Es una persona que vive unida con la Fuente Universal, parece igual a los demás, aparentemente no hay nada que lo diferencie de la gente común y corriente, no lleva ropa especial ni está cubierta por una aureola de luz, pasa desapercibida y no anda por ahí mostrando y alardeando de sus cualidades divinas.

Correspondencias del Justo

Sin embargo, parece un ser afortunado y privilegiado, que siempre tiene todas las oportunidades, vive feliz y realizado y se siente a gusto en todo lugar y circunstancia. El justo es un individuo que se ha hecho correspondiente con el éxito, la abundancia, la riqueza y la prosperidad en todas sus manifestaciones. Es imposible que tenga una actitud pesimista en la vida.

Acciones del Justo

A cambio de usar un lenguaje que exprese duda sobre si sus propósitos se harán o no realidad, se expresa con una convicción interna y un conocimiento profundo de que su Fuente universal le proporciona todo cuanto desea. Sabe cómo hacerse correspondiente con todas las maravillas del universo que habita.

Respeta totalmente las costumbres, ideas y experiencias de los demás; no juzga, no critica ni condena a nadie. Agradece las oportunidades de aprender algo nuevo. No ve problemas; sólo oportunidades de aprendizaje.

No gasta su energía en debates ni discusiones frustrantes, porque sabe que eso atrae a su vida lo semejante. Sabe lo que sabe y no le interesa hacer resistencia al estilo de vida de las demás personas.

Permanece en un continuo estado de gratitud, se siente agradecido por todo, incluso por las dificultades que la vida le presenta, pues las ve como oportunidades de crecimiento y mejoramiento. El estado de gratitud le permite valorar y disfrutar de todo cuanto tiene y de todas las personas y cosas, por lo tanto, vive en un estado de valoración y gratitud reverentes por todo lo que está presente en sus vidas.

El justo no se queja

No se queja de nada, no le encuentra defectos a nada, no busca y por lo tanto no encuentran faltas, disfruta de la lluvia porque sabe que Dios necesita regar sus matas y que no se llega lejos si solamente caminamos en días soleados. La nieve, el sol, el viento, las tormentas y todas las manifestaciones de la naturaleza le recuerdan que también forma parte de la naturaleza.

No impone su voluntad a otros, no culpa a nadie ni de frente ni a sus espaldas, en su mente no existe nadie con quien no esté unido espiritualmente.

No hiere los sentimientos de nadie, pone entusiasmo a todo lo que hace y siempre habla palabras de verdad, amor y bondad. Su mente es flexible porque sabe que de esta forma acelera su crecimiento espiritual. Su vida es completamente coherente entre lo que piensa, dice y hace.

Valora el mundo y lo que hay en él. Su conexión con la naturaleza le permite estar unido a todos los seres vivos, posee conciencia de unidad y por consiguiente no establece diferencias, esto le permite servir a todos sin distinción y límites.

No conoce el concepto de enemigo, sabe que todos somos hijos de Dios, por lo tanto, no critica, no ataca ni se defiende, no se siente amenazado, ni le incomodan o fastidian las costumbres diferentes de los demás.

Reconoce la unidad

Mira con respeto y aceptación el aspecto de las demás personas por extraño que este pueda parecer. Su conexión con otros es de carácter espiritual, desde su comprensión sabe que somos una unidad y siente afinidad con la vida entera.

No culpa a nadie ni a nada, ni a sí mismo. Sabe que el culpable no existe. No tiene rencores, ni resentimientos pues estos son sentimientos propios de las personas ignorantes que culpan a otros de sus problemas.

En lugar de vanagloriarse de su buena suerte, adopta un estado de gratitud, humildad y valoración constantes, comprende el funcionamiento del universo y de las leyes que lo rigen y se sintoniza con él, en lugar de hacerle resistencia.

Ha adecuado y llevado sus pensamientos a las frecuencias más altas de vibración y en consecuencia son creadores de su propia realidad.

Su tranquilidad se siente y por lo tanto trasmite una sensación de paz, calma y serenidad a los demás e irradian seguridad. No le interesa tener discusiones, pero si se encuentra presente en alguna no le interesa salir airoso de ella; no trata de cambiar nada ni a nadie, ni de imponer sus ideas y creencias. Respeta totalmente las creencias ajenas.   

Sentirse bien es su única opción y su decisión definitiva. Cuando se siente mal por cualquier razón, comprende que es un indicador de que necesita conectarse con su fuente y con la energía de la paz y el amor. Quiere sentirse bien siempre y se conecta con pensamientos positivos y alegres.

Aunque haya guerra, decide sentirse bien. Si hay violencia o delincuencia, decide sentirse bien. Si hay tornados, huracanes o maremotos, decide sentirse bien, porque sabe que sentirse mal solo asegura que el malestar aumente y atrae más de lo mismo.

El justo no permite que su paz se altere por ninguna circunstancia. Sencillamente no permite que su bienestar dependa de nada externo, ni el clima, ni la economía del país, ni las guerras, ni las decisiones ajenas.

Hace lo correspondiente con su función. Allí donde el justo esté trabajando dará el 100% de la información que tenga para dar. Hace todo con gusto, con amor y alegría.

Utiliza una comunicación armónica, no invalida a los demás, enseña con su ejemplo, más que decir las cosas las hace, las aplica y utiliza para su propia vida y los demás querrán imitarlo.

Está siempre en contacto con su naturaleza infinita. No tiene miedo a la muerte, sabe que es un cambio nada más, una simple transición. Es como quitarse un vestido o cambiar de lugar. El justo se siente siempre alineado con todo y con todos los que están en el universo, no experimenta la sensación de separación, ni de las personas, ni de las cosas que desea atraer a su vida.

Ve lo que intenta manifestar en su vida como si ya se hubiera materializado, y como es tan real en su pensamiento, lo materializa rápidamente. Sus pensamientos son los pensamientos de Dios, porque siempre está armonizado y en sintonía con el Creador.

El justo disfruta de la perfecta salud. Sabe, piensa y siente que la enfermedad no existe, lo que existen son personas enfermas, por lo tanto, si cualquier enfermedad le llega, ya está curado. Las posibilidades de curación son infinitas para él y están presentes aquí y ahora.

No necesita tener la razón, ni ganar, ni imponer, castigar o dominar a los demás, sabe que su poder radica en una paz invulnerable, en la felicidad constante y en la capacidad de servir y dar amor.

No trata de cambiar ninguna circunstancia, a menos que sea personal. Sólo trata de cambiar algo interno que no le trajo paz, que le produjo tristeza o sufrimiento, que lo alteró y no supo manejarlo, trabaja sobre sí mismo.

Tiene en sí mismo lo que otros no tienen, paz y recursos, tanto pedagógicos como materiales, de tiempo y de dinero para poder servir a los demás y enseñarles.

Da siempre lo mejor de sí 

Da siempre lo mejor de sí mismo en todo momento lugar y circunstancia y no desperdicia ninguna oportunidad para servirles a los demás, siempre y cuando le den su permiso para hacerlo. Una persona es pobre porque no sabe servir y no ha desarrollado su capacidad de dar; entonces limita su vida, desperdicia su tiempo y potencial quejándose y pidiendo; no sabe generar, por lo tanto, espera que los demás le den.

El justo está siempre dispuesto a aprender, indaga en la vida y se siente atraído por diferentes actividades. Encuentran algo de que disfrutar en cualquier lugar, en todos los campos humanos, científicos y artísticos. Tiene un horizonte amplio y está siempre abierto a todas las posibilidades. Nunca dice “no” a nada y ante cualquier cosa que la vida le da dice “Gracias”.

Respeta las estructuras sociales y gubernamentales sin intentar cambiarlas, no se involucra en conflictos; no intenta cambiar nada ni a nadie. Ante las dificultades ajenas no interfiere; da la información suficiente, eficiente y oportuna, siempre y cuando le haya sido solicitada o le hayan dado el permiso para hacerlo.

Tiene disponible y a su servicio todos los recursos, como resultado de su capacidad de servicio, de dar amor y de respetar. No sufre por nada, sabe que el sufrimiento es necesario para que la mente se abra a nuevas posibilidades.

Todas estas acciones generan una vida plena y de total satisfacción, por esta razón parecen seres con mucha suerte, pero en realidad es el resultado de la sabiduría, la paz y el amor.


CAMBIA TU FORMA DE VER LAS COSAS Y CAMBIARÁN LAS COSAS QUE VES.


Luz Stella Solano M.

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