Hoy la felicidad no es un destino, ni un lugar al que tenga que llegar, es una actitud con la que se viaja por la vida. Surge espontáneamente cada vez que trato con amor y respeto a los demás, aunque tenga la idea errónea de que no lo merecen. A la gente hay que amarla cuando menos lo merece, porque justamente es cuando más lo necesitan.

Ir al contenido