DAMOS DEMASIADA IMPORTANCIA A NUESTRA INFORMACIÓN CONSCIENTE Y DESCUIDAMOS LA INCONSCIENTE QUE REPRESENTA LA MAYOR PARTE DE LOS CONTENIDOS DE NUESTRA MENTE

Pensamos demasiado y trabajamos nuestra parte emocional poco, casi nada. La utilidad de no pensar tanto, está vinculada con el acceso a la consciencia no verbal de hacer parte de un todo, tan valorada en el misticismo. También correlaciona con la emergencia de la intuición, entendida como procesamiento inconsciente de información, presuntamente realizada a través del hemisferio derecho del cerebro y definida por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, como la “facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”.

Lo que sabemos hoy del funcionamiento de los hemisferios cerebrales parece indicar que lo consciente tiene más que ver con el hemisferio izquierdo, analítico y verbal, que con el derecho, globalizador y mudo. En el derecho se produce, entre otras, la síntesis de la información que procesamos conscientemente con el izquierdo, pero a ésta sólo tenemos acceso mediante la percepción directa, no verbal, de la misma; en otras palabras, a través de la intuición.

Análisis y síntesis se complementan funcionando en círculo, el uno alimenta al otro. Entre mejores análisis, mejores síntesis y viceversa. Por ello para poner a funcionar en forma adecuada la intuición es recomendable agotar la vía analítica y desprender la mente consciente del tema que nos preocupa, haciéndonos conscientes de los destellos creativos de nuestro hemisferio derecho. Posteriormente, hemos de validar racionalmente nuestras intuiciones y de ser necesario, reiniciar el proceso.

LA INTUICIÓN ES COMO MIRAR LO QUE HAY EN LA NOCHE OSCURA

en el fulgor deslumbrante de un relámpago, donde todo se hace visible de forma simultanea. Ella nos habla desde el silencio pues trasciende las palabras. Si no sabemos acallar nuestra mente, se nos dificultará percibir su voz. No hay evidencia contundente que indique que el género femenino esté mejor dotado que el masculino para usar la intuición, simplemente por razones más culturales que genéticas, a ellas se les ha facilitando más su uso que a los hombres, cuya educación ha enfatizado más el desarrollo de la racionalidad que el de la sensibilidad.

Para Kenichi Omhae, destacado consultor contemporáneo las estrategias de negocios que llegan a tener éxito no provienen de un análisis riguroso, sino mas bien de un estado mental particular, más creativo e intuitivo que racional. Gödel, célebre matemático, sostenía que la intuición sería un instrumento que un día sería tan valorado como la lógica misma. Igualmente Gary Kasparov, el campeón ruso de ajedrez, sostuvo durante su visita a Bogotá el año pasado, que la intuición era la cualidad definitiva de un gran ajedrecista. En el campo de la Gerencia, por ser la administración más un arte que una ciencia, los grandes ejecutivos son tan intuitivos como racionales, posiblemente más lo primero que lo segundo.

En la práctica, todo lo anterior implica más silencio interior; menos racionalidad, más instinto; más abandono, mayor fe en las fuerzas emocionales que hacen parte de nuestro ser. Confiemos en nuestra intuición; cuanto más la usemos, más se fortalecerá.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadAlberto Merlano Alcocer. 

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