Hoy soy responsable de mi felicidad, comprendo que nada ni nadie puede hacerme feliz. La felicidad no es un momento de euforia pasajero, tampoco depende de acciones ajenas o sucesos externos, es un estado de serena paz e inmensa aceptación de la vida, donde suelto la lucha y el miedo y me entrego confiado a flujo de la vida.  

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