En estos momentos los habitantes del planeta tierra atravesamos por una situación nueva y desconocida para todos. Durante muchas épocas pasadas se han enfrentado grandes crisis de todo tipo: económico, de salud, sanitarias, existenciales, sociales, emocionales.

Una crisis es un momento de cambio inicial de una realidad inestable, que por cualquier circunstancia se ve enfrentada a su propia inestabilidad para que reconozca esa necesidad de cambio estructural.

La crisis se presenta como un mecanismo o engranaje importante para reconocer que la realidad que se está viviendo requiere de un cambio inmediato, que la persona no ha logrado ver por sí misma. Por lo tanto, aparece la crisis que la enfrenta a aceptar y realizar el cambio necesario.

Esa necesidad de cambio podemos equipararla al cambio de piel de la serpiente, que cada cierto tiempo, en la medida en que va creciendo, se va sintiendo estrecha en ella y se ve obligada a mudar a una nueva piel abandonando la anterior, que ya no sirve para nada.


Todo lo bueno que sucede en tu vida, sucede porque algo cambió en ti.


La crisis actual tiene una serie de elementos curiosos e importantes de analizar:

  1. Nos obliga en quedarnos en casa, en aquel sitio que representa nuestro lugar de protección, de recogimiento y descanso. Llegar cada noche al hogar debería significar para todos el momento en que inicia el descanso, la tranquilidad, el compartir con los seres queridos y con nosotros mismos.
  2. Ese lugar de descanso, tranquilidad y paz representa el cielo en la tierra. Quien está conectado con su ser interior y reconoce la unidad de todo cuanto existe y sucede, llena su mente de tranquilidad, su corazón de amor y vive su vida en completa paz y armonía con el entorno.
  3. Nos aleja del mundo exterior, del mundo del ruido, la histeria colectiva, los vicios y desenfrenos, aquel mundo que nos rodea pero que está afuera: el medio laboral, social, escolar y académico. A partir de ahora y no sabemos por cuanto tiempo para relacionarnos con este mundo necesitamos hacer uso de la tecnología desde el aislamiento en el hogar.

Hoy por hoy y desde hace varios años, viene sucediendo al contrario, mientras la tecnología más avanza, menos nos comunicamos con nuestro entorno familiar más cercano como hijos, padres y pareja y más nos conectamos con el mundo de afuera, ahora aparece una crisis que nos aquieta y a las malas impone la necesidad de quedarnos en casa.

  1. Algunos hablan de una pandemia, otros de un simple virus pasajero, otros de una guerra biológica y en medio de tanta información o desinformación, nadie sabe realmente que está pasando, lo que nos invita a encontrar respuestas en nuestro interior. Se están debilitando las bolsas de valores y las inversiones financieras y se están fortaleciendo las relaciones familiares y los valores humanos.
  2. Una crisis que nos invita al respeto y la obediencia, algo que un ego dominante y fuerte jamás podrá aceptar. En este momento obedecer las tareas asignadas de aislamiento, contacto digital y trabajo online, de unión familiar y apoyo emocional nos concierne a todos. Es irresponsable quien no se cuide para evitar el contagio, pues las tareas nos conciernen a todos, o todos las cumplimos o igualmente todos nos hundimos.
  3. Ya cambió el término de responsabilidad social, al de responsabilidad global, todos somos responsables de todos, quien no cuida su cuerpo para evitar el contagio, está afectando al mundo entero, es una manera agresiva, irresponsable y necia de ignorar una realidad global.
  4. Cuidarse no es cuestión de creer o no en la pandemia, es simplemente una acción ecuánime, de respeto profundo hacia los demás, de adaptación y aceptación de cambios inesperados.

Esto y mucho más nos muestra esta maravillosa crisis, que o la vemos como una letal enemiga que nos puede matar, o la vivimos como una grandiosa oportunidad para descubrir la imperiosa necesidad de cambiar, de unirnos, respetarnos, apoyarnos y transformarnos, tanto a nivel individual como a nivel mundial.

Es un mensaje claro que viene de lo alto, que nos obliga a reestructurar nuestros hábitos personales, familiares, sociales y laborales llevándonos la necesidad de crear unos nuevos más amables con nosotros y con el medio ambiente, a ser más respetuosos con la naturaleza, los animales, pero también con nuestros “seres queridos” que durante mucho tiempo hemos tenido cerca pero no nos hemos detenido tan siquiera a escucharlos, aquellos que supuestamente amamos pero con quienes no nos comunicamos, menos aún los aceptamos y amamos con todo el corazón.

Vivamos esta crisis de la mejor manera posible:


“Con los pies en la tierra y con la cabeza en el cielo”.


Reflexión

La adaptación al cambio te hace flexible y humilde.

Quien se niega a cambiar cuando las circunstancias lo exigen, sufre, lucha y desgasta inútilmente su energía vital.

¿Aceptas este cambio que la vida plantea a toda la humanidad?

Luz Stella Solano M.

Skip to content