Nuestra visión de la vida cambia ante la presencia de la gratitud incondicional;  lo que en  el pasado  pareció ser injusto o destructivo adquiere un nuevo matiz, se convierte en una lección noble y engrandecedora. La ausencia de gratitud hace que veamos un mundo difícil, peligroso y lleno de sufrimientos; la gratitud incondicional despierta en nosotros la comunicación con nuestra Divinidad, aleja las preocupaciones, nos libera del estrés, permitiendo que florezcan la paz y la armonía.

Las leyes universales nos muestran el camino que debemos seguir, nos ofrecen un torrente de oportunidades para descubrir las valiosas verdades que nos llevan a la comprensión. Siempre está presente la lección perfecta en cada una de las situaciones de la vida para satisfacer la necesidad de un aprender permanente del espíritu. Las leyes  del  universo trabajan incesantemente para proporcionarnos exactamente lo que necesitamos para aprender y crecer.

Sólo necesitamos ser conscientes de cada una  de las lecciones; si  no  reconocemos las  oportunidades inherentes a  esas  situaciones, éstas  continuarán presentándose repetidamente en la vida, una y otra vez, hasta  que  finalmente aprendamos y  superemos la experiencia.

La actitud de agradecimiento es una forma confiada y serena de dar la bienvenida a estas situaciones; ante la certeza de que todo  lo  que sucede siempre será para nuestro crecimiento  y con la seguridad de contar con la guía y  la protección Divina, no hay nada que temer. Cuando llevamos esta certeza adentro de nosotros, el diario vivir se hace más ligero, sencillo y agradable,   somos  más fuertes y  sabios.  Libres del miedo  y  sufrimiento hacemos frente a la vida con el reconocimiento cierto de que construimos todo con nuestras acciones y pensamientos.

Las leyes de la vida nos enseñan que es imposible atraer al azar una situación o persona a nuestra vida, que no sea una proyección de nuestros pensamientos y una necesidad de nuestra conciencia. Ante el disgusto que sentimos frente a una situación desagradable hay una oportunidad de mirarnos al espejo y ver el perfecto reflejo de nuestras acciones y pensamientos. Los resultados de lo que pensamos y hacemos aunque los califiquemos de positivos o negativos, siempre muestran los aciertos o errores. El crecimiento  interior  se inicia  en el momento en  que  descubrimos cuáles son esas acciones y pensamientos que nos producen resultados de sufrimiento y las reemplazamos  por  aquellas  que nos dan paz y felicidad.

Extracto libro De Regreso al Cielo pag 153

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