No hay necesidad de luchar contra la realidad externa, hay es que trabajar para cambiar la realidad interna. Aunque no lo creamos, tenemos el poder de crear una vida tranquila y libre de estrés. Cuando estamos en armonía con el universo, respetamos sus leyes y usamos como materia prima de nuestras creaciones el amor, se produce el milagro, la vida se transforma.

El dinero no es un dios, es solo una energía que fluye a través nuestro y permite el intercambio. No debe ser nuestro único objetivo; por el contrario, saber que el dinero se da como resultado de un cambio interno, de nuestra capacidad de servir y de amar, es de vital importancia para crear una nueva realidad acorde con nuestros deseos. Reclamar riqueza, felicidad y paz es perfecto, pero a cambio debemos irradiar y dar, en una actitud y expresión constante de auténtico respeto, cariño, valoración y amor.

Abandonemos el deseo de recibir algo a cambio de nada, ya que los intentos de conseguir lo que deseamos sin dar algo a cambio son inútiles. No hay nada gratuito en la vida, pues esto es una ecuación matemáticamente exacta: de lo mismo que damos, recibimos. La vida, por lo tanto, responde solamente a la acción, jamás a la inercia. Construir una vida feliz, próspera, saludable y abundante exige dirigir nuestros esfuerzos a lograrlo.

Esto se consigue mediante la materia prima del amor: aceptación, asumir nuestros resultados, adaptarnos al mundo y fluir con él, respetar a todo y a todos, agradecer las maravillas que la vida nos ha dado. Hay que dar para recibir, actuar y dirigir nuestros pensamientos hacia el amor, prestar atención a nuestros objetivos sin convertirlos en apegos y lucha insensata.

Estrés, angustia y sufrimiento son expresiones irreales, absurdas creaciones de pensamientos limitantes. El estrés no es algo tangible que se pueda ver, lo único que existe son personas con ideas estresantes, que no han desarrollado su capacidad de pensar en el amor, que se sienten separadas de su fuente divina y su ego e ignorancia los lleva a suponer que deben transformar las cosas al costo de malgastar su vida, sus energías y esfuerzos en esta lucha inútil, innecesaria.

Hablamos del estrés y del sufrimiento como si hubiéramos venido a este mundo a sufrir y ser atacados, a defendernos y tratar de huir, a luchar por modificar la realidad, cuando en realidad todas estas cosas son el resultado de un profundo deseo del ego, que pretende acomodar la realidad a las creencias personales; pronunciamos frases como “tengo un ataque de nervios”, o “estoy muy angustiado”, cuando en verdad estos son resultados de pensamientos negativos que se generan y somatizan en nosotros. El estrés y la ansiedad son consecuencias de alejarnos de nuestra verdadera fuente. Somos paz, felicidad y amor, pero hemos permitido que el ego nos domine. El ego quiere lucha, culpabilidad, agresión e imposición, siendo que nuestra verdadera esencia es todo lo contrario.

Tomado del libro “Ven…Danza con la Prosperidad”

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