La belleza es una cualidad del espíritu que se manifiesta a través de la materia. Se refiere a un conjunto de valores y atributos internos que se expresan e irradian externamente.

La belleza es una idea abstracta que se encuentra ligada a numerosos aspectos de la vida de las personas: a las creencias culturales, a la época, el país e incluso a las diferentes generaciones.

La belleza forzosamente está ligada a una sensación de placer o a un sentimiento de satisfacción que proviene de expresiones como el sonido, el movimiento, el aspecto visual, los olores, los sabores, la gracia, la suavidad y la comodidad, es la manifestación de equilibrio y armonía con la naturaleza, con las personas y con el medio que nos rodea.

Bienestar

La belleza es también un concepto que está ligado a la armonía, al equilibrio y al bienestar emocional y sentimental. Es obvio que la belleza es una experiencia subjetiva, por lo tanto, se dice frecuentemente: “La belleza está en el ojo que ve”, lo que implica que, siempre estará unida a las experiencias personales de cada uno.

Sin embargo, podemos afirmar que existen dos tipos de belleza, una externa y otra interna, siendo la primera una manifestación de la segunda, de la verdadera belleza, que reside en el corazón de quien la ve, o en el alma de quien la expresa.

El bien y el mal

Desde tiempos remotos la belleza se ha asociado con “el bien”, con las cosas buenas y positivas, que producen alegría, generan armonía, dan paz y hacen felices a las personas, mientras que lo contrario a la belleza es la fealdad, la cual se ha asociado con “el mal”, con las cosas negativas, desagradables que producen rechazo, malestar, incomodan a las personas y nadie las quiere.

Frecuentemente cuando a una persona se le da el calificativo de “BELLA” este va unido a la combinación de belleza interior que incorpora factores psicológicos y de personalidad como inteligencia, gracia, simpatía, encanto, elegancia, amabilidad, integridad, sencillez, e incluso une aspectos que pueden no ser físicamente observables pero que son muy importantes a la hora de definir la belleza de alguien.

La belleza externa hace referencia a la parte física o material, que con el paso del tiempo se marchita e incluso puede desaparecer, la interna o espiritual no se corrompe con los años, antes, por el contrario, no solo permanece incólume al tiempo, sino que se va acrecentando, es una belleza que proviene del interior que manifiesta sabiduría, sencillez, amor, simpatía, misericordia y paz.

La inteligencia, la creatividad y muchos otros aspectos también son necesarios para lograr esa belleza que forma parte de un paquete completo que hacen a una persona agradable, buena, interesante y deseable.

La belleza es algo que resulta grato a los sentidos, al ser y a la conciencia, por consiguiente, es fuente de placer y bienestar, aunque no todo lo que nos causa placer tiene que ser bello.

Belleza integral

A esta unión de las dos manifestaciones de la belleza, la interna y la externa podemos llamarla belleza integral porque es el resultado de una persona que asume sus diversas dimensiones: la física, la mental y la espiritual. Por lo tanto, la belleza integral es un resultado, una creación personal que permite que de adentro salga todo el potencial, los valores, el amor incondicional y una paz radiante y se expresen abiertamente y sin temores.

Podemos decir entonces que esta es una belleza con rostro, responsable y segura de sí misma que siempre acompañará a la persona que la ha creado, siempre estará presente y se hará notar, sin importar la edad, el género, la condición social o económica, ni las circunstancias de vida que se presenten.

La belleza integral no empieza en el exterior sino en el interior. Un cuerpo puede tener unas medidas que culturalmente se consideren perfectas, sin embargo, esto no significa que luzca bien, que proyecte belleza y armonía.

Lucir bien, es en todo caso sentirnos bien, la talla y la calidad de la ropa, o el color del cabello son únicamente aspectos poco significativos ante la belleza integral, que no ayudan a una persona a sentirse bien internamente, la ayudan a sentirse bien solamente en su aspecto externo, pero en realidad es en nuestro interior donde se genera la belleza radiante, la que atrae a los demás y proyecta bienestar.


Belleza es una cualidad que hace que algo o alguien sea grato y edificante.


Lo contrario a la belleza es la fealdad que causa descontento, un caos producto del desorden interno, del malestar y rechazo a la naturaleza de sí mismo. Lo feo engendra una percepción profundamente negativa del momento, de la persona o ambiente.

Lo feo es algo que emite una energía que produce rechazo y deseos de huir, genera temor produciendo sensación de malestar e inseguridad. Por lo general proviene de un interior oscuro, confundido y desorientado, que ha perdido el norte.

La sensación de bienestar se asocia a la belleza, a la conexión con la Divinidad, a la paz interna; la sensación de malestar se asocia a la fealdad, a la desconexión con lo Divino.

Alguien bello es ese ser que se ama, que cuida contantemente de su apariencia física y de su estado mental y emocional, que se protege de pensamientos oscuros, de acciones agresivas, que no emite juicios y conserva su paz interior.

Así pues, vemos que la belleza también juega un papel muy importante en el aspecto de las cosas y de la gente que es saludable, por ejemplo: una deliciosa papaya si está en perfecto estado es provocativa, pero si está magullada con algunas partes medio dañadas pierde gran parte de su encanto.

Igual sucede con las personas, aquellas que lucen físicamente bellas y fuertes parecen ser más aptas y eficientes que las que tienen rasgos feos o débiles.

La salud

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta para alcanzar una belleza integral es la salud. La salud como la felicidad y el amor no se pueden ocultar. Un cuerpo sano en todo caso será un cuerpo armonioso a su estatura y complexión, a su edad y a su género; la edad no tiene nada que ver con vernos mal o descuidar nuestra salud, por lo tanto, salud y belleza son dos cosas que permanecerán unidos y que son el reflejo de aceptarnos y darle a nuestro cuerpo lo que necesita para verse radiante.

¿Cómo podemos exigirle a nuestro cuerpo que se vea bien, si no le damos el cuidado necesario? La belleza que viene de estar sanos es algo que durará con el paso de los años, y esto no significa que no envejeceremos, pero sí que nuestro cuerpo no sufrirá un deterioro innecesario producido por el descuido, malos hábitos de alimentación, bebida y vicios dañinos para la salud.

Vejez no es sinónimo de deterioro y decrepitud. Un cuerpo ajado, acabado, senil, achacoso y decadente es la secuela que deja una vida desordenada e irresponsable, una alimentación inconsciente, falta de ejercicio y actividad tanto física como mental y principalmente ausencia de entusiasmo y amor por la vida, es la consecuencia de una vida triste y aburrida, carente de amor propio, sin el menor respeto por sí mismo.

La felicidad es la mejor pócima o medicina de belleza que existe, brillan los ojos, ilumina el rostro, alegra la sonrisa y hace que parezca que toda persona feliz llevara una luz por dentro que irradia y contagia a otros.

La belleza por lo tanto está necesariamente fusionada a la buena salud y las dos a una vida sana y feliz. La apariencia de la piel, el pelo, el peso corporal y la armonía física, un rostro radiante y los ojos brillantes son reflejos directos de la buena salud y esta a su vez es resultado de felicidad, amor y paz.

Luz Stella Solano M.

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