No preocuparse por lo que no se puede controlar, complementado con valorar y agradecer lo que se tiene, son puntos claves para lograr eficacia en la acción y paz en el corazón.

No seamos esclavos de los resultados

Desapegarse de resultados consiste en no hacer depender de ellos el sentirnos bien o mal. Implica darle tanto valor al proceso, en particular al aprendizaje que de él derivamos, como a las metas que queremos alcanzar. No significa no tenerlas en cuenta o no trabajar por objetivos, sino no esclavizarnos “neuróticamente” a los resultados de nuestras acciones menospreciando los esfuerzos exitosos o fallidos por alcanzarlos y las enseñanzas que de ellos derivamos.

Dado que la cultura empresarial es tan propensa a la evaluación por resultados, esta es una de las prácticas más difíciles de entender para gente familiarizada con la vida organizacional.

Lo primero que hay que comprender es que en el mundo en que vivimos, los resultados son consecuencia de múltiples variables interdependientes. En muchos casos no tenemos el poder necesario para lograr lo que se nos pide o queremos obtener. Dependemos para ello no solo de la colaboración de otros, sino en ocasiones de la ocurrencia de eventos sobre los que no tenemos control alguno.

En situaciones multi determinadas e interdependientes, como son buena parte de las que se dan en la vida y en las empresas, somos generalmente dueños de nuestros esfuerzos, no de nuestros resultados. Esto se evidencia con contundencia en la medida en que los propósitos son más ambiciosos e involucran mayor número de personas y eventos.

El poder normalmente se encuentra fragmentado y para lograr un determinado objetivo, debemos ser capaces no solo de unir la voluntad de quienes lo tienen, sino esperar que aquello que escapa a nuestro control, gravite a nuestro favor. La incertidumbre es característica del universo en el que vivimos y los sistemas caóticos son abundantes en él, de hecho, la complejidad basada en la interdependencia de todo con todo, constituye la esencia de lo biológico y lo psico-social. La actual Teoría de la Complejidad ayuda a comprender esto.

Lo dicho fortalece la toma de decisiones grupales y representa un serio desafío a los tradicionales sistemas de administración por objetivos y evaluación por resultados, enfocados más sobre la acción individual que sobre la acción grupal, que normalmente sobrevaloran la capacidad de los ejecutivos de las organizaciones para lograr que las cosas sucedan de acuerdo con los deseos de la empresa.

Manfred Max Neef humanista y economista chileno ganador del premio Nobel Alternativo de Economía en 1983, nos recomienda derivar en estado de alerta, recordándonos que quienes sólo tienen claro el punto de partida y de llegada se pierden de lo más interesante que es el viaje en sí mismo. Hay mucha afinidad entre este planteamiento y el expresado por Constantino Kavafis en su muy conocida poesía ITACA.

Todo lo anterior correlaciona también con lo que los psicólogos denominan tolerancia a la ambigüedad, una competencia necesaria para los que, como los administradores, trabajan para lograr resultados en un mundo en donde la incertidumbre, derivada de la interdependencia de todo lo que existe, llegó hasta la Física, la reina de las ciencias naturales. Saber aceptarla y navegar con ella, concentrándonos en los procesos, es vital para la tranquilidad y la efectividad personal.

La paradoja es que cuando soltamos el apego por los resultados y nos concentramos en el proceso, nuestro desempeño mejora. No obstante hacer lo que aquí se recomienda para incrementar la productividad, laboral o de otro tipo, contraría la finalidad del desapego pues en la práctica, continuaríamos aferrados a los fines de nuestras acciones, pues seguiríamos valorándonos en términos de éxito o fracaso en lo que emprendamos.

El meta objetivo

Consiste en generar una especie de meta-propósito coincidente con la cosmovisión de vida que tengamos, que convierta los resultados buscados en simples medios al servicio del mismo.

La auto-realización, entendida como el proceso de llegar a ser lo que potencialmente se es, puede servir. En este sentido el éxito o el fracaso se convierten en maestros, porque a través de las acciones para obtener resultados aprendemos… somos más. Podemos de esta manera convivir con todo tipo de intencionalidades, sin sentirnos apegados a ellas y convertir en aprendizaje todo lo que vivamos.

Para los creyentes en Dios y en su intervención personal o impersonal en asuntos humanos, el aceptar su voluntad puede representar una idea equivalente. San Ignacio de Loyola desde la perspectiva cristiana, decía: “Obremos como si todo dependiera de nosotros, pero dejemos el resultado en manos de Dios” 

La posición de Deepak Chopra, respecto a la posibilidad de desapegarse de los resultados, es muy interesante. Afirma que si cuando formulamos nuestros objetivos nos abrimos a la posibilidad de que no se cumplan si así lo dictan las circunstancias, o la voluntad de Dios, según nuestra visión de vida, podemos luchar por ellos concentrándonos en los esfuerzos y sin dejar de mirar los resultados, no hacer depender de los mismos nuestra valoración del éxito o el fracaso de la acción.

El enfoque plasmado en el Bhagavad Gita, que constituye la esencia de la filosofía del Karma Yoga de los hinduistas y budistas, obtiene un notable equilibrio entre medios y fines: Mirar el futuro y luchar por construirlo según los propios sueños, pero sin apetecer los frutos de la acción. Si se dan bien, si no, examinar porqué y modificar los fines o los medios, enfatizando en todos los casos el valor de la experiencia en sí misma y el aprendizaje que se deriva de ella. El camino y lo que en él se aprende es el fin, el destino el medio. Gandhi, seguidor del sendero del Karma Yoga, afirmaba al respecto: Esfuerzo completo, victoria completa.   

Coincidentes con esta orientación está el aprender a reconocer las oportunidades de crecimientos que nos ofrece la vida. Cuando nos sintamos emocionalmente inseguros, nos enfermemos, perdamos un trabajo o una relación se acabe, detengámonos, y busquemos las lecciones que puedan estar presentes en estos hechos, en lugar de lamentarnos por no haber logrado lo que queríamos. En esta dirección apunta un cántico de guerra de la etnia Suahili: Solo la lucha le da sentido a la vida, la victoria o la derrota está en manos de los dioses ¡Celebremos la lucha!

Valorar y agradecer

La práctica de desapegarse de resultados se complementa con la de VALORAR y AGRADECER lo que se tiene, concentrando nuestra atención no sólo en lo que no tenemos sino en lo que está a nuestra disposición.

VALORAR significa mantener la capacidad de reconocer el inmenso valor que tienen todas las cosas que la vida nos ha dado. El que no valora lo que tiene corre el riesgo de perderlo. La queja nos empobrece. La FELICIDAD se relaciona con la valoración de lo que tenemos. 

AFIRMACIÓN

Valoro y disfruto intensamente todo lo que tengo y todo lo que hago.  Reconozco que valorándolo, desarrollaré la capacidad para disfrutar nuevas cosas y relaciones. RENUNCIO a quejarme de lo que hago o de lo que tengo. 

AGRADECER significa renunciar a sufrir por las dificultades, comprendiendo el profundo valor pedagógico que ellas tienen para reconocer nuestras propias limitaciones y la gran oportunidad que existe en todo aquello que representa algún nivel de dificultad, porque permite el desarrollo de competencias que facilitan la trascendencia definitiva de cualquier dificultad asociada a las relaciones humanas, al cuerpo físico, a los recursos disponibles o a la capacidad de aprovechar el medio dentro del cual nos corresponde actuar. El agradecimiento, independientemente de buenos o malos resultados, es una profunda herramienta de liberación, pues siempre hay algo que agradecer.

AFIRMACIÓN

 Agradezco TODO lo que tengo y todas las situaciones difíciles y dolorosas, porque ellas son oportunidades que nos da la vida para aprender y desarrollar mi potencial. RENUNCIO a sufrir ante las dificultades, comprendiendo que me enseñan a liberarme de las limitaciones, las dependencias y en últimas del sufrimiento.

 Autor Invitado
Alberto J. Merlano A.
 

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