CENTRARSE CONSISTE EN TOMAR DISTANCIA DE LOS PROPIOS SENTI-PENSAMIENTOS PUDIENDO MIRAR, EN FORMA SERENA Y NEUTRAL

lo que acontece dentro y fuera de uno mismo. Implica la ubicación temporal en el nivel cuatro de consciencia: identidad YOICA. Alcanzar la consciencia yoica, lo que algunos llaman ubicarse en la posición del YO -TESTIGO, es percatarnos de que somos el programador no el programa. El instrumento más adecuado para lograr lo anterior y preparar la emergencia de la consciencia cósmica es la meditación contemplativa.

Con la experiencia de la meditación contemplativa se busca comprender que se es un centro de consciencia que puede existir vacío de senti-pensamientos, sin que ello implique caer en la inconsciencia. En esencia consiste en dejar la mente en blanco, permaneciendo conscientes de nosotros mismos.

Es imposible describir la experiencia del YO como TESTIGO o centro consciente del que emanan todas nuestras percepciones y acciones volitivas, en términos verbales, tanto como lo es explicar qué es el amor o el hambre, pues todo lo que se haga al respecto se referirá a las manifestaciones del sentir y no al sentir en sí mismo. Por otra parte, cualquier contestación que se dé implica un sujeto tras la respuesta, alguien que vive la experiencia.

Por tal motivo, la vía sugerida para acceder a la consciencia no condicionada por senti-pensamientos, propia del nivel cuatro de consciencia, es descartar lo que no se es, facilitando así una percepción directa, experiencial, de lo que sí se es. Una de las meditaciones de carácter auto-reflexivo más conocida, es la que busca contestar la pregunta ¿Quién soy yo? Sugiero comenzar con ella pues la respuesta a este interrogante sólo puede provenir de una mente en silencio que, vacía de senti-pensamientos, facilite al YO reconocerse a sí mismo.

EL PRIMER PASO PARA MEDITAR ES CONCENTRARSE

Busquemos un lugar propicio al silencio, adoptemos una posición cómoda y relajemos nuestro cuerpo. Acto seguido enfoquemos la atención en la respiración, haciéndonos consciente de ella, sin forzarla, cerrando los ojos y dirigiéndolos al entrecejo, hasta lograr sentirnos relajados y en paz. A continuación, dediquémonos a buscar diversas contestaciones a la pregunta ¿Quién soy yo? Al ir obteniendo respuestas, exploremos quién es el que las está dando, quién está tras las contestaciones. Tarde o temprano con este método, adquiriremos consciencia que no somos el cuerpo, ni los roles sociales o profesionales que desempeñamos: padre, madre, hijo, esposa, médico, etc. Tampoco las características de nuestra personalidad: alegre, triste, estudioso, deportista, etc. En forma similar se descubrirá que no somos nuestros senti-pensamientos, ni actos.

Detrás de todas esas formas de expresar el ser, siempre está el que tiene un cuerpo, desempeña un rol social y profesional, piensa y siente de tal o cual modo y se comporta de determinada manera, ese que esto lee. Llegar a percibir que en esencia se es un centro de consciencia proporciona una gran fortaleza, pues dejamos de identificarnos con el cuerpo, grupos y senti-pensamientos. Nos percatamos de que tenemos un cuerpo, somos uno con él, pero no somos sólo cuerpo. Pertenecemos a muchos grupos y desempeñamos múltiples roles sociales, pero podemos existir libres de cualquier papel. Tenemos senti-pensamientos, los experimentamos pero los trascendemos; se puede existir, ser, sin tenerlos.

Hoy tenemos unos senti-pensamientos, mañana otros… estos van y vienen sin comprometer nuestra identidad. Teniendo en cuenta lo anterior, decir YO, cuando se trasciende la identificación con los senti-pensamientos, es convocar un poder desconocido en las etapas de conciencia anteriores a la yoica. Otra meditación en la misma línea de usar el pensamiento para trascenderlo, una vez se hayan agotado las posibilidades de la anterior, es observar los propios senti-pensamientos, fijando la atención en aquellos que vayan surgiendo en la consciencia, sin efectuar evaluación alguna. Una vez los hayamos identificados, volvemos al YO, a nuestro centro de observación. Con el simple hecho de darse cuenta de sus propias actividades, sin necesidad de ninguna imposición, la mente se tranquiliza.

La meta es lograr espacios cada vez más largos entre pensamiento y pensamiento. Allí en esos vacíos somos consciencia pura, vacía de senti-pensamientos. Se recomienda meditar en forma regular. Una sesión diaria de mínimo treinta (30) minutos o dos de veinte (20) minutos cada una, una en la mañana y otra en la noche. Además de los métodos señalados en este artículo hay muchos más. Realicemos la clase de meditación que elijamos durante al menos treinta días antes de ensayar otra, pues los efectos no se manifiestan en forma inmediata.2 Sentir la propia identidad es la esencia y el inicio de cualquier apuntalamiento del nivel yoico.

La interpretación que se dé a esta experiencia dependerá del meta paradigma, de cada quién. Para unos será el contacto con el alma, como pasa en las vías dualistas del judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Para los que se adhieren a un paradigma materialista, será el encuentro con el patrimonio común de la humanidad: la auto-consciencia. En todo caso, se descubrirá en cada persona a un hermano, independientemente de consideraciones de raza, grupos sociales, filosofías o religiones. Obliguémonos a mirar la existencia desde nuestro YO.

Para la mayoría de nosotros dada nuestra actual etapa de desarrollo, no es posible hacerlo permanentemente, de pronto tampoco sea conveniente, pero en nuestra meditación o cuando estemos descentrados, tomemos distancia de nosotros mismos y observemos nuestra vida desde allí, volviéndonos un testigo de lo que pasa en nuestra personalidad, convulsionada por múltiples y contradictorios pensamientos y emociones, pero serena en el fondo, en las profundidades en donde el YO que somos, tiene la posibilidad de observar lo que acontece en su periferia.3 Es conveniente establecer una rutina que nos recuerde frecuentemente durante el día quiénes somos, pudiendo entonces, desde la perspectiva privilegiada que este conocimiento otorga, permanecer más tiempo en lo que Deepak Chopra, médico de la corriente ayurvédica y reconocido maestro espiritual, llama estado de auto-referencia.

Para hacerlo concentrémonos en la forma indicada anteriormente y ubiquémonos en nuestro centro, ese punto en el que encontramos paz interna. Cuando lo logremos, repitamos según el meta paradigma que tengamos: yo…, yo soy yo…, Yo, Hijo de Dios… Yo, Uno con Dios, lo que sea, que nos recuerde lo que creemos ser. Convirtámoslo en una especie de mantra, usándolo con frecuencia, repitiéndolo cuantas veces sea necesario hasta que inconscientemente, experimentemos la identificación con nuestro centro de consciencia y desde allí tomemos control de nuestro senti-pensamientos y acciones. Para hacerlo concentrémonos en la forma indicada.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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