Quien desperdicia su tiempo metiéndose en la vida de los demás, dispersa su energía sin lograr nada de lo que se propone.

Opinar innecesaria y atrevidamente sobre la vida de los demás, es ocupar la mente en lo que no le interesa y definitivamente no puede cambiar, pues cada cual tiene el libre albedrío que le otorga el derecho de hacer lo que quiere, aunque se equivoque.

Se pasa el tiempo creyendo que tiene una idea clara de lo que los demás deben hacer, de cómo deben vivir sus vidas, y este comportamiento se deriva del convencimiento de que “sabe más que los demás”, que es el dueño de la razón y puede ir por la vida diciendo a otros lo que deben o no hacer.

Como consecuencia lógica por estar dirigiendo la fuerza de su pensamiento y la energía de su mente hacia lo que otros hacen, llega un momento en que no sabe qué hacer con su propia vida, en que descubre que tiene un vacío interno muy grande que no encuentra cómo llenar y no logra hacer nada positivo y valioso que lo satisfaga internamente y lo ocupe externamente.

Nada más perjudicial para una persona que desperdiciar su tiempo opinando acerca de la vida de otros, por supuesto que, si te están pidiendo un consejo o tu opinión es diferente, aunque para emitir cualquier opinión acerca de lo que otros hacen o no, hay que tener bastante conocimiento de la situación y ser muy cuidadosos y prudentes para no ir a destruir los sueños de alguien o no herir sus sentimientos.

Lo más sabio y sensato es evitar emitir conceptos y opiniones que nadie nos ha pedido, y si por cualquier circunstancia nos lo piden, hay fijarnos muy bien en que vamos a decir antes de abrir la boca. La prudencia, el respeto y la sabiduría son herramientas necesarias a la hora de emitir una opinión o dar un consejo a cualquier persona, pues los sentimientos y motivaciones de todos son bien diferentes y lo que para uno puede ser genial para otra persona puede incluso ser un desastre.

No pierdas tu norte, si diriges tu atención hacia las vidas ajenas, perderás el enfoque y la claridad de la tuya, viniste a esta vida a vivir tu propia vida y a aprender a ser cada día mejor persona, no a imponer tus ideas a los demás y exigirles que se comporten como te parece.

Preguntas:

Honestamente coloca tu mano en tu corazón y pregúntate ¿Me gusta meterme en la vida de los demás?

¿Me encanta opinar sin que me hayan pedido mi opinión?

¿Algunas veces opino sobre algo que no sé?

Luz Stella Solano M.

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