APRENDE A MEDITAR Y HAZ DE LA MEDITACIÓN UNA PARTE INTEGRAL DE TU VIDA COTIDIANA.

HACE CINCO AÑOS no me habría pensado meditando de manera regular. Hoy, no puedo imaginar mi vida sin meditación. No puedo verme subiendo el estrado para hablar sin primero haber meditado. Del mismo modo, cada sesión de escritura se ve precedida por la meditación. Mi vida gira principalmente en torno a ella, el conectarme conmigo mismo para encontrar la invisible inteligencia y la guía afectiva que están siempre a mi disposición.

El proceso de meditación consiste simplemente en entrar tranquilamente en tu interior para descubrir el componente superior de tu ser. Pasado un rato, entras en contacto directo con lo que siempre ha sido un misterio en tu vida. Descubres a Dios, esa inteligencia infinita e invisible que forma siempre parte de ti y de tu vida cotidiana. Así lo describe Richard D. Mann en The Light of Consciousness: “El cuerpo parece estremecerse, purificado. Las imágenes tienen una claridad desconocida y terrible; el registro espontáneo de lo que nuestra vida y nuestras experiencias actuales en su conjunto suponen, puede adoptar la forma de percepciones intuitivas lacerantes.

Incluso la quietud aparece como una bendición y un descubrimiento. Ocurra lo que ocurra, sugiere siempre un cambio en la estructura interior de la propia conciencia…” Aprender a meditar, como todo aprendizaje, empieza por una creencia, un pensamiento que ha de tener su origen en ti. El pensamiento es simple: “Creo que debe de haber algo en la experiencia de la meditación y estoy dispuesto a dedicarle la energía necesaria para descubrirlo”. ¡Eso es! El simple reconocimiento de que la meditación, de la que quizá no sepas nada, posee un valor inherente, y la decisión de abordarla con espíritu abierto.

A fin de crear una actitud receptiva, observa por un instante a los más grandes pensadores que hayas admirado. Fíjate en las vidas y en los consejos de estos maestros espirituales, que han influido ellos solos más que los otros billones de personas que puedan haber vivido en este planeta. Nos animan a meditar, a entrar en nuestro interior, a buscar guía en el espacio vacío, invisible y silencioso, que existe en todos nosotros. La meditación te ofrece la oportunidad de llegar a conocer tu yo invisible. Te permite vaciarte de la constante hiperactividad de tu mente y alcanzar la calma.

Te enseña a ser apacible, a eliminar la tensión, a recibir respuestas allí donde antes reinaba la confusión, a adoptar un ritmo más lento y, en última instancia, cuando adoptas la meditación como modo de vida, a ser capaz de acudir a ese lugar de paz en cualquier momento. Y digo en cualquier momento. En medio de una reunión de negocios, en plena tragedia, durante una competición atlética: ¡en cualquier momento! Quiero recordarte otra vez lo que el brillante filósofo y científico francés Pascal dijo acerca de los beneficios de la meditación: “Todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación”. A mí esta idea me parece fascinante, y me pregunto por qué no se incluye la meditación en nuestros programas de enseñanza a todos los niveles. En mi breve experiencia con la meditación me he sentido siempre más en paz, más afectuoso y más seguro de mí mismo después de meditar.

He aquí al sencillo y al alcance de todos nosotros cuando nos decidimos a utilizarlo, algo que contribuye de manera enorme a nuestro bienestar. Y ¿cómo se hace? ¡Es muy sencillo! Sólo hay que ponerse a hacerlo. Lee lo que dice el genio de la literatura Franz Kafka: “No es necesario que abandones tu estancia. Permanece sentado junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera nada más. Ni siquiera esperes, permanece tranquilo, silencioso y solitario. El mundo se te ofrecerá de buena gana para que lo desenmascares, porque no puede hacer otra cosa, y vendrá en éxtasis hasta tus pies”.

NO EXISTE UN MODO CORRECTO O UN MODO EQUIVOCADO DE MEDITAR

No hay una estrategia específica que haya que seguir. Se trata simplemente de que te permitas pasar a otra dimensión en la que no hay las limitaciones que experimentas en tu mundo físico. En el estado meditativo puedes representar en tu interior una dificultad o un problema. Míralo, experiméntalo primero y luego represéntalo tal como querrías que fuese en tu mundo físico. Puedes pedir también guía divina haciendo calladamente preguntas como éstas:

“¿Cómo puedo actuar con amor y serte útil en tu participación en este próximo acontecimiento?”

“¿Qué puedo pensar en sustitución de los pensamientos autodestructivos que tengo ahora y que están dando al traste con mi felicidad?”.

Recuerda la clave: “Según pienses, así serás”.

La meditación constituye una oportunidad para crear lo que vamos a ser. Entrando en el mundo invisible del pensamiento y representándolo primero todo allí como si se tratara de un ensayo divino de nuestra vida. Sí, recibirás las respuestas que buscas. Sí, serás capaz de manifestar realizaciones que eran prácticamente imposibles antes. En The Three Pillars of Zen, Phillip Kapleau resumió lo que se puede recibir comprometiéndose con el ejercicio de la meditación: Para el hombre corriente, cuya mente es un tablero de reflejos, opiniones y prejuicios que se entrecruzan, la atención pura es prácticamente imposible. Su vida está así centrada no en la realidad en sí, sino en sus ideas acerca de ella.

Al concentrar la mente por entero en cada objeto y en cada acción, la meditación nos despoja de pensamientos extraños y nos permite entrar en una relación plena con la vida. Si, pasarás realmente de las ideas acerca de tu vida a experimentar tu propósito, tu misión en ella. Otro modo de expresar esto es el que nos ofrece Taisen Deshimaru: “Si tienes un vaso lleno de líquido podrás discurrir eternamente acerca de sus cualidades, hablar de si el líquido es frío, caliente, de si se compone real y verdaderamente de H2O o incluso de si es agua mineral o sake. ¡La meditación es beberlo!”. ¡Hermoso! Aprender a meditar es aprender a vivir en lugar de hablar de la vida. Es una auténtica concordancia con tu propósito en tanto que ser espiritual con experiencia humana.

Hay muchos libros y guías fabulosos sobre el tema de la meditación, escritos por personas mucho más cualificadas de lo que estaré yo nunca. Voy a describir cómo funciona la meditación, pero quiero dejar en claro que así es cómo funciona en mi caso. Me encantaría que mi descripción te animara a practicar la meditación; sin embargo, no sabrás lo que es ni qué beneficios te ofrece hasta que la experimentes directamente. Yo he comprobado que mi mejor momento para meditar es a primeras horas de la mañana. Quizá tú también desees hacerla, antes de la hora en que normalmente te despertarías.

No te preocupes por el hecho de que estés cansado: parece que una hora de meditación puede equivaler a una noche de sueño. Cuando termino de meditar, me siento más descansado que al despertar después de haber dormido toda la noche. Tomo una larga ducha o un baño caliente, me siento en el suelo con las piernas cruzadas y cierro los ojos. Mi primer objetivo en la meditación es llegar al estado alfa. Este es, para mí, el equivalente del modo en que me sentiría si estuviera hipnotizado. Las ondas cerebrales están alteradas. En realidad, están ralentizadas. Me doy cuenta de cuándo he llegado porque empiezo a sentirme ligero y eufórico. Siento los brazos menos pesados, parecen plumas y se alzan con un mínimo esfuerzo, ayudados al parecer por una fuerza invisible que está en mí. Es un sentimiento general de mareo y aturdimiento agradables, al que llego sin necesidad de productos químicos o alcohol.

Después de varios años de meditación, alcanzó este estado alfa en cuestión de segundos. Burt Goldman, en How to Better Your Life With Mind Control, tiene un soberbio capítulo llamado “Getting to Alpha” (“Cómo llegar a alfa”), en el que describe con todo detalle el modo de llegar a ese punto. A mí me funciona de esta manera: respiro hondo varias veces y me concentro por completo en la aspiración y la expiración más largas que puedo hacer sin que entre ellas intervenga ningún pensamiento. Evito la tentación de que los pensamientos bombardeen interminablemente mi conciencia repitiendo “Ey-kiss” como en un mantra interior, muy despacio, para adecuarlo a mi patrón de respiración. Siento realmente cómo se altera la química de mi cerebro mientras estoy sentado, concentrado en mi respiración y repitiendo una y otra vez, despacio, “Ey-kiss”.

Para llegar a alfa he utilizado también lo que yo llamo el sistema del “reloj de veinticuatro segundos”. Imagino un reloj en el que está destacado con una luz el número 24. Paso luego al “23”. Mi regla personal en un principio es hacer que el reloj que tengo en la mente baje de “24” hasta “0”, viendo yo cómo se enciende cada uno de los números. Si en algún momento de este intervalo me distraigo o bien un pensamiento entra en mi mente durante aunque sea una fugaz milésima de segundo, vuelvo a poner el reloj a “24” y bajo entonces hacia “0” sin que intervengan pensamientos ni haya distracciones mentales.

De este modo, se aprende a disciplinarse para concentrarse en una sola cosa y vaciar la mente de todo otro pensamiento. ¡Llegar desde “24” hasta “0” es un logro gigantesco! Cuando lo consigo estoy en alfa. Este estado proporciona una increíble ligereza al ser. Me siento más ligero y una sensación gozosa, maravillosa, de piel de gallina interior se apodera de mí. Como ya he dicho, cuando me hallo en este estado mis brazos son ligeros como plumas y mi cabeza ingrávida. Me concentro entonces con mayor intensidad en mi visión interior, y puedo optar por crear una pantalla de colores al pastel o de color blanco puro. Me siento solo, en paz, dichoso y preparado para utilizar este tiempo de meditación de la manera que me plazca. Qué hacer mientras se medita. Cada sesión ofrece numerosas oportunidades para utilizar el tiempo de una manera provechosa. Las posibilidades son ilimitadas.

Cuando eliges entrar en tu interior y descubrir a Dios, entras en el mundo espiritual. Es éste el camino a través del cual empezarán a manifestarse cambios en tu mundo físico. Este tiempo es para mí una bendición, y sugiero que lo trates como algo divino y especial. No permitas que nadie lo estropee o se inmiscuya en él. La práctica de la meditación activa incluye presentar problemas o preguntas para su consideración. Acerca de un problema vital del momento, a menudo pregunto:

“¿Qué me enseña esto?” o

“¿De qué modo puedo aprovechar esta situación?”.

El vehículo de la meditación ofrece innumerables oportunidades para resolver conflictos. La guía está ahí, dentro de ti. Mientras meditas, puedes hacer preguntas y recibir respuestas. Puedes también volver atrás en tu vida, revivir experiencias y ser capaz de ver la lección que cada una de esas experiencias existenciales te ha aportado. Puedes comunicarte con aquellos que una vez formaron parte de tu vida, ahora, o se hallan en otra parte del mundo o lo han abandonado. Puedes establecer contacto con la inteligencia divina que hay en tu interior y hacer un uso nuevo y espectacular de ella. Puedes aprender a llegar al meollo de cualquier enfermedad que forme parte de tu vida, bendecir ese malestar o ese mal y buscar el sentido de la enfermedad. Puedes también entrar en contacto con tu capacidad curativa. Puedes descubrir en tu mente la capacidad de crear sustancias químicas que reduzcan tu malestar y contribuyan a tu curación.

Puedes aprender a pedir y recibir el valor necesario para efectuar cambios importantes que te alejen de la adicción a las sustancias tóxicas y de los estilos de vida poco sanos. Llegarás, por último, al punto en que irás más allá de los pensamientos y de la actividad mental. “Trascenderás” a ese campo unificado de la conciencia donde no hay ni mantra ni pensamiento. Esto es la dicha y es imposible explicar lo que vislumbrarás de ese estado. Lo experimentarás y lo atesorarás, te lo prometo. Después de meditar, gozo de una continuación de la experiencia que representa esa increíble ligereza del ser. Me siento centrado y con un propósito y, en mi relación con los demás, veo en ellos la plenitud de Dios. Resulta que, automáticamente, mis elecciones son más sanas, bebo más agua, hago más ejercicio y me siento más generoso, más indulgente, menos en tensión y menos fatigado. Me faltan palabras para decir hasta qué punto la práctica de la meditación me resulta valiosa. Recientemente, se me pidió que contribuyera, junto con el Dalai Lama, la madre Teresa y otras casi treinta personas, en una experiencia divina personal para un libro titulado For the Love Of God.

La meditación constituye en la actualidad mi más significativa experiencia divina, por lo que es de ella que hablé. He aquí una parte de lo que dije: Encuentro a Dios tomándome todos los días tiempo, a través de la oración o de la meditación, o como queráis llamarlo, para pasar a otro nivel de conciencia. Cierro los ojos y respiro. Me siento, vacío mi mente y empiezo a sentir el amor que hay allí cuando me tranquilizo lo suficiente como para sentirlo. En esta operación, trasciendo el tiempo y el espacio y me hallo en presencia misma de Dios, y me veo en un estado de armonía y dicha que trasciende todo lo por mí conocido… No importa cómo lo consigas. No se llega de una manera lineal ni se logra estudiando los sistemas de otros.

El secreto está en que te permitas experimentarlo de primera mano y, luego, vivas cualquiera mensajes que puedas recibir. Cuando experimentas esta vivencia, conectas de manera afectiva con cuanto existe en el universo. Yo tengo una técnica propia. No forma parte de una preparación formal para la meditación como pueda ser la meditación trascendental. A mi me funciona, y, como ocurrirá con la tuya, ha evolucionado a partir del propósito de establecer contacto con la parte superior de mi ser. Cuando creas en su presencia, descubrirás el cómo. No será igual al mío ni al de nadie.

Será tu modo propio, totalmente personal y efectivo, de entrar en tu interior. Existen muchos libros y guías maravillosos que pueden ayudarte a conseguirlo. Pero, en este punto, lo que necesitas es el propósito de descubrirlo por ti mismo.

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