La imagen de una persona sabia e inteligente emocionalmente se asemeja a la imagen del árbol. Veamos su hermoso simbolismo.

El Árbol

Dentro de nosotros incluso desde nuestra concepción están presentes de forma natural, todas las potencialidades para desarrollar y hacerlas realidad, como una semilla que lleva dentro de sí la potencia del árbol, aún antes de ser sembrada.

Una de las grandes potencialidades humanas, bien sea, como seres individuales o como especie, es la del crecimiento hasta la trascendencia, dentro del proceso de evolución de la conciencia, que nos lleva a niveles superiores de conocimiento, de comprensión de la vida y sus procesos; de comunicación y de integración con todos y con todo lo existente, tengamos o no conciencia de esto; lo hacemos querámoslo o no; y lo hemos venido haciendo desde nuestro principio.

El árbol es un ejemplo perfecto de cómo se desarrollan los potenciales y las virtudes, cuando se siembra en el terreno propicio y se tiene la intención y el deseo profundo de ampliar todo su potencial en él, a pesar de los obstáculos y las adversidades que puedan presentarse en el camino.

El árbol alcanza su grandeza mediante un proceso lento y continuo de crecimiento y expansión. De igual manera los seres humanos vivimos un proceso similar, en el cuál expandimos nuestras potencialidades parciales y específicas, estas se siguen y se suman unas a otras, reforzándose, desarrollando nuevas capacidades y así sucesivamente avanzamos hasta alcanzar la plenitud.

Este proceso comienza con la semilla, Esencia del Ser, el niño interno en nosotros, listo para crecer y desarrollarse. Nacemos con muchísimas posibilidades y potencialidades para hacerlas realidad.

Semillas y raíces

Todas las semillas tienen potencial, algunas jamás se desarrollan ni se atreven siquiera a nacer. Otras nacen, crecen y se desarrollan. Las diferencias la voluntad, la constancia, el poder de decisión que tienen para hacerlo. Aparentemente insignificante, sin embargo, contiene toda la potencia del árbol gigante y fuerte desde sus inicios, sabe que algún día nacerá, crecerá, se formará, se fortalecerá, florecerá y dará frutos para finalmente después de cumplida la tarea continuar erguido por muchos años, fuerte, poderoso, imponente y sabio.

Sus raíces lo conectan con la madre tierra, con su origen, con el alimento. Representan la profundidad, la búsqueda, la solidez, son los cimientos, las que le dan fuerza, las que toman y buscan los nutrientes que lo mantienen, son las bases, los pilares y principios que le brindan estabilidad y reconocimiento. Al igual que un gran líder que siempre tiene los pies puestos en la tierra, dando su justo valor y respeto a la materia que lo rodea.

Las raíces son el amor a la vida, a nuestro cuerpo, a nuestra entidad física. El árbol por medio de sus raíces se nutre de la tierra, así como el líder se nutre de la vida por medio de sus propias experiencias.

El Tronco

El Tronco sostiene la existencia y la vida, es la fortaleza, la resistencia, la rectitud, la dirección, la firmeza, la decisión de ser, el centro de equilibrio. Es la conexión entre cielo y tierra, lo Divino y lo Humano en nosotros. Para ser buenos líderes necesitamos hacer una conexión entre arriba y abajo, entre lo espiritual, lo mental y lo físico.

Mientras más alto y fuerte, mayor evolución, mayor capacidad de servicio, mayor desarrollo espiritual, mayor comprensión. Se yergue en las alturas sin perder la conexión con su existencia, con la base, con la tierra y sus orígenes. Desde lo alto contempla todo, ve todo, se recrea en todo desde la profundidad de la tierra hasta la altura de los cielos donde se remonta.  Las actitudes y los comportamientos del líder le dan dirección a su vida, le dan coherencia entre lo que piensa, dice y hace.

Se alimenta y nutre de la tierra en su base, y recibe toda la información del sol, de los planetas y el universo entero en sus alturas. Es firme y a la vez flexible. Lo mueve el viento, y lo sostiene la tierra, toma los nutrientes de ella y los remota hasta las alturas de sus copos.

Cuando es bajo y grueso, representa menor evolución, mayor necesidad de sentir y experimentar facetas primarias de la vida, mayor conexión con la parte material de la existencia, paso necesario dentro de su evolución.  Algunos troncos pueden torcerse en el camino porque necesitan aprender algo diferente sin que esto signifique para nada que pierdan su belleza e imponencia. Todos tienen una oportunidad de aprendizaje en el gran bosque de la vida.

Las Ramas y hojas

Las Ramas representan los logros, la expansión alcanzada. Hasta donde se puede llegar, qué tanto se puede abarcar, cuánta sombra puede dar, a cuántos se puede cobijar. Cuánto se puede extender y qué tan abierto se puede estar ante la vida, ante el mundo y el universo entero.

La sombra del árbol a su vez nos permite apreciar la diferencia entre la luz y la oscuridad, lo bonito y lo feo, lo cálido y lo frío y comprendiendo que finalmente todo es perfecto y necesario.

Las ramas también son la parte mental del líder, se mueven hacia donde las lleva el viento, sin perder su centro y su equilibrio; así como el líder se adapta a las diferentes circunstancias que la vida le presenta, aprendiendo sus lecciones con la capacidad de transformar sus creencias y por ende su mente, modificando el medio que lo rodea.

Las Hojas son las ideas y las diferentes formas de enfrentar la vida. Son los pensamientos en continua renovación, en permanente proceso de cambio. El árbol es nuestro maestro inspirador, al árbol le cambian continuamente sus hojas, las modifica. Así como el líder transforma sus creencias, no son rígidas y estáticas, siempre tiene ideas nuevas. Cuando las hojas ya están viejas y gastadas el árbol las suelta, se caen, al igual que las ideas cuando estas ya no sirven, el líder, las cambia, sabe que las ideas obsoletas hay que desecharlas para que surjan nuevas.

El árbol siempre confía en la vida, se desapega y suelta todas sus hojas, al igual que un ser sabio necesita desapegarse de todo aquello que ya no le sirve, de la basura, de las creencias limitantes que dificultan el camino creando sufrimientos y dificultades innecesarias.

Son la experiencia almacenada, verificaciones alcanzadas. Miles de hojas en un solo árbol, también representan la capacidad de relacionarnos con todas las personas, con todos los seres vivos. Son el símbolo de la unidad, todas las hojas unidas a través de las ramas a un mismo tronco.

Así mismo nos muestran la importancia de la variedad y la diferencia entre unos y otros, las pequeñas representan la mayor capacidad de percibir los detalles. Las grandes abarcan la globalidad, la inmensidad, perciben lo grande, lo macro de la vida.  Nos enseñan como se deben respetar y valorar las diferentes ideas, costumbres, tradiciones, culturas y creencias.

Capullos, flores y frutos

Los capullos representan los talentos y los dones por desarrollar y mostrar. Son el gran potencial creativo que tenemos. Nos muestran los aspectos más sublimes y delicados de nuestra naturaleza interna, la ternura, la sencillez, la suavidad y la belleza oculta de la vida. El capullo encierra todo el misterio de la transformación de la conciencia, hasta convertirse en una hermosa flor. La flor de la vida.

Las flores representan la transformación de la conciencia que finalmente muestra todo su colorido y belleza, llenando de alegría la vida, llevando luz a nuestro interior, haciéndolo florecer. Un árbol florecido adorna e ilumina todo su entorno, irradia armonía y serenidad, llevando paz y felicidad al espíritu.

Los frutos son el legado. Extracto de lo mejor que se ha conseguido a lo largo del camino de la vida.  La experiencia, la sabiduría, la maestría que puede alimentar y nutrir a otros, brindándoles su jugo y su dulzura.

Una vez que transformamos la mente, evolucionando nuestra conciencia podemos nutrir a otros con el fruto de nuestra sabiduría.

En el árbol viven muchas criaturas, pájaros que hacen sus nidos, viven gusanos y muchos tipos de vida que se alimentan de él. El árbol permite que todos los que quieran o necesiten lleguen a él. Así como el sabio se abre y se dispone a servir sin condición y sin restricción.

El árbol alberga dentro de sí la inmensa sabiduría del Creador, que siempre está dispuesto a dar a todos aquellos que lo pidan o lo necesiten sus frutos dulces, sus nutrientes y su refrescante y amorosa sombra. Por mucho que se lo ataque, por muchas piedras que reciba, él siempre nos brinda lo mejor de sí. Aún después de ser derribado sigue dándonos su amor, a través de la madera, del papel, la leña para calentar nuestros hogares……  Un ser con mucha sabiduría al igual que el árbol siempre trasciende en el tiempo.


El conocimiento es muy importante, pero si no desarrollamos sabiduría y paz interior, y nos convertimos en excelentes personas no sirve para nada.


Luz Stella Solano M.

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