La autoimagen está directamente relacionada con el nivel de valoración hacia nosotros mismos. Nada tiene que ver con el aspecto físico de nuestro cuerpo, sino con el amor y estimación que somos capaces de sentir por nosotros mismos, la opinión que tenemos acerca de la persona que somos juega un papel muy importante en la vida de todo ser humano.

Esto implica conocerse, amarse y aceptarse sin ningún tipo de rechazo o malestar, tener la capacidad de entablar un diálogo interno amoroso y valorativo que nos impulse a ser mejores cada día.

Tu vida es como tú la imaginas

La vida está llena de magia, de amor, de dicha, de bienestar; porque la vida eres tú. Con nuestros pensamientos día a día creamos la realidad que vivimos ya sean negativos o positivos.

Cuando tenemos un pensamiento negativo sobre nosotros mismos, nos sentimos incapaces, opacados, heridos e inútiles. Un niño, un joven, un adulto o anciano que tenga una imagen negativa sobre sí mismo, será inevitablemente una persona frustrada e insegura. En contra posición una persona que posee una autoimagen positiva, que se ama a sí misma será siempre alguien decidido, arriesgado, resuelto, emprendedor y animado.

Toda persona tiene en su interior sentimientos que manifiesta de muchas y variadas formas. La manifestación de los sentimientos de forma positiva o negativa depende de factores externos que influyen en la formación de la personalidad.

La imagen de nosotros mismos

La imagen que el subconsciente tiene de nosotros mismos manipula nuestra personalidad y nuestro comportamiento siendo la responsable de lo que somos en este momento.

Lo que pasa a nuestro alrededor, las vivencias, lo que escuchamos, lo que vemos y la forma como nos tratan los demás, hacen que mandemos mensajes al subconsciente formando nuestra autoimagen, la cual pasa a convertirse en un factor determinante en el éxito o el fracaso de una persona, ya que los seres humanos respondemos de forma definitiva a nuestra imaginación.


Nos queda imposible ir más allá de la imagen que tenemos de nosotros mismos.


Sin embargo el ser humano tiene el poder de cambiar su autoimagen, cambiando su modo de vida y lo que se proponga.

Cuando pensamos estamos hablando con nosotros mismos, estos pensamientos se transfieren al subconsciente y causan los sentimientos y las emociones, nos sentimos felices o desdichados, atractivos o rechazados, capaces o incapaces.

Formación de la autoimagen

Las experiencias dañinas o provechosas que vivimos afectan directamente nuestra autoimagen. Los padres influyen decididamente en el proceso de formación de la autoimagen de sus hijos. 

Los niños que crecen dentro de un ambiente familiar violento, con padres agresivos, furiosos o impositivos, que castigan, golpean, imponen, gritan, prohíben o amenazan, son dañados por dentro algunas veces de forma determinante. El cuerpo externo permanece intacto, ya que la barrera de la piel es una barrera de imagen, crea la línea divisoria entre lo que somos de “puertas para fuera” representada por el cuerpo; y lo que somos de “puertas para adentro” que imprime en el subconsciente las experiencias vividas.

Daño irreversible

Por este motivo el daño causado por el desprecio, la descalificación, la violación, la tortura, los castigos exagerados y repetitivos, las amenazas, son heridas invisibles que llevamos dentro y que somos incapaces de sanar.

Aprendemos a sanar y a buscar la medicina, el especialista y el tratamiento para las heridas externas, olvidando por completo el pesar y la aflicción que nos producen las llagas internas, que cuando se guardan por mucho tiempo causan un daño irreversible a la persona que lo padece.

Todos los calificativos de desprecio que recibe un niño (tonto, inútil, eres un desastre, torpe, etc.) son marcas que van quedando tatuadas en su interior y que lo inhabilitan para dar respuesta acertada a muchas de las situaciones de la vida.

Falsos fracasos escolares

Los fracasos escolares se convierten en puñaladas a la capacidad de un niño, si no responde a los estatus escolares, sociales, familiares y del medio que lo rodea queda etiquetado. Los planes de estudio y de formación de un niño para muchos padres entran a formar parte de la homogeneidad, sin que prime para nada la diversidad de cualidades, sólo resultan excelentes más bien los mediocres que encajan perfectamente en el perfil de buen estudiante que nada cuestiona, que a nadie incomoda.

La curiosidad, la inquietud, el dinamismo, el entusiasmo se convierten de forma indirecta en defectos de personalidad, transformando al estudiante único y singular, con inquietudes opuestas o discrepantes, en vago, con la “cabeza llena de pájaros”, incapaz de domesticar sus impulsos, díscolo, desagradecido, que causa disgustos a las personas que más le aprecian y esperaban algo mejor de él. Estas personas normalmente suelen ser padres, abuelos o profesores, rígidos y autoritarios incapaces de salirse de sus esquemas personales.

Crueldad infantil

La crueldad infantil, negro espejo en el que muchos niños se miran cuando no entregan sus sonrisas y aceptan los gustos de quienes les rodean, está tan extendida como la ceguera de los padres sobre la realidad de sus hijos.

Los niños de todas las generaciones se han visto forzados a encajar dentro de patrones de comportamiento establecidos por los adultos, culpándolos y haciéndoles sentir con toda la fuerza que son malos cuando no responden a lo que se espera de ellos.

Luego, al llegar a la edad adulta ya están instaladas en la mente tanta cantidad de creencias negativas, de temores infundados, pero bien instalados, de inseguridad y sobre todo de reactividad, que le queda bastante difícil sanarse.

Este tipo de educación castradora que impera en el planeta desde hace varios siglos, con apenas unos pocos métodos diferentes más acertados y adaptados a las necesidades individuales de cada niño en particular, que apenas están empezando a surgir en algunos países cumple con su cometido: forma seres humanos rígidos, egoístas, asustados, inseguros, dominantes, castrados mentalmente y por lo tanto incapaces de adaptarse a las diferentes circunstancias que la vida presenta diariamente.   

En este sistema arcaico de educación que definitivamente debe desaparecer, se le exige al niño que se adapte a unos métodos nocivos y poco pedagógicos, cuando en realidad es el profesor quien debe buscar la forma de llegar de manera más empática y amable a sus alumnos.

Un profesor anticuado e ignorante que regaña, juzga, castiga, exige lo que no da, prohíbe e impone, afecta a los niños mental y emocionalmente. Mientras que, un profesor que actúa desde el amor tanto por su profesión que por lo demás es una de las más loables actividades humanas, como por sus alumnos, encuentra las herramientas necesarias para formar con mucho amor y entregar a esos seres hermosos e inocentes que tiene bajo su responsabilidad y como deber ayudarles a crecer y convertirse en seres sanos, estables, serenos y felices, lo mejor de sí y encuentra métodos didácticos y lúdicos que apoyen alegremente el desarrollo cognitivo del niño.

Un niño educado en un ambiente sano donde reinan el amor y la comunicación respetuosa y armónica, será un adulto sereno, estable emocionalmente, capaz, generoso, amoroso y feliz, con una imagen de sí mismo positiva.  


La imagen que tenemos de nosotros mismos es el espejo en que nos vemos diariamente y que reflejamos al mundo que nos rodea.


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Luz Stella Solano M.

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