En este artículo se explica el procedimiento para lograr comunicarnos en forma empática con nuestros interlocutores.

¿Cuál es el propósito de la escucha empática?

El objetivo de la escucha empática, también llamada comunicación transformadora y comunicación no evaluativa, es COMPRENDER lo que su interlocutor(a) le transmite, no sólo RACIONALMENTE, su pensamiento, sino también EMOCIONALMENTE, sus sentimientos, de modo tal que se sienta plenamente entendido.

¿Cómo se hace esto? 

Debe estar dispuesto a proceder del siguiente modo:

  • Abstenerse de emitir juicios mientras trata de comprender a su interlocutor(a). Limítese a tratar de comprenderlo(a) racional y emocionalmente, sintonizándose con él. Pregunte todo lo que le ayude a lograr esa comprensión racional-emotiva.
  • Cuando crea haber comprendido, repítalo a su interlocutor(a) usando sus propias palabras (las de usted). Haga esto hasta que su oyente esté de acuerdo en que lo que usted entendió, es lo quería decirle.
  • No trate de convencer al otro, recuerde: el objetivo es COMPRENDER no persuadir.
  • Si es necesario tomar una decisión, use dos tiempos, uno para comprender otro para decidir. Tome un descanso que separe el proceso de decidir del de comprender, y enfrente la solución de sus diferencias con su interlocutor(a) buscando un acuerdo que satisfaga los intereses de ambas partes.

¿Qué hacer si por razón de su función, padre, madre, jefe, profesor(a), juez, etc. Debe juzgar?

  • Juzgue sólo cuando haya comprendido racional y emocionalmente al otro, no antes, no durante, DESPUÉS.
  • Concéntrese en juzgar la conducta, usando para ello el o los REFERENTES adecuados, la LEY, las normas de convivencia del hogar, las reglas de evaluación de la materia, etcétera, que sean pertinentes a la situación.
  • Evite convertir la conducta de su interlocutor en una característica permanente e inmodificable de su personalidad. Ejemplos:
  • NO diga: es un grosero, mal educado. Señale la conducta: Le levantó la voz a su mamá y la dejó hablando sola.
  • NO afirme: es una mujer amoral, promiscua, infiel. Describa la conducta: se enamoró de otro hombre, dejó a su esposo y se fue a vivir con él.
  • NO señale es un ladrón; diga: se llevó a su casa herramientas de trabajo sin permiso de su supervisor y no las devolvió.
  • NO comente que es un mal estudiante… un vago… un irresponsable; especifique: perdió la materia porque no alcanzó la nota mínima para aprobarla, etcétera.

Esto es más que glamour conversacional, tiene mucho más fondo. En palabras del filósofo Edgar Morin, en su obra MIS DEMONIOS[1]: (…) el axioma de Robert Antelme –no separar a nadie de la humanidad- está y estará presente en mi espíritu. En eso me diferencio (…) de todos los que reducen el criminal a su crimen. Un ser humano es mucho más que su conducta en un aspecto determinado, y no es inteligente reducirlo a ella, ignorando otros aspectos de su ser.

En el campo cristiano equivale a la idea que recoge la frase “duro con el pecado y suave con el pecador”. Si desde el referente cristiano Dios se abstiene de juzgar el ALMA de un ser humano, hasta el momento de su muerte, ¿Por qué hacerlo en vida cuando todavía hay posibilidades de cambio? Si es necesario evaluar, concéntrese en la conducta del prójimo, sin condenar su ALMA.

Toda persona consciente o inconscientemente usa unos referentes, acertados o falso, para tomar sus decisiones. Hay por lo tanto una lógica subjetiva que conduce a que lo que cada persona senti-piensa o actúa, sea coherente con su información, su modo de procesarla y sus referentes. Toda persona tiene razón desde la perspectiva de su lógica subjetiva, aunque no la tenga desde un punto de vista objetivo, o desde referentes distintos a los que ha usado para llegar a las conclusiones a las que llega.

Tenga en cuenta que esto no significa estar de acuerdo con su conducta, sino aceptar que toda persona actúa en función de su propia percepción de la realidad, no importa lo distorsionada que esta sea.

 ¿Por qué es tan difícil practicar la escucha empática?

Es prácticamente imposible escuchar empáticamente a alguien que piensa distinto a uno, sin que los propios pensamientos y sentimientos no se modifiquen, generalmente en forma favorable tanto hacia el interlocutor o interlocutora, como hacia el tema que se esté tratando.

Dado que para la mayor parte de las personas la imagen que tienen de sí deriva de sus senti-pensamientos, la modificación de los mismos se torna amenazadora para su coherencia interna y se tiende a bloquear la mente y cerrar el corazón, cuando se percibe, como consecuencia de la escucha empática, que la propia forma de pensar y de sentir se está modificando.

Lo anterior provoca que se disparen mecanismos psicológicos de defensa, que buscan bloquear el entendimiento de la verdad del otro para proteger la propia coherencia interna, fundamentada en la mayoría de los casos, en la adhesión a la forma de percibir la realidad de cada quien.

¿Cómo mantener la apertura racional- emotiva al otro u otra?

Hay dos métodos principales, no excluyentes; a saber:

  • Percatarse de que usted es fundamentalmente un centro de consciencia y de que su identidad no depende de lo que piensa o siente. Ha cambiado de forma de pensar y de sentir innumerables veces y sigue siendo el mismo; por lo tanto, si como consecuencia del diálogo empático cambia, su esencia, lo que es, un centro de consciencia permanece.
  • Darse cuenta de que quién juzga antes de comprender, no sólo no entiende, sino que no cambia, y sobre todo que ese cambio NO lo produce su interlocutor sino la comprensión que usted realiza de sus senti-pensamientos; es decir, es usted mismos el que decide modificar su forma de ver las cosas al contrastarlas con otras percepciones de la realidad. Igualmente entender que al modificar sus senti-pensamientos acercándolos más a lo que las cosas son, evoluciona hacia una mejor versión de usted mismo.

y aprender a mirar la vida no sólo desde la propia perspectiva sino también desde la de los demás, ampliando racionalmente su mente y emocionalmente su corazón.

No pierda la oportunidad de usarla.

ALBERTO J. MERLANO A.

 Gracias por leer “Como escuchar empáticamente”.  Si te gusto el artículo, déjanos tu comentario y comparte.

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