ESTA PRÁCTICA CONSISTE EN HACERNOS CONSCIENTE DE LA EXPERIENCIA, MOMENTO A MOMENTO EN EL AQUÍ Y AHORA

sin la interferencia de juicios o reacciones mentales o emocionales; simplemente tomar nota. No se comprende lo que se juzga. Para evaluar se requiere, un deber ser contra el cual comparar lo que observamos. Para comprender es necesario suspender, por lo menos provisionalmente, el patrón normativo de referencia, pues ello implica observar, solamente observar, sin ningún proceso consciente o inconsciente de evaluación.

Observar sin juzgar es difícil, pero no imposible. En asuntos humanos el juzgar impide comprender el punto de vista del otro. Si queremos entenderlo hemos de hacerlo sin juicios y, si este es imprescindible, debe realizarse sólo después de haber comprendido, no antes, y siempre acerca de la conducta, no del ser; es decir, sobre lo que el otro hace y no sobre lo que es, mirando como distintos, aunque complementarios, al individuos y sus senti-pensamientos y acciones.

ESCUCHAR DESDE LA NADA

desde el vacío, sin juzgar, es empezar a entender. Una de las recomendaciones más poderosas para facilitar esta práctica, es aceptar a los demás tal como son. Esto puede implicar algo más que la pasividad que proviene de la simple resignación ante lo que no podemos modificar. Se podría convertir en complicidad, una forma de tolerancia activa, con la vida del otro mientras ella no perjudique a los demás.

Tal vez sea este el modo más profundo y más bello de relación entre seres humanos que se aman. Observar en forma no evaluativa, no sólo es necesario para comprender a los demás, sino también para aplicar la célebre y útil sentencia del oráculo de Delfos conócete a ti mismo pues nuestra evolución hacia formas más avanzadas de consciencia y de vida no se deriva de violentar nuestro ser, sino de comprender porqué hacemos lo que hacemos.

Si no somos capaces de mirarnos sin evaluarnos, no podremos entender qué es lo que en nosotros acontece. Dejemos que el juez descanse y tratemos de ser lo que somos Esta comprensión surgida de la ausencia de evaluación, del no-juicio, puede ser profundamente transformadora de nuestros senti-pensamientos y actos.

No necesitamos estar en permanente vigilancia sobre nosotros mismos para que nuestra conducta se ajuste a lo que creemos es lo ideal, basta comprendernos, entonces cambiamos sin mayor esfuerzo de nuestra voluntad.

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