Desapegarse de resultados

Desapegarse de resultados

EL DESAPEGO ES UN ESTADO DE LA MENTE QUE IMPLICA MANTENER EL CENTRO DE AUTO VALORACIÓN EN LO QUE SOMOS

un centro de consciencia, independientemente de lo que tengamos o de nuestros logros. Aplicado a resultados significa no hacer depender nuestra auto-estima de logros sobre los que no tenemos total control.

No implica no darle valor a aquello por lo que luchamos o no trabajar por objetivos, sino percatarnos de que su obtención depende no sólo de nuestros esfuerzos sino de variables que escapan de nuestro dominio. Es darnos cuenta que en muchos eventos de nuestra vida cotidiana somos totalmente responsables de nuestros esfuerzos, pero solo parcialmente de los resultados que esperamos obtener de ellos, pues el principio de incertidumbre de la Física, derivado posiblemente de la interdependencia de todo lo que existe, opera también el mundo de los asuntos cotidianos.

El desapegarse de resultados correlaciona con lo que los psicólogos denominan “tolerancia a la ambigüedad”, considerado por muchos como unos de los atributos de personalidad de los gerentes exitosos. Centrar nuestra valoración personal en resultados que no dependen totalmente de nuestros esfuerzos es irracional. Saber aceptar la ambigüedad y aprender a navegar en ella, derivando en estado de alerta, como recomienda Manfred Max Neef ganador del Nóbel alternativo en Economía en 1983, es vital para la tranquilidad y la efectividad personal.

La posición de Deepak Chopra respecto a la posibilidad de no angustiarse por los resultados que no dependen totalmente de nosotros, es muy interesante. Afirma que si al formular nuestros objetivos nos abrimos a la posibilidad de que no se cumplan si las circunstancias fuera de nuestro control no nos son favorables, podemos luchar por ellos concentrándonos en los esfuerzos, sin hacer depender nuestra valoración personal del éxito fracaso de nuestras acciones individuales.

En este sentido podríamos decir con Gandhi: esfuerzo completo, victoria completa. En la misma dirección apunta uno de los cantos de guerra de la etnia Suahili: Solo la lucha le da sentido a la vida, la victoria o la derrota está en manos de los dioses ¡Celebremos la lucha!

PARA LOS CREYENTES EN DIOS Y EN SU INTERVENCIÓN PERSONAL O IMPERSONAL EN ASUNTOS HUMANOS

el aceptar su voluntad puede representar una idea equivalente. Para ello podemos hacer propia la frase de San Ignacio de Loyola quien desde la perspectiva cristiana, decía: “Obremos como si todo dependiera de nosotros, pero dejemos el resultado en manos de Dios” El enfoque plasmado en el Baghavad Gita, que constituye la esencia de la filosofía de los hindúes y budistas, logra un notable equilibrio entre medios y fines: Mirar el futuro y luchar por construirlo según los propios sueños, pero sin apetecer los frutos de la acción. Si se dan bien, sino, examinar porqué y modificar los fines o los medios aceptando lo que no podamos cambiar, enfatizando en todos los casos el valor de la experiencia en sí misma y el aprendizaje que se deriva de ella.

Desde la perspectiva del desarrollo personal el camino y lo que en él se aprende es el fin y el destino el medio. Si soltamos el apego por resultados concentrándonos en hacer lo mejor posible lo que tengamos que hacer para lograrlos, nuestro desempeño y nuestra calidad de vida mejorarán notoriamente.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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La intuición un relámpago

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DAMOS DEMASIADA IMPORTANCIA A NUESTRA INFORMACIÓN CONSCIENTE Y DESCUIDAMOS LA INCONSCIENTE QUE REPRESENTA LA MAYOR PARTE DE LOS CONTENIDOS DE NUESTRA MENTE

Pensamos demasiado y trabajamos nuestra parte emocional poco, casi nada. La utilidad de no pensar tanto, está vinculada con el acceso a la consciencia no verbal de hacer parte de un todo, tan valorada en el misticismo. También correlaciona con la emergencia de la intuición, entendida como procesamiento inconsciente de información, presuntamente realizada a través del hemisferio derecho del cerebro y definida por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, como la “facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”.

Lo que sabemos hoy del funcionamiento de los hemisferios cerebrales parece indicar que lo consciente tiene más que ver con el hemisferio izquierdo, analítico y verbal, que con el derecho, globalizador y mudo. En el derecho se produce, entre otras, la síntesis de la información que procesamos conscientemente con el izquierdo, pero a ésta sólo tenemos acceso mediante la percepción directa, no verbal, de la misma; en otras palabras, a través de la intuición.

Análisis y síntesis se complementan funcionando en círculo, el uno alimenta al otro. Entre mejores análisis, mejores síntesis y viceversa. Por ello para poner a funcionar en forma adecuada la intuición es recomendable agotar la vía analítica y desprender la mente consciente del tema que nos preocupa, haciéndonos conscientes de los destellos creativos de nuestro hemisferio derecho. Posteriormente, hemos de validar racionalmente nuestras intuiciones y de ser necesario, reiniciar el proceso.

LA INTUICIÓN ES COMO MIRAR LO QUE HAY EN LA NOCHE OSCURA

en el fulgor deslumbrante de un relámpago, donde todo se hace visible de forma simultanea. Ella nos habla desde el silencio pues trasciende las palabras. Si no sabemos acallar nuestra mente, se nos dificultará percibir su voz. No hay evidencia contundente que indique que el género femenino esté mejor dotado que el masculino para usar la intuición, simplemente por razones más culturales que genéticas, a ellas se les ha facilitando más su uso que a los hombres, cuya educación ha enfatizado más el desarrollo de la racionalidad que el de la sensibilidad.

Para Kenichi Omhae, destacado consultor contemporáneo las estrategias de negocios que llegan a tener éxito no provienen de un análisis riguroso, sino mas bien de un estado mental particular, más creativo e intuitivo que racional. Gödel, célebre matemático, sostenía que la intuición sería un instrumento que un día sería tan valorado como la lógica misma. Igualmente Gary Kasparov, el campeón ruso de ajedrez, sostuvo durante su visita a Bogotá el año pasado, que la intuición era la cualidad definitiva de un gran ajedrecista. En el campo de la Gerencia, por ser la administración más un arte que una ciencia, los grandes ejecutivos son tan intuitivos como racionales, posiblemente más lo primero que lo segundo.

En la práctica, todo lo anterior implica más silencio interior; menos racionalidad, más instinto; más abandono, mayor fe en las fuerzas emocionales que hacen parte de nuestro ser. Confiemos en nuestra intuición; cuanto más la usemos, más se fortalecerá.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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El diálogo con uno mismo

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DESDE TIEMPOS INMEMORIALES ALGUNOS ANTIGUOS SABIOS CHINOS ACUÑARON UN CONCEPTO SU PRÁCTICA NOS PERMITE

encontrar dentro de nuestro propio ser las respuestas a las preguntas que la vida nos plantea. OSHO, un gran maestro espiritual decía que jamás había que preguntarle a alguien que estaba bien o que estaba mal pues la vida que cada uno de nosotros vive es un experimento para averiguarlo. Las buenas respuestas a nuestros interrogantes internos nos conducen a vivir en paz con nosotros mismos y con los demás, las malas logran el efecto contrario.

Escucharnos a nosotros mismos tiene dos componentes: Aprender a contactarnos con nuestros sentimientos, experimentándolos y abriéndonos a lo que nos quieran decir y dialogar con nuestro súper yo. Los sentimientos representan la síntesis corporal de nuestros pensamientos conscientes e inconscientes. Aceptarlos nos abre las puertas a la compresión de qué los origina, produciendo información muy clara de nuestra programación interna.

El súper yo es ese lado de nuestra personalidad que indica, según la etapa evolutiva en la que estemos y las circunstancias que estemos viviendo, qué es lo mejor para cada uno de nosotros. Puede ser considerado como una especie de maestro o guía interno.

LA VOZ INTERIOR NO ES INFALIBLE

pues se alimenta de la información que le proporcionamos, de nuestra capacidad de organizarla y extraer conclusiones de ella y de los paradigmas propios de nuestra educación; pero representa, equivocada o no, nuestra guía más confiable. Tal vez por ello, la mayor parte de las religiones la consideran en asuntos de conciencia, el tribunal de última instancia. El súper yo puede ser educado a través del diálogo interno, desactivando las grabaciones obsoletas que aún funcionen en él y programándolo con la información actualizada proporcionada por la propia experiencia existencial; de esta manera lo transformamos de crítico improductivo en cómplice de nuestro desarrollo.

Para lograrlo, según Carl Rogers, destacado psicólogo contemporáneo ya fallecido, debemos analizar la pertinencia de nuestros “deberías”, dejar de satisfacer expectativas ajenas, comenzar a auto orientarnos y abrirnos a la experiencia. El oír nuestra voz interior nos torna irremediablemente creativos, pues cada ser humano ve el mundo en forma diferente a cualquier otro. Al tomar una decisión esperemos sentirnos totalmente identificados con ella, sin conflicto interno con la misma; solo en ese momento ejecutémosla.

El estado de calma al que finalmente llegamos es sintomático de que se ha logrado la armonía interior necesaria para poder asegurar que la decisión tomada representa en ese momento existencial, lo mejor para nosotros. En la duda, abstengámonos, hasta que la paz interior producto de la decisión a la que tentativamente hayamos llegado, se haga presente.

Una vez hayamos hecho lo anterior sigamosla tan impecablemente como nos sea posible, sin permitir que nada externo nos aparte de ella, pues nuestra primera obligación es ser fieles a nosotros mismos aunque para ello algunas veces tengamos que ser infieles a las expectativas de los demás.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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Ole desconcentrado vuelve al presente

MUCHOS MAESTROS ESPIRITUALES SOSTIENEN QUE HACERSE CONSCIENTE DEL MOMENTO PRESENTE CONCENTRÁNDONOS EN ÉL ES EL SECRETO DE LA PAZ INTERIOR Y AUN DE LA ILUMINACIÓN

Entendida como un estado de consciencia permanente en la que nos percatamos de nuestra unidad con todos los seres del universo. Pema Chödrön, una monja budista dice en uno de sus libros: Cuando nos centramos en el presente y no nos culpamos ni culpamos a los demás y simplemente observamos, nos encontramos con la sabiduría. Este mismo pensamiento lo comparte Eckhart Tolle en su muy conocido libro El Poder del Ahora.

Concentrarse en el presente quiere decir estar en el aquí y en el ahora; tener la consciencia exactamente donde se está, no en otro lugar. En tiempo presente, no en el ayer o en el mañana. Es hacerse consciente en presente de nuestros pensamientos y emociones. También puede entenderse como estar concentrados en lo que se esté haciendo.

Estar consciente del momento presente significa, por ejemplo, estar de cuerpo y mente en el acto de tomarse un café, hablar por teléfono, recibir la visita de alguien, en lugar de estar pensando o haciendo simultáneamente otras cosas. Esto permite atender cada situación en fila india, en lugar de en columna, aumentando nuestra productividad. El pasado es memoria y el futuro imaginación, solo tenemos el fugaz e inasible presente como espacio-tiempo de la vida. Vivir en presente no significa dejar de pensar en el pasado para aprender sus lecciones o no planear el futuro, sino percatarse de que ambos, pasado y futuro, sólo existen en presente, porque es en presente que los convocamos.

En este sentido no sólo es plenamente compatible con la tarea gerencial sino que la hace menos estresante y más efectiva. Cuanto más se viva en presente, más serenos estaremos, pues miedo, ira, culpa, resentimiento y otras emociones perturbadoras, generalmente se dan cuando la mente se ubica en el pasado o en el futuro.

AUN LO QUE NO NOS GUSTA

es plenamente tolerable cuando lo vivimos en presente, cuando lo aceptamos y lo dejamos ser sin hacerle resistencia, como si uno mismo lo hubiera escogido. En cualquier momento en que descubramos que estamos apartándonos del momento presente, devolvamos el centro de atención al aquí y al ahora. Ello exige disciplinar la mente, logrando fijarla en lo que en cada momento, se esté haciendo. Podemos por ejemplo, al percatarnos que nos hemos alejado del presente, decirnos a nosotros mismos: Desconcentrado…volver al presente. Esto equivale a una especie de moción de orden en la que nos conminamos a ubicarnos en el aquí y el ahora concentrándonos en la actividad que estemos desarrollando.

Otra forma de hacerlo es preguntarnos frecuentemente ¿Dónde está ahora mi cuerpo? ¿Mis pensamientos? ¿Mis sentimientos? Ello nos permite tomar consciencia del presente y en caso de estar fuera de él, corregir el rumbo. La existencia se percibe y vive en forma diferente cuando nos tornamos conscientes del momento presente. Ensayémoslo. Ahora. Ya.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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Centrarse

CENTRARSE CONSISTE EN TOMAR DISTANCIA DE LOS PROPIOS SENTI-PENSAMIENTOS PUDIENDO MIRAR, EN FORMA SERENA Y NEUTRAL

lo que acontece dentro y fuera de uno mismo. Implica la ubicación temporal en el nivel cuatro de consciencia: identidad YOICA. Alcanzar la consciencia yoica, lo que algunos llaman ubicarse en la posición del YO -TESTIGO, es percatarnos de que somos el programador no el programa. El instrumento más adecuado para lograr lo anterior y preparar la emergencia de la consciencia cósmica es la meditación contemplativa.

Con la experiencia de la meditación contemplativa se busca comprender que se es un centro de consciencia que puede existir vacío de senti-pensamientos, sin que ello implique caer en la inconsciencia. En esencia consiste en dejar la mente en blanco, permaneciendo conscientes de nosotros mismos.

Es imposible describir la experiencia del YO como TESTIGO o centro consciente del que emanan todas nuestras percepciones y acciones volitivas, en términos verbales, tanto como lo es explicar qué es el amor o el hambre, pues todo lo que se haga al respecto se referirá a las manifestaciones del sentir y no al sentir en sí mismo. Por otra parte, cualquier contestación que se dé implica un sujeto tras la respuesta, alguien que vive la experiencia.

Por tal motivo, la vía sugerida para acceder a la consciencia no condicionada por senti-pensamientos, propia del nivel cuatro de consciencia, es descartar lo que no se es, facilitando así una percepción directa, experiencial, de lo que sí se es. Una de las meditaciones de carácter auto-reflexivo más conocida, es la que busca contestar la pregunta ¿Quién soy yo? Sugiero comenzar con ella pues la respuesta a este interrogante sólo puede provenir de una mente en silencio que, vacía de senti-pensamientos, facilite al YO reconocerse a sí mismo.

EL PRIMER PASO PARA MEDITAR ES CONCENTRARSE

Busquemos un lugar propicio al silencio, adoptemos una posición cómoda y relajemos nuestro cuerpo. Acto seguido enfoquemos la atención en la respiración, haciéndonos consciente de ella, sin forzarla, cerrando los ojos y dirigiéndolos al entrecejo, hasta lograr sentirnos relajados y en paz. A continuación, dediquémonos a buscar diversas contestaciones a la pregunta ¿Quién soy yo? Al ir obteniendo respuestas, exploremos quién es el que las está dando, quién está tras las contestaciones. Tarde o temprano con este método, adquiriremos consciencia que no somos el cuerpo, ni los roles sociales o profesionales que desempeñamos: padre, madre, hijo, esposa, médico, etc. Tampoco las características de nuestra personalidad: alegre, triste, estudioso, deportista, etc. En forma similar se descubrirá que no somos nuestros senti-pensamientos, ni actos.

Detrás de todas esas formas de expresar el ser, siempre está el que tiene un cuerpo, desempeña un rol social y profesional, piensa y siente de tal o cual modo y se comporta de determinada manera, ese que esto lee. Llegar a percibir que en esencia se es un centro de consciencia proporciona una gran fortaleza, pues dejamos de identificarnos con el cuerpo, grupos y senti-pensamientos. Nos percatamos de que tenemos un cuerpo, somos uno con él, pero no somos sólo cuerpo. Pertenecemos a muchos grupos y desempeñamos múltiples roles sociales, pero podemos existir libres de cualquier papel. Tenemos senti-pensamientos, los experimentamos pero los trascendemos; se puede existir, ser, sin tenerlos.

Hoy tenemos unos senti-pensamientos, mañana otros… estos van y vienen sin comprometer nuestra identidad. Teniendo en cuenta lo anterior, decir YO, cuando se trasciende la identificación con los senti-pensamientos, es convocar un poder desconocido en las etapas de conciencia anteriores a la yoica. Otra meditación en la misma línea de usar el pensamiento para trascenderlo, una vez se hayan agotado las posibilidades de la anterior, es observar los propios senti-pensamientos, fijando la atención en aquellos que vayan surgiendo en la consciencia, sin efectuar evaluación alguna. Una vez los hayamos identificados, volvemos al YO, a nuestro centro de observación. Con el simple hecho de darse cuenta de sus propias actividades, sin necesidad de ninguna imposición, la mente se tranquiliza.

La meta es lograr espacios cada vez más largos entre pensamiento y pensamiento. Allí en esos vacíos somos consciencia pura, vacía de senti-pensamientos. Se recomienda meditar en forma regular. Una sesión diaria de mínimo treinta (30) minutos o dos de veinte (20) minutos cada una, una en la mañana y otra en la noche. Además de los métodos señalados en este artículo hay muchos más. Realicemos la clase de meditación que elijamos durante al menos treinta días antes de ensayar otra, pues los efectos no se manifiestan en forma inmediata.2 Sentir la propia identidad es la esencia y el inicio de cualquier apuntalamiento del nivel yoico.

La interpretación que se dé a esta experiencia dependerá del meta paradigma, de cada quién. Para unos será el contacto con el alma, como pasa en las vías dualistas del judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Para los que se adhieren a un paradigma materialista, será el encuentro con el patrimonio común de la humanidad: la auto-consciencia. En todo caso, se descubrirá en cada persona a un hermano, independientemente de consideraciones de raza, grupos sociales, filosofías o religiones. Obliguémonos a mirar la existencia desde nuestro YO.

Para la mayoría de nosotros dada nuestra actual etapa de desarrollo, no es posible hacerlo permanentemente, de pronto tampoco sea conveniente, pero en nuestra meditación o cuando estemos descentrados, tomemos distancia de nosotros mismos y observemos nuestra vida desde allí, volviéndonos un testigo de lo que pasa en nuestra personalidad, convulsionada por múltiples y contradictorios pensamientos y emociones, pero serena en el fondo, en las profundidades en donde el YO que somos, tiene la posibilidad de observar lo que acontece en su periferia.3 Es conveniente establecer una rutina que nos recuerde frecuentemente durante el día quiénes somos, pudiendo entonces, desde la perspectiva privilegiada que este conocimiento otorga, permanecer más tiempo en lo que Deepak Chopra, médico de la corriente ayurvédica y reconocido maestro espiritual, llama estado de auto-referencia.

Para hacerlo concentrémonos en la forma indicada anteriormente y ubiquémonos en nuestro centro, ese punto en el que encontramos paz interna. Cuando lo logremos, repitamos según el meta paradigma que tengamos: yo…, yo soy yo…, Yo, Hijo de Dios… Yo, Uno con Dios, lo que sea, que nos recuerde lo que creemos ser. Convirtámoslo en una especie de mantra, usándolo con frecuencia, repitiéndolo cuantas veces sea necesario hasta que inconscientemente, experimentemos la identificación con nuestro centro de consciencia y desde allí tomemos control de nuestro senti-pensamientos y acciones. Para hacerlo concentrémonos en la forma indicada.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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Caminos con corazón

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MÍTICO ESCRITOR PERUANO

autor de una serie de libros relacionados con las enseñanzas de Don Juan, presunto chamán yaqui, es aquel que se recorre por el solo placer de hacerlo, aunque no conduzca a ninguna parte. Si tiene corazón, el camino es bueno; si no, convierte a quien lo transita en víctima de la vida. El camino laboral con corazón está construido sobre fortalezas, no sobre debilidades.   Se fluye con él porque vocación y aptitudes parecen haber sido especialmente diseñadas para el trabajo que se está realizando. Tiene corazón porque lo ejecutado en el aquí y en el ahora es un fin en sí mismo y no sólo un medio para lograr otros fines en sitios y tiempos distintos al presente que ahora se vive. Recorriéndolo, se siente que se crece como ser humano y profesional, porque a través del hacer, se es cada vez más. El buen trabajo, el trabajo con corazón, produce resultados tangibles para los demás; lo que entregamos nos enorgullece, porque sentimos que estamos colaborando a mejorar la condición humana. ¿Es nuestro trabajo un camino con corazón? ¿Lo seguiríamos recorriendo aunque no tuviésemos necesidad de trabajar para vivir? Si nuestro camino tiene corazón nuestra vida laboral es como una danza, que se baila por el placer de bailar; si no lo tiene, es como una sesión de aeróbicos musicalizados, algo que hacemos para rebajar de peso o fortalecer el músculo cardíaco y no por el placer de bailar. Si nuestro trabajo tiene corazón somos seres humanos afortunados, si no lo tiene debemos abandonarlo antes que él termine con nosotros. Nuestra mayor obligación laboral es ser fiel a nosotros mismos, aunque para ello tengamos que ser infieles a las expectativas que otros tienen sobre nosotros. Tenemos derecho a expresar a plenitud nuestro ser en un trabajo que nos haga bendecir la vida. Felicidad laboral, en ese contexto, implica estar haciendo lo que haríamos gratis, y tener alguien que nos pague por ello.

¿QUE NO SE PUEDE?

Tanto si creemos que podemos, como si creemos que no, estamos en lo cierto porque las posibilidades e imposibilidades radican principalmente en nuestra mente, no en la realidad objetiva del mundo en el que vivimos. Son opiniones sobre nosotros mismos, no realidades objetivas, pero se convierten en ellas al conjuro de las decisiones que surgen de las creencias que tenemos sobre nosotros mismo, y las fronteras que las mismas nos trazan.

Aprendemos con las experiencias de sufrimiento o armonía de nuestra vida cotidiana. Si los resultados son amargos, la experiencia se repetirá hasta que el dolor de la frustración por no ser el que potencialmente somos, nos saturen. Entonces estamos listos para asumir el riesgo de cambiar. Todos nosotros tenemos las llaves de las cerraduras que creemos debemos abrir para convertir nuestros sueños en realidades.

Nadie hará por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos. Empecemos ahora, trabajando nuestro interior ya mismo; mañana puede ser tarde, pues corremos el riesgo de disfrazar de seguridad el temor de asumir el riesgo de ponerle corazón a nuestro camino.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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