Un monstruo que ha recorrido el mundo entero, una de las primeras referencias de esta legendaria criatura se remonta a los años 1500, aunque se cree que es mucho más antiguo. A los padres antiguos en España, Portugal y casi todos los países latinos se les ocurrió que la mejor nana que podrían encontrar para arrullar a sus bebés era la figura de un hombre malvado que vendría a devorarlos si no se dormían a la hora indicada.

Canción de cuna

El coco se convirtió entonces en una aparentemente dulce canción de cuna, “Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá”, canturreaban con voz melosa los padres de antaño a sus hijos. Ahora la pregunta es ¿qué clase de padre querría asustar a su pequeño con una amenazante canción? Solo se puede suponer que un padre cansado e igualmente asustado.

Así de una manera aparentemente dulce y muy tierna fuimos creciendo dominados por el miedo, que se usaba como arma de control muy efectiva. Los niños le temen y los adultos delegan en él una función pedagógica que consigue resultados inmediatos, para eso justamente han sido creados los monstruos, para asustarnos y controlarnos.

Así dominados por una buena cantidad de monstruos imaginarios hemos sido educados en una cultura controladora, que nos asusta para que hagamos lo que se supone que debemos hacer, para que nos comportemos como la sociedad espera, sin protestar ni poner en duda ninguna de las creencias socioculturales, las cuales, debemos seguir como serviles bueyes castrados mentalmente para evitar que venga el coco y nos coma.

La preocupación

Fuimos creciendo en medio de ideas falsas transmitidas de una generación a otra, conectados al miedo y anclados a un estado de preocupación permanente ante la terrible posibilidad de que en algún momento pueda aparecer un coco que nos devore.

Nos preocupamos por lo que pueda suceder en el futuro tanto a nosotros mismos como a nuestros seres queridos, tenemos miedo a quedar sin recursos para pagar nuestras obligaciones y cumplir con los deberes que nos corresponden. Ya no creemos en el coco, ya no puede molestarnos simplemente porque ya no creemos en él, ese monstruo infantil que atormentó a tantos niños en el pasado ya de adultos pierde por completo su poder, pero quedan las consecuencias del miedo.

Ese miedo aterrador que fue instalado en nuestra mente de que en algún momento algo puede fallar y salir mal, esa idea equivocada de que la vida es muy dura y que no podemos tener paz alguna ni quedarnos tranquilos porque entonces algo malo sucederá y lo vamos a lamentar.

A lo largo de mi vida me he encontrado con personas que cuando están bien, cuando en su vida todo fluye naturalmente, los recursos llegan abundantemente, la salud está bien y todo funciona empiezan a sentirse o culpables de no tener problemas, o temerosos de que en algún momento la vida les cobre con creces esos momentos de felicidad y tranquilidad.

La sociedad del planeta tierra está manejada por el miedo, ese que nos fue instalado desde que éramos bebés y que permanece anclado en nuestras entrañas hasta la muerte. Ya no creemos en el coco, pero de manera inconsciente sigue existiendo y jugando un papel importante en nuestra vida.

El coco que nos asustaba de niños, ahora en nuestra adultez se llama preocupación, miedo a que las cosas no salgan como esperamos, a que en cualquier momento nuestra vida se derrumbe y sucedan cosas imprevistas que nos asustan.

La verdad es que nuestras condiciones materiales no son otra cosa que el reflejo de nuestro estado mental, de las convicciones que tenemos en la mente. Parece absurdo que aún en la edad adulta sigamos teniendo miedo de cocos absurdos que nos roban la tranquilidad, cuando tenemos un grandioso poder interno con el que podemos construir y conseguir todo lo que se nos antoje.

Los problemas de hoy, aquellos a los que tanto tememos son exactamente iguales al coco de la infancia, solo toman fuerza y nos causan daño cuando creemos en ellos. El coco solo puede asustar a quien cree en él, los problemas solo existen en la mente de quien los padece, afuera de su mente no hay ningún problema, solo situaciones que manejar y superar.

Tres maneras de superar el miedo

  1. Todo lo que sale de ti, tarde o temprano regresará a pero multiplicado. Así que la cuestión no se centra en lo que voy a recibir, sino más bien en lo que soy capaz de dar. Mientras más damos, más recibimos de aquello que damos. En esto no hay nada que temer, pero sí mucho por hacer. La clave es aprender a dar lo mejor de nosotros mismos en todo momento, lugar y circunstancia.
  2. Dirigir sabiamente nuestra mente, el pensamiento angustiado debe ser eliminado y adoptar la fe absoluta en la vida y en nosotros mismos, creer en esa fuerza Divina y superior que todo lo dirige y que nos guía siempre.
  3. Hacer todo con amor, comprendiendo que no hay ninguna dificultad que el suficiente amor no logre superar, no existe enfermedad que con amor no se pueda sanar, ni angustia o preocupación que el amor no solucione.

El ser humano evolucionado y consciente sabe que el amor es la clave de todo en la vida, que todo lo que sucede y existe es por amor y que, cuando mantiene su mente conectada a su propia divinidad, irradiando y repartiendo amor, siempre dará lo mejor de sí y recibirá a cambio lo mejor que el universo entero tiene para él.

El amor es lo único que vence el temor.

  

Luz Stella Solano.

¿Ahora de adulto, cuál es tu coco? cuéntame cuál es tu mayor miedo.

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