Cada uno puede lograrlo, nadie lo puede hacer por otro, cada cual es responsable de lo que sucede en su vida, el carácter es algo que se puede crear, transformar y moldear, pero está directamente relacionado con la forma de pensar, de actuar y comunicarse con el mundo exterior.

Construir un buen carácter puede convertirse en una gran conquista, ya que este es el medio de expresión que nos permite relacionarnos con los demás y comunicarnos con el mundo.  Una conquista permanente que nos lleva a ser una mejor persona, de mirar cómo al conquistarnos a nosotros mismos, damos un paso muy importante quizás el más importante de todos para conquistar el mundo y abrir las puertas del éxito, la salud, el bienestar, la prosperidad y la abundancia.

El carácter es nuestro medio de expresión, es necesario para que nuestras relaciones puedan manifestarse y nos permite construir una vida propia.  Nunca nos hemos detenido a pensar en el beneficio que recibimos construyendo un buen carácter, es más creemos que el carácter lo heredamos, pero, en realidad no es heredable ni de los padres, ni de la sociedad, no es algo que nos puedan imponer o que nos puedan ni siquiera dañar.  Es algo que plasmamos desde adentro, que nace desde nuestro interior, que nadie puede dañarnos o robarnos, es nuestra propia decisión, una obra de arte, un regalo que sólo podemos darnos nosotros mismos.

Decidirnos a construir un buen carácter, es iniciar la obra más importante de nuestra vidas, la que mejores resultados nos traerá, la que nos dará mayores beneficios.  Cuando construimos un  carácter amable, fluido, transparente, coherente, estable y honesto estamos en el verdadero camino de la tranquilidad y la felicidad.

Frecuentemente dañamos nuestras relaciones, nuestra propia imagen ante los demás, nuestras posibilidades de éxito porque somos demasiado rígidos, falsamente humildes, incapaces de aceptar las personas, cosas y situaciones como son, incapaces de sonreír, en la creencia de que ser serios, duros, con una expresión severa en nuestro rostro, hablar duro e imponer nuestras ideas es ser fuertes y que de esta manera podemos conquistar el mundo, pero resulta que el juego es al contrario, esto nos aleja de él, nos impide ser aceptados por las demás personas, nos dificulta el camino, lo convierte en algo duro, tortuoso, dificulta nuestras relaciones y nuestro andar por la vida.

Un buen carácter, nos permite ubicarnos en el medio, ni flojos ni rígidos, nos coloca en el punto justo, nos permite convertirnos en seres confiables para los demás, estar comprometidos con lo que hacemos, disfrutar y encontrar la belleza en todo, nos ayuda a apartarnos del deseo de dominio y posesión, del afán de tener siempre la razón, de competir.

Un buen carácter es fluido, amistoso, cristalino, adaptable, agradable, nos permite abrirnos al mundo.

Si no construimos un mundo interior sereno, delicioso y sencillo no podremos relacionarnos armónicamente con el mundo exterior.  Un buen carácter es la materia prima con la que construimos nuestra propia imagen, lo que proyectamos al exterior, y lo que el mundo ve de nosotros, por eso es una de las principales puertas de acceso a la prosperidad y el éxito en la vida.

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