ellas las que condicionan los movimientos de cualquier sociedad que solo produce satisfactores, no crea necesidades. La comprensión de la dinámica interna de un sistema humano, comienza y termina, por lo tanto, con el entendimiento de las necesidades e intereses de las partes que lo componen y la correlación de fuerzas entre los diversos intereses independientemente de que sean o no legítimos a la luz de cualquier criterio de valor. Está condenado al fracaso a corto, mediano o largo plazo cualquier cambio que vaya en contravía con la naturaleza humana; por ello conocerla es obligatorio para cualquier agente de cambio que no quiera ser agobiado por las fuerzas contrarias a sus propósitos que irreflexivamente desate. Para lograrlo vale la pena apoyarse en los descubrimientos de las ciencias humanas.

4. Evaluar las fuerzas existentes dentro del sistema definiendo cuáles son impulsoras en el sentido en que queremos se mueva el sistema y cuáles restrictivas de tal acción, concentrándose principalmente, en las restrictiva aplicando el Principio de Pareto.

3.  Actuar manteniendo una permanente observación sobre el sistema intervenido evaluando las repercusiones de las acciones y efectuando las correcciones necesarias. No olvidar que se es parte de el mismo y que este es tan complejo que no es posible predecir con alto grado de probabilidad los resultados, por lo tanto la estrategia debe estar al servicio de la cambiante situación, sin perder el objetivo que se busca modificándolo si las circunstancias lo hacen necesario.

La práctica hace al maestro, entre más rápido se empiece a incorporar estos factores en el análisis de las decisiones de cambio más pronto se empezaran a cosechar éxitos en el intento de establecer entornos sociales más ajustados a la naturaleza humana, permitiendo que los aspectos positivos de la misma se expresasen creando armonía en donde exista discordia y juegos de poder entre “buenos” y “malos”.

1. INSPIRADO EN UN ARTÍCULO ANÓNIMO DE INTERNET DEL MISMO TÍTULO [HTTPS://WWW.PROYECTOPV.ORG/1 VERDAD/WUWEI.HTM], MODIFICADO Y ADAPTADO AL MUNDO DE LAS DECISIONES EMPRESARIALES POR EL ADMOR. ALBERTO MERLANO EN DICIEMBRE 2012.

2. PSICÓLOGO ALEMÁN NACIONALIZADO ESTADOUNIDENSE (1890-1947).SE INTERESÓ EN LA INVESTIGACIÓN DE LA PSICOLOGÍA DE LOS GRUPOS, LA DINÁMICA DE LOS PROCESOS DE CAMBIO Y LAS RELACIONES INTERPERSONALES. ES RECONOCIDO COMO EL FUNDADOR DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL MODERNA.

3. WILFREDO PARETO (1848- 1923) FUE UN SOCIÓLOGO, ECONOMISTA Y FILÓSOFO, CREADOR DEL DENOMINADO PRINCIPIO DE PARETO TAMBIÉN CONOCIDO COMO LA REGLA DEL 80-20 QUE ESTABLECE QUE EN UN EVENTO SOCIAL UN MÍNIMO DE CAUSAS – APROXIMADAMENTE EL 20% – RESPONDEN POR LA MAYOR PARTE DEL EFECTO- APROXIMADAMENTE EL 80%. POR LO TANTO SI QUEREMOS CAMBIAR ALGO DEBEMOS CONCENTRARNOS EN LOS POCAS CAUSAS DEL EFECTO QUE QUEREMOS MODIFICAR. EL PRINCIPIO HA SIDO DE GRAN APLICACIÓN EN LA ECONOMÍA Y EN LA ADMINISTRACIÓN, ENTRE OTRAS.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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A propósito de amores idos

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DUELE AMAR A ALGUIEN Y NO SER CORRESPONDIDOS PERO LO QUE ES MÁS DOLOROSO ES AMAR A ALGUIEN

y nunca encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes. Tal vez Dios quiere que nosotros conozcamos a unas cuantas personas equivocadas antes de conocer a la persona correcta, para que al fin cuando la conozcamos, sepamos seragradecidos por ese maravilloso regalo. Una de las cosas más tristes de la vida es cuando conoces a alguien que significa todo solo para darte cuenta que al final no era para ti y lo tienes que dejar ir.

Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra puerta se abre, pero algunas veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró, que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros. Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero también es cierto que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos.

Darle a alguien todo tu amor nunca es un seguro de que te amarán, pero no generes expectativas que te amen de regreso; solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona, pero si no crece sé feliz por que creció en el tuyo.

Hay cosas que querrías oír que nunca escucharas de la persona que te gustaría que te las dijera, pero no seas tan sordo para no oírlas de aquella que las dice desde su corazón. Nunca digas adiós si todavía quieres tratar. Nunca te des por vencido si sientes que puedes seguir luchando, nunca le digas a una persona que ya no la amas si no puedes dejarla ir.

EL AMOR LLEGA A AQUEL QUE ESPERA, AUNQUE LO HAYAN DECEPCIONADO

A aquel que aun cree, aunque haya sido traicionado. A aquel que todavía necesite amar, aunque antes haya sido lastimado, y a aquel que tiene el coraje y la fe para construir la confianza de nuevo.

El principio del amor es dejar que aquellos que conocemos sean ellos mismos, y no tratarlos de voltear a nuestra propia imagen, porque entonces solo amaremos el reflejo de nosotros mismos en ellos. No vayas por el exterior, este te puede engañar, no vayas por las riquezas, porque aún eso se pierde. Ve por alguien que te haga sonreír, porque toma tan solo una sonrisa para hacer que un día oscuro brille. Espero que encuentres a aquella persona que te haga sonreír.

Hay momentos en los que extrañas a una persona tanto que quieres sacarlos de tus sueños y abrazarlos con todas tus fuerzas. Sueña lo que quieras soñar, ve a donde quieras ir, sé lo que quieras ser; porque tienes tan solo una vida y una oportunidad para hacer todo lo que quieras hacer. Espero que tengas suficiente felicidad para hacerte dulce, suficientes pruebas para hacerte fuerte, suficiente dolor para mantenerte humano, suficiente esperanza para ser feliz. Las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo; solo sacan lo mejor de todo lo que encuentran en su camino.

La felicidad espera por aquellos que lloran, aquellos que han sido lastimados, aquellos que buscan, aquellos que tratan. Porque solo ellos pueden apreciar la importancia de las personas que han tocado sus vidas.

El amor comienza con una sonrisa, crece con un beso y muere con una lágrima. La brillantez del futuro siempre estará basado en un pasado olvidado. No puedes ir feliz por la vida hasta que dejes ir tus fracasos pasados y los dolores de tu corazón. Cuando naciste, tú llorabas y todos alrededor sonreían, vive tu vida de forma que cuando mueras tú sonrías y todos alrededor lloren.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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