Existe un mecanismo que nos muestra claramente cuando estamos equivocados o no sabemos acerca de algo, este recibe el nombre de “Error”.

Identificamos un error por medio de los resultados, cuando algo no funciona como debería hacerlo, o las cosas salen contrarias a lo esperado, en ese momento descubrimos que hemos cometido un error.

Aprender

Cometemos errores cuando no sabemos algo y estamos apenas en la fase de aprendizaje, ya que, aprender significa que estoy haciendo algo nuevo, adquiriendo el conocimiento de algo por medio del estudio, el ejercicio o la experiencia. No se refiere únicamente al contexto educativo, en realidad es una acción que realizamos durante toda la vida, cada minuto de nuestra existencia humana es un aprendizaje de algo.

Aprendemos cuando nos disponemos a adquirir algo nuevo que haremos nuestro, este es el resultado final del aprendizaje, quedarnos con algo de anteriormente era desconocido para nosotros. Pero, como es algo que no sabemos, por lo general durante ese proceso cometemos muchos errores, que son justamente los necesarios y perfectos para que se logre el aprendizaje.

Valor del error

Por este motivo es bastante particular que en una sociedad como la nuestra exista una tendencia tan marcada a castigar el error, puesto que, sin error no puede haber aprendizaje. Quien le tiene miedo a equivocarse cuando inicia cualquier etapa de aprendizaje corre el riesgo de no lograrlo, ya que, cometiendo errores descubre nuevas y desconocidas formas de hacerlo y con la suficiente paciencia y constancia paso a paso se irá convirtiendo en experto. 

Intentarlo una y otra vez hasta lograrlo es la forma como adquirimos conocimientos, como desarrollamos habilidades, descubrimos nuestra actitud ante lo desconocido y entrenamos valores. El error es la herramienta necesaria para el desarrollo de la conciencia y el crecimiento personal, con ella nos adaptamos al medio, aprendemos la humildad porque nos obliga a bajar la cabeza y reconocer que aún no sabemos, pero a levantarla luego para con empeño y entusiasmo disponernos a corregir y aprender.

La ley de evolución nos permite cometer errores para que al enfrentar el resultado negativo e indeseable que produce, aprendamos y nos dispongamos a adquirir destrezas y desarrollar habilidades.

En el caso de las situaciones de desacuerdo, cuando surgen los disgustos o problemas graves se reconoce de inmediato el error, más, sin embargo, no importa de quién sea el error, si nuestro o ajeno, lo que importa es reconocer que existe un error. Ejemplo: una persona nos insulta, arremete contra nosotros y es muy agresiva; como resultado nos sentimos mal y la culpamos de nuestro malestar.

En ese caso tendremos dos errores diferentes. La primera persona cometió el error de ser agresiva y grosera y nosotros cometimos el error de sentirnos mal y culparla. En el fondo, los desacuerdos son el resultado de los errores que cometemos los seres humanos; son la confirmación de su existencia.    

El error es entonces una herramienta poderosa, un medio permitido por la ley de evolución para cualquier aprendizaje, funciona por el enfrentamiento de opuestos, permite que nos estrellemos con los resultados negativos producidos por nuestros conceptos, creencias culturales e ideas falsas, facilita el camino para que reconozcamos nuestras emociones y sentimientos negativos y dañinos para que podamos corregirlos y conducirlos hacia la paz, la armonía y el amor.

Este es un camino desagradable para la personalidad humana aferrada a sus creencias y convencida de que tiene la razón, pero muy necesario y perfecto para la conciencia en evolución.

Permite que el desequilibrio y el aparente caos estén dentro de la ley, y que se manifieste lo que es correspondiente en un lugar, a nivel individual la reconocemos obrando a través del dolor, el sufrimiento, la angustia, las enfermedades físicas y mentales, a nivel social se reconoce en las enfermedades sociales como el terrorismo, el sicariato, la pobreza, el abuso de autoridad, la inseguridad, las violaciones, las estafas, y en general, en todo lo que conocemos como corrupción.

Capitalizar el error

En el aspecto personal frente a cualquier error que hayamos reconocido y estemos evidenciando sus resultados negativos, es conveniente analizar tres pasos que permiten identificar y capitalizar error:

  1. ¿Cómo cometimos el error?
  2. ¿Qué aprendimos del error?
  3. ¿Cómo haríamos para no volver a cometerlo, para que no vuelva a suceder?

Primero necesitamos asumir nuestro error, solamente los nuestros, no los de los demás, ya que sólo podemos manejar lo que pasa adentro de nuestro ser. Por los demás, lo único que podemos hacer es darles información y respetarlos.

Hagamos un análisis de estos tres pasos:

  1. Lo que hicimos fue culpar a las personas, a las cosas o situaciones, al entorno, al tiempo, o a cualquier cosa, por el malestar que se generó en nuestro interior.
  2. Lo que necesitamos aprender es justamente lo contrario: a no culpar, a dejar de mirar hacia afuera y comenzar a encontrar las respuestas a las situaciones desagradables de nuestra vida, en el interior de cada uno.
  3. Teniendo la comprensión de que no existe el culpable y conociendo la pedagogía del universo, que nos lleva a comprender cómo detrás de un suceso por desagradable que sea hay un propósito de amor.

Reprogramación

Es indispensable hacer una reprogramación de nuestra mente, que cambie la información que nos lleva a hacer una interpretación equivocada, por una nueva que nos permita comprender.

Finalmente, hacer un entrenamiento para la paz interior. Ahí queda subsanado el error nuestro. El de otras personas no será problema nuestro, sino el ajeno, y no podemos hacer nada con él.

La situación interna de la culpa que existe dentro de nosotros es la que nos lleva a culpar a los demás o a culparnos a nosotros mismos; es la que genera todos los problemas de relaciones.

Llamamos mala a la persona que tiene un comportamiento diferente al nuestro. Cuando una persona se comporta de una manera que para nosotros no es correcta, nos sentimos mal, no estamos de acuerdo con ella, creemos que está equivocada y la etiquetamos de mala.

Por supuesto, esta no es la verdad. La verdad es totalmente diferente. Cada quien hace lo mejor que puede y lo mejor que sabe hacerlo; nadie hace maldad por el simple hecho de hacer maldad; puede equivocarse y tiene todo el derecho a equivocarse, pero no es maldad.

El verdadero problema por resolver es que nos sentimos mal con el error y calificamos de malo a quien lo cometió. De aquellos que tienen comportamientos diferentes al nuestro podemos aprender a superar nuestras propias limitaciones. Esa es la función de la ley de evolución; es el proceso pedagógico del universo.

Personajes

En el proceso evolutivo que impulsa el paso de un nivel a otro, encontramos tres tipos de personajes diferentes que se comportan y responden a las diferentes situaciones de la vida según su propia comprensión, estos personajes los llamamos: el malo, el bueno y el sabio o justo.

El malo es ese individuo que va por la vida de forma desorientada en búsqueda de satisfacer sus necesidades básicas por medio de la lucha. En su ignorancia ve al otro como su enemigo, aún no ha desarrollado el sentimiento de la bondad, por lo tanto, no le importan los demás, no tiene ningún interés por los problemas ajenos de tal forma que a cambio de interesarse en servir a otros, lo que busca es beneficiarse de ellos y sacar ventaja cada vez que pueda hacerlo.

El bueno ya tiene un mayor desarrollo el cual se reconoce por su interés en solucionar los problemas de otros, aunque no le corresponda hacerlo, va en un punto del camino más avanzado dentro del mismo nivel, es sensible al sufrimiento ajeno y tiende a convertirlos en sus propios sufrimientos. Se diferencia bastante del anterior porque ya tiene un marcado interés en servir a otros, aunque no sabe bien cómo hacerlo y tiende a confundir servicio con interferencia.

El justo o sabio superó la ignorancia y alcanzó un elevado nivel de sabiduría y una gran capacidad de servir de manera incondicional a los demás, pero, sin interferir sus experiencias, ha comprendido los principios y las leyes del universo, lo cual le permite vivir en completo respeto hacia la naturaleza y todos los seres vivos, en armonía con todo y con todos y con la capacidad de crear correspondencias perfectas y deseables. Siempre está dispuesto a servir y a dar la enseñanza en el momento oportuno, sin interferir ningún aprendizaje.

Cada uno de estos personajes juega un papel muy importante dentro del proceso de evolución del ser humano en el tercer nivel de conciencia.

En nuestro próximo artículo de las leyes divinas que rigen el universo veremos los diferentes papeles que cada uno de estos personajes juega en la evolución de la humanidad, para que tengamos una mayor comprensión de la ley de evolución, encargada de permitir que, con base en nuestros errores y terquedad humana creemos las experiencias correspondientes para que podamos avanzar por el camino del desarrollo de nuestra conciencia.

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Luz Stella Solano M.

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