Toda violación a la ley de la naturaleza produce dolor físico, enfermedades, procesos de destrucción que afectan la calidad de vida y disminuyen la cantidad de años que una persona pueda vivir, esta es la forma como vamos descubriendo su existencia.

Nos damos cuenta de que, es permitido violar esta ley las veces que deseemos hacerlo, sin embargo, no podemos escapar de ninguna manera a los resultados que estas violaciones generan.

El instinto

La ley de la naturaleza maneja el instinto, una conducta innata e inconsciente que es transmitida genéticamente entre seres de una misma especie, que los hace responder de una misma forma ante determinados estímulos. El instinto es algo así como la mente de la naturaleza donde se guarda toda la información necesaria para el mantenimiento de las especies y para que puedan conservar un perfecto estado de salud.

Los cuerpos físicos cumplen la función de albergar las conciencias para que dentro de ellos puedan experimentar y avanzar por el camino de la evolución, puesto que la conciencia es un ente espiritual, necesita ocupar la materia que la contenga para poder expresarse dentro del mundo físico de las formas.

Cuando un ser vivo viola la ley de la naturaleza, se enferma, siente dolor y se deteriora; mediante esta ley se dan la reproducción y la depredación para que puedan funcionar las cadenas alimenticias.

La violación a esta ley que es la más básica de todas es permitida por leyes jerárquicamente superiores con algún propósito evolutivo, ya que, al violarla aparece el dolor, el deterioro de la calidad de la vida y una disminución considerable de su energía vital, por lo tanto, aquellos seres que violan la ley de la naturaleza se ven enfrentados a resultados bastante indeseables, así aprenden a respetar su cuerpo y el medio ambiente que les rodea.

Memorias

La ley de la naturaleza se halla codificada en dos memorias de origen divino, una es la genética que brinda la forma de cada cuerpo físico y su correspondiente funcionamiento y la otra es la memoria instintiva que maneja el comportamiento que distingue a cada especie.

En la medida en que ha ido avanzando el desarrollo de la humanidad, se ha producido una muy variada combinatoria genética entre las diferentes razas, permitiendo que aparezcan individuos muy variados con personalidades primarias y distintos tipos de temperamentos, para que surjan los contrastes que sirven de base a la experiencia humana.

En ese nivel primario de evolución se desenvuelven personalidades muy básicas que necesitan vivir procesos que abran paso al desarrollo de la conciencia. Sus reacciones en esos niveles son casi totalmente instintivas y agresivas; dañan las relaciones con los demás, produciendo el sufrimiento.

Una conciencia evolucionada domina su instinto automático y cambia su comportamiento agresivo con los demás. Inicialmente somos inconscientes de la ley, la violamos continuamente porque desconocemos su existencia; después a través del dolor, de la enfermedad y de los problemas, nos hacemos conscientes de la ley, descubrimos su existencia.

Cuando el ser humano comienza a ser consciente de la ley, entra a un nivel de conciencia un poco más elevado, aprendiendo a respetarla y así poco a poco va superando los resultados indeseables generados por la violación de la ley.


Hay que violar la ley para aprender a reconocerla.


El instinto como ya vimos es como la mente de la naturaleza, en él también se encuentran grabadas las diferentes reacciones que cada especie necesita para conservar la vida, de lo contrario, si el instinto no existiera las especies se devorarían unas a otras de manera indiscriminada, sin posibilidad de defensa de los depredadores y las especies desaparecerían en un período de tiempo corto.

Código binario

El instinto funciona mediante un código binario que no tiene puntos intermedios entre el nacimiento y la muerte, no acepta la imperfección, puesto que en el reino de la naturaleza todo lo que nace imperfecto rápidamente es devorado o abandonado, tampoco acepta la debilidad, en ella siempre sobreviven los más fuertes ni la enfermedad ya que, todo aquel que se enferma, muere.

Rige todos los procesos vitales, tales como la respiración, la alimentación y la selección natural. Funciona por códigos que direccionan el mantenimiento de la vida el cual tiene tres aspectos:

  1. Generar la vida: esta función es manejada mediante la atracción automática que nos impulsa a buscar y conseguir la pareja indicada para procrear, esta función se da en todas las especies.
  2. Mantener la vida: para mantener la vida la naturaleza utiliza el deseo automático que nos impulsa a buscar y conseguir lo que necesitamos para vivir. Este aspecto se encarga de que sintamos sed, hambre, deseo sexual, sueño, deseo de caricias y afecto que están asociados con el mantenimiento del cuerpo físico, y que, además son el indicador que nos brinda la naturaleza para permitirnos reconocer las necesidades del cuerpo físico y podamos satisfacerlas.
  3. Defender la vida: para realizar esta función la naturaleza utiliza el miedo automático a perder la vida, el cual impulsa la necesidad de huir, pelear y defendernos. Se expresa como una fuerza o energía producida por la adrenalina para responder adecuadamente a una situación de peligro.

Mediante estos tres códigos del instinto se dan los comportamientos naturales, no obstante, es necesario aclarar la importancia de orientarnos por el instinto en lo que corresponde a generar y mantener la vida.

Mientras que, a medida que vamos avanzando en nuestro desarrollo evolutivo vamos comprendiendo que la vida no hay necesidad de defenderla, que las verdaderas herramientas de protección de esta, son el respeto por todo cuanto existe y sucede, así dejamos de defenderla para entrar a disfrutarla y aprovecharla.

En nuestro próximo artículo continuaremos con la Ley de armonía. Si este artículo y los anteriores han sido valiosos para ti, te invito a compartirlos para que otros reciban y se beneficien de esta maravillosa información.

Luz Stella Solano M

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