Vivimos en una sociedad que nos enseña el amor hacia los demás y condena el amor propio, llegando incluso a considerarlo un acto narcisista de egoísmo supremo, olvidando que nos queda prácticamente imposible amar a otros, cuando ni siquiera hemos sido capaces de amarnos a nosotros mismos.

Visión de ti mismo

¿Cómo te ves a ti mismo? La visión que tienes de ti mismo marca la diferencia, si te ves como una persona perdedora o te sientes como un gusano insignificante, feo o inútil, es poco probable que sucedan cosas interesantes en tu vida y menos aún que sea alguien alegre y entusiasta.

Existen dos síndromes peligrosos pero lamentablemente más frecuentes de lo que creemos:

  1. El síndrome del “patito feo”.
  2. El síndrome de “víctima”.

El patito feo

En el caso del patito feo, aquella persona que se ve fea, sin darse cuenta crea bloqueos mentales bastante peligrosos que le impiden desenvolverse exitosa y satisfactoriamente en las diferentes situaciones que la vida le plantea.

La belleza es simple cuestión de gusto o creencia, y por lo general, sentirse feo se origina en una idea que fue instalada en la mente de la persona en su niñez o adolescencia y que en su momento la tomó como cierta, por carecer de los elementos necesarios para desecharla, pero que, hoy puede revaluar y hacer un cambio significativo transformando esa idea de manera consciente y definitiva.

La autoaceptación

Sin la aceptación de nosotros mismos tal cual somos, con nuestros defectos y limitaciones, y con la comprensión de que somos creaciones perfectas de Dios, que vamos por el camino de la vida creciendo y mejorando, es imposible cambiar cualquier visión pobre que tengamos de nosotros y reconocer que todos poseemos dones, cualidades y posibilidades de ser grandiosos y lograr aquello que nos proponemos.

Es inútil tratar de tener paz interior y calma en el alma, si carecemos de una visión hermosa de nosotros mismos, cuando nos vemos como alguien del montón que obedece a una rutina diaria de actividades continuas y sofocantes que no nos da tiempo para crear una visión alucinante y grandiosa de la persona que somos, irremediablemente nos condenamos al rechazo y la parálisis mental, emocional y espiritual. 

Quien se acostumbra a verse a sí mismo como uno más del motón, o incluso peor, como alguien feo e insignificante vive la peor de las pesadillas, tiene una manera miserable de verse y sentirse no solo a sí mismo, sino, además al mundo que le rodea.

Con los ojos del amor

Si ves la vida con una mirada opaca, lúgubre y temerosa puedes tener la seguridad de que posees el sentido de la vista, pero aún no has desarrollado el sentido de la visión, aún no abriste los ojos ni aprendiste a verte con los ojos de amor.

Sin una visión amplia y amorosa acerca de sí mismo, el ser humano pierde equilibrio y alegría, se muestra áspero, renuente y poco amigable en su trato con los demás.

Tomar conciencia de que existes, que eres importante y una pieza única muy valiosa dentro de este maravilloso engranaje de la existencia humana, te permite comenzar a hacerte cargo de ti mismo comprendiendo qué, amarte, aceptare y valorarte es la principal y más grande responsabilidad que tenemos como seres evolucionantes.

Como carecemos de las herramientas necesarias para asumir esta gran responsabilidad, es apenas lógico que esta ardua tarea nos ponga a tambalear y que sintamos temor al enfrentarla. 

Mirarse a uno mismo con los ojos del amor benevolente y comprensivo es quizás el aprendizaje más valioso y necesario para conseguir un excelente desempeño en un mundo complejo y competitivo en el que cada vez es más difícil sentirnos a gusto.

Si a esa situación de estrés cotidiano le sumamos una visión pequeña de nosotros mismos, que nos lleva a sentirnos feos e incapaces, la vida se vuelva más compleja y poco grata, las tareas se hacen más difíciles y los quehaceres pesan mucho más.

Síndrome de víctima

Allí nace entonces el síndrome de la víctima de las circunstancias. En la mayoría de los casos las personas que se siente feas, inútiles e incapaces, piensan que es una cruz pesada de la que no pueden liberarse nunca y que por mala suerte o cualquier situación que se sale de sus manos, deberán cargar con ella a lo largo de toda su vida.

Craso error, que limita a la persona y la reduce a una veleta que va hacia donde la dirige el viento. Culturalmente aprendemos a depender de otros creyendo que no somos capaces de hacer las cosas por nosotros mismos, o que los demás las hacen mucho mejor, cuando en realidad todos poseemos innumerables valores, habilidades y fortalezas, pero que, por circunstancias ajenas a nosotros no hemos desarrollado aún, no obstante, en cualquier momento podemos comenzar a usarlas.

Solo es cuestión de decisión, de comenzar a creer en “mí mismo” desechando ese vicio común de creer que si fracasamos es por nuestra culpa y si acertamos y todo salió incluso mejor de lo esperado es cuestión de buena suerte.

No somos víctimas de nada ni de nadie, lo que hoy vivimos es el resultado de lo que ayer experimentamos y las decisiones que tomamos, lo que dices de ti y de tu entorno hoy determina lo que vas a vivir mañana. Si te ves pobre, desesperado, sin capacidades y apabullado no te quepa la menor duda de que así será, pero si por el contrario te ves grandioso, feliz, rico, saludable igualmente así será.

La vista es el sentido por el cual podemos percibir el mundo exterior, lo material, lo físico, lo palpable. La visión desde el plano espiritual es un don, que hace referencia al desarrollo de la conciencia, de la capacidad de ver el mundo con los ojos del amor, iniciando por supuesto, por la visión que tenemos acerca de nosotros mismos.

Si usas únicamente la vista, pero desperdicias la visión, ese don grandioso de ver la vida desde una perspectiva única y muy personal, donde están las facultades que nos permiten crear el mundo que queremos y de construirlo a nuestra medida, estarás botando a la basura tu más grande fortuna.   

Cambiar creencias que frenan

Hay muchas ideas negativas que bloquean tus ideales de grandeza y te reducen a la pobreza de todo tipo: la mental, la espiritual, la económica, aquella que te merma y conduce a la esclavitud mental.

La idea irracional de que somos víctimas de una sociedad que nos niega el derecho a ser felices por nosotros mismos y a construir la vida que soñamos es una absurda limitación de la cual hay que liberarse rápidamente.

Luz Stella Solano M.

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