Popularmente la felicidad se define como un estado de ánimo que supone satisfacción y bienestar. Es el sentir de alguien que está a gusto con su vida y goza de comodidad y agrado.   

Sin embargo, esta es una manera simple y superficial de definir la felicidad. Sería muy elemental y básico reducir la felicidad a una simple tendencia a la búsqueda de placer y bienestar en todos los ámbitos de la vida.

La felicidad es el resultado de la satisfacción

La felicidad, es el resultado de construir una vida digna, con base en el desarrollo de valores, de la conquista de sí mismo, por la sola satisfacción de sentirse a gusto de ser quien es.   

Conquista lograda mediante el desarrollo de las capacidades y potencialidades, alcanzando un estado de ánimo relajado y satisfactorio, fruto de la suma de pensamientos y actividades positivas.

Es una condición interna que crea cada uno de acuerdo a su forma de ver y vivir las diferentes situaciones que la vida le presenta, donde puede convertir cualquier evento cotidiano, en una experiencia normal y sin mayor trascendencia, o por el contrario en un problema que le causa sufrimiento y le genera un difícil aprendizaje.

Ausencia de sufrimiento

La felicidad es tanto presencia como ausencia. Ausencia de sufrimiento, angustia y estrés superados mediante la comprensión de la vida y sus procesos.

Ausencia de culpa y de ansiedad, que surgen de la lucha interna de quien trata de cambiar las cosas y acomodarlas según sus propias creencias y conveniencias.

Y, por otro lado, presencia de paz interior, de una genuina tranquilidad, que acompaña a quien no intenta modificar nada, que acepta la vida tal cual es, sin luchas, ni culpas.

Fórmula mágica

La presencia de la paz interior y la ausencia de lucha exterior, se convierten en una fórmula mágica que conduce a la felicidad.  

Felicidad, que solo puede sentir quien acepta y agradece todo lo que existe y sucede sin intentar cambiar nada, simplemente fluyendo con el océano de la vida, que algunas veces está turbulento y embravecido y otras en completa calma, reflejando su belleza y su profundidad.

La felicidad pura y natural es esa que no depende de nada ni de nadie, surge de las profundidades del ser, sin estar sometida a ninguna condición externa, o persona ajena a sí misma que la genere.

No es un estado permanente, aunque tampoco intermitente, es un estado latente, que simplemente se da de forma natural y fluida. Nada la genera, nada la anula ni la condiciona.

Una vez lograda es imposible perderla, nadie la puede robar, tampoco nadie nos la puede otorgar. Es la satisfacción de una vida digna, llena de amor, paz y entrega a dar siempre lo mejor. Algunas veces parece que tiene un costo muy alto, pero, al final de cuenta infinitamente satisfactorio e inmodificable.  

Luz Stella Solano M

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