EL AMOR SIEMPRE ESTÁ PRESENTE EN EL CORAZÓN Y UNA MENTE AGRADECIDA

La gratitud nos ofrece muchos regalos cuando  la expresamos; muchas enseñanzas espirituales antiguas nos han dicho que “DAR y RECIBIR”  es lo mismo. Esto es más profundo de lo que pensamos; cuando damos con amor aparece inmediatamente la sensación de bienestar interior; uno se siente reconfortado y satisfecho; cuando  recibimos algo que nos es ofrecido  con amor, sucede exactamente igual y en cada uno de estos actos aparece la gratitud. Cultivar una sincera actitud de dar, es estar agradecidos por los dones recibidos y experimentar en toda su grandeza la idea de que “DAR ES RECIBIR Y RECIBIR ES DAR”. LA GRATITUD TIENE PODERES REGENERADORES:

  • Sirve para superar el sentimiento de autocompasión.
  • La gratitud hacia otras personas y hacia la vida, aumenta la felicidad.
  • Cuando nos sentimos poco apreciados, recordar  las cosas lindas que hemos recibido y sentir gratitud por ellas, sube nuestra autoestima.
  • Agradecer lo que tenemos nos libera inmediatamente de la sensación de pérdida y aleja el temor a la escasez.
  • Cuando somos conscientes de todo el amor que recibimos, podemos olvidar  rápidamente los problemas. Fijar la atención en las situaciones negativas alimenta el miedo; agradecer lo positivo nutre el espíritu.
  • Recordar agradecidos los momentos hermosos del pasado nos hace sonreír y se inunda de alegría el corazón.

Sentir gratitud al recordar los momentos felices ya vividos puede resultar muy sencillo y de hecho bastante gratificante, sin embargo, no debemos excluir la gratitud por aquellos momentos difíciles y dolorosos,  porque la gratitud que sentimos hacia ellos es una forma de sanar el pasado y liberarnos de rencores, abandonando las cargas innecesarias y pesadas que arruinan la vida. A la gratitud por  los  momentos dolorosos la llamamos “GRATITUD INCONDICIONAL”.

La gratitud incondicional es desarrollar en nuestro interior la capacidad de agradecer todo cuanto existe y sucede; es comprender que el universo es maravillosamente perfecto y no existe en él nada que nosotros podamos o debamos cambiar. Todo lo que sucede tiene una razón de ser, un por qué y un para qué; tiene un propósito de amor, aunque no lo entendamos. Algunas veces nos invade el deseo de mantener encerrada a otra persona en una red de acusaciones y culpa, o de juzgar un hecho, suceso o situación como inaceptable o intolerable.

Nos negamos a abandonar todas estas conductas sumiéndonos en la angustia y la desesperación que producen el rechazo y la inaceptación. Justamente en este momento es cuando podemos iniciar nuestro entrenamiento en expresar gratitud incondicional. Al principio quizá parezca que expresar gratitud por estas situaciones es difícil e incluso imposible. Dar  las gracias por todo, al margen de nuestra opinión o creencia, sin juzgar ni calificar  a una persona, una conducta, un suceso o una situación de  “BUENOS   O  MALOS”  de  “POSITIVAS O NEGATIVAS”, de “ACERTADAS O  ERRADAS”, inicialmente puede resultar difícil e incómodo; sin embargo, al perseverar en el intento aparecen poco a poco cualidades y fortalezas necesarias para lograrlo.

Para ver el regalo espiritual y descubrir las maravillas de la vida es necesario dejar de lado nuestras ideas de cómo queremos que sean las cosas o se comporten  las personas. Podemos asegurar que la gratitud incondicional es liberadora; libera a quien la expresa de la prisión autoimpuesta de odio y deseo de venganza, porque lo que consideramos agravios del pasado son las rejas de nuestra propia prisión. El odio no es más que una estrecha celda que nos aprisiona y nos aleja de las personas que desean brindarnos su cariño y apoyo.

El odio puede ser muy sutil y solapado, pues incluye la rabia que sentimos hacia una persona que se comporta de una manera inaceptable  para nosotros, así como  el simple  y aparentemente inocente hecho de querer evitar, esquivar y negarnos a aceptar o servir a alguien. Libera del rechazo a la vida porque cada vez que no aceptamos una situación entramos en “LA JAULA OSCURA DEL RECHAZO A LA VIDA”, produciendo depresión y soledad. Finalmente el regalo más maravilloso que nos ofrece la gratitud incondicional es la claridad mental.

Al expresar gratitud incondicional descubrimos la guía Divina en nuestra vida, podemos ver que cada persona y cada suceso son una bendición y una oportunidad que la vida coloca en nuestro camino. Al expresar gratitud incondicional por el pasado, llenamos de serenidad y alegría el presente y construimos un futuro seguro, feliz y amoroso.

Tomado del libro “De Regreso al Cielo”  Página 150

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadLuz Stella Solano M. 

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