COMUNICACIÓN NO VIOLENTA – UN LENGUAJE DE VIDA (ANÁLISIS) COMUNICACIÓN NO VIOLENTA (CNV)

expresa una clara y sistemática presentación de un programa educativo desarrollado por Marshall Rosemberg, a partir de su experiencia como mediador, educador y terapeuta, y que hoy en día es usado en más de 45 países. Nos involucra en un proceso de reflexión y aprendizaje relacionado con cómo nos comunicamos habitualmente y cómo podemos hacerlo de un modo más efectivo y coherente con nuestros valores. Nos indica cómo relacionarnos con otras personas cuando sentimos mucho enojo y dolor ¿Qué hacemos cuando estamos en pleno desacuerdo con los argumentos planteados? ¿Cómo respondemos a la angustia y desesperanza de alguien a quien queremos ayudar? ¿Cómo planteamos pedidos en reuniones de trabajo? Este resumen de la obra puede servirle a toda persona interesada en su desarrollo personal.

También puede ser usado como un valioso complemento a programas de formación en mediación, psicoterapia, consultaría, trabajo social, liderazgo de equipos, docencia, medicina y otras disciplinas en las cuales habilidades interpersonales son una competencia clave. Al final encontrará el video con el autor y el libro completo en formato PDF.

INTRODUCCIÓN

No se puede edificar la paz sobre los cimientos del miedo. La no violencia significa permitir que se manifieste lo positivo que llevamos dentro. Implica dejarnos dominar por el amor, el respeto, la comprensión, el agradecimiento, la compasión y el interés por los demás y no por actitudes egoístas centradas en uno mismo, motivadas por la codicia, el odio, los prejuicios, la desconfianza y la agresividad que habitualmente dominan nuestros pensamientos. La violencia pasiva es el combustible que alimenta el fuego de la violencia física. La no violencia se centra en inculcar actitudes positivas para reemplazar las actitudes negativas que nos dominan.

A menos que seamos el cambio que buscamos en el mundo, jamás se producirá cambio alguno. Lamentablemente, todos estamos esperando que sea el otro quien cambie primero. Si cambiamos nosotros, podemos cambiar el mundo y el cambio en nosotros comienza cambiando nuestro lenguaje y los métodos de comunicación. Las palabras son ventanas o paredes; nos condenan o nos liberan.

LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA constituye un importante primer paso para cambiar nuestra forma de comunicarnos y para crear un mundo en donde impere el amor sobre el odio. DAR DESDE EL CORAZÓN Introducción Hay dos preguntas que me ha preocupado durante la mayor parte de mi vida. ¿Qué ocurre que nos desconecta de nuestra naturaleza solidaria y nos lleva a comportarnos de manera violenta y abusiva? Y a la inversa, ¿por qué algunas personas son consecuentes con esta actitud empática y solidaria incluso en las circunstancias más adversas? Mientras estudiaba los factores que afectan a nuestra capacidad de ser compasivos, me sorprendió comprobar la función primordial que desempeñan tanto el lenguaje en sí como el uso que hacemos de las palabras.

Desde entonces fui identificado un enfoque especifico de la comunicación – hablar y escuchar – que nos lleva a dar desde el corazón, a conectarnos con nosotros mismos y con otras personas de una manera que permite que aflore nuestra solidaridad natural. Doy a este enfoque el nombre de “comunicación no violenta”; uso de la expresión “no violenta” en el mismo sentido en que la utilizaba Gandhi al referirse a la solidaridad que el ser humano expresa de un modo natural cuando su corazón renuncia a al violencia. En algunos ámbitos, el proceso que describo se denomina “comunicación empática” o “comunicación solidaria”. A lo largo de este libro, utilizo la sigla CNV para referirme a la “comunicación no violenta”. La CNV nos orienta para reestructurar nuestra forma de expresarnos y de escuchar a los demás. Nos ayuda a expresarnos con sinceridad y claridad, al mismo tiempo que prestamos una atención respetuosa y empática a los demás.

En cualquier interacción, pasamos a tener en cuenta tanto nuestras necesidades más profundas, como las ajenas. Con ella aprendemos a identificar y a expresar con claridad lo que esperamos en concreto de una situación dada. El método es simple, pero su poder de transformación es extraordinario. A través de su énfasis en una escucha atenta y profunda – no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos —, la CNV propicia el respeto y la empatía y engendra un deseo mutuo de conectarse desde el corazón. La práctica de la CNV no exige que las personas con las que nos comunicamos conozcan las particularidades de este proceso, ni siquiera que estén motivadas para establecer una relación solidaria con nosotros. Si nos atenemos a los principios de la CNV, con la única motivación de dar y recibir de una manera amorosa, y hacemos todo lo posible para que los demás entiendan que éste es el único impulso que nos guía, se unirán a nosotros en el mismo proceso y acabaremos respondiéndonos mutuamente con empatía y solidaridad.

No estoy diciendo que esto siempre ocurra rápidamente, sin embargo sostengo que la empatía y la solidaridad surgirán de manera inevitable si nos atenemos fielmente a los principios y al proceso de la CNV. El proceso de la CNV. Los siguientes son los cuatro componentes de la CNV:

1. Observación

2. Sentimiento

3. Necesidades

4. Petición

Si queremos llegar a ese deseo mutuo de dar desde el corazón, enfocaremos la luz de la conciencia de modo que ilumine cuatro zonas, a las que vamos a referirnos como los cuatro componentes del modelo de la CNV. En primer lugar observamos lo que ocurre realmente en una situación dada: lo que dicen hacen los demás. El truco consiste en saber expresarlo claramente de modo que no incorpore ningún juicio ni evaluación; poder decir simplemente qué cosas que hace la gente nos gustan y cuáles no.

Después, una vez hecha esta observación, comprobamos cómo nos sentimos. ¿Nos sentimos dolidos, asustados, alegres, divertidos, irritados, etc.? En tercer lugar decimos cuáles de nuestras necesidades guardan relación con los sentimientos que hemos identificado. Siempre que utilizamos la CNV para expresar de forma clara y sincera cómo nos sentimos, está presente en nosotros la conciencia de estos tres componentes. Por ejemplo, una madre podría manifestar esos tres aspectos del proceso diciéndole a su hijo adolescente: «Félix, me molesta ver dos calcetines sucios hechos una bola debajo de la mesita del café y otros tres al lado del televisor, porque quiero más orden en las habitaciones de la casa que compartimos».

Acto seguido, la madre abordaría el componente número cuatro, que es una petición muy específica: ¿Estarías dispuesto a recoger los calcetines y llevártelos a tu habitación o meterlos en la lavadora?». El componente número cuatro se centra en lo que esperamos que haga la otra persona para enriquecer la vida de ambos. Nos conectamos con los demás percibiendo primero lo que ellos observan, sienten y necesitan y descubriendo después en que enriquecerá su vida recibir lo que nos piden su petición.

EL PROCESO DE LA CNV Actos concretos que observamos que está afectando nuestro bienestar. Cómo nos sentimos en relación con lo que observamos. Las necesidades, los valores, los deseos, etc., que dan origen a nuestros sentimientos. Las acciones concretas que pedimos para vivir en paz. La CNV no sólo permite la expresión honesta mediante los cuatro componentes sino que también nos ayuda a recibir empáticamente mediante los mismos cuatro componentes. Cuando usamos este proceso, podernos empezar de dos maneras: ya sea expresando la información de esos cuatro componentes o bien recibiéndola empaticámente de otras personas. A pesar de que aprenderemos como escuchar y expresar verbalmente cada uno de estos componentes, es importante tener presente que la CNV no es una fórmula preestablecida, sino un proceso que se adapta a diversas situaciones y a diferentes estilos personales y culturales.

Aun cuando por razones practicas me refiero a la CNV como un «proceso» o un «lenguaje», se pueden experimentar las cuatro facetas del proceso sin necesidad de articular una sola palabra. La esencia de la CNV está en la conciencia que tenemos de esos cuatro componentes, no en las palabras concretas que intercambiamos. Siempre que usamos la CNV en nuestras relaciones —ya sea con nosotros mismos, con otra persona o con un grupo—, nos basamos en nuestra compasión natural. Se trata, por lo tanto, de un enfoque que puede aplicarse de manera efectiva en todos los niveles de comunicación en las situaciones más diversas: La CNV nos ayuda a conectarnos con los otros y con nosotros mismos, permitiendo que aflore nuestra empatía y solidaridad natural.

Nos orienta de tal manera que nos permite reestructurar nuestra forma de expresarnos y de escuchar a los demás, haciéndonos conscientes de lo que observamos, sentimos y necesitamos, y de lo que les pedimos a los demás para hacer más rica nuestra vida y la suya. La CNV promueve el desarrollo de la escucha atenta, el respeto y la empatía, y propicia el deseo mutuo de dar desde el corazón. Hay quien se sirve de la CNV para llegar a una mayor autocompasión y comprensión de sí mismo; hay quien aspira a llegar con ella a una relación más profunda con sus semejantes, y hay quienes quieren construir a través de ella relaciones más efectivos en su lugar de trabajo o en el campo político. En el ámbito mundial, la CNV sirve para resolver disputas y conflictos a todos los niveles. La CNV no es simplemente un lenguaje ni un conjunto de técnicas aplicadas al uso de las palabras, ya que la actitud consciente y receptiva que implica también pude expresarse por medio del silencio, la simple presencia, la expresión facial o el lenguaje corporal. LA COMUNICACIÓN QUE BLOQUEA LA COMPASIÓN No juzguéis y no seréis juzgados, porque tal como juzguéis a los demás, así seréis juzgados… Mateo 7, 1 Al estudiar qué nos aliena de nuestro estado natural de compasión, fui identificando ciertas formas especificas de lenguaje y de comunicación que a mi entender contribuyen a que nos comportemos de manera violenta con los demás y con nosotros mismos. Para referirme a estas formas de comunicación, utilizo la expresión «comunicación que aliena de la vida». Los juicios moralistas Presuponen una actitud errónea o malvada por parte de aquellas personas que no actúan de acuerdo con nuestros valores. Tu problema «es que eres muy egoísta», «Es una perezosa», «Están llenos de prejuicios», etc. Cuando utilizamos este lenguaje juzgamos a los demás y su comportamiento y nos centramos en quién es bueno, malo, normal, anormal, responsable, irresponsable, etcétera. Si mi pareja quiere más cariño del que le ofrezco, es una persona «dependiente y desvalida». Pero si yo quiero más cariño el que ella me da es «distante e insensible». Es importante no confundir los juicios de valor con los juicios moralistas. Todos hacemos juicios de valor con respecto a las cosas de la vida que estimamos. Podemos valorar, por ejemplo, la honradez, la libertad o la paz.

Los juicios de valor reflejan nuestras creencias con respecto a cómo podría mejorarla vida. Los juicios moralistas, los hacemos en relación con personas y conductas cuando no concuerdan con nuestros juicios de valor. Las Comparaciones Si alguien aspira sinceramente a ser desgraciado lo único que tiene que hacer es compararse con los demás. Esta forma de pensar bloquea la empatía, tanto por nosotros mismos como por los demás. Negación de la responsabilidad Nos nubla la conciencia de nuestra responsabilidad en lo que pensamos, sentimos y hacemos.

El uso de la expresión tan habitual: «tener que» como en el caso de la afirmación «te guste o no, tienes que hacerlo», tiende a negar nuestra responsabilidad personal en lo que hacemos. La expresión «hacer sentir» como en el caso de «me haces sentir culpable» constituye otro ejemplo más de cómo el lenguaje nos allana el camino para que podamos negar nuestra responsabilidad personal con respecto a lo que sentimos y a lo que pensamos pues nadie puede hacernos sentir algo sin nuestro consentimiento. Negamos la responsabilidad de nuestros actos cuando atribuimos su causa, entre otras a:

FUERZAS DIFUSAS E IMPERSONALES: LIMPIÉ MI HABITACIÓN PORQUE TENÍA QUE HACERLO.

NUESTRO ESTADO DE SALUD, UN DIAGNÓSTICO O NUESTRA HISTORIA PERSONAL O PSICOLÓGICA: BEBO PORQUE SOY ALCOHÓLICO.

LO QUE HACEN LOS DEMÁS: LE PEGUÉ A MI HIJO PORQUE CRUZÓ LO CALLE CORRIENDO.

ÓRDENES DE LA AUTORIDAD: MENTÍ AL CLIENTE PORQUE MI JEFE ME DIJO QUE LO HICIERA.

PRESIONES DE GRUPO: EMPECÉ A FUMAR PORQUE TODOS MIS AMIGOS LO HACÍAN.

POLÍTICAS, NORMAS Y REGLAS INSTITUCIONALES: TENGO QUE EXPULSARTE POR ESTA INFRACCIÓN PORQUE ES LA POLÍTICA DE LA ESCUELA.

LOS ROLES ASIGNADOS SEGÚN SEXO, POSICIÓN SOCIAL O EDAD: ME FASTIDIO IR O TRABAJAR, PERO TENGO QUE HACERLO PORQUE SOY MARIDO Y PADRE.

IMPULSOS IRREFRENABLES: ME SUPERARON LAS GANAS DE COMER BOMBONES Y ME LOS COMÍ.

OTRAS FORMAS DE COMUNICACIÓN QUE ALIENAN DE LA VIDA

La comunicación de nuestros deseos expresada en forma de exigencias constituye otra forma de lenguaje que bloquea la empatía. Toda exigencia amenaza explicita o implícitamente a la persona que la escucha, en caso de que no la satisfaga. La comunicación que aliena de la vida también se relaciona con el concepto de que ciertas acciones merecen recompensa mientras que Otras merecen castigo.

Esta idea se expresa en la palabra “merecer”, como en “Él merece castigo por lo que hizo’ Supone “maldad” por parte de las personas que actúan de determinada manera y requiere castigo para que se arrepientan y cambien su comportamiento. Creo que interesa a todo el mundo que las personas cambien no para evitar el castigo sino porque consideran que el cambio los beneficia. Estas concepciones ponen el énfasis en nuestra maldad y en nuestras deficiencias innatas, así como en la necesidad de una educación que controle nuestra naturaleza inherentemente indeseable.

OBSERVAR SIN EVALUAR

El filósofo indio J. Krishnamurti dijo una vez que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana. El primer componente de la CNV implica la separación entre observación y evaluación. Hacer observaciones constituye un elemento importante de la CNV mediante el cual intentamos comunicar a otra persona, de forma clara y sincera, cómo nos sentimos. La CNV no nos dice que nos abstengamos de hacer evaluaciones. Lo único que nos dice e que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. Si mezclamos la evaluación con la observación, reduciremos la probabilidad de que la otra persona entienda lo que pretendemos transmitirle. En lugar de ello, recogerá la crítica y opondrá resistencia a lo que e estamos diciendo.

Aun cuando los efectos de etiquetas negativas como «perezoso» y «tonto» sean más evidentes, incluso las etiquetas positivas o aparentemente neutras limitan la percepción de la totalidad de una persona. Eres demasiado generoso se podría cambiar por cuando te veo darle a alguien el dinero para tu almuerzo, me pareces demasiado generoso. Pablo siempre posterga las cosas se podría cambiar por Pablo sólo estudia para los exámenes la noche anterior. Si tu alimentación no es equilibrada, vas a enfermarte se podría cambiar por Si tu alimentación no es equilibrada te podrías enfermar.

Román juega mal al futbol se podría cambiar por Román no ha marcado un gol en diez partidos. Marina es fea se podría cambiar por no me parece Marina físicamente atractiva. Las palabras siempre, nunca, etc. en ocasiones, se utilizan como exageraciones, en cuyo caso se mezclan, observaciones y evaluaciones.

SIEMPRE ESTÁS OCUPADO. CUANDO LA NECESITAS, NUNCA LA ENCUENTRAS.

Lo único que nos dice e que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. Si mezclamos la evaluación con la observación, reduciremos la probabilidad de que la otra persona entienda lo que pretendemos transmitirle. En lugar de ello, recoge Cuando estas palabras se emplean como exageraciones, a menudo provocan una actitud defensiva en lugar de comprensión de lo que se quiere decir.

Palabras como a menudo o rara vez contribuyen también a confundir la observación con la evaluación. Rara vez haces lo que quiero se podría cambiar por Las tres últimas veces que te pedí fuéramos a cine no quisiste hacerlo. A menudo viene sin avisar se podría cambiar por viene sin avisar al menos tres veces por semana. ¿OBSERVACIÓN O EVALUACIÓN? Para determinar su capacidad de distinguir una observación de una evaluación, complete el siguiente ejercicio. Marque con un círculo los números que preceden a toda aquella observación que no implique evaluación. Ayer Juan Pablo se enojó conmigo sin motivo. Ayer por la noche Nancy se mordía las uñas mientras veía televisión.

Samuel no me pidió mi opinión durante la reunión. Mi padre es un buen hombre. Janice trabaja demasiado. Henry es agresivo. Beatriz ha sido la primera de la fila toda la semana. Mi hijo muchas veces no se lava los dientes. Mauricio me dijo que el amarillo no me sienta bien. Cuando hablo con mi tía se la pasa quejándose que sus hijos no la obedecen.

Estas son mis respuestas al EJERCICIO:

1. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Considero que decir «sin motivo» es hacer una evaluación. Además, considero una evaluación decir que Juan Pablo se enojó. Quizá se sintió herido, asustado, triste, o cualquier otra cosa. Podrían ser ejemplos de observaciones sin evaluación: «Juan Pablo me dijo que estaba enfadado», o bien: “Juan Pablo dio un puñetazo en la mesa».

2. Si marcó este número con un circulo, estamos de acuerdo en que aquí se hace una observación sin mezclarla con una evaluación.

3. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se hace una observación sin mezclarla con una evaluación.

4. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Considero que decir que es «un buen hombre» es hacer una evaluación. Seria una observación sin evaluación decir: «Durante los últimos veinticinco años mi padre donó la décima parte de su salario a obras de caridad».

5. Si marcó este número con un circulo, no estamos de acuerdo. Considero que decir «demasiado» es hacer una evaluación. Podría ser una observación sin evaluación decir: «Esta semana Janice trabajó sesenta horas».

6. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Considero que decir que es «agresivo» es hacer una evaluación. Una observación sin evaluación seria: «Henry le pegó a su hermana cuando ella cambió el canal de televisión».

7. Si marcó este número con un circulo, estamos de acuerdo en que aquí se hace una observación sin mezclarla con una evaluación.

8. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Considero que decir «muchas veces» es hacer una evaluación. Podría ser una observación sin evaluación decir: «Esta semana en dos ocasiones mi hijo no se lavó los dientes antes de acostarse».

9. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se hace una observación sin que intervenga una evaluación.

10. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Considero que decir «se la pasa quejándose» es hacer una evaluación. Seria una observación sin evaluación decir: «Esta semana mi tía me llamó tres veces por teléfono, y cada vez me comentó que no le gusta cómo responden sus hijos a las órdenes que les da.

IDENTIFICAR Y EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS

El primer componente de la CNV es observar sin evaluar; el segundo es expresar cómo nos sentimos. Se nos educa para orientarnos hacia los demás más que para estar en contacto con nosotros mismos. Tenemos metida en la cabeza la siguiente pregunta: ¿Qué quieren los demás que yo diga y haga? Esta dificultad para reconocer y expresar los propios sentimientos es muy corriente y, según mi experiencia, lo es sobre todo en el caso de abogados, ingenieros, agentes de policía, gerentes de organizaciones y militares de carrera, es decir, en aquellas personas cuyo código profesional les impide manifestar sus emociones.

El lenguaje suele dar pie a confusiones, como cuando utilizamos el verbo «sentir» cuando en realidad no estamos expresando un sentimiento Decir la palabra «siento», seguida de «que», la oración, pese a incluir el verbo «sentir», en realidad no expresaba sus verdaderos sentimientos sino sólo su opinión. Por ejemplo, en la frase: «Siento que no he hecho un buen trato», sería más adecuado decir «creo» que «siento». En general, no expresamos claramente nuestros sentimientos cuando en una oración, después de “siento”, utilizamos palabras como las siguientes: rá la crítica y opondrá resistencia a lo que e estamos diciendo. Aun cuando los efectos de etiquetas negativas como «perezoso» y «tonto» sean más evidentes, incluso las etiquetas positivas o aparentemente neutras limitan la percepción de la totalidad de una persona.

Eres demasiado generoso se podría cambiar por cuando te veo darle a alguien el dinero para tu almuerzo, me pareces demasiado generoso. Pablo siempre posterga las cosas se podría cambiar por Pablo sólo estudia para los exámenes la noche anterior. Si tu alimentación no es equilibrada, vas a enfermarte se podría cambiar por Si tu alimentación no es equilibrada te podrías enfermar. Román juega mal al futbol se podría cambiar por Román no ha marcado un gol en diez partidos. Marina es fea se podría cambiar por no me parece Marina físicamente atractiva.

Las palabras siempre, nunca, etc. en ocasiones, se utilizan como exageraciones, en cuyo caso se mezclan, observaciones y evaluaciones. R QUE → SIENTO QUE TÚ DEBERÍAS HABERLO SABIDO. R COMO → ME SIENTO COMO UN FRACASADO. R COMO SI → SIENTO COMO SI VIVIERA CON UN SORDOMUDO. Por otra parte, tampoco es indispensable que utilicemos la palabra «sentir» cuando realmente estamos expresando un sentimiento.

1. «Me siento irritado», o simplemente: «Estoy irritado». Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos o creemos que somos.

Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos de la reacción o comportamiento de los otros hacia nosotros. También es útil diferenciar las palabras que describen lo que creemos que hacen las personas que nos rodean y aquellas que describen sentimientos reales.

A continuación doy unos ejemplos de afirmaciones que pueden tomarse fácilmente por expresiones de sentimientos, pero que, en realidad, revelan más cómo creemos que se compartan los demás que lo que verdaderamente sentimos:

2. «Me siento incomprendido.» Aquí la palabra «incomprendido» indica la valoración que hago del nivel de comprensión de la otra persona en lugar de expresar un sentimiento real. En esta situación seria mejor decir que me siento ansioso o molesto o cualquier otra emoción.

3. «Me siento ignorado» Una vez más, la palabra ignorado es más bien una interpretación del proceder de los demás que una declaración clara de cómo me siento. Sin duda en algunas ocasiones en que nos creímos ignorados sentimos alivio porque deseábamos que nos dejasen en paz.

En otras oportunidades, sin embargo, nos sentimos ofendidas al creernos ignorados porque lo que queríamos era que nos prestasen atención. Hay palabras, como “incomprendido” o «ignorado», que expresan cómo interpretamos a los demás más que cómo nos sentimos. A continuación doy una lista de este tipo de palabras: abandonado desatendido forzado olvidado acorralado desdeñado humillado presionado amenazado desfavorecido incomprendido rebajado atacado despojado intimidado rechazado atrapado despreciado invisible subvalorado coaccionado estafado maltratado superfluo degradado excluido manipulado traicionado desamparado explotado obligado ultrajado Elaboración de un vocabulario para los sentimientos Cuando expresamos nuestros sentimientos, usamos palabras que hacen referencia a emociones específicas en lugar de utilizar palabras vagas o de sentido general.

Si decimos, por ejemplo: «Me siento bien», este «sentirse bien» puede significar que nos sentimos «felices», «entusiasmados», «aliviados», etc. Palabras como «bien» o «mal» impiden que la persona que escucha se conecte claramente con lo que sentimos en realidad. Elaboramos las siguientes listas para ayudarlo a expresar sus sentimientos y a describir claramente un amplio abanico de estados emocionales.

Cómo es probable que me sienta cuando mis necesidades están satisfechas:

abierto                     comprensivo                estupendo                  maravillado              absorto  

comprometido         eufórico                      motivado                      activo                    confiado

exaltado                   optimista                        afectuoso                conmovido            excitado      

orgulloso                 afortunado                   contento                  expansivo                 preparado

agradecido                cordial                         expectante               próspero                    alegre      

decidido                   exuberante                    prudente               alerta                       descansado

exultante                     radiante                     aliviado               deslumbrado              fascinado    

realizado               animado                       despejado                    feliz                       reconfortado

apacible                  despierto                fortalecido              regocijado                  apasionado

despreocupado     fuerte                       relajado                asombrado                       dichoso

generoso              renovado                   atraído                    divertido                           gozoso

satisfecho              audaz                         efusivo                     humilde                            seguro

benévolo          embelesado                ilusionado                   sereno                            calmado

emocionado     inspirado                     sociable                     capaz                         emprendedor

interesado     sorprendido                cariñoso                  encantado                        intrépido

sosegado         cautivado                    enérgico                   intrigado                             tierno

cómodo      entusiasmado                   jovial                         tranquilo                       compasivo

equilibrado       libre                           valeroso                  competente                  esperanzado

ligero              vigoroso                   complacido                 estimulado                          lúcido

vivo

Cómo es probable que me sienta cuando mis necesidades no están satisfechas:

abatido              confuso         enfadado      intranquilo     abrumado        conmocionado

enfurecido         inútil             aburrido         contrariado          enojado          irritado  

acobardado  culpable    escandalizado    malhumorado     acongojado       débil

escéptico       melancólico       afligido             decaido           estancado          molesto

agitado       decepcionado     exasperado    mortificado      agobiado       defraudado

fastidiado        nervioso            agotado           deprimido       fatigado            paralizado

alarmado      derrotado                frío                    pasivo            aletargado      desalentado

frustrado        perezoso           alterado         desamparado    furioso              perplejo

amargado    desanimado       hastiado          perturbado    angustiado     desazonado

herido             pesimista           ansioso         desconcertado   horrorizado    postrado

apagado     desconfiado         hostil                preocupado          apático       desconsolado

impaciente     reacio              apenado             descontento       impotente      receloso

aprensivo   desdichado        incapaz                rencoroso       arrepentido    desencantado

incómodo    resentido        asqueado             desengañado        indeciso          retraído

asustado    desesperado    indefenso           sobresaltado     atemorizado    desgraciado

indiferente     solo                   aterrado            desilusionado      indignado        susceptible

aterrorizado  destrozado    inestable              temeroso           aturdido           desvalido

infeliz              tenso              avergonzado         disgustado             inferior         trastornado

cansado   distanciado           inquieto                      triste                     celoso                dolido

inseguro       vencido

LA EXPRESIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

Si quiere saber si estamos o no de acuerdo en cuanto a la expresión verbal de los sentimientos, rodee con un circulo los números que preceden a cada una de las frases con las que se expresan verbalmente ciertos sentimientos.

1. Siento que no me quieres.

2. Me entristece que te vayas.

3. Me asusta que digas esto.

4. Cuando no me saludas, me siento rechazada.

5. Me alegra que vengas.

6. Eres repulsivo.

7. Me dan ganas de pegarte.

8. Me siento incomprendido.

9. Lo que hiciste por mí me hizo mucho bien.

10. No sirvo para nada.

He aquí mis respuestas al Ejercicio:

1. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decir: «No me quieres», sea expresar un sentimiento. En mi opinión, no expresa lo que siente la persona que habla, sino lo que ella piensa que siente la otra persona. Cuando el verbo “siento” está seguido por las palabras “que” o “como si”, las palabras siguientes por lo general no expresan un sentimiento. En cambio, cuando decimos: «Estoy triste» o «Me siento angustiado» lo estamos haciendo.

2. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se expresa verbalmente un sentimiento.

3. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se expresa verbalmente un sentimiento.

4. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decir «Me siento rechazada» sea expresar un sentimiento. A mi modo de ver, expresa lo que piensa la persona que habla sobre lo que hace la otra persona. Sería expresar un sentimiento, en cambio, decir: «Cuando no me saludas, me siento sola».

5. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se expresa verbalmente un sentimiento.

6. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decirle a alguien que es «repulsivo» sea expresar un sentimiento. A mi modo de ver, no expresa lo que siente la persona que habla, sino lo que ella piensa de la otra persona. Seria expresar un sentimiento, en cambio, decir: «Siento repulsión».

7. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decirle a alguien «Me dan ganas de pegarte» sea expresar un sentimiento. A mi modo de ver, no expresa lo que la persona que habla siente, sino lo que se imagina que haría. Seria expresar un sentimiento, en cambio, decir: «Me siento furioso contigo».

8. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decirle a alguien que uno se siente «incomprendido» sea expresar un sentimiento. A mi modo de ver, expresa lo que piensa la persona que habla sobre lo que la otra persona está haciendo. La expresión de un sentimiento podría ser en este caso decir: «Me siento frustrado», o «Me siento desalentado».

9. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que aquí se expresa verbalmente un sentimiento. Sin embargo, decir «Me hizo mucho bien» es una manera vaga de transmitir lo que uno siente. Podemos expresar más claramente nuestros sentimientos utilizando otras palabras, que en este caso particular podrían ser «Me siento gratificado», «Me siento aliviado» o »Me siento animado».

10. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. No considero que decir: «No sirvo para nada», transmita un sentimiento. A mi modo de ver, no expresa lo que siente la persona que habla, sino lo que piensa de sí misma. Podrían ser ejemplos de la expresión de un sentimiento: «Me siento escéptico con respecto a mi talento», o «Me siento desgraciado».

ASUMIR LA RESPONSABILIDAD DE NUESTROS SENTIMIENTOS

Cuatro opciones para recibir un mensaje negativo El tercer componente de la CNV implica el reconocimiento del origen de nuestros sentimientos. La CNV potencia nuestra conciencia de que aquello que hacen o dicen los demás pude ser el estimulo, pero nunca la causa de nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, y también de nuestras necesidades y expectativas particulares en ese momento.

El tercer componente nos invita a aceptar la responsabilidad de lo que hacemos para generar nuestros propios sentimientos. Cuando alguien nos transmite un mensaje negativo, sea verbal o no verbal, tenemos cuatro opciones con respecto a la manera de recibirlo. Una es tomárnoslo de manera personal, captando en él acusaciones y críticas. Por ejemplo, alguien está irritado con nosotros y nos dice: «Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!». Si nos tomamos la frase de forma personal, podemos reaccionar respondiendo: «Si, debería ser más sensible con los demás».

Es decir, aceptamos el punto de vista de la otra persona y nos echamos la culpa. Es una opción que vulnera nuestra autoestima y nos cuesta un precio muy alto, ya que nos lleva a sentirnos culpables, avergonzados y deprimidos. Una segunda opción es echar la culpa a nuestro interlocutor. En respuesta a la afirmación «Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!», podríamos protestar diciendo: «No tienes derecho a decirme esto. Siempre tengo en cuenta tus necesidades.

TÚ eres el egocéntrico». Cuando nos tomamos las afirmaciones de los demás de esta manera y echamos la culpa a la otra persona, lo más probable es que sintamos rabia. La tercera opción que tenemos cuando recibimos un mensaje negativo consiste en hacer que brille la luz de nuestra conciencia para ver con claridad nuestros sentimientos y necesidades. Así podríamos, por ejemplo, responder: «Cuando me dices que soy la persona más egocéntrica que conociste en tu vida, me siento herido, por que yo querría que reconocieras los esfuerzos que hago para tener en cuenta tus preferencias».

Al centrar la atención en nuestros sentimientos y necesidades, tomamos conciencia de que sentirnos heridos en esta circunstancia deriva de nuestra necesidad de que se reconozcan los esfuerzos que hacemos. Cuando recibimos un mensaje negativo tenemos, finalmente, una cuarta opción, que consiste en iluminar con la luz de la conciencia los sentimientos y necesidades de la otra persona en ese momento según ella misma lo expresa. Podríamos preguntarle, por ejemplo: «te sientes herida porque necesitas que se tomen en cuenta tus preferencias». En lugar de culpar a la otra persona por lo que sentimos, aceptamos la responsabilidad que nos corresponde reconociendo nuestras necesidades, deseos, expectativas, valores o ideas.

Observe la diferencia entre las siguientes expresiones de contrariedad:

A. «Cuando la otra noche me enteré de que no ibas a venir, me diste un gran disgusto.»

B. «Tuve un gran disgusto al enterarme la otra noche de que no ibas a venir porque quería hablar contigo de ciertas cosas que me están molestando.»

La persona A atribuye la responsabilidad de su disgusto únicamente a la acción de otra persona, mientras que la persona B atribuye el origen de su sentimiento de disgusto a su propio deseo no satisfecho. A. « ¡Me puso furioso que hayan anulado el contrato!» B. «Tuve un gran disgusto al ver que habían anulado el contrato, porque lo considero una falta de responsabilidad.» La persona A atribuye la causa de su irritación únicamente al comportamiento de la otra parte, mientras que la persona B acepta la responsabilidad de sus sentimientos al reconocer el pensamiento en el que se basa. Reconoce que la causa de su irritación es su forma de pensar.

Sin embargo, usando la CNV, propondríamos a esa persona avanzar un paso más identificando qué desea. ¿Qué necesidades, deseos, expectativas, esperanzas o valores no se han visto satisfechos? Como tendremos ocasión de comprobar más adelante, cuanto más estrechamente conectemos nuestros sentimientos con nuestras necesidades, tanto más fácil será para los demás responder de una manera compasiva. Para relacionar sus sentimientos con sus deseos, la persona B habría podido decir: «Me molestó muchísimo que anularan el contrato, porque yo esperaba la oportunidad de recontratar a los empleados que despedimos el año pasado.» Las necesidades que están en la raíz de nuestros sentimientos Todos los juicios, críticas y diagnósticos que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos do los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades.

Si alguien nos dice: «Tú no me entiendes», lo que está diciéndonos en realidad es que su necesidad de ser comprendido no está satisfecha. Cuando nuestra esposa nos dice: «Esta semana estuviste trabajando todas las noches hasta muy tarde; tu trabajo te importa más que yo», lo que nos dice en realidad es que necesita que seamos más afectuosos con ella. Cuanto más directamente conectemos nuestros sentimientos con nuestras necesidades, más fácil será que los demás respondan a ellas de forma compasiva.

A continuación se enumeran algunas de las necesidades humanas que todos compartimos: Autonomía Elección de ideales/objetivos/valores Elección de proyectos para lograr nuestros propios ideales, objetivos y valores Nutrición y cuidado físico Aire Agua Alimentación Descanso Expresión sexual Contacto físico Movimiento, ejercicio Protección de aquellas formas de vida que amenazan a la vida: virus, bacterias, insectos, animales depredadores Vivienda Celebración y conmemoración Celebración de la creación de la vida y de los ideales alcanzados. Conmemoración de las pérdidas: de los seres queridos, los ideales, duelos, etc. Esparcimiento Diversión Risa Integridad Autenticidad Creatividad Propósito Autoestima Comunión Espiritual Armonía Belleza Inspiración Orden Paz Interdependencia Aceptación Agradecimiento Amor Apoyo Comprensión Comunidad Confianza Consideración Contribución al enriquecimiento de la vida Empatia Honestidad (la honestidad que nos permite aprender de nuestras propias limitaciones) Proximidad Respeto Seguridad Seguridad emocional Pasar de ser esclavos de nuestras emociones a liberarnos de ellas expresándolas A lo largo de nuestra evolución hacia un estado de liberación emocional, la mayoría de nosotros pasamos por tres etapas en nuestra forma de relacionarnos con los demás: Primera etapa. Esclavitud emocional: nos percibimos responsables de los sentimientos ajenos. En esta etapa, a la que nos referiremos como esclavitud emocional nos consideramos responsables de los sentimos esforzarnos constantemente en hacer felices a los demás.

Y cuando nos aparece que no los son, nos sentimos responsables y obligados a hacer algo para que lo sean. Segunda etapa. “Antipática” nos sentimos enojados; no queremos ser responsables de los sentimientos ajenos. Cuando me refiero esta etapa, la llamo en broma «la etapa antipática», porque acostumbramos hacer comentarios como: «iEse es tu problema! Yo no soy responsable de tus sentimientos». Tenemos claridad de aquello sobre lo que no tenemos responsabilidad pero no todavía no hemos aprendido cómo ser responsables ante los demás de una forma que no nos esclavice emocionalmente.

Tercera etapa. Liberación emocional: nos responsabilizamos de nuestras intenciones y acciones. En la tercera etapa, llamada «liberación emocional», respondemos a las necesidades de los demás con compasión, nunca por miedo, sentimiento de culpa o vergüenza. Así, nuestros actos nos colman de satisfacción no solo a nosotros mismos sino también a las personas que reciben nuestros esfuerzos. Aceptamos la plena responsabilidad de nuestras intenciones y nuestras sentimientos de los demás.

EL RECONOCIMIENTO DE LAS NECESIDADES

Para practicar la identificación de necesidades, marque con un círculo el número que precede a todas aquellas afirmaciones en las que la persona que las pronuncia asume la responsabilidad de sus sentimientos.

1. Me irritas cuando dejas papeles de la empresa en el piso de la Sala de Reuniones.

2. Me siento furioso cuando dices eso, porque estoy queriendo respeto y me tomo tus palabras como un desconocimientos de mis aportes.

3. Me decepciona que llegues tarde.

4. Me entristece que no vengas a cenar, porque esperaba poder pasar la noche contigo.

5. Me siento decepcionado porque dijiste que lo harías y no lo hiciste.

6. Estoy desanimado porque a esta altura me habría gustado haber progresado más en mi trabajo.

7. A veces la gente dice ciertas cosas que me ofenden.

8. Me alegra que te hayan dado este premio.

9. Me asustas cuando levantas la voz.

10. Te agradezco que me llevaras en coche a casa, porque quería llegar antes que mis hijos. He aquí mis respuestas al EJERCICIO:

1. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, la frase presupone que la conducta de la otra persona es la única responsable de los sentimientos de la persona que habla. No manifiesta las necesidades o los pensamientos de la persona que habla que han contribuido a provocarle esos sentimientos. Para manifestarlos podría haber dicho: «Me irrita que dejes papeles de la empresa en el piso de la Sala de Reuniones, porque lo que yo quiero es que queden bien guardados y sean fáciles de encontrar».

2. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la persona que habla asume la responsabilidad de sus sentimientos.

3. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Para expresar las necesidades o los pensamientos que se esconden detrás de sus sentimientos, la persona que habla podría haber dicho: «Me decepciona que llegues tarde, porque yo quería llegar temprano al teatro para sacar localidades de primera fila».

4. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la persona que habla asume la responsabilidad de sus sentimientos.

5. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Para expresar las necesidades o los pensamientos que se esconden detrás de sus sentimientos, la persona que habla podría haber dicho: «Como me dijiste que lo harías y no lo hiciste, me siento decepcionado, porque me gustaría poder confiar en tu palabra».

6. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la persona que habla asume la responsabilidad de sus sentimientos.

7. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Para expresar las necesidades o los pensamientos que se esconden detrás de sus sentimientos, la persona que habla podría haber dicho: «A veces la gente dice ciertas cosas que me ofenden porque quiero que me aprecien, no que me critiquen».

8. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Para expresar las necesidades o los pensamientos que se esconden detrás de sus sentimientos, la persona que habla podría haber dicho: «Me alegra que te hayan dado este premio, porque tenía la esperanza de que reconocieran tu labor en ese proyecto».

9. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. Para expresar las necesidades o los pensamientos que se esconden detrás de sus sentimientos, la persona que habla podría haber dicho: «Cuando levantas la voz me asusto, porque pienso que alguien podría salir lastimado, y necesito saber que todos estamos seguros».

10. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la persona que habla asume la responsabilidad de sus sentimientos.

LO QUE PEDIMOS A LOS DEMÁS PARA ENRIQUECER NUESTRA VIDA

Hasta aquí desarrollamos los tres primeros componentes de la CNV, que se centran en lo que observamos, sentimos y necesitamos. Aprendimos a hacerlo sin criticar, analizar ni echar la culpa a nadie, sin establecer diagnósticos y actuando de una manera que propicie la comprensión y la compasión. El cuarto y último componente de este proceso se ocupa de lo que nos gustaría pedir a los demás para enriquecer nuestra vida. Cuando nuestras necesidades se encuentran insatisfechas, nos atenemos a la expresión de lo que observamos, sentimos y necesitamos con una petición específica: acciones que puedan satisfacer nuestras necesidades. ¿Cómo expresaremos lo que queremos pedir para conseguir que los demás respondan a nuestras necesidades de una manera empática y solidaria? El uso del lenguaje de acción positiva En primer lugar, expresamos lo que pedimos, no lo que no pedimos.

Cuando alguien pide una cosa en forma negativa. La gente se confunde y no sabe qué se le pide en realidad; además, lo más probable es que las peticiones negativas provoquen resistencia en la persona que las recibe. Además de emplear un lenguaje positivo, también conviene evitar las frases de sentido vago, abstracto o ambiguo, o formular nuestras peticiones en forma de acciones concretas que los demás puedan realizar. Las peticiones en un lenguaje de acción claro, positivo, concreto, revelan lo que verdadera mente queremos.

Es mucho más difícil para los demás responder a nuestro pedido si ni siquiera nosotros lo tenemos claro. A menudo, las personas que me consultan logran ver que lo que contribuía en gran manera a sus frustraciones y a su depresión era que ellos mismos no sabían qué querían de los demás. Hagamos nuestras peticiones conscientemente Hay ocasionas en que podemos pedir claramente una cosa sin necesidad de expresarla en palabras. Imaginemos que usted está en la cocina y que su hermana, que en ese momento está mirando televisión, le grita desde la sala de estar: «tengo sed». En este caso puede ser obvio que lo que le está pidiendo su hermana es que le lleve un vaso de agua. Hay otros casos, sin embargo, en que nos sentimos molestos porque damos por sentado erróneamente que la persona que nos escucha entiende la petición implícita en nuestras palabras. Por ejemplo, una mujer le dice a su marido: «Me molesta mucho que te hayas olvidado de traer la mantequilla y las cebollas que te encargué y que necesito para la cena».

Aunque a ella pueda parecerle que está muy claro que lo que dice a su marido es que vaya a comprar lo que ella necesita, puede ocurrir que el marido piense que sólo se lo dice para que se sienta culpable. Cuando sólo expresamos nuestros sentimientos quizás a nuestro interlocutor no le resulte claro lo que esperamos que haga. A menudo no somos conscientes de lo que pedimos. Las peticiones que no van acompañadas de los sentimientos y necesidades pueden parecer exigencias. Si somos claros con respecto a lo que queremos es probable que lo consigamos. Cuanto más claros nos mostremos con respecto a lo que esperamos de la otra persona, más probabilidades tenemos de que se satisfagan nuestras necesidades. Solicitemos la confirmación de nuestras palabras Como sabemos muy bien, el mensaje que emitimos no siempre es el que se recibe. Para ello lo mejor será pedirle claramente una respuesta a la otra persona para saber cómo entendió nuestras palabras y poder corregir cualquier interpretación incorrecta.

En algunos casos bastará con una simple pregunta como « ¿está claro? ». En otros, nos hará falta algo más que una respuesta como: respuesta como: «Si, te entiendo», para estar seguros de que la otra persona realmente nos comprendió. En tales casos no estará de más que pidamos que nos confirme con sus propias palabras lo que nos oyó decir; entonces tendremos ocasión de repetir ciertas partes de nuestro mensaje y rectificar cualquier discrepancia u omisión que hayamos podido percibir. Para asegurarnos de que el mensaje que enviamos sea el que se recibe, pidámosle al que lo recibe que lo confirme y agradezcamos a nuestro interlocutor cuando nos confirma el mensaje que recibido. Cuando le pedimos a alguien que nos confirme lo que oyó, es posible que al principio suene raro, porque estas cosas no suelen pedirse. Siempre que insisto en la importancia que tiene saber pedirle a alguien que confirme lo que le dijimos, las personas suelen expresar sus dudas.

Temen encontrarse con reacciones como: « ¿Qué te crees? ¿Que estoy sordo?», o: «iNo empieces con tus juegos psicológicos!». Para evitar este tipo de respuestas, podemos anticiparnos y explicarles por qué a veces les pediremos que repitan nuestras palabras. Debemos aclarar que no dudamos que nos estén prestando atención, sino que queremos comprobar si nos expresamos con claridad. Sin embargo, si la otra persona nos responde: «Oí perfectamente lo que dijiste. ¿Me tomas por tonto o qué?», siempre nos queda el recurso de centrarnos en sus sentimientos y necesidades y preguntarle: «Te molesta que yo dude de tu capacidad de comprensión?».

Brindémosle empatía a quien no desea confirmar nuestro mensaje. Podríamos averiguarlo diciéndole a la otra persona: « Me gustaría que me dijeras que sientes con respecto a lo que acabo de decir y cuáles son las razones por las que te sientes así » Después de expresarnos abiertamente y mostrarnos vulnerables a menudo queremos saber:

(1) Lo que el otro está sintiendo. En tales ocasiones es importante especificarle qué pensamientos nos gustaría que comparta con nosotros.

(2) Lo que el otro está pensando. Cuando no especificamos que opiniones queremos conocer, lo más probable es que la otra persona nos responda con todo lujo de detalles, pero sobre cosas diferentes de las que estamos esperando.

(3) Si el otro esta dispuesto a hacer lo que le hemos recomendado. Cuando nos dirigimos a un grupo sin saber con claridad que respuestas esperamos, lo más probable es que se produzcan discusiones improductivas. Las peticiones se interpretan como exigencias cuando quienes las reciben temen ser objeto de recriminaciones o castigos si no acceden a satisfacerlas.

Cuando una persona percibe que le están exigiendo algo, sólo ve dos opciones posibles: la sumisión o la rebelión. En cualquiera de los dos casos, advertirá una actitud coercitiva en la persona que le pide algo y disminuirá su capacidad de responder a dicha petición de manera compasiva. Cómo determinar si es una exigencia o una petición: observemos lo que hace el interlocutor si no se cumple con la petición .Es una exigencia si nuestro interlocutor nos critica o juzga. Es una exigencia si nuestro interlocutor intenta que nos sintamos culpables.

Es Una petición si nuestro interlocutor muestra empatía con respecto a nuestras necesidades. Optar por pedir en lugar e exigir no significa que nos resignemos cuando alguien responde con un «no» a nuestra petición. Significa que no intentaremos persuadirla hasta que no hayamos empatizado con aquello que e impide a la otra persona respondernos afirmativamente. Cuando vamos a pedir algo, resulta útil que antes exploremos nuestros pensamientos y veamos si se parecen a algunos de los siguientes, los cuales transformarían automáticamente nuestras peticiones en exigencias. “Debería” “tendría” variaciones de “merecer”, tener “derecho” etc. generalmente implican una exigencia o una crítica moralista. Él debería haber dejado todo limpio. Ella tendría que hacer lo que le pido. Merezco que me aumenten el sueldo. Tengo motivos para hacer que se queden hasta tarde. Tengo derecho a más tiempo de descanso.

El objetivo de la CNV no consiste en cambiar a la gente ni en modificar su conducta, sino en establecer relaciones basadas en la sinceridad y la empatía que permitirán en última instancia que se satisfagan las necesidades de todos.

LA EXPRESIÓN DE LAS PETICIONES

Para ver si estamos de acuerdo con respecto a la expresión clara de las peticiones, marque con un círculo el número que antecede a cada una de las afirmaciones siguientes mediante las cuales la persona que habla pide que se realice una acción específica.

1. Quiero que me comprendas.

2. Me gustaría que me digas algo que yo haya hecho por lo que estás agradecido.

3. Me gustaría que confiaras más en ti mismo.

4. Quiero que no bebas más.

5. Me gustaría que me dejes ser yo mismo.

6. Me gustaría que seas sincero conmigo y me digas qué te pareció nuestro encuentro de ayer.

7. Querría que al conducir te mantengas dentro del límite de velocidad.

8. Me gustaría conocerte mejor.

9. Querría que respetes mi intimidad.

10. Me gustaría que prepararas la cena más a menudo. He aquí mis respuestas al EJERCICIO:

1. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, el verbo «comprender» no expresa de forma bastante clara lo que quiere la persona, que podría haber dicho, en cambio: «Quiero que me digas qué comprendiste».

2. Sí marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la oración expresa con claridad lo que quiere la persona que la dice.

3. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, las palabras «confiaras más en ti mismo» no expresan claramente lo que quiere la persona que las pronuncia. En cambio, podría haber dicho: »Me gustaría que hicieras algún curso de asertividad que te ayude a confiar más en ti».

4. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, las palabras «que no bebas más» no expresan claramente lo que quiere la persona que habla, sino sólo lo que no quiere. Podría haber dicho, en cambio: »Quiero que me digas por qué necesitas beber y que reflexionemos juntos sobre otras maneras de satisfacer esas necesidades».

5. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, las palabras «que me dejaras ser yo mismo» no expresan claramente lo que quiere de la otra persona quien las pronuncia, que podría haber dicho, en cambio: «Quiero que me digas que no vas a terminar nuestra relación aunque haga algunas cosas que no te gusten».

6. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mí modo de ver, las palabras «que fueras sincero conmigo» no expresan claramente lo que quiere de la otra persona quien las pronuncia, que podría haber dicho, en cambio: «Quiero que me digas qué te parece lo que hice ayer, y si algo no te gustó, que me digas cómo querrías que lo hiciera».

7. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo en que la oración expresa con claridad lo que quiere la persona que la dice.

8. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, esta afirmación no expresa claramente lo que quiere de la otra persona quien la pronuncia, que podría haber dicho, en cambio: «Me gustaría que me dijeras si quieres que comamos juntos una vez por semana».

9. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, las palabras «que respetes mi intimidad» no expresan claramente lo que quiere de la otra persona quien las pronuncia, que podría haber dicho, en cambio: «Querría que, antes de entrar en mi despacho, me avises llamando a la puerta».

10. Si marcó este número con un círculo, no estamos de acuerdo. A mi modo de ver, las palabras «más a menudo» no expresan claramente lo que quiere de la otra persona quien las pronuncia que podría haber dicho, en cambio: «Me gustaría que prepararas la cena todos los fines de semana».

LA RECEPCIÓN EMPÁTICA Las dos partes de la CNV son expresarse con sinceridad y recibir con empatía En los cuatro capítulos anteriores describí los cuatro componentes de la CNV: lo que observamos, sentimos y necesitamos y lo que queremos pedir a los demás para enriquecer nuestra vida. Pasemos ahora de la auto expresión a la aplicación de estos mismos cuatro componentes para escuchar lo que observan, sienten y necesitan los demás y lo que nos piden. Nos referimos a esta faceta del proceso de la comunicación como «recepción empática». La presencia: no nos limitemos a hacer algo, estemos presentes La empatía consiste en una comprensión respetuosa de lo que los demás están experimentando. El filósofo chino Chuang-Tzu afirmó que la verdadera empatía requiere escuchar con todo el ser: «Escuchar simplemente con los oídos es una cosa, pero escuchar con el alma no se limita a una sola facultad, al oído o al entendimiento. Exige vaciar todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el que escucha. Entonces se capta de manera directa aquello que se tiene delante, lo cual jamás podría oírse a través del oído ni comprenderse con la mente.» Empatía es vaciar la mente y escuchar con todo nuestro ser, En nuestra relación con los demás la empatía sólo se produce cuando hemos sabido desprendernos de todas las ideas preconcebidas y todos los prejuicios.

En lugar de la empatía, solemos caer, en la tendencia a dar consejos, a tranquilizar o a explicar cuál es nuestra postura o nuestros sentimientos. La empatía, en cambio requiere centrar toda la atención en el mensaje que nos transmite la otra persona. Damos a los demás el tiempo y el espacio que necesitan para expresarse plenamente y sentirse comprendidos. Hay un proverbio budista que describe muy bien esta capacidad: «No se límite a hacer algo, este presente». A continuación doy algunos ejemplos de este tipo de obstáculos: Aconsejar: «Creo que deberías…», «¿Cómo es que no…?». Competir: «Eso no es nada, voy a contarte lo que me ocurrió a mi». Educar: «Esto puede convertirse en una experiencia muy positiva para ti si…» Consolar: «No es culpa tuya, hiciste lo que pudiste».

Contarle alguna historia parecida: «Esto me recuerda una vez que… ». Minimizar: «Vamos, ánimo. No es para tanto! ». Compadecer: «OH, pobre…». Interrogar: «Cuándo empezó esto? ». Explicar: «Yo habría venido, pero… ». Corregir: «No, esto no ocurrió así». La comprensión intelectual bloquea la empatía. Cuando creemos que tenemos que «arreglar las cosas» para que los demás se sientan mejor, dejamos de estar presentes. Cuando pensamos en lo que nos dice una persona intentando ver como se conecta con nuestras teorías, lo que hacemos es observar a la persona, no estar con ella. El elemento clave de la empatía es la presencia, la capacidad de estar totalmente presentes con la otra persona y lo que está sintiendo.

Esta calidad de presencia es lo que distingue la empatía de una comprensión intelectual o de compadecerse ante lo que le ocurre a otra persona. Parafraseo Para confirmar si entendimos bien lo que quiere transmitirnos la otra persona, es útil repetirlo en nuestros términos. Si al parafrasear lo que nos dijo resulta que nos equivocamos, nuestro interlocutor tiene la oportunidad de corregimos.

Otra de las ventajas de ofrecerle nuestra versión de lo que entendimos es brindar a la otra persona la oportunidad de profundizar en lo que nos ha dicho. ¿Cómo decidir si la ocasión requiere que repitamos a nuestro interlocutor lo que nos dijo? Por supuesto, siempre que dudemos si entendimos bien lo que nos dijo, podríamos hacerlo para darle la oportunidad de corregir nuestras suposiciones. Pero, aun cuando creamos haber comprendido bien sus palabras, quizás advirtamos en nuestro interlocutor el deseo de que le confirmemos lo que entendimos. A veces incluso nos lo preguntará directamente: »iEstá claro?», o «¿Comprendes lo que quiero decir?». En estas ocasiones, parafrasear lo que oímos puede ser más tranquilizador para nuestro interlocutor que una simple afirmación del tipo: «Si, te entiendo».

Cuando parafraseamos lo que nos dijo nuestro interlocutor es muy importante el tono de voz que usemos. Cuando una persona escucha lo que le decimos que dijo, es particularmente sensible al más mínimo matiz de crítica o de sarcasmo. También debemos estar preparados para la posibilidad de que alguien interprete de manera errónea nuestra intención al parafrasear sus palabras. Como vimos antes, todas las críticas, ataques, insultos y juicios se desvanecen cuando prestamos atención a los sentimientos y necesidades que hay detrás de un mensaje.

Cuanto más practiquemos en este sentido, más comprenderemos una verdad muy simple; detrás de todas las palabras que hemos permitido que nos intimiden no hay más que seres humanos con necesidades insatisfechas que nos piden que contribuyamos a su bienestar. Estudios realizados sobre las negociaciones entre los representantes de las empresas y los trabajadores demuestran que se ahorra la mitad del tiempo que se suele emplear en ellas cuando cada negociador acepta, antes de responder, repetir exactamente lo que acaba de decir su interlocutor. Mantener la empatía ¿Cómo sabremos si hemos empatizado adecuadamente con otra persona? En primer lugar, cuando alguien percibe que sus sentimientos son plenamente comprendidos de manera empática, experimenta una sensación de alivio. Podemos volvernos conscientes de este fenómeno al advertir que nuestro propio cuerpo se libera también de una tensión. Otra señal, más evidente aún, es que la persona calla. Si no sabemos muy bien si el proceso ha durado el tiempo suficiente, siempre podemos preguntar: « ¿Te gustaría agregar algo más?». Dag Hammarskjold, ex secretario general de las Naciones Unidas, dijo en una ocasión: «Cuanto mejor escuchemos nuestra voz interior, tanto mejor oiremos lo que esté ocurriendo afuera». Si nos volvemos competentes en practicar la empatía con nosotros mismos, sentiremos a los pocos segundos una liberación de energía que nos permitirá estar presentes con la otra persona.

DIFERENCIAS ENTRE LA RECEPCIÓN EMPÁTICA Y LA RECEPCIÓN SIN EMPATÍA

Si desea un ejercicio para ver si existe una comunicación empática, marque con un circulo el número que precede a todas aquellas frases en las cuales la persona B responde con empatía a lo que siente la persona A.

1. Persona A: ¿Cómo pude hacer algo tan tonto? Persona B: Nadie es perfecto, eres demasiado duro contigo mismo.

2. Persona A: Si quieres saber mi opinión, deberíamos mandar a todos estos inmigrantes de vuelta en el mismo barco en que Ilegaron. Persona B: ¿Realmente crees que eso resolvería algo?

3. Persona A: ¡No eres Dios! Persona B: ¿Te sientes frustrado porque querrías que yo admitiera que existen otras maneras de interpretar este asunto?

4. Persona A: Creo que ni te das cuenta de que estoy aquí. Me pregunto cómo te las arreglarías sin mi. Persona B: iNo es verdad! Me doy cuenta.

5. Persona A: ¿Cómo pudiste decirme semejante cosa? Persona B: ¿Te sientes herido porque dije eso?

6. Persona A: Estoy furiosa con mi marido, nunca está cuando lo necesito. Persona B: ¿Sientes que él debería estar más tiempo contigo?

7. Persona A: Me digusta todo lo que estoy engordando. Persona B: Quizás te ayudaría si salieras a correr

8. Persona A: Me estoy volviendo loca planeando el casamiento de mi hija. La familia de su novio no ayuda para nada. Cambian de idea todos los días y no dicen qué tipo de casamiento quieren.

Persona B: ¿Te sientes nerviosa por la organización y agradecerías que tus futuros consuegros se dieran cuenta de las complicaciones que te trae su indecisión?

9. Persona A: Cuando algún familiar viene sin avisarme me siento invadido. Me recuerda que mis padres no tomaban en cuenta mis necesidades y me organizaban la vida. Persona B: le entiendo. Yo también solía sentirme así.

10. Persona A: Me decepciona el rendimiento que tuvieron. Me habría gustado que el mes pasado este departamento hubiera duplicado la producción. Persona B: Entiendo que esté decepcionado, pero tuvimos muchas ausencias por enfermedad. He aquí mis respuestas al EJERCICIO:

1. No marqué con un círculo este número porque veo que la persona B está intentando dar ánimo a la persona A y no recibiendo con empatía lo que ella expresa.

2. Veo que la persona B trata de educar y no de recibir empáticamente lo que expresa la persona A.

3. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo. Considero que la persona B recibe con empatía lo que expresa la persona A.

4. Considero que la persona B expresa su desacuerdo y se defiende en lugar de recibir con empatía lo que siente la persona A.

5. Considero que la persona B está asumiendo responsabilidad por los sentimientos de la persona A en lugar de recibir con empatia lo que ésta siente. La persona B podría haber dicho: “Te sientes herido porque te habría gustado que yo lo hubiera hecho como tú lo pediste?”

6. Si marcó este número con un círculo, estamos de acuerdo sólo parcialmente. Considero que la persona B está recibiendo lo que piensa la persona A, sin embargo, creo que nos conectamos más profundamente cuando recibimos la expresión de los sentimientos y las necesidades y no los pensamientos. Por lo tanto, yo habría preferido que la persona B dijera: ¿Quieres decir que te sientes furiosa porque desearías que él esté más tiempo contigo?”

7. Considero que la persona B está dando un consejo y no recibiendo con empatía lo que le ocurre a la persona A.

8. Si rodeó este número con un círculo, estamos de acuerdo. Considero que la persona B recibe con empatía lo que le ocurre a la persona A.

9. Considero que la persona B piensa que comprendió y habla sobre sus propios sentimientos en lugar de recibir con empatía lo que le ocurre a la persona A.

10. Considero que la persona B comienza centrándose en los sentimientos de la persona A, pero luego pasa a dar una explicación.

LA CONEXIÓN CON UNO MISMO A TRAVÉS DE LA COMPASIÓN

El uso más importante de la CNV tal vez sea para el desarrollo de la autocompasión. Si somos interiormente violentos con nosotros mismos, es difícil que seamos realmente empáticos y solidarios con los demás. Usamos la CNV para autoevaluarnos de maneras que promuevan el crecimiento y no el rencor hacia uno mismo. En nuestro idioma hay una expresión que tiene una enorme capacidad de generar vergüenza y culpa.

Es una expresión violenta que solemos usar para autoevaluarnos y que está tan profundamente arraigada en nuestra conciencia que a muchos nos parecería casi imposible prescindir de ella. Se trata de la expresión «debería». Evite utilizar el «debería» con usted mismo. Los juicios sobre nosotros mismos, al igual que todos los juicios, son la trágica expresión de necesidades no satisfechas. Una premisa básica de la CNV es que siempre que damos a entender que alguien se equivoca u obra mal, lo que decimos en realidad es que dicha persona actúa de una forma que no esta en armonía con nuestras necesidades.

Si resulta que la persona que juzgamos somos nosotros mismos, lo que decimos es: “No me estoy comportando de una manera que está en armonía con algunas de mis propias necesidades.” Podemos entrenarnos para reconocer en que momento nuestra «charla interna» esta permeada de juicios para con nosotros mismos, e inmediatamente centrar la atención en las necesidades subyacentes. La CNV, el duelo consiste en el proceso de conectarnos plenamente con las necesidades no satisfechas y los sentimientos que se generan cuando reconocemos que distamos de ser perfectos.

Es una experiencia de arrepentimiento que nos ayuda a aprender de lo que hicimos sin echarnos la culpa ni odiarnos. Perdonarnos El paso siguiente en el proceso de duelo por lo que hicimos es perdonamos. Al dirigir la atención a aquella parte de nuestro ser que optó por actuar de la manera que condujo a la situación actual, nos preguntamos: «Cuando me comporté de la forma que ahora lamento, ¿qué necesidad propia quería satisfacer?» Creo que las personas actúan siempre al servicio de necesidades y valores. Esto es cierto tanto si la acción satisface o no la necesidad, o si es una conducta que vamos a terminar celebrando o lamentando. Si nos escuchamos con empatia, lograremos conectarnos con la necesidad subyacente.

El perdonamos se produce cuando establecemos esta conexión empática. Entonces somos capaces de reconocer que la opción que elegimos fue un intento de servir a la vida, pese a que, como el proceso de duelo nos muestra, no logró satisfacer nuestras necesidades. Traducción del «tener que» al «elegir» Tal vez la más peligrosa de todas las conductas sea hacer las cosas «porque se supone que tenemos que hacerlas». Escriba una lista de todas aquellas cosas que, según usted, se ve obligado a hacer, de todas aquellas actividades que sin duda preferiría no hacer, pero que a pesar de todo hace porque le parece que no tiene más remedio. Una vez terminada la lista, reconozca de manera sincera que, si hace estas cosas, es porque eligió hacerlas, no porque tenga que hacerlas. Anteponga, pues, la palabra «elijo…» delante de cada una de las actividades enumeradas.

Después de haber reconocido que usted mismo eligió llevar a cabo una determinada actividad, indague qué intención se oculta detrás de la elección completando la frase: «Elijo… porque quiero…» Seamos conscientes de las acciones motivadas por el deseo de conseguir dinero, la aprobación de los demás o bien por miedo, la vergüenza, la culpa, el deber, etc. Sepamos el precio que pagamos al hacerlas.

LA EXPRESIÓN PLENA DE LA IRA

El proceso que describo no nos incita a ignorar, sofocar ni reprimir la ira sino, por el contrario, a manifestarla de una manera plena y total. El primer paso para expresar de forma plena nuestra ira a través de CNV consiste en desvincular a los demás de cualquier responsabilidad por ella. Ya vimos que la conducta de los demás puede ser un estimulo de nuestros sentimientos, no su causa. Solemos decir: «Haces que me irrite», «Heriste mis sentimientos con tu conducta»,»Lo que hiciste me puso triste». Usamos nuestro lenguaje de muy diferentes maneras para convencernos deque si nos sentimos es por lo que otros hicieron.

El primer paso del proceso para expresar de manera plena nuestra ira consiste en darnos cuenta de que las cosas que puedan hacer los demás nunca son la causa de cómo nos sentimos. La causa de la ira proviene de nuestra manera de pensar. La ira siempre podrá convertirse en algo valioso si la utilizamos como un reloj despertador que nos informa que tenemos una necesidad insatisfecha que, si persistimos en nuestra manera de pensar, no es probable que la satisfagamos.

En vez de «indignarnos», recomiendo que nos conectemos de manera empática con nuestras propias necesidades o con las de los demás. De manera sistemática y repetida sustituiremos conscientemente la oración «Estoy enfadado porque ellos…», por esta otra: «Estoy enfadado porque necesito…». Todas las formas de violencia tienen su origen en personas que, piensan que su dolor es provocado por otras personas que, por consiguiente, merecen ser castigadas. Cuatro pasos para expresar la ira Culpar y castigar a los demás son expresiones superficiales de la ira. Si queremos expresar plenamente nuestra ira, el primer paso consiste en desvincular a la otra persona de cualquier responsabilidad por ella.

En lugar de eso, iluminamos con la luz de la conciencia nuestros sentimientos y necesidades. Es muchísimo más probable que veamos satisfechas nuestras necesidades si las expresamos que si criticamos, culpamos o castigamos a los demás. Es una buena costumbre permanecer conscientes de los pensamientos violentos que nos surgen, sin juzgarlos. Los siguientes son los pasos recomendados para expresar la ira:

1. Detenerse. Respirar profundamente.

2. Identificar los pensamientos que contienen juicio

3. Conectarse con las propias necesidades.

4. Expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades no satisfechas.

Veamos en que consiste de manera concreta el proceso de expresar plenamente nuestra ira. El primer paso consiste en efectuar una pausa y no hacer nada salvo respirar. Nos abstenemos de culpar o castigar a la otra persona.

Nos limitamos a quedarnos quietos. Después identificamos los pensamientos que están provocando nuestra ira. Puede ser, por ejemplo, que hayamos oído algún comentario que nos haya inducido a pensar que alguien nos excluía de una conversación por motivos raciales.

Sentimos rabia, nos detenemos, y entonces prestamos atención a los pensamientos que se agitan en nuestra cabeza:«iNo tiene derecho a actuar de esta manera! Es un racista. ». Sabemos que todos los juicios como este son trágicas expresiones de necesidades insatisfechas, por lo que damos el paso siguiente y nos conectamos con las necesidades que yacen detrás de estos pensamientos. Si considero racista a alguien, tal vez la necesidad subyacente sea de inclusión, igualdad, respeto o conexión.

Para expresarnos plenamente, entonces abrimos la boca y manifestamos nuestra ira, si bien ahora transformada en unas necesidades y unos sentimientos vinculados con ellas. Sin embargo, expresar estos sentimientos puede requerir mucho valor. Cuesta muy poco exclamar: «Esto es racismo». Es más, a lo mejor hasta disfrutamos diciéndolo, pero puede resultar atemorizante ahondar en los sentimientos y necesidades que se esconden debajo de una, afirmación como ésta. Para expresar nuestra ira en forma plena, podemos decirle a la otra persona: «Cuando entraste en la habitación y te pusiste a hablar con los demás y a mí no me dijiste ni una palabra y después hiciste ese comentario sobre los negros, sentí náuseas y me dio un miedo terrible. Desencadenó en mi interior la necesidad de que se me trate a un mismo nivel de igualdad.

Me gustaría que me dijeras cómo te sientes con esto que te digo». A veces, entre los pasos 3 y 4 podemos optar por brindar empatía a la otro persono a fin de que esté en mejores condiciones para oírnos cuando nos expresemos en el paso 4. Tanto para aprender el proceso de la CNV como para aplicarlo, necesitamos tiempo.

EL USO PROTECTOR DE LA FUERZA

Cuando se enfrentan dos partes en conflicto y cada una tiene la oportunidad de expresar plenamente o que observa, siente, necesita y pide —y cada una ha empatizado con la otra—, por lo general se llega a una solución que satisface las necesidades de ambas, o en todo caso las dos partes pueden llegar, con buena voluntad, al acuerdo de no estar de acuerdo y decidir como manejar las diferencias. Pueden darse situaciones, sin embargo, en que no exista esta oportunidad de dialogar y se imponga el uso de la fuerza para proteger la vida o los derechos individuales. Por ejemplo, cuando la otra parte no esté dispuesta a establecer comunicación o que un peligro inminente no dé tiempo para comunicarse. Son situaciones en las que puede ser necesario el uso de la fuerza.

En tal caso, la CNV nos pide diferenciar entre los usos protectores y los usos punitivos de la fuerza. La intención sobre la que se basa el uso protector de la fuerza es sólo proteger, y no castigar, culpar o condenar. La intención del uso protector de la fuerza es la de impedir daños o injusticias. La intención del uso punitivo de la fuerza es que la gente sufra las consecuencias de su mal proceder. Cuando agarrarnos a un niño que está por cruzar la calle corriendo para evitarle un daño, ponemos en juego la fuerza protectora. El uso punitivo de la fuerza, en cambio puede involucrar un ataque físico o psíquico, como podría ser pegarle una paliza o hacerle recriminaciones de este estilo: «Cómo puedes ser tan estúpido. Debería darte vergüenza». El uso protector de la fuerza se basa en el supuesto de que hay personas que se comportan de una forma que puede resultar perjudicial para ellas o para los demás debido a la ignorancia.

El proceso corrector consistirá, por lo tanto, en educar, no en castigar. La acción punitiva, en cambio, parte de la base de que las personas cometen actos reprobables porque son malvadas y, para enmendar la situación, hay que forzarlas a arrepentirse. El «correctivo» que les aplicamos se administra a través de una acción punitiva a fin de que 1) sufran y vean el error de su proceder 2) se arrepientan, y 3) Cambien. En la práctica sin embargo más que provocar arrepentimiento y aprendizaje, lo que se consigue con la acción punitiva es que la otra persona sienta resentimiento y hostilidad y que se intensifique su resistencia a la conducta que precisamente nos gustaría que adoptasen. Los castigos físicos, como las palizas, constituyen uno de los usos punitivos de la fuerza.

Hay otros usos de la fuerza, además del físico, que pueden considerarse punitivos. Uno consiste en culpar a otra persona con el propósito de desacreditarla. Un padre, por ejemplo, puede etiquetar a su hijo de «egoísta» o «inmaduro» sino se comporta de una determinada manera. Otro tipo de fuerza punitiva consiste en retirar alguna concesión, como reducir la asignación económica o la posibilidad de conducir el auto. Cuando accedemos a hacer algo con el único propósito de evitar el castigo, apartamos la atención del valor que tiene la acción en si misma. En cambio, nos centramos en las consecuencias que sobrevendrían si no hacemos lo que se nos pide. Cuando un trabajador mejora su rendimiento por miedo al castigo, hará lo que se le pide, pero es evidente que su estado de ánimo se verá afectado y que, tarde o temprano, la productividad disminuirá. Siempre que se recurre a la fuerza punitiva se deteriora la autoestima.

EXPRESAR AGRADECIMIENTO MEDIANTE LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA

Considero que los juicios – tanto los positivos como los negativos – forman parte de la comunicación que aliena de la vida. Expresemos el agradecimiento para celebrar y no para manipular. Cuando usamos la CNV para expresar agradecimiento, hacemos simplemente eso, expresar agradecimiento, sin esperar nada a cambio. Nuestra única intención es celebrar la manera en que otras personas enriquecieron nuestra vida. La CNV distingue de manera clara tres componentes de la expresión de agradecimiento:

1) Las acciones que contribuyeron a nuestro bienestar.

2) Nuestras necesidades específicas que quedaron satisfechas;

3) Los sentimientos placenteros que son el resultado de la satisfacción de dichas necesidades. Decir “gracias” en la CNV sigue el siguiente proceso: “esto es lo que hiciste; esto es lo que siento; esta es mi necesidad que fue satisfecha.”

Expresamos:

1) la acción que contribuyó a nuestro bienestar,

2) la necesidad particular que quedó satisfecha con dicha acción, y

3) el sentimiento de placer que se produce como resultado de una necesidad satisfecha. La secuencia de estos componentes puede variar; algunas veces los tres se pueden transmitir con una sonrisa o con un simple «Gracias». El elogio suele recibirse desde una de dos posiciones extremas.

En una de ellas está la egolatría, que nos induce a creer que somos superiores por el hecho de haber sido objeto de elogio. En el extremo opuesto está la falsa modestia, que intenta restar importancia al elogio: «No, no tiene importancia!». Dios nos ha dado a todos la facultad de enriquecer la vida de los demás.

Si tengo plena conciencia de que Él actúa a través de mí para que pueda enriquecer la vida de los demás, conseguiré evitar las trampas de la egolatría y la falsa modestia. Para adquirir el libro, puedes hacerlo directamente en Gran Aldea Editores.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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