El miedo

El miedo

El miedo es una respuesta dolorosa que invade la mente cuando enfrenta una posible amenaza que nos hace sentir vulnerables e incapaces de enfrentarla.

El Miedo

El miedo es una emoción dolorosa, que se produce ante la proximidad de un peligro, real o imaginario, acompañada por el deseo de evitarlo y de escapar de la supuesta amenaza. Es una emoción primaria derivada de la aversión a la amenaza o a correr riesgos.

El miedo es también instintivo y todos los seres humanos lo sentimos en algún momento de la vida. Esos temores a veces inexplicables que brotan desde nuestro interior, en ciertas ocasiones son beneficiosos, nos muestran una real señal de peligro, pero en la mayoría de los casos son irreales producidos por un condicionamiento mental y nos pueden llegar a causar mucho daño.


Sientes miedo hasta que te das cuenta de que el miedo cuando lo enfrentas te deja en paz.


Tiene diferentes manifestaciones que van desde la simple timidez, luego llega a una especie de alarma, hasta lograr desatar un estado de pánico paralizante y doloroso. El miedo es la antesala al sufrimiento, por lo tanto, hay que vencerlo y la única manera de lograrlo es enfrentándonos a esa situación, persona o cosa que lo origina.

El ser humano tiene una serie de sentimientos innatos, uno de ellos es el miedo, porque es necesario para su supervivencia, sin embargo, cuando se desborda y pasa los umbrales de la comprensión y la sensatez, llega a convertirse en un elemento limitante y dañino dejando de ser beneficioso y útil.

Miedo paralizante

Algunas veces el miedo se vuelve antinatural y se convierte en una fobia, que lleva a las personas a sentirse amenazadas sin que exista ninguna causa para ello, sin embargo, son incapaces de liberarse de esos sentimientos negativos. Por ejemplo, algunos tienen miedo a los insectos, a la oscuridad, a los fenómenos naturales, otros a la soledad, a las muchedumbres, a los espacios cerrados como túneles o ascensores, en fin, la lista puede ser interminable. En estos casos el miedo se vuelve en un elemento paralizante del cuerpo e incluso de la mente.

El miedo es el principio de todos los males, cuando el miedo es constante perdemos la confianza en nosotros mismos y en nuestra propia capacidad, nos sentimos incompetentes, incapaces y abocados al fracaso. Estos temores imaginarios se somatizan en el cuerpo, convirtiéndose en la fuente de enfermedades y en grandes consumidores de la energía vital.

Miedo que nos aleja de la realidad

No existe ninguna justificación que le pueda otorgar algún beneficio al miedo cuando nos paraliza o coacciona, del miedo no puede provenir de la sabiduría, ni la paz, ni mucho menos la felicidad. El miedo nos aparta de la realidad y nos sumerge en un mundo tenebroso y hostil en el que es imposible vivir. Los seres humanos viven llenos de temor porque se aferran a las cosas y a las personas, convencidos de que son dueños de algo o de alguien tienen miedo a perder eso que creen que es suyo o que les pertenece, intentando retener a toda costa y ejercer dominio y control.

Esto es imposible, porque no somos dueños de nada ni de nadie, somos simples administradores de los objetos que usamos y de los bienes materiales, y solo compartimos con las personas a nuestro alrededor, pero no nos pertenecen ni nosotros a ellos. El miedo se genera entonces en esa falsa creencia de propiedad o dominio que nos aparta de la realidad y nos hace entrar en un mundo subjetivo, paralizante y desbordante.

El ego quiere poseer muchas cosas, es insaciable, nada lo llena ni lo satisface. Luego de poseer entonces se aferra a sus posesiones y siente un intenso miedo a perderlas, a medida que adquiere bienes, prestigio y poder, también va adquiriendo el miedo a perderlos y convierte la vida en una continua zozobra por cuidarlos. Quien posee teme a perder lo que tiene, porque considera que son sus logros y está tan aferrado que se siente incapaz de vivir sin ellos.

Tomar conciencia

Para que se desvanezca el miedo es preciso tomar consciencia de él. Mientras nos hallemos en la oscuridad de la ignorancia estamos dominados por el ego, y como le encanta tener y tener cosas, entonces también tiene mucho miedo a perderlas, así que el miedo permanecerá donde está esa ansia de posesión y control.

La sabiduría y la comprensión se encuentran libres de temor, comprender el funcionamiento del universo y de sus Divinas Leyes, nos apoya en el proceso de la liberación del miedo. No existe la posibilidad de que alguien pierda lo que le corresponde, y tampoco que alguien tenga lo que no le corresponde. El universo es una empresa que funciona a la perfección y lo único que necesitamos hacer es fluir con él y todo en nuestra vida también fluirá.

El miedo es la desconexión con nuestra propia esencia, con nuestra propia divinidad. Si descubrimos la causa fundamental de nuestro miedo entonces podremos hacer algo al respecto y cambiar la causa, y la verdadera y única causa es nuestra ignorancia. La arrogancia del ser humano al creerse dueño y poseedor de las cosas y su incapacidad para comprender que nada le pertenece y que todo es prestado por un ratico nada más, que las cosas al igual que las personas vienen y van y no podemos hacer nada para impedirlo, pero sí tenemos la posibilidad de disfrutarlo, sin pretender poseer y dominar, sino disfrutar, agradecer y valorar, es el origen del miedo y de la desgracia humanas.


Solo la sabiduría y la comprensión logran que el miedo desaparezca definitivamente de la vida de un ser humano.


Luz Stella Solano M.

¿A qué le temes?

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El ego manipulador

El ego manipulador

Existen personas manipuladoras tan convincentes con sus argumentos que pueden lograr que otros menos seguros de sí mismos renuncien a sus valores, intereses u objetivos personales, para conseguir beneficio personal.

El ego manipulador

Vivimos en una sociedad que tiende sistemáticamente a la manipulación, que no es más que una condición mental presente en la vida de los seres humanos con una mente atiborrada de creencias limitantes y negativas.

El ego es el encargado de generar internamente el deseo de manipular a otros, surge como producto del miedo que se siente ante la presión o insistencia que una persona ejerce sobre otra, que por lo general se encuentra en una condición desventajosa, o que es alguien temeroso e inseguro.

Hay personas que se sienten obligadas o presionadas para hacer, decir o dejar de hacer algo, incluso pueden llegar a actuar en contra de sí mismas o de sus propios intereses por el temor que sienten ante una fuerte e insistente presión.

Estas personas que ceden a la presión de otras por lo general son seres débiles, que se aman poco o nada y que tienen una fuerte inclinación a buscar la aprobación de otros, que generalmente suelen ser más fuertes y decididos, pero, después de terminar haciendo o diciendo eso que supuestamente no querían hacer se sienten muy mal consigo mismos y culpan a los demás por las acciones realizadas.

Falta de amor propio

La baja autoestima hace que la persona se sienta en desventaja con relación a los demás, piensa que vale poco y que no es capaz de hacer las cosas bien, por este motivo tiende a caer fácilmente en las redes del manipulador.

Cuando alguien hace cosas que no desea hacer, lo hace por miedo y por sentimientos de poca valía personal que lo dominan y le impiden soltar el yugo que él mismo se autoimpone. Cree que son los demás quienes lo dominan y ejercen su fuerza sobre él, pero en realidad lo que lo mantiene quieto y le impide actuar es su falta de confianza en sí mismo, que desde luego lo hace manipulable.


Cuando los demás o el medio deciden por ti no eres tú mismo, eres un títere manipulable.


Para liberarse de la manipulación y jamás sentirse obligado a decir, o hacer algo en contra de su voluntad, hay que desarrollar la fuerza interna, la comprensión que construye la libertad interior y la capacidad de amar y respetar a los demás.

Es necesario comprender que nada ni nadie puede obligarnos a hacer algo que no queramos hacer, porque todas las decisiones son tomadas de manera libre y autónoma por mí mismo, que todos los seres vivos tenemos los mismos derechos y merecemos el mismo respeto.  

El manipulador existe porque hay alguien que se deja manipular y a su vez, quien es manipulado por otro es porque necesita de esa experiencia para desarrollar seguridad interna e independencia mental, necesita iniciar cuanto antes un trabajo interno de amor y aceptación de sí mismo. 


No te sientas obligado ante nadie, ni ante nada, eres dueño de tus propias decisiones.


Para desarrollar la independencia mental primero hay que comenzar a fortalecernos internamente,
con este propósito te sugiero repetir el siguiente texto, lleno de afirmaciones hermosas y positivas que ayudan a limpiar el campo mental de cualquier persona tanto de aquellas que se sienten temerosas e inseguras, como de las fuertes, seguras y satisfechas consigo mismas.

Este listado de decretos es autoría del Maestro Gerardo Schmedling T y te sugiero leerlo durante un largo tiempo por lo menos una vez al día, te sorprenderá los resultados.

Yo Decido

Yo Decido: Amar y respetar a todos los seres vivientes, reconociendo la perfección que cada uno manifiesta.

Yo Decido: Aceptar todos los sucesos de la vida y, la función que a cada quien le corresponde cumplir.

Yo Decido: Asumir las experiencias y sucesos de mi vida, como los necesarios para el desarrollo de mi comprensión de amor.

Yo Decido: Actuar con serenidad frente a toda situación de la vida, comprendiendo que la paz es la herramienta del amor.

Yo Decido: Agradecer todo lo que aprendo de las dificultades que la vida me presenta.

Yo Decido: Valorar y disfrutar de todo lo que tengo, comprendiendo que es perfecto para mí.

Yo Decido: Adaptarme al medio que yo mismo escogí, para lograr en él, una vida llena de satisfacción.

Yo Decido: Respetar totalmente la experiencia de los demás, y ganarme la confianza de las personas.

Yo Decido: Aprovechar sabiamente el destino que yo mismo diseñé, y toda la oportunidad que la vida me presente.

Yo Decido: Flexibilizar mi mente para acelerar mi crecimiento espiritual.

Yo Decido: Ceder y permitirme experimentar otros puntos de vista, para así acabar con mi ego y mis limitaciones.

Yo Decido: Emparejarme con los demás para poder servirles, y llevarles con mi apoyo, un mensaje de amor.

Entonces me sentiré totalmente libre y feliz,
porque comprendo que soy yo mismo,
quien decide hacer, o no hacer algo,
ante un medio cualquiera y porque sé,
que es parte del destino que yo mismo diseñé,
para apoyar mi propio desarrollo espiritual.

Enseñanzas del Maestro Gerardo Schmedling Torres

Por:  Luz Stella Solano M.

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Crear Conciencia

Crear Conciencia

Aquel que desconoce su grandeza, habilidades y toda la fortaleza que es capaz de desarrollar en su vida, estará condenado a vivir una vida miserable como animal rastrero, aunque cuenta con las alas para volar muy alto.

 El águila

Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos.

Toda su vida el águila hizo lo que hacían lo pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba, movía las alas y volaba unos pocos metros.

Pasaron los años, y el águila envejeció. Un día vio un ave magnifica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas.

La vieja águila miraba hacia arriba con asombro.

– ¿Quién es ése? – preguntó.

-Es el águila, el rey de las aves – le dijo su vecino -.

Él pertenece al cielo. Nosotros pertenecemos a la tierra; somos pollos.

Así, el águila vivió y murió como un pollo, porque creía que era un pollo.

Vivir dormidos

El ser humano no tiene conciencia de lo que es, desconoce su grandeza y las facultades que tiene de remontarse a las alturas. La mayoría de las personas están dormidas sin darse cuenta. Nacen, viven, se hacen profesionales, forman una familia y mueren sin siquiera enterarse de que pasan por la vida dormidos, sumergidos en un sueño inconsciente, o una pesadilla absurda, que los conserva alejados de la realidad de su existencia, viendo pasar la vida por un lado, mientras ellos están ocupados haciendo otras cosas aparentemente más importantes.

Jamás tienen tiempo para detenerse y escuchar la voz interna que habla de la belleza, el encanto y la magnificencia de esto que llamamos vida o existencia humana. Piensan que la vida simplemente es algo que tiene que pasar, que comienza al nacer, trae una serie de acontecimientos uno detrás de otro y un día llega la muerte. Permanecen sentados a la vera del camino viendo pasar la existencia de otros y la suya propia sin moverse, sin actuar, y lo que es peor aún sin comprender nada, porque desde esta perspectiva resulta bien difícil.

Hay una voz que nos susurra al oído invitándonos a recordar nuestro propósito y razón de ser de la existencia. Nos dice que no estamos aquí para estar inertes, ausentes y sonámbulos, sino por el contrario, para despertarnos, crecer y transformarnos al mismo tiempo que disfrutamos el proceso.

Te propongo un viaje donde el desenlace será únicamente ser alguien diferente al que eres hoy en día. Hay que soltar, desenmarañar todo este embrollo en el que está envuelta la vida, hay que resolver la trama de esta obra dramática llamada existencia, para llegar a la liberación, al despertar de la conciencia.

Despertar

¿Qué es el despertar de la conciencia? Es un proceso, es el inicio de un camino que todos recorremos. Lo más importante es atrevernos a dar ese primer paso, los demás se sucederán de forma natural, por sí solos, sin mayor esfuerzo.

Este primer paso es una decisión personal, es disposición al cambio. Nadie puede cambiar a otro, cada uno deberá hacer su propio cambio. Que nos despierten no es algo agradable, se siente como una agresión, como una invasión de nuestro espacio. Despertarse por sí mismos, puede ser también algo desagradable, la diferencia está únicamente en la persona que realiza la acción. En el primero, otro u otros intentan despertar nuestra conciencia, intentan nada más porque en realidad nunca lo logran, en el segundo decidimos despertarnos.

Despertarnos es un acto que a veces no queremos realizar, ¿si estoy cómodamente dormido, en una condición confortable, plajustifyamente inmóvil y quieto ante la vida para qué quiero despertarme?

A cada uno nos llega el momento de despertar, este es un viaje inevitable, tarde o temprano acabamos emprendiéndolo. No importa cuando lo emprendemos, no importa cuando y donde se termine, lo que realmente importa es iniciarlo, vivirlo y disfrutarlo.

Seguir dormidos, es perder la oportunidad más grandiosa que nos ha sido dada, ser sordos a la voz que nos grita y nos entona su canto de alegría y alabanza por la maravilla de la vida, que nos invita a descubrir la finalidad de tener un cuerpo, un espacio, una forma y un tiempo. Todo tiene un significado, todo ha sido creado con un propósito definido y una clara intención.

El viaje al despertar de la conciencia está lleno de descubrimientos pequeños pero asombrosos, de emociones e inquietudes que a veces nos perturban y otras nos engrandecen. Pero lo más importante de este viaje es que va grabando todo lo que aprendemos en cada una de las experiencias, vivencias, emociones y sentimientos que vivimos en un archivo muy especial e individual llamado conciencia.    

La conciencia guarda y acumula la sabiduría para que podamos hacer uso de ella cuando se necesita, es como decir que la mantiene a nuestra disposición, el grado de sabiduría acumulada es lo que permite que se pueda tener una mejor vida, más satisfactoria, un mayor grado de comprensión y de amor.

La experiencia de la vida es la historia del viaje de regreso a casa, en cada paso que damos rescatamos algo de nosotros mismos, vamos reconquistando nuestra propia esencia, la que nos fue dada en el momento que fuimos creados y que en el proceso hemos ido abandonando de forma inconsciente. Alejarnos de nuestra verdadera esencia y casi que olvidarnos de ella es parte del juego, para que podamos verificar lo que se siente, lo que significa vivir dormidos, sumidos en la pesadilla oscura de una existencia sin Dios, sin la guía y dirección que nos brinda, sin el reconocimiento de nuestra propia Divinidad.

La verdad se revela sola

No es necesario aceptar ciertas cosas como verdaderas, la verdad de la sabiduría se revela por sí sola. No necesitamos las cosas que hasta la fecha nos han impedido sentirnos bien, ni tampoco nos han ayudado a ser mejores. En la medida en que vamos dando pasos hacia el despertar de la conciencia, las piezas comienzan a encajar de un modo coherente, con más sentido y poco a poco, paso a paso a nuestra vida le faltarán cada vez menos piezas.

Tu propia comprensión te irá mostrando que aquello que te enseñaron no funciona, que las creencias acumuladas en las mentes humanas a lo largo de muchas generaciones están sustentadas en la ignorancia y el miedo, son el origen del sufrimiento, la angustia y la desesperación en la que se encuentran la mayoría de los seres que habitan este planeta.

Este trabajo es personal y no puede delegarse, probablemente nunca termine, es el proceso de la evolución de nuestra conciencia, siempre llega, no puede evadirse ni evitarse porque es el sentido de la existencia misma.

La vida es el medio que Dios escogió para que sus hijos aprendamos y evolucionemos. En esta vida todos somos a la vez aprendices y maestros –unos de otros-. No recibimos ningún salario por nuestro trabajo, porque obtenemos algo mucho más valioso.

Sentimos que todo lo que conocemos, no es todo lo que existe, sabemos que hay mucho más de lo que podemos ver, oler y tocar; entonces comenzamos esa búsqueda de lo desconocido de lo que no sabemos pero que intuimos.

La cantidad de respuestas que la vida nos va dando depende de la cantidad de preguntas que hacemos, el avance depende de la comprensión que vamos adquiriendo. En algún momento y de alguna manera todas nuestras inquietudes van siendo aclaradas, todas nuestras preguntas respondidas, todos los enigmas se van resolviendo.

Es tan grande la separación que hemos creado, hemos ido muy lejos de lo que realmente somos he inventado un mundo de ilusión, de falsedad lleno de ignorancia para complacer al ego. Sin embargo, esto no toca nuestra verdadera esencia.

La conciencia es como la bella durmiente, está dormida todo el tiempo, mientras nuestra personalidad, vive esta separación y a través de cometer errores va aprendiendo. La comprensión y la sabiduría adquirida pasan a enriquecer la conciencia sin que las creencias y conceptos falsos del ego puedan contaminarla. Ella acumula el conocimiento de la verdadera esencia de Dios en nosotros y cuando se llena totalmente se despierta.

Desaprender lo aprendido

Hemos aprendido muchas cosas desatinadas que nos llenan de absurdas contradicciones, aprendimos incontables conceptos que nos hacen infelices, adquirimos ideas equivocados de la vida que nos llenan de miedo y angustia, y nos llevan a atacarnos unos a otros, a vernos como enemigos con el deseo de destruirnos. Como si este mundo hubiera sido creado solo para unos pocos y los demás, los que sobran hay que acabar con ellos porque de lo contrario ellos acabarán con nosotros.

Aprendimos a luchar, a competir, a defendernos y a atacar, porque en la misma medida en que atacamos y nos defendemos, somos atacados y necesitamos defendernos, es un círculo vicioso. El miedo y la angustia están presentes en nuestra vida en la misma proporción de nuestra lucha y competición.

Crear conciencia es un cambio de actitud ante la vida que nos libera de la angustia y el sufrimiento, esta será la poderosa razón que nos permita dejar de lado el pasado, soltar el equipaje pesado y abrumador y aceptar el cambio.

Al fin y al cabo, el único riesgo que corremos es el de ser distintos a lo que somos, y si lo que somos no nos agrada, si no somos felices que importa abandonar todo para iniciar el camino al despertar a una nueva existencia serena, pacífica, prospera y feliz.


Tenemos grandes valores que desconocemos y por eso nos resignamos a vivir una vida miserable, cuando podemos ser todo lo grandes que queramos ser.


Luz Stella Solano M.

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El Árbol

El Árbol

La imagen de una persona sabia e inteligente emocionalmente se asemeja a la imagen del árbol. Veamos su hermoso simbolismo.

El Árbol

Dentro de nosotros incluso desde nuestra concepción están presentes de forma natural, todas las potencialidades para desarrollar y hacerlas realidad, como una semilla que lleva dentro de sí la potencia del árbol, aún antes de ser sembrada.

Una de las grandes potencialidades humanas, bien sea, como seres individuales o como especie, es la del crecimiento hasta la trascendencia, dentro del proceso de evolución de la conciencia, que nos lleva a niveles superiores de conocimiento, de comprensión de la vida y sus procesos; de comunicación y de integración con todos y con todo lo existente, tengamos o no conciencia de esto; lo hacemos querámoslo o no; y lo hemos venido haciendo desde nuestro principio.

El árbol es un ejemplo perfecto de cómo se desarrollan los potenciales y las virtudes, cuando se siembra en el terreno propicio y se tiene la intención y el deseo profundo de ampliar todo su potencial en él, a pesar de los obstáculos y las adversidades que puedan presentarse en el camino.

El árbol alcanza su grandeza mediante un proceso lento y continuo de crecimiento y expansión. De igual manera los seres humanos vivimos un proceso similar, en el cuál expandimos nuestras potencialidades parciales y específicas, estas se siguen y se suman unas a otras, reforzándose, desarrollando nuevas capacidades y así sucesivamente avanzamos hasta alcanzar la plenitud.

Este proceso comienza con la semilla, Esencia del Ser, el niño interno en nosotros, listo para crecer y desarrollarse. Nacemos con muchísimas posibilidades y potencialidades para hacerlas realidad.

Semillas y raíces

Todas las semillas tienen potencial, algunas jamás se desarrollan ni se atreven siquiera a nacer. Otras nacen, crecen y se desarrollan. Las diferencias la voluntad, la constancia, el poder de decisión que tienen para hacerlo. Aparentemente insignificante, sin embargo, contiene toda la potencia del árbol gigante y fuerte desde sus inicios, sabe que algún día nacerá, crecerá, se formará, se fortalecerá, florecerá y dará frutos para finalmente después de cumplida la tarea continuar erguido por muchos años, fuerte, poderoso, imponente y sabio.

Sus raíces lo conectan con la madre tierra, con su origen, con el alimento. Representan la profundidad, la búsqueda, la solidez, son los cimientos, las que le dan fuerza, las que toman y buscan los nutrientes que lo mantienen, son las bases, los pilares y principios que le brindan estabilidad y reconocimiento. Al igual que un gran líder que siempre tiene los pies puestos en la tierra, dando su justo valor y respeto a la materia que lo rodea.

Las raíces son el amor a la vida, a nuestro cuerpo, a nuestra entidad física. El árbol por medio de sus raíces se nutre de la tierra, así como el líder se nutre de la vida por medio de sus propias experiencias.

El Tronco

El Tronco sostiene la existencia y la vida, es la fortaleza, la resistencia, la rectitud, la dirección, la firmeza, la decisión de ser, el centro de equilibrio. Es la conexión entre cielo y tierra, lo Divino y lo Humano en nosotros. Para ser buenos líderes necesitamos hacer una conexión entre arriba y abajo, entre lo espiritual, lo mental y lo físico.

Mientras más alto y fuerte, mayor evolución, mayor capacidad de servicio, mayor desarrollo espiritual, mayor comprensión. Se yergue en las alturas sin perder la conexión con su existencia, con la base, con la tierra y sus orígenes. Desde lo alto contempla todo, ve todo, se recrea en todo desde la profundidad de la tierra hasta la altura de los cielos donde se remonta.  Las actitudes y los comportamientos del líder le dan dirección a su vida, le dan coherencia entre lo que piensa, dice y hace.

Se alimenta y nutre de la tierra en su base, y recibe toda la información del sol, de los planetas y el universo entero en sus alturas. Es firme y a la vez flexible. Lo mueve el viento, y lo sostiene la tierra, toma los nutrientes de ella y los remota hasta las alturas de sus copos.

Cuando es bajo y grueso, representa menor evolución, mayor necesidad de sentir y experimentar facetas primarias de la vida, mayor conexión con la parte material de la existencia, paso necesario dentro de su evolución.  Algunos troncos pueden torcerse en el camino porque necesitan aprender algo diferente sin que esto signifique para nada que pierdan su belleza e imponencia. Todos tienen una oportunidad de aprendizaje en el gran bosque de la vida.

Las Ramas y hojas

Las Ramas representan los logros, la expansión alcanzada. Hasta donde se puede llegar, qué tanto se puede abarcar, cuánta sombra puede dar, a cuántos se puede cobijar. Cuánto se puede extender y qué tan abierto se puede estar ante la vida, ante el mundo y el universo entero.

La sombra del árbol a su vez nos permite apreciar la diferencia entre la luz y la oscuridad, lo bonito y lo feo, lo cálido y lo frío y comprendiendo que finalmente todo es perfecto y necesario.

Las ramas también son la parte mental del líder, se mueven hacia donde las lleva el viento, sin perder su centro y su equilibrio; así como el líder se adapta a las diferentes circunstancias que la vida le presenta, aprendiendo sus lecciones con la capacidad de transformar sus creencias y por ende su mente, modificando el medio que lo rodea.

Las Hojas son las ideas y las diferentes formas de enfrentar la vida. Son los pensamientos en continua renovación, en permanente proceso de cambio. El árbol es nuestro maestro inspirador, al árbol le cambian continuamente sus hojas, las modifica. Así como el líder transforma sus creencias, no son rígidas y estáticas, siempre tiene ideas nuevas. Cuando las hojas ya están viejas y gastadas el árbol las suelta, se caen, al igual que las ideas cuando estas ya no sirven, el líder, las cambia, sabe que las ideas obsoletas hay que desecharlas para que surjan nuevas.

El árbol siempre confía en la vida, se desapega y suelta todas sus hojas, al igual que un ser sabio necesita desapegarse de todo aquello que ya no le sirve, de la basura, de las creencias limitantes que dificultan el camino creando sufrimientos y dificultades innecesarias.

Son la experiencia almacenada, verificaciones alcanzadas. Miles de hojas en un solo árbol, también representan la capacidad de relacionarnos con todas las personas, con todos los seres vivos. Son el símbolo de la unidad, todas las hojas unidas a través de las ramas a un mismo tronco.

Así mismo nos muestran la importancia de la variedad y la diferencia entre unos y otros, las pequeñas representan la mayor capacidad de percibir los detalles. Las grandes abarcan la globalidad, la inmensidad, perciben lo grande, lo macro de la vida.  Nos enseñan como se deben respetar y valorar las diferentes ideas, costumbres, tradiciones, culturas y creencias.

Capullos, flores y frutos

Los capullos representan los talentos y los dones por desarrollar y mostrar. Son el gran potencial creativo que tenemos. Nos muestran los aspectos más sublimes y delicados de nuestra naturaleza interna, la ternura, la sencillez, la suavidad y la belleza oculta de la vida. El capullo encierra todo el misterio de la transformación de la conciencia, hasta convertirse en una hermosa flor. La flor de la vida.

Las flores representan la transformación de la conciencia que finalmente muestra todo su colorido y belleza, llenando de alegría la vida, llevando luz a nuestro interior, haciéndolo florecer. Un árbol florecido adorna e ilumina todo su entorno, irradia armonía y serenidad, llevando paz y felicidad al espíritu.

Los frutos son el legado. Extracto de lo mejor que se ha conseguido a lo largo del camino de la vida.  La experiencia, la sabiduría, la maestría que puede alimentar y nutrir a otros, brindándoles su jugo y su dulzura.

Una vez que transformamos la mente, evolucionando nuestra conciencia podemos nutrir a otros con el fruto de nuestra sabiduría.

En el árbol viven muchas criaturas, pájaros que hacen sus nidos, viven gusanos y muchos tipos de vida que se alimentan de él. El árbol permite que todos los que quieran o necesiten lleguen a él. Así como el sabio se abre y se dispone a servir sin condición y sin restricción.

El árbol alberga dentro de sí la inmensa sabiduría del Creador, que siempre está dispuesto a dar a todos aquellos que lo pidan o lo necesiten sus frutos dulces, sus nutrientes y su refrescante y amorosa sombra. Por mucho que se lo ataque, por muchas piedras que reciba, él siempre nos brinda lo mejor de sí. Aún después de ser derribado sigue dándonos su amor, a través de la madera, del papel, la leña para calentar nuestros hogares……  Un ser con mucha sabiduría al igual que el árbol siempre trasciende en el tiempo.


El conocimiento es muy importante, pero si no desarrollamos sabiduría y paz interior, y nos convertimos en excelentes personas no sirve para nada.


Luz Stella Solano M.

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No somos dueños de nada ni de nadie

No somos dueños de nada ni de nadie

El concepto de la propiedad causa un gran mal a la sociedad, reduce al ser humano a la lucha por la supervivencia tratando de conservar todo aquello de lo que se cree dueño.

 

No somos dueños de nada ni de nadie.

El concepto equivocado que tenemos acerca de la propiedad privada aleja a las personas y causa daño muchas veces irreversible en las relaciones humanas, induce a una lucha continua y permanente por conservar aquello que considera suyo, a ejercer sobre las propiedades y las personas derechos que no existen.     

Acabar con el principio de posesión y territorialidad comprendiendo que “No somos dueños de nada ni de nadie, solamente administradores temporales de algunas cosas” que el Padre nos ha entregado para disfrutarlas de forma transitoria, permitirá mejorar nuestras relaciones y calidad de vida.

El ser humano en su ignorancia se considera dueño y señor de las cosas, creencia que lo lleva a luchar continuamente para conservarlas y atesorar cada día más y más bienes materiales, centrando en ellos su felicidad, sin darse cuenta de que los puede perder en cualquier momento, precisamente porque no es su dueño, sino un simple administrador temporal.

Mientras exista el concepto de posesividad no puede haber acuerdos de respeto en el comportamiento y en el compartir; la frontera será necesaria. La incapacidad de relacionarnos se manifiesta en las fronteras que establecemos.

El ego dominante:

Una de las fuentes de mayor sufrimiento para el ser humano está sustentada en la necesidad de un ego dominante de poseer y dominar no solo las propiedades sino además a las personas, en especial aquellas que reciben el nombre de “seres queridos”, a quienes queremos tanto que tratamos de imponerles nuestras ideas y creencias, exigirles que tengan comportamientos según nuestro código de ética o parecer, sin tener en cuenta que ellos tienen es suyo y que es igualmente valioso y respetable.

La creencia de que somos o debemos ser dueños de las personas y las cosas, el deseo de dominio y control sobre los bienes materiales hace que las relaciones de pareja, de padres e hijos, hermanos y familia en general, que son las más cercanas, se convierten en territoriales y lucha de poderes, donde cada uno está tratando de imponer por la fuerza algo a los demás; todos quieren ser dueños de las cosas, manejarlas a su antojo y propia conveniencia y en lo que a las personas se refiere busca imponer su criterio y códigos de comportamiento.

Esto se refleja mucho en el caso de herencias puesto que hace bastante difícil una justa repartición de los bienes heredados. Suele suceder que algún miembro de la familia quiere tener el control de las posesiones e imponérselo a los demás, porque desde su concepto es la persona idónea para administrar los bienes familiares y está completamente convencido de que así es, cree tener la razón.

La incapacidad de relacionarnos armónicamente se sustenta en que creemos tener la razón y que el otro está equivocado. Esta posición mental errada, posesiva y autoritaria muestra la voluntad del hombre de ejercer dominio sustentada en conceptos y creencias personales que conforman el ego y la personalidad.

Nada de lo que tenemos es nuestro:

Los bienes materiales que hoy tenemos son transitorios y así como algún día llegaron a nuestras manos para ser administrados, de igual manera en cualquier momento se irán y pasarán a ser administrados por otros. No somos dueños de las cosas, aunque tengamos títulos de dominio material expedido por las normas humanas, puesto que estás se usan con el propósito de poder administrar las cosas de una manera más eficiente, pero desde las leyes divinas, en cualquier momento por muchos títulos que tengas pueden desaparecer.

Por esta razón, todo lo que se pueda ir de nosotros mediante un robo, una estafa, una situación familiar, una catástrofe de la naturaleza o un accidente cualquiera no es nuestro, nos es permitido disfrutarlo y administrarlo, pero no nos pertenece.

Lo único que es nuestro y que nunca podremos perder son nuestros valores internos, la sabiduría que vamos adquiriendo en la medida en que vamos evolucionando, eso permanecerá eternamente con nosotros, lo demás es temporal.

En lo que se relaciona a las personas o “seres queridos” pues sucede algo similar, todos están presentes en nuestras vidas de manera temporal y nosotros en las de ellos, no sabemos en qué momento la vida nos puede separar de forma circunstancial o definitiva, lo único cierto es que las personas están presentes en nuestra vida en cualquier tipo de relación es para que las aprendamos a tratar con amor y respeto, para disfrutar su compañía y poder compartir con ellas.

Nadie sabe por cuánto tiempo puede disfrutar de una relación, pues puede llegar a su final de manera inesperada y definitiva, por eso cada minuto cuenta para ser felices, para amarnos, disfrutarnos y agradecer la dicha de compartir.


Los seres queridos no están en nuestra vida para controlarlos sino para amarlos. 


Luz Stella Solano M.

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