Se puede ser pobre, teniendo millones en el banco o en bienes materiales. La riqueza no se mide por cantidad, sino por calidad, calidad de vida, calidad de alma y de espíritu. También se mide por capacidad de dar, de servir, de entregar siempre lo mejor de sí en servicio a la humanidad.

De nada le sirve tener mucho dinero a ese millonario miserable carente de espíritu, incapaz de servir a los demás, que acumula porque tiene mucho miedo a perder, que mientras más dinero y bienes acapara más quiere tener, más inseguro se siente, más tacaño se vuelve y temeroso de quedarse sin nada.


La verdadera pobreza no está en los bolsillos, está en el corazón.


La pobreza es esclavitud mental

El pobre por lo general es aquel que no sabe servir porque se acostumbró a pedir, suele ser esclavo de su pereza, de sus pasiones y temores. Hay miles de personas en el mundo que nacieron en hogares muy pobres, pero que se superaron y consiguieron lo que algún día soñaron, pero, para lograrlo actuaron, se esforzaron hasta lograrlo.

La pobreza es la consecuencia de la esclavitud mental, de la ignorancia, de una mente llena de ideas equivocadas que convierten a la persona en inútil e incapaz, con la absurda idea de que los demás tienen la obligación de darle lo que no se ha ganado.

Reclama derechos que no tiene y actúa desordenadamente y sin compromiso con lo que hace, no es confiable ni leal con sus acuerdos. Un día le ofrecí trabajo a un hombre que me pidió limosna en la calle, necesitaba alguien que me ayudara en algo sencillo y puntual y a cambio de aceptar, me insultó y se alejó alegando que no me estaba pidiendo trabajo sino dinero.

Pobre es aquel que no quiere trabajar, o que quiere solamente hacer lo que se le antoja sin esforzarse por aprender algo, solo con el pretexto de que “eso no es lo mío”, afirmación que he escuchado muchas veces, siempre de personas pobres obviamente.

Enfermedad de la mente

La pobreza no es ninguna virtud, es una limitación mental directamente relacionada con una actitud ante la vida, con la incapacidad de aceptar la realidad presente, con la presencia de lucha permanente contra la vida y con la falta de compromiso para asumir un cambio interno.

La pobreza es una enfermedad de la mente que cuesta trabajo reconocer justamente porque el pobre vive en permanente actitud de víctima de todo y de todos, quejándose por lo que no tiene y reclamando lo que no se ha ganado.

La pobreza es antinatural, vivimos en un universo infinitamente rico y generoso que nos da sin limitación, pero la actitud egoísta, la incapacidad de servir con amor a los demás, la envidia y el miedo nublan la visión y limitan la acción de quien la padece.

Es una realidad presente en la vida de quien no sabe dar, del egoísta, que por lo general busca imponer y dominar, o recibir sin hacer nada para merecerlo.

Cambia el interior y modificarás el exterior

No es necesario luchar contra nada ni nadie, afuera encontramos lo que adentro creamos, solo cambiando el interior se modifica el exterior. Tenemos el poder para crear la vida tranquila y libre de estrés que deseamos, somos los únicos responsables por lo que en ella sucede, siempre está presente la oportunidad de crear riqueza, pero muchos la desperdician y luego se quejan.

Aquel que da recibirá de lo mismo pero multiplicado, aquel que nada da, nada recibirá y por el contrario hasta lo poco que tiene lo perderá.

Cuando estamos en armonía con el universo, respetamos sus leyes, actuamos y asumimos nuestros errores con humildad y serenidad, sin agredir ni imponer nuestros gustos y preferencias a los demás se produce el gran milagro: la vida se transforma, la riqueza se multiplica y la salud se conserva.

El dinero no es un dios, tampoco es la fuente de la felicidad, simplemente produce comodidad y hace que algunas cosas sean más fáciles y mejoren nuestra vida, es una energía que fluye a través de nosotros y que permite el intercambio, pero convertirlo en lo más importante de la vida o nuestro principal objetivo es un error que tarde o temprano vamos a verificar.

El dinero es un resultado, viene como consecuencia de un cambio interno, de nuestra capacidad de servir y de amar, es de vital importancia para crear una nueva realidad acorde a nuestros deseos. Reclamar riqueza, felicidad y paz es perfecto, pero a cambio de esto debemos dar de lo mismo y convertir esta actitud en una expresión constante de auténtico respeto, cariño, valoración y amor.

Abandonemos el deseo de recibir algo a cambio de nada, los intentos de conseguir lo que deseamos sin actuar, movernos y ser personas útiles que respetan las leyes, sirven a la humanidad y aportan lo mejor de sí mismos a la sociedad son inútiles.

No hay nada gratuito en la vida, la vida es una ecuación matemáticamente exacta, de lo mismo que damos recibimos. La vida por lo tanto responde solamente a la acción, jamás a la inercia. Si queremos construir una vida feliz, prospera, saludable y abundante, debemos dirigir nuestros esfuerzos para lograrlo.

El amor como materia prima

Todo es posible en esta vida cuando se usa el amor como materia prima, no hay dificultad que no se logre vencer, ni obstáculo que no se pueda superar, no hay enfermedad que no se logre curar, ni puerta que no se pueda abrir, cuando actuamos con el suficiente amor, cuando damos lo mejor y servimos con amor.

Aquel que usa como materia prima de su vida el amor, acepta aquello que no puede cambiar sin emprender luchas inútiles y desgastantes que no sirven para nada, se adapta al mundo y fluye serenamente ante las dificultades o situaciones que la vida le plantea, irremediablemente vivirá en paz, será feliz y la riqueza fluirá naturalmente en su vida.

Si además se adapta al mundo y asume los resultados de sus errores y decisiones sin buscar a quien echarle la culpa, entra al paraíso, vive en riqueza eterna y permanente, esa que siempre fluye y jamás se acaba.

La riqueza que viene como consecuencia de un cambio interno jamás se agota, porque no depende del exterior, sino que es generada desde el interior que ya fue modificado y elevado a niveles superiores donde la vida se convierte en una experiencia fascinante, una aventura maravillosa que disfrutamos a cada instante.

Hay que dar para recibir, hay que sembrar para cosechar, hay que actuar correcta y sabiamente para construir una vida plena de satisfacción y paz. Todo lo que experimentamos y recibimos en la vida es una consecuencia de lo que hacemos, por eso no hay a quien culpar, ni siquiera a nosotros mismos, no te confundas no se trata de culpas, sino de acción sabia y de amor, de servicio incondicional y respeto total hacia todos y con todo.

Luz Stella Solano

¿Qué tanto estás usando el amor como materia prima?

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