En realidad más que crisis lo que existe son personas en crisis, que viven o enfrentan una determinada situación con malestar interior, que le hacen resistencia a la realidad presente y que se niegan definitivamente a realizar cualquier cambio para adaptarse a algo nuevo.

El mensaje que trae toda crisis es de observación y transformación, es una invitación a reflexionar sobre lo que está pasando en la vida de cada uno, y a ver la realidad externa como un espejo de esa situación interna.

Nada sucede por casualidad, todo está perfectamente orquestado en el universo, las situaciones externas solo buscan mostrarnos lo que está pasando en nuestro interior y a mostrarnos que, hasta que no haya un cambio interno no podrá modificarse ninguna condición externa, porque los sucesos de la vida de cualquier persona siempre reflejan un estado interior.

Un vez que la mente se abre a la necesidad de observar lo que piensa y siente frente a cualquier realidad que enfrenta, por pequeña o simple que parezca,

comienza a descubrir que cada una de las circunstancias que aparecen en la cotidianidad son una respuesta a sus acciones acertadas o equivocadas, siendo las primeras una muestra de sus acciones sabias, y las segundas un claro reflejo de aquello que requiere un cambio de actitud, un manejo más apropiado y una disposición a aprender nuevas y mejores formas de hacer las cosas, de relacionarse con ciertas personas y de controlar sus propias emociones.


La única crisis amenazante es la negación al cambio.


Cualquier situación aparentemente pequeña que genere conflicto con los demás, o que produzca un malestar así sea mínimo, que despierte el deseo interno de discutir, criticar o atacar cualquier comportamiento o decisión ajena, muestra la necesidad de ser revaluado, pues es obvio que no tenemos el poder ni el derecho de cambiar a los demás, o de pretender imponerles nuestras ideas de lo que está bien o mal.   

Lo único cierto es que convivimos con otros para aprender a amarlos y aceptarlos como son, sin pretender cambiar ni uno solo de sus comportamientos o de sus ideas u opiniones, que las relaciones son un método certero que nos impulsa a crecer mediante la adaptación a las conductas ajenas y a las diferentes formas que existen de vivir la vida.

En el caso de que sintamos que definitivamente es imposible lograr una adaptación o aceptación de ciertos comportamientos que van muy en contra de nuestros principios elementales de vida, está clara la necesidad de abrirse a un nuevo camino, a delimitar la relación con aquellas personas con las que sabemos que la convivencia siempre será tormentosa o difícil.

Nada te obliga a permanecer al lado de alguien que sabes que no tiene la menor intención de cambiar, que simplemente muestra interés en satisfacer su propio beneficio y comodidad sin tener en cuenta los tuyos. Siempre tienes la posibilidad aunque parezca muy difícil, de abrirte un nuevo camino y buscar otras alternativas más satisfactorias.

Inicialmente puede producir temor dar el paso a un camino desconocido, más aún, sin la compañía de la persona que estamos acostumbrados a tener a nuestro lado, pero con quien definitivamente no es posible establecer acuerdos de convivencia armónica y pacífica.

La separación o el rompimiento de este tipo de relaciones produce momentos de crisis y desconcierto, no obstante, en algunos casos son completamente necesarias y, aunque dolorosas son la única vía a la liberación.


Las crisis son la mejor oportunidad de cambio.


Las crisis de cualquier tipo nos muestran una necesidad de cambio, de aumentar nuestra capacidad de adaptación a las situaciones nuevas e inesperadas de la vida, pero también, son una invitación a comprender que el amor es el ingrediente necesario que permite aceptar a los otros sin juicios de ningún tipo, sin exigencia alguna y con el genuino y único deseo de convivir armónicamente y en paz, de amarlos incondicionalmente y aceptarlos tal cual son.

Nada se resiste al amor, todo lo transforma y mejora, somos nosotros los que en muchos casos renunciamos a una relación por nuestra incapacidad de amar incondicionalmente a esas personas que tienen comportamientos diferentes a los nuestros, y que nos sentimos incapaces de aceptar.

Las crisis entonces terminan siendo un espejo que refleja la condición interna del individuo que las vive, y que aunque se niegue a aceptar esta realidad, la crisis continuará presente hasta que la mente se abra y decida transformar la condición interna que la genera.

Preguntas:

¿Reconoce cuáles han sido las peores crisis que has enfrentado en tu vida?

Luego piensa ¿Te dejaron alguna enseñanza?

Luz Stella Solano M.