La sinceridad

La sinceridad

Cualidad que le permite al ser humano obrar y expresarse con la verdad, con sencillez, delicadeza y especialmente con benevolencia hacia el otro. La sinceridad bien entendida expresada con sabiduría y respeto es un gran valor, una herramienta de amor que hace transparentes las relaciones entre las personas, no obstante, mal entendida y expresada desde el egoísmo humano y creencias equivocadas se convierte en un arma mortal.

Fundamentos

La sinceridad se fundamenta sobre el respeto y el apego a la verdad como un valor esencial en las relaciones entre las personas, se supone que una persona sincera es aquella que expresa siempre la verdad, que dice y actúa conforme a lo que piensa y cree, que no engaña, no tiene dobleces, no oculta malas intenciones y tampoco busca causar daño o perjuicio a nadie.

Esta es la base sobre la cual se sustenta la sinceridad como un valor, sin embargo, esto no siempre suele suceder. Para analizar este concepto más profundamente hay que tener en cuenta varios aspectos y uno de ellos, yo diría el más importante es saber qué cosa es la “verdad”.

La verdad

Se supone que sinceridad es ceñirse a la verdad, pero ¿Qué es verdad? Como verdad podemos reconocer todo juicio o proposición que no puede ser refutado racionalmente, es lo opuesto a la falsedad o a la mentira. También podemos definirla como la fidelidad a una idea, la convicción absoluta o certeza de algo.

Sin embargo, la verdad que una persona manifiesta está directamente relacionada con lo que ha experimentado, con lo que piensa y siente respecto de algo. Entonces si es así pudiéramos afirmar que la verdad en relación a las ideas y conceptos humanos no es la misma para todos.

Allí es donde el tema de la sinceridad se enreda un poco, puesto que, se considera que una persona es sincera cuando expresa la verdad, pero, si la verdad no es la misma para todos, entonces lo que sinceramente expresa podría ser una falsedad para otros.

La sinceridad vista como la expresión de una opinión propia y muy personal deja de ser un valor, para convertirse en un arma mortal para agredir y atacar a otros.

Suele suceder que cuando vamos a expresar un juicio, a emitir una crítica o a manifestar una opinión respecto de algo, usamos la palabra “sinceramente” y lo peor de todo es que por lo general lo hacemos sin que nadie nos haya pedido dicha opinión, simplemente la emitimos porque nos parece que sinceramente es así.

Cuando vamos a criticar a alguien expresamos, “sinceramente a mí me parece que”:

  • Ese vestido no te luce.
  • Lo que hiciste estuvo muy mal.
  • Eres muy grosero.
  • Tu chaqueta es fea.
  • Tu forma de comer no vestir no es la indicada.
  • Lo que compraste no era lo más conveniente.

La lista de cosas que no aceptamos de los demás puede ser interminable, pero para dar mayor credibilidad a lo que decimos y colocarles mayor fuerza a nuestras palabras, las decimos como si fueran un acto de sinceridad, cuando en realidad lo que estamos afirmando es un gusto personal o una creencia propia que nada tienen que ver con la verdad o la sinceridad.

La sinceridad que expresa cualquier tipo de opinión, juicio o critica a otra persona, si que por lo demás haya sido pedida, jamás podrá ser un valor, es la manifestación de la incapacidad que alguien tiene de aceptar al otro como es y de respetar sus gustos personales.

Gusto personal

Hay otro aspecto que también debemos considerar y es que cuando una persona expresa una opinión que no solo no le fue solicitada, sino que además manifiesta el rechazo a algún objeto personal ajeno, está inequívocamente manifestando la creencia de que su gusto personal es mejor que el de la otra persona.

El tema de los gustos personales es muy simple, todos tenemos el propio y de ninguna manera uno es mejor que el otro, son solamente diferentes. Quien se siente sincero al expresar el rechazo hacia los gustos ajenos no está expresando un valor, está emitiendo un juicio, y lo hace con el convencimiento de que su gusto personal es mejor y además hay que sumarle que está convencido de que tiene la razón.

Esta acción jamás podrá ser considerada sabia, más aún si tenemos en cuenta que con esa “sincera opinión” podemos estar hiriendo los sentimientos ajenos, lastimando la autoestima de otros y causando daño a su integridad personal.

Pedir opinión

Ahora pasemos a analizar lo que sucede cuando nos piden la opinión. Por lo general a las personas les encanta que alguien les pida su opinión en lo que a gustos se refiere, porque eso los hace sentirse bien y refuerza su idea de que tiene muy buen gusto.

Visto esto desde la sabiduría, en realidad las personas no están pidiendo una opinión. La verdad es que a nadie le interesa la opinión ajena, lo que si interesa y necesita la gran mayoría de las personas es la aceptación de los demás.

Cuando una persona le pregunta a otra ¿cómo te parece mi vestido? Lo que anhela su corazón es recibir la aprobación del otro, sentirse aceptado y halagado. No está pidiendo una opinión, puesto que, si en realidad quisiera su opinión le hubiera consultado antes de comprar el vestido.

Ante una situación así surgen diferentes respuestas y opiniones, veamos:

  1. Puedes expresar abiertamente a la otra persona que definitivamente la prenda no es de tu gusto personal. Lo cual evidentemente hará sentir a la otra persona mal, incómoda, posiblemente insegura y rechazada.
  2. Puede ser que si sea de tu agrado y le manifiestes a la persona que te gusta y que le luce muy bien. En ese caso todo fluye tranquilamente.
  3. También puede ser que no sea de tu agrado, pero decides decirle a la otra persona que es lindo su vestido y que le luce bien.

En este caso, se está teniendo en cuenta el firme deseo de hacer sentir bien a la otra persona, de reforzarle su autoestima y elevar su confianza en sí misma.

Muchas personas podrían pensar: eso es decir mentiras, y yo no digo mentiras. Bueno aquí nos volvemos a encontrar con el tema de la verdad.

La verdad vista desde la sabiduría también está ligada a la capacidad de expresar siempre palabras de amor y bondad, a lograr que con nuestras acciones, pensamientos y palabras los demás se sientan bien. ¿De que sirve una sinceridad que causa daño a los demás? Si tus palabras y acciones causan daño a otros ¿realmente son una verdad? O más bien son la manifestación de un ego que no se sabe controlar.

Te invito a que desde lo más profundo de tu corazón y sin entrar en ningún tipo de polémica, porque no se trata de defender una hipótesis, sino más bien de ver las cosas desde un ángulo diferente, pienses ¿Qué tipo de acción tiene una persona cuando está brindando aceptación, valoración y amor a otros?  aunque esté pasando por encima de su gusto personal, afirmando algo que posiblemente no sea tan cercano a su verdadero gusto, pero que brinda gran emoción y satisfacción al otro.

¿En ese caso estás diciendo una mentira o, por el contrario, estás teniendo un acto de compasión y sabiduría? Algunas veces callar nuestra propia opinión para reafirmar a otro que necesita sentirse aceptado y reconocido es un acto de mucho valor, de gran generosidad y de genuino amor.

La sinceridad que causa daño a otra persona, no es un valor, es una acción egoísta y destructiva que muestra poca generosidad y respeto hacia los demás. Algunas veces puede ser que al decir pequeñas mentiras que hacen sentir valiosas e importantes a otras personas no es una acción ni mucho menos reprochable, es la manifestación del amor hacia los otros y el reconocimiento del profundo respeto que merecen.

Todo aquello que sea verdad siempre está unido al bienestar común, al respeto y la expresión del amor, aunque algunas veces hay verdades que resulten dolorosas pero que son inevitables. La sinceridad expresada desde la única verdad que existe en el universo que es el “Amor” siempre será un valor, aunque algunas veces como acto de compasión y generosidad, debamos pasar por encima de nuestras propias ideas o gustos personales, para satisfacer las necesidades o las carencias de otros.

Luz Stella Solano M

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Querer o necesitar

Querer o necesitar

Hay que saber escoger para no perdernos en la maraña mental y social de creencias obsoletas que nos llevan a desear tener muchas cosas, cosas absolutamente innecesarias pero que por una falsa creencia o por una costumbre social de aparentar lo que no somos, deseamos intensamente.

La vida esta sabiamente guiada por una inteligencia superior a nosotros, es una presencia continua y permanente que nos acompaña siempre, solo que nosotros muchas veces estamos distraídos y dirigimos nuestra atención hacia otros intereses.

Sendero a la ansiedad

Algunas veces ocupamos la mayor parte de nuestro potencial mental en desear cosas que no solo no necesitamos, sino que además no vamos a usar y en poco tiempo empezarán a estorbar, simplemente las queremos porque nos produce algún pequeño placer, o porque acumulando cosas que no necesitamos mostramos a otros que tenemos más que ellos, tal vez porque internamente no nos amamos lo suficiente, pensamos que los demás valen más porque tienen más cosas que nosotros, o inconscientemente entramos en una ridícula competencia de mostrar quien tiene más.

En cualquier caso, querer cosas es un sendero seguro a la ansiedad, al vacío interno que jamás podrá llenarse teniendo o acumulando cosas superfluas e inútiles. Las personas que más acumulan bienes, artículos o posesiones que no necesitan solo por la escondida y errada idea de que así ganarán el respeto o la admiración de los demás permanecen en un limbo oscuro desconectados de la realidad de la existencia humana.

Querer cosas se convierte en una continua fuente de ansiedad y descontento ya que, cada vez que se satisface un deseo inmediatamente surge uno o varios nuevos. Querer se convierte entonces en una fuerza frívola, vehemente, asoladora que jamás se satisface, es un catalizador de miedo y frustración.

Hay que tener en cuenta que esa inteligencia superior que nos acompaña siempre, también nos protege y por esa misma razón no permite en muchos casos, (la mayoría de ellos), que logremos satisfacer esos caprichos de niño malcriado. Uno de los más importantes y valiosos aprendizajes de la conciencia está en comprender que jamás se cumple la voluntad del hombre porque por encima de ella está la voluntad de Dios.

La voluntad del hombre solo se cumple cuando está en perfecta armonía y sincronía con la voluntad Divina, el ser humano en su ignorancia puede suponer que sabe conseguir lo que quiere cuando quiere, pero, en realidad consigue lo que quiere cuando le corresponde por voluntad de Dios aprender algo mediante la satisfacción de sus deseos, aunque estos sean superfluos o inútiles.

Puede ser que esas grandes luchas que algunos seres enfrentan para conseguir algo que quieren vehementemente, aunque sea del ego, finalmente termina enseñando a la persona la constancia, la paciencia y el enfoque requerido para lograr las cosas. El motivo inicial que motivo la acción era del ego, pero el proceso que tuvo enfrentar para conseguirlo se convirtió en una gran lección de vida y una profunda comprensión para la conciencia.

En nuestra vida siempre lograremos sin mayor esfuerzo aquello que necesitamos, por lo tanto, querer cosas que no necesitamos, solo con el fin de satisfacer el ego, no solo es fuente de angustia y ansiedad, sino una gran pérdida de tiempo, puesto que, como ya vimos en este universo nunca se cumple la voluntad del hombre, solo la voluntad Divina.

Las necesidades

Contrariamente a esto llevo años verificando el feliz resultado que se logra cuando renunciamos a querer cosas y nos enfocamos en aquello que necesitamos, tanto nosotros mismos como los otros. Las necesidades forman parte de las corrientes más profundas de la existencia de una persona, suelen ser significativas, necesarias y muy satisfactorias, no responden al capricho humano, sino a la voluntad de Dios.

El querer está centrado en satisfacer un capricho personal, mientras que la necesidad proviene del impulso innato de la conciencia de servir y apoyar a otros. Así pues, toda necesidad es motivada por una emoción sublime de amor y servicio, por el deseo intrínseco de sentirnos útiles, de dar lo mejor, de compartir nuestros valores.

Eso se logra cuando a cambio de luchar por querer satisfacer necesidades banales, enfocamos nuestros más hondos deseos en irradiar amor, en servir a otros y en aprender a satisfacer sus necesidades, que en últimas también son las nuestras.

Observemos algunas de las necesidades que tienen las personas:

Cuando la gente quiere:

  • Llamar la atención por encima de otros, necesita amor propio y atención.
  • Que los demás los traten con amabilidad y simpatía, necesita comprensión.
  • Lujosos automóviles y costosas viviendas, necesita transporte, techo, atención y amor.
  • Poder, necesita reconocimiento y aceptación.
  • Prestigio y fama, necesita respeto y admiración.
  • Diversión, necesita profunda satisfacción.
  • Dominar y controlar, necesita influir y guiar, satisfacer su capacidad de dirección.
  • Los hijos quieren libertad y tolerancia, necesitan disciplina y atención.
  • Comodidad, necesita realización y trabajo.

En la medida en que conozcas estas y muchas otras necesidades de los demás y aprendas a satisfacerlas de alguna manera, no estarás satisfaciendo las de ellos, sino las tuyas, te estarás llenando de un increíble gozo interno, que ya nunca más vas a dejar que se escape de tus manos.

Enfocar la atención en las personas para amarlas y servirles de la mejor manera posible llena de contento la vida, las cosas son para usarlas en la medida en que las necesitemos, más nunca podrán producir el gozo interior que genera el servicio incondicional.

Las cosas producen comodidad y facilitan la vida, el servicio en amor produce complacencia, paz y una verdadera felicidad, que nunca jamás cosa alguna podrá darnos.

Luz Stella Solano M.

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Ley de la evolución – Parte 2 – Leyes divinas que rigen el universo

Ley de la evolución – Parte 2 – Leyes divinas que rigen el universo

Existe un mecanismo que nos muestra claramente cuando estamos equivocados o no sabemos acerca de algo, este recibe el nombre de “Error”.

Identificamos un error por medio de los resultados, cuando algo no funciona como debería hacerlo, o las cosas salen contrarias a lo esperado, en ese momento descubrimos que hemos cometido un error.

Aprender

Cometemos errores cuando no sabemos algo y estamos apenas en la fase de aprendizaje, ya que, aprender significa que estoy haciendo algo nuevo, adquiriendo el conocimiento de algo por medio del estudio, el ejercicio o la experiencia. No se refiere únicamente al contexto educativo, en realidad es una acción que realizamos durante toda la vida, cada minuto de nuestra existencia humana es un aprendizaje de algo.

Aprendemos cuando nos disponemos a adquirir algo nuevo que haremos nuestro, este es el resultado final del aprendizaje, quedarnos con algo de anteriormente era desconocido para nosotros. Pero, como es algo que no sabemos, por lo general durante ese proceso cometemos muchos errores, que son justamente los necesarios y perfectos para que se logre el aprendizaje.

Valor del error

Por este motivo es bastante particular que en una sociedad como la nuestra exista una tendencia tan marcada a castigar el error, puesto que, sin error no puede haber aprendizaje. Quien le tiene miedo a equivocarse cuando inicia cualquier etapa de aprendizaje corre el riesgo de no lograrlo, ya que, cometiendo errores descubre nuevas y desconocidas formas de hacerlo y con la suficiente paciencia y constancia paso a paso se irá convirtiendo en experto. 

Intentarlo una y otra vez hasta lograrlo es la forma como adquirimos conocimientos, como desarrollamos habilidades, descubrimos nuestra actitud ante lo desconocido y entrenamos valores. El error es la herramienta necesaria para el desarrollo de la conciencia y el crecimiento personal, con ella nos adaptamos al medio, aprendemos la humildad porque nos obliga a bajar la cabeza y reconocer que aún no sabemos, pero a levantarla luego para con empeño y entusiasmo disponernos a corregir y aprender.

La ley de evolución nos permite cometer errores para que al enfrentar el resultado negativo e indeseable que produce, aprendamos y nos dispongamos a adquirir destrezas y desarrollar habilidades.

En el caso de las situaciones de desacuerdo, cuando surgen los disgustos o problemas graves se reconoce de inmediato el error, más, sin embargo, no importa de quién sea el error, si nuestro o ajeno, lo que importa es reconocer que existe un error. Ejemplo: una persona nos insulta, arremete contra nosotros y es muy agresiva; como resultado nos sentimos mal y la culpamos de nuestro malestar.

En ese caso tendremos dos errores diferentes. La primera persona cometió el error de ser agresiva y grosera y nosotros cometimos el error de sentirnos mal y culparla. En el fondo, los desacuerdos son el resultado de los errores que cometemos los seres humanos; son la confirmación de su existencia.    

El error es entonces una herramienta poderosa, un medio permitido por la ley de evolución para cualquier aprendizaje, funciona por el enfrentamiento de opuestos, permite que nos estrellemos con los resultados negativos producidos por nuestros conceptos, creencias culturales e ideas falsas, facilita el camino para que reconozcamos nuestras emociones y sentimientos negativos y dañinos para que podamos corregirlos y conducirlos hacia la paz, la armonía y el amor.

Este es un camino desagradable para la personalidad humana aferrada a sus creencias y convencida de que tiene la razón, pero muy necesario y perfecto para la conciencia en evolución.

Permite que el desequilibrio y el aparente caos estén dentro de la ley, y que se manifieste lo que es correspondiente en un lugar, a nivel individual la reconocemos obrando a través del dolor, el sufrimiento, la angustia, las enfermedades físicas y mentales, a nivel social se reconoce en las enfermedades sociales como el terrorismo, el sicariato, la pobreza, el abuso de autoridad, la inseguridad, las violaciones, las estafas, y en general, en todo lo que conocemos como corrupción.

Capitalizar el error

En el aspecto personal frente a cualquier error que hayamos reconocido y estemos evidenciando sus resultados negativos, es conveniente analizar tres pasos que permiten identificar y capitalizar error:

  1. ¿Cómo cometimos el error?
  2. ¿Qué aprendimos del error?
  3. ¿Cómo haríamos para no volver a cometerlo, para que no vuelva a suceder?

Primero necesitamos asumir nuestro error, solamente los nuestros, no los de los demás, ya que sólo podemos manejar lo que pasa adentro de nuestro ser. Por los demás, lo único que podemos hacer es darles información y respetarlos.

Hagamos un análisis de estos tres pasos:

  1. Lo que hicimos fue culpar a las personas, a las cosas o situaciones, al entorno, al tiempo, o a cualquier cosa, por el malestar que se generó en nuestro interior.
  2. Lo que necesitamos aprender es justamente lo contrario: a no culpar, a dejar de mirar hacia afuera y comenzar a encontrar las respuestas a las situaciones desagradables de nuestra vida, en el interior de cada uno.
  3. Teniendo la comprensión de que no existe el culpable y conociendo la pedagogía del universo, que nos lleva a comprender cómo detrás de un suceso por desagradable que sea hay un propósito de amor.

Reprogramación

Es indispensable hacer una reprogramación de nuestra mente, que cambie la información que nos lleva a hacer una interpretación equivocada, por una nueva que nos permita comprender.

Finalmente, hacer un entrenamiento para la paz interior. Ahí queda subsanado el error nuestro. El de otras personas no será problema nuestro, sino el ajeno, y no podemos hacer nada con él.

La situación interna de la culpa que existe dentro de nosotros es la que nos lleva a culpar a los demás o a culparnos a nosotros mismos; es la que genera todos los problemas de relaciones.

Llamamos mala a la persona que tiene un comportamiento diferente al nuestro. Cuando una persona se comporta de una manera que para nosotros no es correcta, nos sentimos mal, no estamos de acuerdo con ella, creemos que está equivocada y la etiquetamos de mala.

Por supuesto, esta no es la verdad. La verdad es totalmente diferente. Cada quien hace lo mejor que puede y lo mejor que sabe hacerlo; nadie hace maldad por el simple hecho de hacer maldad; puede equivocarse y tiene todo el derecho a equivocarse, pero no es maldad.

El verdadero problema por resolver es que nos sentimos mal con el error y calificamos de malo a quien lo cometió. De aquellos que tienen comportamientos diferentes al nuestro podemos aprender a superar nuestras propias limitaciones. Esa es la función de la ley de evolución; es el proceso pedagógico del universo.

Personajes

En el proceso evolutivo que impulsa el paso de un nivel a otro, encontramos tres tipos de personajes diferentes que se comportan y responden a las diferentes situaciones de la vida según su propia comprensión, estos personajes los llamamos: el malo, el bueno y el sabio o justo.

El malo es ese individuo que va por la vida de forma desorientada en búsqueda de satisfacer sus necesidades básicas por medio de la lucha. En su ignorancia ve al otro como su enemigo, aún no ha desarrollado el sentimiento de la bondad, por lo tanto, no le importan los demás, no tiene ningún interés por los problemas ajenos de tal forma que a cambio de interesarse en servir a otros, lo que busca es beneficiarse de ellos y sacar ventaja cada vez que pueda hacerlo.

El bueno ya tiene un mayor desarrollo el cual se reconoce por su interés en solucionar los problemas de otros, aunque no le corresponda hacerlo, va en un punto del camino más avanzado dentro del mismo nivel, es sensible al sufrimiento ajeno y tiende a convertirlos en sus propios sufrimientos. Se diferencia bastante del anterior porque ya tiene un marcado interés en servir a otros, aunque no sabe bien cómo hacerlo y tiende a confundir servicio con interferencia.

El justo o sabio superó la ignorancia y alcanzó un elevado nivel de sabiduría y una gran capacidad de servir de manera incondicional a los demás, pero, sin interferir sus experiencias, ha comprendido los principios y las leyes del universo, lo cual le permite vivir en completo respeto hacia la naturaleza y todos los seres vivos, en armonía con todo y con todos y con la capacidad de crear correspondencias perfectas y deseables. Siempre está dispuesto a servir y a dar la enseñanza en el momento oportuno, sin interferir ningún aprendizaje.

Cada uno de estos personajes juega un papel muy importante dentro del proceso de evolución del ser humano en el tercer nivel de conciencia.

En nuestro próximo artículo de las leyes divinas que rigen el universo veremos los diferentes papeles que cada uno de estos personajes juega en la evolución de la humanidad, para que tengamos una mayor comprensión de la ley de evolución, encargada de permitir que, con base en nuestros errores y terquedad humana creemos las experiencias correspondientes para que podamos avanzar por el camino del desarrollo de nuestra conciencia.

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Luz Stella Solano M.

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Recibes de lo mismo que das

Recibes de lo mismo que das

Esta es una verdad innegable que opera siempre; en este hermoso y perfecto universo que habitamos no hay posibilidad de recibir aquello que no hemos dado, porque existen leyes claras e inmutables de las que no podemos escapar.

La vida es una ecuación matemáticamente exacta de lo mismo que das recibes, no existe la menor posibilidad de que alguien reciba aquello que no merece porque no lo ha dado o porque no lo ha creado en su interior, no obstante, de igual forma no hay posibilidad alguna de que alguien te pueda quitar o robar aquello que ya es tuyo por derecho propio, porque lo creaste en tu interior y de allí nada ni nadie puede sacarlo.

Dar y recibir

Eso exactamente pasa en las relaciones con las demás personas, cada vez que le damos a una persona lo que desea, aquello que anhela desde su corazón ella te dará lo mismo. Que no se nos olvide este principio básico de las relaciones “en la medida en que damos a los demás lo que quieren, ellos nos darán lo que queremos”.

Esta es una clave secreta no porque nadie la pueda conocer, sino al contrario porque es desconocida para muchos, es una clave para persuadir, dirigir, motivar, conseguir, influir o guiar a cualquier persona. Si tu quieres conseguir que alguien haga algo, primero deberás ganarte su confianza, y para conseguir que una persona confíe plenamente en ti deberás darle aquello que quiere.

Esto es aparentemente sencillo y tal vez lo sea para quien lo entienda profundamente, sin embargo, muy pocos lo hacen, porque hay ciertos requisitos previos que es necesario conocer y poner en práctica antes de alcanzar los resultados esperados.

Cuando la acción es inversa y exiges e intentas imponer o someter por la fuerza a otros, pierdes su confianza y este principio actúa con la misma fuerza y el mismo poder, solo qué, como siempre recibimos de lo mismo que damos, la gente te devuelve lo mismo que recibió de ti y en la misma proporción, entonces, empieza a oponerse a tus deseos, te ataca o se defiende, huyen y hacen las cosas que definitivamente no quieres que hagan.

Primero es necesario dar a los otros lo que quieren, para conseguir de ellos lo que quieres. Pero, esto funciona según tu intención, porque si lo haces con el propósito de manipularlos, sacar ventaja de ellos en busca de tu propio beneficio, toda esta energía negativa y egoísta se volteará hacia ti irremediablemente.

Confiar en los demás

Por lo general las personas suelen hacer lo contrario, piensan que antes de confiar en los demás, son ellos quienes se deben ganar su confianza, erróneamente creen que no tienen que servir y brindar apoyo a otros hasta que ellos hayan hecho algo para merecerlo. Y así, muchas personas van por la vida esperando recibir lo que no dan y beneficiarse de lo que no hacen.

El poder del reconocimiento y del estímulo es una gran fuerza motivadora que impulsa a las personas a hacer cosas maravillosas que incluso ni ellas mismas creían que fueran capaces de hacer.

Un padre frente a un hijo mal estudiante, al motivarlo adecuadamente conseguirá más fácilmente que el chico estudie, si le inyecta confianza en sí mismo y le muestra motivos válidos por los cuales le conviene estudiar, que por la vía del castigo, la amenaza o la fuerza.

Un patrono conseguirá mucho más de sus empleados alabando sus habilidades y reconociendo sus méritos que reclamando o exigiendo mejor rendimiento.

Un hijo conseguirá de sus padres lo que desea si los trata con mucho respeto y amor. Una persona consigue mucho más de su pareja cuando tiene detalles y a cambio de pelear o reclamar, primero intenta dialogar y comprender su posición o punto de vista. La indiferencia y el mal humor de las parejas se cura muchas veces con una buena dosis de cariño, atención y un poco de comprensión.

Lamentablemente la gente aplica la fórmula al contrario y a cambio obtiene resultados desastrosos. Las relaciones de destruyen y las personas se alejan unas de otras solo porque no han descubierto la fórmula mágica: “primero debes darles a los demás lo que ellos quieren, para que ellos te den lo que tu quieres”.

Como es natural para lograrlo también hay que contar con una buena dosis de paciencia, aceptación del otro y comprensión de sus propias necesidades y prioridades. También debemos saber lo que queremos y lo que estamos dispuestos a dar para conseguirlo.

Pero, volvamos nuevamente a la intención que motiva la acción, si lo que se busca es empujar a alguien para la propia satisfacción, si el ego se quiere sentir halagado ejerciendo poder sobre aquellos que son más vulnerables, si además hay engaños, trampa tratando de impulsar a la gente a comprar lo que no necesita, si en nuestro interior esta escondida la necesidad de dominar o imponer tus ideas o tu criterio, estás completamente equivocado y al poner en práctica esta técnica te funcionará, pero tarde o temprano recibirás de lo mismo que das.

Esta técnica se trata de aprender a servir a otros de una manera eficiente aportando valor a sus vidas, de amar, de dar lo mejor de nosotros colocando nuestras habilidades y conocimientos al servicio de la humanidad. Si puedes lograr que otros hagan cosas con entusiasmo y alegría, con gozo y en armonía consigo mismos y con los demás, apoyándolos en su desarrollo y mostrándoles que pueden conseguir más de lo que hayan siquiera imaginado, tienes un gran tesoro en tu interior.

El mundo necesita gente que desarrolle la habilidad de inducir y guiar a otros hacia el bien, que los inviten e impulsen a ser mejores cada día, y a cambio de dicha acción recibirán una gran compensación por el servicio que prestan.

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Luz Stella Solano M

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La ley de la evolución – Leyes divinas que rigen el universo

La ley de la evolución – Leyes divinas que rigen el universo

La calidad de vida de cualquier ser humano está íntimamente ligada al desarrollo de su conciencia, mientras más elevado sea su nivel evolutivo más paz interior, más armonía exterior y mejores relaciones, lo que se traduce en una vida satisfactoria y feliz.

El recorrido evolutivo

Un recorrido evolutivo mayor se traduce en mejores y más sabias respuestas a las circunstancias que la vida presenta, mayor aprovechamiento de los diferentes problemas que se encuentran en el camino con el fin aprender a verlos como grandes oportunidades de alcanzar la comprensión de las leyes, del funcionamiento del universo, del sentido de la existencia humana en la cual vamos descubriendo paso a paso verdades parciales hasta que finalmente llegamos a comprender las grandes verdades universales.

Hemos aprendido a ver los obstáculos como problemas, en todo lo que representa algún nivel de dificultad o que no sale de acuerdo a nuestro deseo o criterio personal vemos inmediatamente un problema, en nuestra mente está instalada la creencia de que las cosas deben ser fáciles y cuando no es así, nos sentimos frustrados y reaccionamos agresivamente o desistimos sin siquiera intentar buscar alguna solución y aprender algo nuevo.

Las circunstancias desagradables las convertimos rápidamente en graves problemas que nos causan mucho sufrimiento, nos volvimos incapaces de avanzar por la vida en serena paz viviendo cada situación con profunda aceptación, aprendimos a quejarnos, a luchar y a sufrir como única respuesta a la dificultad.

La ley de evolución es la que se encarga de colocar dichas dificultades en nuestra cotidianidad para que avancemos por el camino de la vida y en su recorrido nos volvamos más fuertes, serenos y pacíficos internamente y más adaptables, amorosos y generosos externamente.

Esta ley está por encima de las tres anteriores y nos permite salirnos de ellas o violarlas para verificar en los resultados desagradables tanto la existencia de la ley como el malestar que trae cualquier violación a la misma. Así reconocemos el orden universal y las diferentes leyes que rigen su perfecto funcionamiento.

Pedagogía universal

Maneja todos los procesos pedagógicos del universo. Como todo proceso pedagógico, en sus diseños lleva ciertos retos, niveles de dificultad a través de los cuales vamos a desarrollar nuestra capacidad de comprensión y la habilidad para entender el funcionamiento del universo y la gran importancia que contiene cada una de las experiencias que enfrentamos en la cotidianidad de la vida.

En la ley de evolución encontraremos el problema que un profesor plantea a sus alumnos para que puedan aprender a resolverlo. Resolviendo problemas desarrollaremos la habilidad de solucionarlos y principalmente de no crear más problemas en nuestras vidas.

Cuando se resuelve un problema deja de ser problema para convertirse en una herramienta de trabajo. Exactamente eso mismo pasa en el universo con la ley de evolución. Constantemente nos enfrenta a situaciones difíciles de manejar, a fin de que al solucionarlas obtengamos la sabiduría necesaria para no volver a vivirlas nunca más. Ahí está el amor detrás de la ley de evolución.

El campo espiritual se va nutriendo de las pequeñas verdades que vamos acumulando, esas verdades aparentemente pueden ser insuficientes, no obstante, al ir acumulando en la conciencia cada una de esas pequeñas verificaciones, paso a paso va llenando un archivo de comprensión que nos hace más sabios.

Este es un proceso largo que cada quien vivirá a su ritmo, no hay prisa el universo tiene toda la eternidad por delante y nos espera el tiempo que sea necesario, solo que, los que nos demoramos somos nosotros y mientras más duremos en dicho aprendizaje más situaciones difíciles y lecciones dolorosas debemos enfrentar.

Nadie nos acosa, podemos tardar todo el tiempo que queramos aferrados a nuestras creencias, cometiendo una y otra vez los mismos errores, enfrentando situaciones conflictivas y algunas veces muy dolorosas que se abrían podido evitar sino se hubiera interpuesto en el camino la terquedad del ego.

El ego dominante, terco y duro como el hierro es el que hace que el proceso de la evolución de nuestra conciencia sea más lento y lo alarguemos por mucho más tiempo del que en realidad se necesita. Aferrados a la idea de que somos mejores que los demás o de que ellos son los equivocados y nosotros somos quienes tenemos la razón, vamos por la vida estrellándonos irremediablemente contra situaciones insatisfactorias hasta que aprendamos a bajar humildemente la cabeza y comencemos a aceptar, amar, agradecer y valorar la presencia de los demás en nuestras vidas.

Error y acierto

Dentro de las situaciones humanas y del Universo hay dos claramente definidas, que son el error y el acierto.

El error es aquello que no funciona correctamente; el resultado no será satisfactorio puesto que no es el que deseamos. Cuando tenemos un acierto el resultado es el deseado, trae satisfacción. En las situaciones de desacuerdo no obtenemos el resultado deseado y podemos decir claramente que hay un error, no importa de quién es el error, si nuestro o ajeno, lo que importa es reconocer que existe un error. Ejemplo: una persona nos insulta, arremete contra nosotros y es muy agresiva; como resultado nos sentimos mal y la culpamos de nuestro malestar.

En ese caso tendremos dos errores diferentes. La primera persona cometió el error de ser agresiva y grosera y nosotros cometimos el error de sentirnos mal y culparla. En el fondo, los desacuerdos son el resultado de los errores que cometemos los seres humanos; son la confirmación de su existencia.

En nuestro próximo artículo sobre las leyes divinas que rigen el universo analizaremos tres pasos fundamentales para reconocer y corregir los errores y profundizaremos más acerca de que son y que significan en nuestro proceso evolutivo tanto los errores como los aciertos.

Si este artículo trajo algún beneficio a tu vida o te ayudo a comprender un poco más el proceso evolutivo de la existencia humana, no olvides regalarme tu comentario el cual es muy valioso para mí y compartir el enlace con otras personas que consideres puedan beneficiarse también.

Luz Stella Solano M.

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Leyes divinas que rigen el universo

Ingresando a esta página conocerás todas las leyes que rigen el universo y el efecto que producen cada momento, cada día en cada uno de nosotros.

Quiero conocer las leyes

Confía con amor y te sentirás en paz

Confía con amor y te sentirás en paz

Si nadie sabe que necesitas ayuda, nadie acudirá a brindártela. Continuamente estamos siendo bañados por una energía divina, por un torrente de luz divina procedente de los cielos que trae a nosotros grandes bendiciones: poder, amor, bienestar, salud, prosperidad.

No obstante, muchos seres humanos la desechan como si fuera una falacia, aunque hayan escuchado hablar de ello, o se los hayan enseñado desde niños, dudan que sea cierta, es más fácil hacer algo a un lado que tomarse la molestia de verificarlo, en cualquiera de los dos casos se pierden de aprovechar una de las más poderosas herramientas que tenemos a nuestro alcance.

A menos que la pidas nunca llegará

Esta grandiosa fuente de energía está siempre a nuestro servicio, dispuesta a brindarnos todo lo mejor, solo que, debemos solicitar su ayuda, es un requisito que, aunque puede parecer obvio, con frecuencia suele pasarse por alto, lo cual es el origen de mucho sufrimiento.

Si quieres ayuda Divina, a menos que la pidas de manera explícita, nadie, ni siquiera Dios, lo hará puesto que siempre respetarán tu libre albedrío, siempre y por encima de todo se respeta tu derecho a elegir el camino que quieres tomar en la vida, aunque sea el equivocado o el más difícil.

Cada vez que necesitas ayuda, tanto Dios como los Maestros, ángeles y el universo entero estarán de tu lado y te prestarán el apoyo que necesitas, para ellos no hay límites, ni empresa grande o pequeña, a la hora de ofrecer ayuda la brindan generosamente, solo tienes que hacerte correspondiente con ella, pedirla amorosamente y esperar pacientemente.

Puede que surja la duda de ¿por qué pedirle a los ángeles o Maestros si puedo acceder a hablarle directamente a Dios? Pues en realidad no hay diferencia, Dios, los ángeles y los Maestros son uno, no existe separación entre ellos, solo existe la unidad. La palabra ángel significa mensajero de Dios y, por lo tanto, podemos considerar que ellos son una forma de pensamiento del Creador.

Causa y efecto

Solo existe la Luz, el Amor, Dios, todo es una unidad, Dios también es uno contigo y con los demás seres. Jamás pienses que no mereces ayuda porque alguna vez te equivocaste, o porque crees que eres malo, no cargues con culpas que te hacen sentir que mereces poco o nada, la ayuda divina no es un premio y las experiencias que vives no son un castigo, todo es aprendizaje y nada más que eso.

La ayuda es solo un efecto, se trata simplemente de un resultado de lo que piensas y haces, la causa para que aparezca una solución puede ser pedir ayuda humildemente, y pronto el efecto se producirá.

Poco o nada importa cómo se pide la ayuda, lo verdaderamente importante es pedir ayuda de los Cielos, lo valioso es el hecho de hacerlo. Puedes invocar a Dios, a los Maestros, a los ángeles, a la compañía Celestial completa, puedes hacerlo mediante la meditación o la oración, las afirmaciones, la visualización, la música, la pintura, la escritura o cualquier medio creativo, pero simplemente hazlo.

Tampoco importa si crees en ello o no, si lo haces, aunque no creas puede ser que cambies de opinión, y si lo haces con total convicción puede ser que aumente tu fe, lo único malo que puede pasarte es que estarás abierto y atento a recibir algo maravilloso y cuando llegue te sentirás muy bien.

Puedes dirigir tus sentimientos sinceros hacia el cielo, construir una relación de corazón abierto, algo así como: “Querido Dios invoco tu presencia y la de los Maestros, pido su ayuda y asistencia en____________, doy las gracias por ello. Esto es apenas un simple modelo, la idea es que lo hagas como se te ocurra.

Además no te esfuerces mucho en describir tu problema, Dios ya lo sabe todo, sabe exactamente lo que necesitas, cómo te sientes y la ayuda que necesitas. Sin embargo, hay algo que debes saber, siempre te llegará la ayuda que necesitas, pero no hay garantía de que sea la que quieres. Es posible que consideres que necesitas algo y en realidad lo que necesitas es completamente contrario a tus deseos, entonces llegará la perfecta para ti.

Ten la certeza de que siempre recibirás la ayuda que solicitas, pero será exactamente lo que necesitas, no lo que quieres, y solo Dios sabe lo que realmente necesitas, eso ni siquiera tú mismo lo sabes. 

Una razón que te lleva a orar o meditar es porque necesitas desahogar tus emociones y ansiedades, es porque quieres sentirte libre de todo ese estrés que estás acumulando a lo largo de mucho tiempo. Expresar eso que sientes ante esas fuerzas superiores a nosotros, ante esa energía cósmica, divina y universal nos hace sentir muy bien, ayuda a averiguar el origen del sufrimiento, la causa de la preocupación o la desdicha.

Luego de tu conversación meditativa, en oración o en la forma que hayas escogido, puede ser que empiecen a desencadenarse una serie de acontecimientos inesperados, revelaciones que te ayudarán a encontrar la solución tan anhelada, o comiencen sucesos que parecen milagros, pero que en realidad son resultados de tu conexión con tu divinidad, ese es el verdadero milagro, te conectaste con tu fuente divina y recibiste la ayuda solicitada.

Intenciones puras y cristalinas

Si te diriges al cielo en algún momento de angustia o mucha frustración, algunas veces en esos estados de conciencia alterados se logra una conexión más profunda y la ayuda viene de inmediato, porque se canaliza mucho mejor la energía y te concentras más.

No obstante, hay algo que nunca podrás olvidar y es que tus intenciones deberán ser puras, jamás buscando causar daño a otros o beneficiarte de alguien indebidamente, además, también deben ser cristalinas, siempre deberás tener muy claro lo que estás buscando, aquello que tu corazón anhela con vehemencia.

Los bloqueos

La materialización de tus deseos se bloquea cuando cambias con frecuencia tu manera de pensar, cuando un día deseas algo y una semana después otra cosa diferente. Es la forma más común de autosabotaje cuando en el fondo hay un sentimiento escondido de no merecimiento, o búsqueda de castigo por la equivocada idea de que eres culpable de algo.

El mayor problema y el más difícil de superar para muchos es la propia incredulidad, no solo no confían en que sus deseos se pueden realizar, sino que además les parece imposible que esas cosas puedan ser ciertas, no tienen fe ni en Dios, ni en ellos mismos.

Suelen existir varios tipos de obstáculos algunos ya los mencioné, pero los vamos a enumerar:

  1. No tener certeza de lo que se desea.
  2. Miedo a no conseguir lo que tanto se desea.
  3. Miedo a no merecer ayuda divina.
  4. Sentirse egoísta por pedir.
  5. Pensar que es arrogante realizar los sueños.
  6. No creer en que puedas recibir ayuda externa a ti mismo.
  7. Vivir alterado o enfadado.

Si pierdes la fe no funciona

La fe es un elemento importante y absolutamente necesario, sin ella nada funciona, ¿Cómo se puede esperar recibir ayuda si se piensa que es una locura o tonterías en las que no hay que creer? Esas tonterías en las que pocos creen son las que han ayudado a muchos, pero de las que se han perdido la mayoría, justamente por falta de fe.

Ten fe y tu vida cambiará para siempre, pide ayuda, ora o medita con plena convicción y fe inquebrantable, muy pronto la ayuda se manifestará.

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Luz Stella Solano M

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