Cualidad que le permite al ser humano obrar y expresarse con la verdad, con sencillez, delicadeza y especialmente con benevolencia hacia el otro. La sinceridad bien entendida expresada con sabiduría y respeto es un gran valor, una herramienta de amor que hace transparentes las relaciones entre las personas, no obstante, mal entendida y expresada desde el egoísmo humano y creencias equivocadas se convierte en un arma mortal.

Fundamentos

La sinceridad se fundamenta sobre el respeto y el apego a la verdad como un valor esencial en las relaciones entre las personas, se supone que una persona sincera es aquella que expresa siempre la verdad, que dice y actúa conforme a lo que piensa y cree, que no engaña, no tiene dobleces, no oculta malas intenciones y tampoco busca causar daño o perjuicio a nadie.

Esta es la base sobre la cual se sustenta la sinceridad como un valor, sin embargo, esto no siempre suele suceder. Para analizar este concepto más profundamente hay que tener en cuenta varios aspectos y uno de ellos, yo diría el más importante es saber qué cosa es la “verdad”.

La verdad

Se supone que sinceridad es ceñirse a la verdad, pero ¿Qué es verdad? Como verdad podemos reconocer todo juicio o proposición que no puede ser refutado racionalmente, es lo opuesto a la falsedad o a la mentira. También podemos definirla como la fidelidad a una idea, la convicción absoluta o certeza de algo.

Sin embargo, la verdad que una persona manifiesta está directamente relacionada con lo que ha experimentado, con lo que piensa y siente respecto de algo. Entonces si es así pudiéramos afirmar que la verdad en relación a las ideas y conceptos humanos no es la misma para todos.

Allí es donde el tema de la sinceridad se enreda un poco, puesto que, se considera que una persona es sincera cuando expresa la verdad, pero, si la verdad no es la misma para todos, entonces lo que sinceramente expresa podría ser una falsedad para otros.

La sinceridad vista como la expresión de una opinión propia y muy personal deja de ser un valor, para convertirse en un arma mortal para agredir y atacar a otros.

Suele suceder que cuando vamos a expresar un juicio, a emitir una crítica o a manifestar una opinión respecto de algo, usamos la palabra “sinceramente” y lo peor de todo es que por lo general lo hacemos sin que nadie nos haya pedido dicha opinión, simplemente la emitimos porque nos parece que sinceramente es así.

Cuando vamos a criticar a alguien expresamos, “sinceramente a mí me parece que”:

  • Ese vestido no te luce.
  • Lo que hiciste estuvo muy mal.
  • Eres muy grosero.
  • Tu chaqueta es fea.
  • Tu forma de comer no vestir no es la indicada.
  • Lo que compraste no era lo más conveniente.

La lista de cosas que no aceptamos de los demás puede ser interminable, pero para dar mayor credibilidad a lo que decimos y colocarles mayor fuerza a nuestras palabras, las decimos como si fueran un acto de sinceridad, cuando en realidad lo que estamos afirmando es un gusto personal o una creencia propia que nada tienen que ver con la verdad o la sinceridad.

La sinceridad que expresa cualquier tipo de opinión, juicio o critica a otra persona, si que por lo demás haya sido pedida, jamás podrá ser un valor, es la manifestación de la incapacidad que alguien tiene de aceptar al otro como es y de respetar sus gustos personales.

Gusto personal

Hay otro aspecto que también debemos considerar y es que cuando una persona expresa una opinión que no solo no le fue solicitada, sino que además manifiesta el rechazo a algún objeto personal ajeno, está inequívocamente manifestando la creencia de que su gusto personal es mejor que el de la otra persona.

El tema de los gustos personales es muy simple, todos tenemos el propio y de ninguna manera uno es mejor que el otro, son solamente diferentes. Quien se siente sincero al expresar el rechazo hacia los gustos ajenos no está expresando un valor, está emitiendo un juicio, y lo hace con el convencimiento de que su gusto personal es mejor y además hay que sumarle que está convencido de que tiene la razón.

Esta acción jamás podrá ser considerada sabia, más aún si tenemos en cuenta que con esa “sincera opinión” podemos estar hiriendo los sentimientos ajenos, lastimando la autoestima de otros y causando daño a su integridad personal.

Pedir opinión

Ahora pasemos a analizar lo que sucede cuando nos piden la opinión. Por lo general a las personas les encanta que alguien les pida su opinión en lo que a gustos se refiere, porque eso los hace sentirse bien y refuerza su idea de que tiene muy buen gusto.

Visto esto desde la sabiduría, en realidad las personas no están pidiendo una opinión. La verdad es que a nadie le interesa la opinión ajena, lo que si interesa y necesita la gran mayoría de las personas es la aceptación de los demás.

Cuando una persona le pregunta a otra ¿cómo te parece mi vestido? Lo que anhela su corazón es recibir la aprobación del otro, sentirse aceptado y halagado. No está pidiendo una opinión, puesto que, si en realidad quisiera su opinión le hubiera consultado antes de comprar el vestido.

Ante una situación así surgen diferentes respuestas y opiniones, veamos:

  1. Puedes expresar abiertamente a la otra persona que definitivamente la prenda no es de tu gusto personal. Lo cual evidentemente hará sentir a la otra persona mal, incómoda, posiblemente insegura y rechazada.
  2. Puede ser que si sea de tu agrado y le manifiestes a la persona que te gusta y que le luce muy bien. En ese caso todo fluye tranquilamente.
  3. También puede ser que no sea de tu agrado, pero decides decirle a la otra persona que es lindo su vestido y que le luce bien.

En este caso, se está teniendo en cuenta el firme deseo de hacer sentir bien a la otra persona, de reforzarle su autoestima y elevar su confianza en sí misma.

Muchas personas podrían pensar: eso es decir mentiras, y yo no digo mentiras. Bueno aquí nos volvemos a encontrar con el tema de la verdad.

La verdad vista desde la sabiduría también está ligada a la capacidad de expresar siempre palabras de amor y bondad, a lograr que con nuestras acciones, pensamientos y palabras los demás se sientan bien. ¿De que sirve una sinceridad que causa daño a los demás? Si tus palabras y acciones causan daño a otros ¿realmente son una verdad? O más bien son la manifestación de un ego que no se sabe controlar.

Te invito a que desde lo más profundo de tu corazón y sin entrar en ningún tipo de polémica, porque no se trata de defender una hipótesis, sino más bien de ver las cosas desde un ángulo diferente, pienses ¿Qué tipo de acción tiene una persona cuando está brindando aceptación, valoración y amor a otros?  aunque esté pasando por encima de su gusto personal, afirmando algo que posiblemente no sea tan cercano a su verdadero gusto, pero que brinda gran emoción y satisfacción al otro.

¿En ese caso estás diciendo una mentira o, por el contrario, estás teniendo un acto de compasión y sabiduría? Algunas veces callar nuestra propia opinión para reafirmar a otro que necesita sentirse aceptado y reconocido es un acto de mucho valor, de gran generosidad y de genuino amor.

La sinceridad que causa daño a otra persona, no es un valor, es una acción egoísta y destructiva que muestra poca generosidad y respeto hacia los demás. Algunas veces puede ser que al decir pequeñas mentiras que hacen sentir valiosas e importantes a otras personas no es una acción ni mucho menos reprochable, es la manifestación del amor hacia los otros y el reconocimiento del profundo respeto que merecen.

Todo aquello que sea verdad siempre está unido al bienestar común, al respeto y la expresión del amor, aunque algunas veces hay verdades que resulten dolorosas pero que son inevitables. La sinceridad expresada desde la única verdad que existe en el universo que es el “Amor” siempre será un valor, aunque algunas veces como acto de compasión y generosidad, debamos pasar por encima de nuestras propias ideas o gustos personales, para satisfacer las necesidades o las carencias de otros.

Luz Stella Solano M

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