Hoy evito que la amargura me perturbe. Procuro mantenerme en calma y en armonía con quienes me rodean. Así escucho la voz de Dios dentro de mí. La conexión con nuestra voz interior, nos permite superar las dificultades que aparecen en el camino, y descubrir la presencia Divina en todo lo creado.

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