Se necesita valor

Se necesita valor

Se necesita valor para convertirte en lo que realmente eres, escuchando tu ser interior, sin permitir que el medio que te rodea influya sobre ti, con la certeza de que sabes lo que quieres y hacia donde te diriges. 

Un mundo que nos distrae

El mundo externo intentará atraerte hacia sus creencias, hábitos e ideales, el mundo interno te conducirá hacia donde realmente quieres ir. En el primero encontrarás atajos y dificultades, en el segundo te unirás a tu esencia divina que te guiará por el sendero de la paz, el amor y la felicidad.

Estos dos mundos son antagónicos, el primero luchará con todas sus fuerzas para conquistarte y mantenerte sometido, preso de la ilusión y el miedo, buscando lo efímero y transitorio, en el segundo sentirás la plenitud de la existencia y el gozo de la presencia de Dios en ti, que perdura por toda la eternidad.

Todos los días nacen nuevos seres humanos y otros tantos mueren, cuando asistimos a cualquiera de estos eventos nos parece más fácil sentir que cada uno es único e irrepetible, no obstante, al poco tiempo por las carreras de la vida esto se nos olvida y nos alejamos de nuestra verdadera esencia.

Unidos en la diversidad

Vivimos en un universo absolutamente maravilloso, la palabra universo significa literalmente “unidad en la diversidad” hace referencia a un integral que no admite división, a algo único e irrepetible, puesto que nada se repite exactamente de la misma forma, todo tiene diferentes coordenadas de tiempo y espacio.

Si observamos un bulto de naranjas, todas parecen iguales, pero en el detalle cada una es bien diferente de la otra, en un bosque ningún árbol es igual al otro, los seres humanos también somos únicos e irrepetibles, algunas personas se parecen mucho, pero en lo esencial son diferentes.

¿Qué es lo que nos hace verdaderamente únicos? Más que la diferencia física, el color de los ojos, piel y cabello, la estatura, el peso corporal o la raza, la verdadera diferencia entre unos y otros está en el interior de cada uno. En lo que sientes, percibes, dices y haces, en la forma como respondes a un mismo evento, en la manera como tratas a los demás y te tratas a ti mismo.

El mundo externo está lleno de movimientos antagónicos unos producen alegría, otros tristeza, unos llenos de conflicto, otros de serenidad. Siempre a lo largo del camino encontraremos grandes diferencias, la conexión con tu ser interno es la que no cambia porque no depende de él, sino que proviene de ti.

Quien llena su mente y espíritu de paz y no se deja absorber por la turbulencia del mundo externo, quien logra sobreponerse al potente remolino de la vida diaria comprendiendo que todos somos uno, que somos hojas de un mismo árbol y a cambio de responder con dureza y frivolidad los embates de aquellos seres que aún creen que podemos vivir separados unos de otros, tirando cada uno para su lado a ver si es posible sacar más provecho, vivirá eternamente en paz, amará y será amado incondicionalmente, pero por encima de todo, la conexión con el Dios interno nutrirá su ser.

Una mente iluminada

Este ser vivirá como un iluminado, sereno, feliz, saludable, en un estado de contemplación permanente, que le permite ver la vida como realmente es y no con los ojos del temor, el sufrimiento y la incertidumbre.

Eres un ser Divino viviendo una experiencia humana, aprendiendo y experimentando, pero hasta que no te entregues confiadamente al Creador, hasta que no sientas desde lo más profundo de tus entrañas que eres uno con Él, no podrás saborear las mieles de la paz interior, de la certeza absoluta de que siempre estás guiado, protegido y provisto de todo lo necesario para que vivas de manera grandiosa y única.

La desconexión trae desilusión, temor y sufrimiento, la conexión es el resultado de vencer el más grande reto que podamos enfrentar, pero el más maravilloso que queremos lograr, se necesita valor para soltar los apegos a un mundo ilusorio que nos mantiene esclavizados haciéndonos creer que es el único y verdadero camino y conectarnos con la Divinidad que habita en nuestro interior.

Luz Stella Solano M.

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Nadie puede hacerte feliz

Nadie puede hacerte feliz

Crecimos con la creencia de que la felicidad nos la proporcionan innumerables cosas materiales o ciertas relaciones. Desde niños nos enseñaron que cuando logremos lo que queremos seremos felices, esta idea también le fue trasmitida a nuestros padres que a su vez se encargaron de hacer lo mismo con nosotros.

Así ha sido durante siglos, sin que nadie se atreviera a cuestionar esta absurda mentira de que el bienestar, la plenitud, la salud y la abundancia están fuera de nosotros. Y mientras más nos creemos el cuento, más nos alejamos de nuestra verdadera esencia, el único lugar donde reside la verdadera felicidad.

El engaño

Llevamos años perdidos en el laberinto del consumo innecesario, convencidos de que al comprar esto o aquello lograremos ser felices, o de que, si no tenemos una casa o apartamento grandes, un carro último modelo, viajamos y frecuentamos grandes y famosos restaurantes, es imposible siquiera vislumbrar la felicidad.

La apariencia de opulencia se ha convertido en la epidemia contemporánea a la que nadie le presta atención, pero que nos mantiene alienados y separados de nuestro más grande poder.

Al ser humano le está costando mucho trabajo descubrir que mientras más grande es su desconexión, mayor es su sensación de temor, escases, enfermedad, más incapaz se siente y más doblega su poder interno ante el yugo de una sociedad enferma que perdió su norte y se está ahogando en la insensatez, el juicio y la competencia, que nos impulsa a atacarnos unos a otros como fieras salvajes.

Tres personalidades

Por esta causa es que el mundo está plagado de personas que se debaten en una lucha en cualquiera de los extremos sociales más aterradores:

  1. Por un lado el de la pobreza interna que no tarda en manifestarse externamente, mediante el faltante, las limitaciones y hasta incluso la misma miseria humana.

Personas que luchan por sobrevivir atacándose unas a otras, tratando de sacar la mayor ventaja posible sobre los demás ante cualquier oportunidad que se les presente. Sometidas por el miedo a perder lo que tienen o a no lograr lo que quieren.

  1. La otra cara de la moneda, personas obsesionadas en acumular bienes materiales, hacerse millonarios de la noche a la mañana, demostrar a quien sabe quién que son capaces de quien sabe que cosa, incitados por redes sociales que les venden la idea de que, si no ganan grandes cantidades de dinero como fulano o zutano, no sirven para nada y estarán condenados al rechazo y la burla.

Hay que tener un proyecto, hay que vender un producto, hay que tener miles de seguidores, facturar miles de dólares, para encontrar la felicidad, de lo contrario serás tildado de mediocridad, incapacidad y muerte social, financiera y ahora además digital.

Crear empresa digital y crecer en redes sociales no tiene nada de malo, y muy bien por ti si lo logras, pero obsesionarse con la idea, desperdiciar la vida dejando pasar momentos hermosos y de vivir experiencias maravillosas con los seres amados, es la peor de las locuras y el más aterrador de los suicidios, que además te venden como única alternativa de salvación.

  1. La otra faceta el verdadero millonario, que ya posee grandes cantidades de dinero, que realmente factura millones mensuales, pero que en su camino se quedó solo, se volvió egocéntrico, obsesivo y manipulador. Que no le importa llevarse por delante a quien se interponga en su camino para conseguir lo que quiere.

Estos tipos de personalidad conflictiva, egoísta y difícil destruyen la vida de las personas y las aleja del único lugar donde se encuentra la felicidad, el interior de su propio ser. Ese lugar donde nadie más puede llegar y donde están todos los tesoros escondidos que son la base indispensable para una vida feliz, estable, pacífica, amorosa y grandiosa.

Solo el contacto directo con el mundo interno hace feliz al ser humano, lamento ser portadora de noticias poco agradables, “nadie te puede hacer feliz”, tampoco tú puedes hacer feliz a nadie. Ninguna persona el en mundo tiene ese poder, pero todos tienen el de hacerse felices a sí mismos.

 

Eres feliz cuando entras en las profundidades de tu ser, antes jamás lo serás.

Luz Stella Solano M.

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Renuncia a tu deseo de control

Renuncia a tu deseo de control

Algunas veces en nuestro interior hay un deseo de controlar las cosas, las situaciones y especialmente a las personas (incluidos nosotros mismos), este deseo que muchas veces está bien guardado y es bastante sutil, es una inequívoca señal de miedo y desconfianza.

Desconectado del mundo interno

Un miedo y desconfianza que surgen como consecuencia del desconocimiento de que vivimos en un universo maravillosamente perfecto, organizado y confiable, donde todo obedece a leyes perfectas que rigen el universo entero.

Por lo general la persona que intenta ejercer control sobre el mundo externo, en realidad está completamente descontrolado en su mundo interno, está desconectado de su esencia Divina, y como consecuencia de ello se siente desprotegido, asustado y muy vulnerable.

Trata de controlar el mundo porque se siente fuera de control, lo peor de todo esto es que no se da cuenta, por eso insiste en ejercer un control externo que nunca jamás nadie logrará. Lo único que podemos controlar en nuestra existencia humana es lo que pasa al interior nuestro, esa es una realidad inequívoca que no solo debemos comprender, sino que además necesitamos aceptar si queremos vivir en paz.

La necesidad de controlar

Cuando nuestra confianza en la vida y en el mundo que nos rodea ha sido perturbada y sentimos la necesidad de controlar y buscar garantías que nos ayuden a sentirnos mejor, recuerda que, existe un poder superior a nosotros al cual podemos aferrarnos con toda la confianza y la certeza de que nunca nos fallará.

Basta ya de continuar desgastando inútilmente nuestra energía tratando de controlar el mundo a nuestro alrededor, entra en tu interior y comienza a controlar tus pensamientos, sentimientos y emociones ¿Cómo puedes pretender controlar algo, si ni siquiera eres capaz de controlarte a ti mismo?

La necesidad de controlar esconde un grave problema de inseguridad, tal vez no identificado por quien lo padece e incluso negado, sin embargo, en realidad está ahí, aunque le des la espalda. En la vida frecuentemente sucederán cosas que por mucho que lo deseemos, no podemos controlar: un accidente, una enfermedad, el clima, las acciones y comportamientos ajenos, o cualquier otro tipo de eventualidad que suelen suceder en el diario vivir y que nadie puede evitar que sucedan.

Quien siente la necesidad de ejercer dominio sobre aquello que no está en sus manos, refleja un temor interno muchas veces producto de una situación del pasado que lo marcó negativamente, que le causó sufrimiento y que, aunque no se da cuenta, adopta una posición de control para protegerse de que le vuelvan a hacer daño.

Sin embargo, esto se puede solucionar descubriendo y aceptando que hay un problema interno de inseguridad que hay que resolver para así poder volver a confiar, sin necesidad de controlar a los demás. En algunos casos lo más aconsejable es buscar ayuda profesional, o simplemente abrir la mente a una nueva información que le permita ver la vida desde un ángulo nuevo y diferente.

Identificación

Algunas emociones y sentimientos de quien quiere controlar a los demás:

  • Ansiedad de saber qué decisión tomará una persona frente a una situación.
  • Temor de que los demás no hagan lo que esperas que hagan.
  • Deseo de imponer tu voluntad, de que los otros piensen y actúen según tu criterio personal.
  • Malestar interno incontrolable cuando los demás actúan diferente a lo que esperas.
  • Desconfías de los demás.
  • Piensas que la gente actúa con mala intención.
  • Crees que debes vivir atento a defender tus opiniones y puntos de vista.
  • Te encanta demostrar a los demás que tienes la razón.
  • Crees que sabes más que otros y que sus puntos de vista están equivocados.

Si sientes con alguna frecuencia alguna de estas emociones, te sugiero estar atento y observar qué tanta dificultad tienes de superarlo y pasar la hoja, o qué tan insistente eres en un tema hasta que consigues que los otros hagan lo que quieres.

Es posible que muchas veces te salgas con la tuya y consigas imponer tu voluntad a otros, pero lo cierto es que se alejarán de ti y poco a poco te irás quedando solo y amargado, ya que nadie querrá compartir contigo.

Luz Stella Solano M.

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Límites autoimpuestos

Límites autoimpuestos

Vivimos encasillados dentro de los límites de una identidad que nos fue dada por la sociedad, y si no nos liberamos de ella y aprendemos a volar por nuestra propia cuenta, nos privaremos de experiencias gozosas, de una vida mucho más plena y feliz.

Para ello hay que desarrollar la conciencia de que el cuerpo es un mero vehículo y yo “soy el ser” el conductor, quien toma la dirección y va a donde quiere ir.

Saber que la parte material, la forma humana es solo un cuerpo que temporalmente es habitado por el “Ser”, que es quien le da vida y anima la materia, pero no tiene la posibilidad de vivir de manera independiente, es finalmente la que determina la grandeza de la vida de un individuo, y le impulsa a lograr todo lo que se propone.

El Ser

Al ser le hemos dado diferentes nombres: alma cuando está habitando el cuerpo físico, espíritu cuando está desencarnado y conciencia que abarca todos los aspectos y se lo define como una energía consciente que da vida a la materia, que procesa, recicla y guarda la información y los aprendizajes provenientes de las vivencias.

El ser es el responsable de nuestras creaciones, pensamientos, palabras y acciones, es el que siente, desea, decide, entiende y guarda toda la información, el que contiene nuestros valores y talentos que terminan por dar rumbo a nuestra vida.

Ninguna de estas funciones es física, nadie podrá medir jamás lo grande o pequeño que puede ser un pensamiento, lo pesada que puede ser una tristeza, o cualquier carga emocional.  

Los límites

Cuando el ser se identifica con lo que no es, con la parte física material, con la edad, el sexo, la condición social, el nivel académico, la cultura y religión o un lugar geográfico, se autolimita, se vuelve ciego espiritualmente y no puede ver el valor real de las cosas, tiene nublado el camino de regreso al cielo, no sabe cómo llegar a su propia paz interior.  

La belleza interna de las personas pasa desapercibida porque los ojos están enfocados en lo físico, surgen entonces las críticas y conclusiones erróneas y apresuradas: ella está muy gorda, es demasiado viejo para hacer eso, ese muchacho es peligroso, mira eso tan feo que lleva puesto, como es posible que haga eso.

Emite juicios a priori que muestran una visión interna superficial, que terminan limitando la acción del ser, encajando la vida en un espacio estrecho llevando al individuo por caminos equivocados, lejos de la realidad espiritual.

La paz

No es posible vivir una vida plena sin que internamente se haya alcanzado el estado de paz interior, pues una es resultado de la otra. La semilla de la paz está en todos nosotros, no hay nadie que voluntariamente elija vivir en medio de la violencia.

Aunque muchos no se han dado cuenta, el estado de conflicto y desarmonía internos es como ir por la vida caminando por un campo minado a ciegas, lleno de temor por la certeza de que en cualquier momento una mina puede explotar y causarme mucho daño o destruirme.

La ausencia de paz hace la vida difícil y muy tormentosa, la mente se mantiene tan fatigada enfrentando miedos y creencias que se encierra en la prisión de la supuesta seguridad, que lo protege de sus fantasmas imaginarios.

Lógicamente los límites de esta prisión imaginaria son bastante estrechos y los barrotes que la rodean fuertes y muy pesados. La vida pierde su sentido, todo se hace pesado, complicado y peligroso.

Ante un panorama así, no es posible vivir en paz o ser feliz, puesto que, no hay nada que disfrutar, solo luchar para sobrevivir en un mundo hostil.

La libertad

La paz es el gran tesoro escondido que todos debemos rescatar, está escondida en las profundidades de nuestro ser, esperando por nosotros, es el baúl lleno de tesoros que se hundió en las profundidades del océano de la vida y que cada uno de nosotros puede traer a la superficie, abrir y escoger la joya que habrá de lucir radiante y serenamente disfrutar. 

Cada uno tiene su propio tesoro escondido esperando a ser encontrado, también tenemos nuestro propio océano en el cual navegamos libremente o nos ahogamos tontamente.

Ciertamente la paz es el más grande y potente amortiguador de los problemas de la vida, los ablanda, los hace más livianos y especialmente ilumina la ruta para escoger el camino correcto ante cualquier situación.

Vivir en paz no es ausencia de problemas, es manejo sereno y acertado de ellos, sin alteraciones, vacilaciones ni temores.

Luz Stella Solano M.

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La belleza

La belleza

La belleza es una cualidad del espíritu que se manifiesta a través de la materia. Se refiere a un conjunto de valores y atributos internos que se expresan e irradian externamente.

La belleza es una idea abstracta que se encuentra ligada a numerosos aspectos de la vida de las personas: a las creencias culturales, a la época, el país e incluso a las diferentes generaciones.

La belleza forzosamente está ligada a una sensación de placer o a un sentimiento de satisfacción que proviene de expresiones como el sonido, el movimiento, el aspecto visual, los olores, los sabores, la gracia, la suavidad y la comodidad, es la manifestación de equilibrio y armonía con la naturaleza, con las personas y con el medio que nos rodea.

Bienestar

La belleza es también un concepto que está ligado a la armonía, al equilibrio y al bienestar emocional y sentimental. Es obvio que la belleza es una experiencia subjetiva, por lo tanto, se dice frecuentemente: “La belleza está en el ojo que ve”, lo que implica que, siempre estará unida a las experiencias personales de cada uno.

Sin embargo, podemos afirmar que existen dos tipos de belleza, una externa y otra interna, siendo la primera una manifestación de la segunda, de la verdadera belleza, que reside en el corazón de quien la ve, o en el alma de quien la expresa.

El bien y el mal

Desde tiempos remotos la belleza se ha asociado con “el bien”, con las cosas buenas y positivas, que producen alegría, generan armonía, dan paz y hacen felices a las personas, mientras que lo contrario a la belleza es la fealdad, la cual se ha asociado con “el mal”, con las cosas negativas, desagradables que producen rechazo, malestar, incomodan a las personas y nadie las quiere.

Frecuentemente cuando a una persona se le da el calificativo de “BELLA” este va unido a la combinación de belleza interior que incorpora factores psicológicos y de personalidad como inteligencia, gracia, simpatía, encanto, elegancia, amabilidad, integridad, sencillez, e incluso une aspectos que pueden no ser físicamente observables pero que son muy importantes a la hora de definir la belleza de alguien.

La belleza externa hace referencia a la parte física o material, que con el paso del tiempo se marchita e incluso puede desaparecer, la interna o espiritual no se corrompe con los años, antes, por el contrario, no solo permanece incólume al tiempo, sino que se va acrecentando, es una belleza que proviene del interior que manifiesta sabiduría, sencillez, amor, simpatía, misericordia y paz.

La inteligencia, la creatividad y muchos otros aspectos también son necesarios para lograr esa belleza que forma parte de un paquete completo que hacen a una persona agradable, buena, interesante y deseable.

La belleza es algo que resulta grato a los sentidos, al ser y a la conciencia, por consiguiente, es fuente de placer y bienestar, aunque no todo lo que nos causa placer tiene que ser bello.

Belleza integral

A esta unión de las dos manifestaciones de la belleza, la interna y la externa podemos llamarla belleza integral porque es el resultado de una persona que asume sus diversas dimensiones: la física, la mental y la espiritual. Por lo tanto, la belleza integral es un resultado, una creación personal que permite que de adentro salga todo el potencial, los valores, el amor incondicional y una paz radiante y se expresen abiertamente y sin temores.

Podemos decir entonces que esta es una belleza con rostro, responsable y segura de sí misma que siempre acompañará a la persona que la ha creado, siempre estará presente y se hará notar, sin importar la edad, el género, la condición social o económica, ni las circunstancias de vida que se presenten.

La belleza integral no empieza en el exterior sino en el interior. Un cuerpo puede tener unas medidas que culturalmente se consideren perfectas, sin embargo, esto no significa que luzca bien, que proyecte belleza y armonía.

Lucir bien, es en todo caso sentirnos bien, la talla y la calidad de la ropa, o el color del cabello son únicamente aspectos poco significativos ante la belleza integral, que no ayudan a una persona a sentirse bien internamente, la ayudan a sentirse bien solamente en su aspecto externo, pero en realidad es en nuestro interior donde se genera la belleza radiante, la que atrae a los demás y proyecta bienestar.


Belleza es una cualidad que hace que algo o alguien sea grato y edificante.


Lo contrario a la belleza es la fealdad que causa descontento, un caos producto del desorden interno, del malestar y rechazo a la naturaleza de sí mismo. Lo feo engendra una percepción profundamente negativa del momento, de la persona o ambiente.

Lo feo es algo que emite una energía que produce rechazo y deseos de huir, genera temor produciendo sensación de malestar e inseguridad. Por lo general proviene de un interior oscuro, confundido y desorientado, que ha perdido el norte.

La sensación de bienestar se asocia a la belleza, a la conexión con la Divinidad, a la paz interna; la sensación de malestar se asocia a la fealdad, a la desconexión con lo Divino.

Alguien bello es ese ser que se ama, que cuida contantemente de su apariencia física y de su estado mental y emocional, que se protege de pensamientos oscuros, de acciones agresivas, que no emite juicios y conserva su paz interior.

Así pues, vemos que la belleza también juega un papel muy importante en el aspecto de las cosas y de la gente que es saludable, por ejemplo: una deliciosa papaya si está en perfecto estado es provocativa, pero si está magullada con algunas partes medio dañadas pierde gran parte de su encanto.

Igual sucede con las personas, aquellas que lucen físicamente bellas y fuertes parecen ser más aptas y eficientes que las que tienen rasgos feos o débiles.

La salud

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta para alcanzar una belleza integral es la salud. La salud como la felicidad y el amor no se pueden ocultar. Un cuerpo sano en todo caso será un cuerpo armonioso a su estatura y complexión, a su edad y a su género; la edad no tiene nada que ver con vernos mal o descuidar nuestra salud, por lo tanto, salud y belleza son dos cosas que permanecerán unidos y que son el reflejo de aceptarnos y darle a nuestro cuerpo lo que necesita para verse radiante.

¿Cómo podemos exigirle a nuestro cuerpo que se vea bien, si no le damos el cuidado necesario? La belleza que viene de estar sanos es algo que durará con el paso de los años, y esto no significa que no envejeceremos, pero sí que nuestro cuerpo no sufrirá un deterioro innecesario producido por el descuido, malos hábitos de alimentación, bebida y vicios dañinos para la salud.

Vejez no es sinónimo de deterioro y decrepitud. Un cuerpo ajado, acabado, senil, achacoso y decadente es la secuela que deja una vida desordenada e irresponsable, una alimentación inconsciente, falta de ejercicio y actividad tanto física como mental y principalmente ausencia de entusiasmo y amor por la vida, es la consecuencia de una vida triste y aburrida, carente de amor propio, sin el menor respeto por sí mismo.

La felicidad es la mejor pócima o medicina de belleza que existe, brillan los ojos, ilumina el rostro, alegra la sonrisa y hace que parezca que toda persona feliz llevara una luz por dentro que irradia y contagia a otros.

La belleza por lo tanto está necesariamente fusionada a la buena salud y las dos a una vida sana y feliz. La apariencia de la piel, el pelo, el peso corporal y la armonía física, un rostro radiante y los ojos brillantes son reflejos directos de la buena salud y esta a su vez es resultado de felicidad, amor y paz.

Luz Stella Solano M.

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El cementerio está lleno de gente curada que nunca sanó

El cementerio está lleno de gente curada que nunca sanó

Todo lo que percibimos en el mundo físico es un reflejo de un mapa interno, que cada uno ha construido de acuerdo a su forma de percibir la realidad y responder a las diferentes situaciones que enfrenta en la vida.

 Luz Divina

De acuerdo a estos mapas mentales también se crea lo que muchos definen como el Cuerpo de Luz o Campo de energía luminosa, que algunos científicos llaman redes neuronales en nuestro cerebro.

Muchas investigaciones se encaminan a la idea de que el Cuerpo de Luz es un aura producida por la actividad eléctrica en el cerebro y sistema nervioso, y precisamente por esta causa es que podemos fotografiar y en algunos casos ver las auras de las personas.

Hoy en día casi nadie se atreve a negar el hecho de que quien desee cambiar su entorno, deberá comenzar por cambiar sus mapas mentales internos, puesto que uno es reflejo del otro.

 

La gran diferencia

Allí es cuando comenzamos a vislumbrar un poco la diferencia entre curar y sanar. Curar hace referencia al cuidado, aplicación y consumo de medicamentos que conducen a la desaparición de los síntomas o enfermedades y recuperación de la salud.

Se trata de un proceso para revertir un síntoma físico ligado al aspecto emocional que permite que una persona que sufre anímicamente recobre su tranquilidad o elimine su sufrimiento.

Sanar es un aspecto más profundo, significa volvernos íntegros aceptando todas las partes de nosotros mismos, no solo las que nos gustan, sino todas.

Se trata de una conexión con nosotros mismos, con aquella parte nuestra que sabe cómo sanarse, una acción de compasión que despierta y libera en nosotros una poderosa capacidad de transformar aquello que nos aleja del amor divino, del infinito poder creador de todo cuanto existe y sucede que habita en lo más profundo de nuestro ser.

Somos increíblemente capaces, solo tenemos que disponernos a llegar a un nuevo nivel más profundo e interno donde se calman nuestras emociones y sentimientos, se tranquiliza la mente y se despierta el espíritu.

La sanación se da cuando se despiertan las capacidades y se avivan posibilidades de las que no teníamos conciencia, pero que siempre hemos tenido. No se trata de curar un malestar cotidiano, sino de sanar todos los aspectos de nuestra existencia.

Somos espíritu, somos energía capaz de autotransformarse en cualquier momento, tenemos la capacidad para sanarnos y también para sanar nuestro mundo.

Curar se ha convertido en un negocio de la medicina, las personas acuden al médico buscando solución a sus dolencias físicas. Por su parte el médico cumple con su función de la mejor forma posible, reconoce un síntoma y busca una medicina que pueda ayudar a que desaparezca.

Sanar es algo que nadie puede hacer por otro, proviene de un sensación de paz y empoderamiento internos, un sentimiento de comunión con la vida, una experiencia tan grandiosa y transformadora que se refleja en todos los aspectos de la vida.

Es el despertar de tu cuerpo espiritual, aquel que nunca se enferma, es vivir una experiencia infinita que existe fuera del tiempo y espacio.

Nuestro cuerpo al igual que todo lo que nos rodea es un espejo de nuestras creencias y pensamientos más íntimos. Cada célula responde a cada uno de los pensamientos que tenemos y a cada una de las palabras que decimos.

Sanar es transformar

Sanar implica estar dispuesto a cambiarte a ti mismo, cambiar mis pensamientos, sentimientos y emociones toxicas, negativas y destructivas para mejorar la calidad de mi vida y del mundo que me rodea.

Sanar es comprender que nuestro cuerpo se comunica con nosotros, que siempre nos manda los mensajes necesarios para superar cualquier enfermedad, puesto que ella proviene de la desconexión con esa esencia divina que habita en él.

Sanar es prestarle atención al cuerpo, escucharlo y hacer las correcciones necesarias, es tratarlo con amorosa devoción para que él mismo mediante una energía poderosa se sane.

Los médicos hacen lo mejor que pueden y saben, los medicamentos por su parte alivian temporalmente los síntomas, pero la verdadera sanación solamente está en tu interior.

Sanar es entrar a un nivel superior que abarca toda la existencia humana, es limpiar el pensamiento, tomar conciencia de las palabras que decimos y las acciones que realizamos. Sanar implica cambiar, subir de nivel de conciencia a un estado de completa aceptación de quien somos y comprensión de quien queremos ser.

Así como tenemos la capacidad para enfermarnos, tenemos el coraje y la energía para sanarnos, es cuestión de cambio y enfoque nada más. Puedes ir a muchos médicos que te formulan cantidad de medicinas que hacen desaparecer los síntomas, pero si no te transformas internamente jamás te sanarás.

Luz Stella Solano M.

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