Este artículo proporciona medios para reposicionar como catalizadores del propio desarrollo, a los antagonistas o “enemigos”, que encontramos en el camino de la vida.

Vemos las cosas de diferente manera

Si partimos del hecho de que todo ser humano es único e irrepetible, es lógico que no veamos las cosas de la misma manera. Lo normal, en consecuencia, es el desacuerdo, no el acuerdo, por ello los desacuerdos y eventualmente los conflictos son inevitables; no podemos eliminarlos de nuestra vida, solamente aprenderlos a manejar.

Los desacuerdos y también los conflictos son además convenientes, porque nos permiten percibir la situación desde diferentes ángulos comprendiendo mejor nuestras propias posiciones al confrontarlas con las de los demás. Esto nos facilita crecer en sabiduría y crear una forma de vida en la que podemos vivir en paz con nuestro prójimo a pesar de nuestras diferencias.

En el ámbito individual y social los conflictos son los parteros del desarrollo.

El intelectual colombiano ya fallecido, Estanislao Zuleta, en uno de sus trabajos más conocidos “Elogios a la dificultad” decía que hablar de una sociedad armónica era plantear una contradicción en los términos, porque el conflicto es inherente a la naturaleza humana. Sociedad implicaba para él, pluralismo, admitir diferentes percepciones de la realidad. Una sociedad armónica no era, por tanto, en su visión, la que no tenía conflictos sino la que era capaz de identificarlos y resolverlos en forma pacífica.  En otro de sus ensayos “Sobre la Guerra”, planteaba que solo una sociedad madura para reconocer y resolver sus conflictos estaba preparada para la paz. Crecemos, según él, como individuos y como sociedad no a pesar de nuestros conflictos, sino gracias a ellos.

Peter Drucker, el teórico de la Administración que tal vez más influencia tuvo en el pensamiento gerencial del siglo XX, decía que la regla básica de las buenas decisiones era que éstas surgen de la discrepancia y que el líder efectivo deliberadamente provoca más discordia y desacuerdo que consenso, pues esto le ayuda a entender mejor las situaciones y le provee de referentes y alternativas para solucionar problemas o aprovechar oportunidades, en forma más eficiente y efectiva. Desde esta perspectiva los desacuerdos y los conflictos son positivos. Según él, si no los tenemos deberíamos crearlos para aprovechar su enorme poder para ayudar a tomar mejores decisiones y para propiciar el propio desarrollo y el de los demás.

Individuo insoportable

Los conflictos se personifican en nuestros contradictores llamados también antagonistas y a veces enemigos.

Un contradictor no es sólo alguien que nos lleva la contraria, sino aquel que además nos enerva con su presencia contribuyendo a que perdamos el control de nosotros mismos. Una persona frente a la cual nos sentimos descalificados. Alguien cuya presencia no podemos evitar, aunque queramos. En síntesis: un individuo que nos parece insoportable, pero con quien estamos forzados a tratar. Podemos considerarlo como una especie de torturador psicológico que tiene el poder de proporcionarnos malos ratos.

Si tienes en tu vida a alguien que reúna estas condiciones eres afortunado, porque el factor más importante para ayudarnos a evolucionar es un contradictor, ojalá con mucho poder sobre la vida de uno. Desgraciadamente como decía Carlos Castañeda, refiriéndose a estos especímenes, en nuestros días las personas interesadas en su propio crecimiento tienen que llegar a extremos para encontrar un antagonista que valga la pena. La mayor parte del tiempo, concluía, deben conformarse con insignificancias.

Contradictores buenos entrenadores

Los contradictores son nuestros entrenadores en la práctica de la ecuanimidad y en la deflación del ego. Ellos nos enseñan auto control y a fijar nuestro centro de auto-valoración en lo que nosotros pensamos de nosotros mismos y no en lo que piensan los demás. Nos ayudan, por otra parte, a tomar mejores decisiones pues nuestros antagonistas encarnan generalmente el lado opuesto de nuestras posiciones, el negativo de nuestros positivos y el positivo de nuestros negativos. Vale entonces la pena escucharlos con atención.

Los contradictores pueden igualmente ser vistos como nuestros entrenadores, aquellos cuya confrontación nos hace crecer. Son tan necesarios que si no tenemos uno deberíamos salir a buscarlo, nos dice Carlos Castañeda.

Inteligencia emocional

Nada tan útil para desarrollar la maestría del dominio de uno mismo como el tratar con personas arrogantes en posiciones de poder. En estas circunstancias puede una persona interesada en aumentar su inteligencia emocional, desarrollar las competencias necesarias para poder mantener en alto la serenidad y la auto estima, frente a cualquier agresión a su EGO.

Sólo debemos considerar terminada la labor educativa de nuestro contradictor cuando éste haya perdido el poder de deteriorar la imagen que tenemos de nosotros mismos. En ese momento debemos buscar otro, que ponga a prueba lo que ya hemos aprendido y nos desafíe con sus críticas y ataques destructivos a seguir creciendo como seres humanos, porque una persona sin antagonista tiende a creer que no requiere mejorar y a desarrollar un exceso de complacencia consigo mismo.

El error de cualquier persona que se enfrenta a un contradictor es tomar demasiado en serio su EGO así como las acciones de su antagonista. Lo que generalmente nos agota en una situación como ésta, es el deterioro que sufre nuestra importancia personal cuando las acciones de nuestros contradictores nos ayudan a sentirnos inútiles y estúpido. En estos casos debemos recordar que nadie nos puede hacer sentir algo sin nuestro consentimiento. Nuestros contradictores son dueño de sus actos, cada uno de nosotros de la respuesta emocional que nos produzcan.

Es conveniente recordar que lo que se resiste tiende a fortalecerse y lo que se ataca a defenderse.

El reposicionamiento de los contradictores, antagonistas o enemigos como entrenadores, permite que veamos la confrontación con ellos como oportunidad de crecimiento, con lo que la tendencia a rechazar la experiencia cede, porque se deja de percibirla de modo negativo. Igualmente, al centrar la atención en uno mismo, la forma en que se reacciona ante las agresiones de los contradictores, en lugar de buscar que modifique su conducta, facilita por sustracción de materia, en este caso de entrar en el juego del antagonista, que este se aburra de tener un contendor imperturbable, ante lo que él puede considerar ataques demoledores a su auto-estima.

En resumen: Los contradictores mal intencionados, son nuestros más valiosos entrenadores, agradezcamos la oportunidad de tener uno o varios en nuestra vida.

Alberto J. Merlano A.

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