Ámame aunque no lo merezca

Ámame aunque no lo merezca

Uno de los mayores obstáculos que encuentran las personas para expresar sincera y abiertamente el amor es la errónea idea de pensar que solo podemos amar a quien se lo merece, y que existe un cierto grupo de personas que no merecen ser amadas, cuando en verdad no existe alguien o algo que no merezca ser tratado con amor.

Todo sucede por amor

Todo lo que existe y sucede es por amor, el universo ha sido creado por amor, del amor salimos, en él vivimos y hacia él vamos. Dios es amor, es luz, es todo lo que hay, no hay nada que esté fuera o que se le escape, entonces nosotros somos parte de Dios.

Desde esta comprensión todo es Divino y perfecto, todo cuanto vemos, olemos y tocamos es sagrado, existe por alguna razón y tiene una función y un propósito. ¿Cómo podría entonces existir un ser que no merezca amor?

Todos queremos alguien que se interese por nosotros, que nos elija entre la multitud, que nos recuerde, a quien le importemos mucho, con quien podamos contar y que nos hace creer que somos muy importantes. Esta es una súplica que guardan todos en lo más profundo de su corazón, el mayor anhelo que posee el ser humano.

El amor es lo que le da sentido a la existencia humana, el móvil principal del corazón, el motor que lo impulsa a la acción, lo que le da significado a la vida y lo llena de alegría. El amor es el refresco del cuerpo y el alimento del alma, es lo que nutre la conciencia y libera la mente.

El amor es comprensión

Pero, por encima de todo el amor es comprensión, por eso resulta tan importante, porque es el sustento de toda relación. Ninguna relación sobrevive sin amor, toda vida se marchita y desaparece sin amor, nada ni nadie puede existir en su ausencia.

Desde el amor podemos comprender al otro, cada uno conoce sus propios sentimientos, pero no los del otro, podemos compartir la risa con otros, llorar con su tristeza, alegrarnos con su felicidad, o inquietarnos con su preocupación, sin embargo, ninguno puede experimentar exactamente lo que está sintiendo la otra persona, lo que le impulsa a actuar como lo hace y a sentir lo que siente.

Sentimientos ajenos

Cada quien sabe por qué hace lo que hace, yo desconozco lo que otros sienten y piensan, sin embargo, lo que nos une, lo que nos identifica y nos permite acercarnos más al otro, es el amor, no puedo sentir lo que sientes, pero puedo amarte y aceptarte independientemente de que te comprenda o no.

Las personas a veces actúan de forma tan contraria a nuestras ideas o a lo que esperábamos que hiciera que quedamos atónitos, grata o tristemente sorprendidos, pero lo que nos mueve y nos impulsa a aceptarlos a pesar de la diferencia de criterios es el amor.

Cuando amas verdaderamente al otro lo aceptas aunque no comprendas lo que hace, porque estás sostenido no por tus ideas, por una opinión o un gusto personal, sino por el amor que te permite aceptarlo y comprenderlo.

Si para que ames a alguien es necesario que se comporte como a ti te parece, debe hacer, decir o actuar según tu código ético, y cuando se sale de allí lo cuestionas, criticas o juzgas severamente, entonces, ¿qué clase da amor es ese?

El amor otorga libertad, en su ausencia toda relación se vuelve dependiente, generando comportamientos egoístas y controladores, que precisan imponer y dominar para sentirse bien.

Caminos diferentes

El verdadero amor se da generosa y respetuosamente, sin importar los comportamientos ajenos, es cierto que algunos de ellos pueden resultar inaceptables para nosotros, sin embargo, esto no es justificación para el maltrato, el rechazo, el insulto, la crítica o el juicio; con que exista un camino al diálogo cuando es posible, o la decisión de crear distancia y abrirnos a recorrer caminos diferentes, es más que suficiente.

Cuando nos queda imposible continuar juntos por cualquier razón, está bien, cada uno debe seguir adelante, pero aún en la distancia y el silencio puede sobrevivir el amor, se puede amar a alguien, aunque no quieras estar a su lado, se puede comprender que lo que hace no encaja con nuestros criterios personales o códigos éticos de comportamiento, se puede respetar y tratar con amor al que no sabe amar, porque justamente por su incapacidad de amar es que más lo necesita.

Una persona equivocada, desorientada o incluso perdida en la vida, llena de rencores, violencia, envidia o cualquier otro sentimiento negativo, no solo merece ser amada, sino comprendida porque es quien verdaderamente lo necesita.

Aquellos que hieren a los demás con sus insultos, cada vez que levantan su voz, en lo más profundo de su corazón claman por un poco de amor. Quienes desprecian, atacan e incluso maltratan al ser amado, no lo hacen porque sean malos y no merezcan amor, sino porque o jamás lo han recibido o no fue suficiente para ellos y se han sentido poco o nada amados.

Infancia dolorosa

Un niño maltratado será un adulto maltratador, no por maldad sino por ausencia de amor, un niño que crece en un medio hostil, violento, en medio del irrespeto y el odio, difícilmente podrá ser un adulto que respeta y ama naturalmente, pero, eso no significa que no merezca amor. No sabe dar amor porque no lo ha recibido nunca, no sabe respetar porque desde su tierna infancia vivió el irrespeto, creció en medio de los gritos, los golpes y todo el sufrimiento que esta situación produce a cualquier persona.

Estas personas a pesar de su comportamiento agresivo y violento merecen ser tratadas con respeto y amor, con toda la compasión que pueda brotar de un corazón generoso que comprende el daño tan grande que sufrieron a lo largo de su vida.

No es tarea fácil dar amor incondicional a las personas que tienen comportamientos diferentes a los nuestros, pero no es imposible, si la vida colocó en nuestro camino un ser de estas condiciones no es para que lo continuemos maltratando, ya suficiente maltrato ha recibido, sino para que tengamos la oportunidad de aprender a no juzgar a los demás, apoyarlos en la medida de las posibilidades, o alejarnos de manera silenciosa y respetuosa.

No estás obligado a compartir el mismo espacio o continuar al lado de una persona agresiva, menos aún si lesiona tu integridad personal, no tienes que soportar maltrato alguno, tienes el derecho de alejarte, de abrirte un camino diferente, pero sin caer en el mismo error ni responder de igual manera.

Comprende que hace lo mejor que puede y sabe, que no se comporta de forma diferente porque no tiene la capacidad de hacerlo, que es un ser divino viviendo una experiencia humana difícil y dolorosa, porque no existe en el mundo sufrimiento mayor que ser incapaz de amar y de ganarse el amor de los demás.

Quien no sabe amar se hace odiar, sus acciones violentas disparan en los demás la rabia, el instinto de defensa y el rechazo, pero estas personas son solo seres humanos que se comportan erróneamente porque acumularon una gran cantidad de dolor emocional que pesa sobre ellos y no les permite ser diferentes.

Destino triste y doloroso el de aquellos que se niegan a dar y recibir amor, no hagamos de sus vidas una cruz aún más pesada de la que ya tienen, recuerda que cuando alguien parece que merece menos amor, cuando más lo rechaza, es cuando más lo está pidiendo a gritos.

Seamos de aquellos que van por la vida sembrando semillas de amor y paz sin importar a quien, el sol alumbra cada mañana a todos sin discriminación alguna, el agua refresca por igual sin pensar quien merece o no calmar su sed.

Luz Stella Solano M.

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El incontrolable deseo de controlar

El incontrolable deseo de controlar

La más clara señal del miedo que consume internamente a un ser humano se manifiesta en su deseo de mantener el control sobre las cosas, las situaciones y las personas.

Este deseo conduce al ser humano a comportamientos agresivos e impositivos que en la mayoría de los casos son producto del miedo y la falta de confianza en sí mismo y en que el universo es organizado y confiable.

 Sé compasivo

Si padeces de este mal tan generalizado o conoces otros que lo padecen, sé compasivo contigo y con ellos. Los comportamientos equivocados no son producto de la maldad o la mala intención, por lo general provienen de un corazón herido, asustado y lleno de miedos, o de creencias equivocadas instaladas en la mente que perturban la verdadera visión de la existencia humana.

El amor y la confianza en uno mismo y en la vida son el remedio infalible que sana estas emociones negativas. Nadie intenta ejercer control sobre alguien o algo de lo cual se siente seguro, el deseo de control surge ante el miedo incontrolable de que las cosas no salgan como se espera, de perder los bienes y las posesiones o de que las personas no nos quieran y en cualquier momento nos abandonen.

Deseo incontrolable

Imagina entonces lo absurdo del asunto, padeces de un deseo incontrolable de ejercer control sobre los demás y las situaciones o eventos externos. ¿Cómo puede alguien desarrollar la capacidad de controlar algo afuera, cuando no puede controlarse internamente?

La más grande verdad de la vida es que todo cuanto existe y sucede está permitido y guiado por la divinidad, que jamás se cumple la voluntad del hombre, cuando aparentemente parece que se está manifestando lo que los hombres quieren en su vida, no es más que una percepción equivocada del ego que cree que hace y consigue todo lo que se le antoja, pero, en realidad lo único que está sucediendo es que por cualquier razón su voluntad está alineada con la voluntad de Dios, aunque no lo sepa.

Si tu confianza en ti y en la vida está resquebrajada o ha sido perturbada y sientes una necesidad incontenible de controlar las cosas, si sientes un extraño impulso de imponer tus ideas y gustos personales a otros, si sientes angustia o ansiedad de que algo salga mal, la solución a estas situaciones no está afuera, está en tu interior.

Todos en algún momento sentimos miedo y eso es natural, pero también necesitamos aprender a controlarlo porque si nos descuidamos nos convertimos en seres manipuladores, controladores e insoportables, que van por la vida convencidos de que tienen la razón, de que las cosas se deben hacer a su manera y de que pueden controlarlo todo.

Personas indeseables que nadie quiere a su lado y que a cambio de poder controlar algo, con el tiempo descubren que hasta su propia vida se les salió de control.

Orden y perfección

Existe un orden perfecto para cada cosa, si descansas sobre esa verdad con fe inquebrantable serás bendecido y apoyado por la poderosa Fuerza Creadora del universo.

Ten presente que la persona que trata de ejercer poder sobre algo a menudo es porque se siente fuera de control, porque desconfía de sí mismo, piensa que está solo y perdido en este vasto universo.

No puedes ejercer ningún control sobre nada ajeno a ti mismo, creer que puedes controlar algo externo no es más que una falacia que conduce al ser humano a conductas destructivas, el mayor control, el que te llena de poder y te hace indestructible es el poder de Dios que habita en tu interior, cuanto más consciente estés de esta verdad, más en paz sentirás.

Es en tu interior donde puedes y debes desarrollar la certeza de que todo saldrá bien y la fuerza para conseguir lo que te propones, el amor y el orden divino están totalmente a cargo de cualquier situación cuando confías en que así es.

No hay mayor pérdida de tiempo y desperdicio de poder que tratar de ejercer control sobre los demás o sobre situaciones externas que no están en nuestras manos, destruyes tu vida, desgastas tu energía y cada vez te alejas más y más de tu verdadera fuente de poder.

No tienes que cambiar nada ni a nadie diferente de ti mismo, esa es la fuente de la paz interior y con la paz llega la sabiduría de que todas las cosas están bajo control.

Deja ya de malgastar tu tiempo tratando de conseguir lo imposible, nunca lograrás controlar el mundo ni a las personas, si ni siquiera eres capaz de controlar tu mundo interno, ¿Cómo pretendes controlar algo diferente?

Pero, cuando logres controlar ese mundo interno verás el más grande y poderoso de los milagros, descubrirás que no hay nada que controlar, ya todo es perfecto y sucede de la única manera como puede suceder, todas las personas son hermosas y perfectas y hacen lo mejor que pueden y saben, aunque se equivoquen y deban pasar por filtros de aprendizaje que les exige esfuerzo o les causa sufrimiento.

Luz Stella Solano M.

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Soltar y confiar

Soltar y confiar

Algunas veces te esfuerzas mucho para conseguir lo que quieres, haces las cosas como se supone que debes hacerlas y no tienes los resultados deseados, si eso te está pasando es momento de hacerte algunas preguntas:

¿Estoy tratando de forzar las cosas para conseguir que algo ocurra?

¿Algunas veces siento miedo de que mis sueños no se realicen?

¿Quiero que las cosas se den de una manera puntual y me cuesta trabajo aceptar que sea diferente?

¿Busco algo o alguien a quien culpar, o me culpa a mí mismo?

¿Sufro solo de pensar que las cosas no salgan como espero?

¿No estoy muy seguro de lo que quiero?

Las manos de Dios

Analiza muy bien cada una de estas preguntas, si alguna de ellas la respondiste de manera positiva, es momento de soltar eso que está pasando y ponerlo en manos de Dios. Se trata de confiar plenamente en que las cosas se darán en el momento y en la forma perfecta, como corresponde.

Cuando tus sueños son claros y los ves en tu mente ya realizados, viviendo aquello que sueñas en este momento presente sin angustia ni temor, soltándolos al universo, con certeza que se van a materializar en el momento menos pensado.

Algunas veces podemos pensar que confiar es olvidarnos del proyecto que tenemos en mente, y que soltar es que deje de importar, sin embargo, es, al contrario cuanto más valoras un proyecto, más tiempo le dedicas, más atención le prestas, más enfocas tu mente en su realización y así paso a paso vas creando la correspondencia necesaria para materializarlo.

Estas acciones jamás deberán ir acompañadas de ansiedad o preocupación pues estas emociones negativas bajan la energía vital y podrían evitar o detener el buen desarrollo de tu proyecto.

Por el contrario, cuando confías y sueltas simplemente actúas con disciplina, confianza, enfoque, te llenas de paciencia para esperar calmadamente los resultados y total convicción de que vas a lograr aquello que sueñas, liberar con amor es entregarte con serenidad y paz a la voluntad Divina, actuando desde la parte humana, con la seguridad interior de que la Mente Infinita ya está apoyando, aunque aún no sea tan claro para ti.

Gracias

Te sugiero sembrar en tu mente semillas que te apoyen en desarrollar cada vez más y más confianza en ti y en la Mente Divina repitiendo: “Gracias por guiarme con claridad, y apoyarme a que mi proyecto (sueño) se haga realidad aquí y ahora”.

La gratitud es un gran catalizador de la energía Divina que acelera los resultados deseados.

Luz Stella Solano M

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La sinceridad

La sinceridad

Cualidad que le permite al ser humano obrar y expresarse con la verdad, con sencillez, delicadeza y especialmente con benevolencia hacia el otro. La sinceridad bien entendida expresada con sabiduría y respeto es un gran valor, una herramienta de amor que hace transparentes las relaciones entre las personas, no obstante, mal entendida y expresada desde el egoísmo humano y creencias equivocadas se convierte en un arma mortal.

Fundamentos

La sinceridad se fundamenta sobre el respeto y el apego a la verdad como un valor esencial en las relaciones entre las personas, se supone que una persona sincera es aquella que expresa siempre la verdad, que dice y actúa conforme a lo que piensa y cree, que no engaña, no tiene dobleces, no oculta malas intenciones y tampoco busca causar daño o perjuicio a nadie.

Esta es la base sobre la cual se sustenta la sinceridad como un valor, sin embargo, esto no siempre suele suceder. Para analizar este concepto más profundamente hay que tener en cuenta varios aspectos y uno de ellos, yo diría el más importante es saber qué cosa es la “verdad”.

La verdad

Se supone que sinceridad es ceñirse a la verdad, pero ¿Qué es verdad? Como verdad podemos reconocer todo juicio o proposición que no puede ser refutado racionalmente, es lo opuesto a la falsedad o a la mentira. También podemos definirla como la fidelidad a una idea, la convicción absoluta o certeza de algo.

Sin embargo, la verdad que una persona manifiesta está directamente relacionada con lo que ha experimentado, con lo que piensa y siente respecto de algo. Entonces si es así pudiéramos afirmar que la verdad en relación a las ideas y conceptos humanos no es la misma para todos.

Allí es donde el tema de la sinceridad se enreda un poco, puesto que, se considera que una persona es sincera cuando expresa la verdad, pero, si la verdad no es la misma para todos, entonces lo que sinceramente expresa podría ser una falsedad para otros.

La sinceridad vista como la expresión de una opinión propia y muy personal deja de ser un valor, para convertirse en un arma mortal para agredir y atacar a otros.

Suele suceder que cuando vamos a expresar un juicio, a emitir una crítica o a manifestar una opinión respecto de algo, usamos la palabra “sinceramente” y lo peor de todo es que por lo general lo hacemos sin que nadie nos haya pedido dicha opinión, simplemente la emitimos porque nos parece que sinceramente es así.

Cuando vamos a criticar a alguien expresamos, “sinceramente a mí me parece que”:

  • Ese vestido no te luce.
  • Lo que hiciste estuvo muy mal.
  • Eres muy grosero.
  • Tu chaqueta es fea.
  • Tu forma de comer no vestir no es la indicada.
  • Lo que compraste no era lo más conveniente.

La lista de cosas que no aceptamos de los demás puede ser interminable, pero para dar mayor credibilidad a lo que decimos y colocarles mayor fuerza a nuestras palabras, las decimos como si fueran un acto de sinceridad, cuando en realidad lo que estamos afirmando es un gusto personal o una creencia propia que nada tienen que ver con la verdad o la sinceridad.

La sinceridad que expresa cualquier tipo de opinión, juicio o critica a otra persona, si que por lo demás haya sido pedida, jamás podrá ser un valor, es la manifestación de la incapacidad que alguien tiene de aceptar al otro como es y de respetar sus gustos personales.

Gusto personal

Hay otro aspecto que también debemos considerar y es que cuando una persona expresa una opinión que no solo no le fue solicitada, sino que además manifiesta el rechazo a algún objeto personal ajeno, está inequívocamente manifestando la creencia de que su gusto personal es mejor que el de la otra persona.

El tema de los gustos personales es muy simple, todos tenemos el propio y de ninguna manera uno es mejor que el otro, son solamente diferentes. Quien se siente sincero al expresar el rechazo hacia los gustos ajenos no está expresando un valor, está emitiendo un juicio, y lo hace con el convencimiento de que su gusto personal es mejor y además hay que sumarle que está convencido de que tiene la razón.

Esta acción jamás podrá ser considerada sabia, más aún si tenemos en cuenta que con esa “sincera opinión” podemos estar hiriendo los sentimientos ajenos, lastimando la autoestima de otros y causando daño a su integridad personal.

Pedir opinión

Ahora pasemos a analizar lo que sucede cuando nos piden la opinión. Por lo general a las personas les encanta que alguien les pida su opinión en lo que a gustos se refiere, porque eso los hace sentirse bien y refuerza su idea de que tiene muy buen gusto.

Visto esto desde la sabiduría, en realidad las personas no están pidiendo una opinión. La verdad es que a nadie le interesa la opinión ajena, lo que si interesa y necesita la gran mayoría de las personas es la aceptación de los demás.

Cuando una persona le pregunta a otra ¿cómo te parece mi vestido? Lo que anhela su corazón es recibir la aprobación del otro, sentirse aceptado y halagado. No está pidiendo una opinión, puesto que, si en realidad quisiera su opinión le hubiera consultado antes de comprar el vestido.

Ante una situación así surgen diferentes respuestas y opiniones, veamos:

  1. Puedes expresar abiertamente a la otra persona que definitivamente la prenda no es de tu gusto personal. Lo cual evidentemente hará sentir a la otra persona mal, incómoda, posiblemente insegura y rechazada.
  2. Puede ser que si sea de tu agrado y le manifiestes a la persona que te gusta y que le luce muy bien. En ese caso todo fluye tranquilamente.
  3. También puede ser que no sea de tu agrado, pero decides decirle a la otra persona que es lindo su vestido y que le luce bien.

En este caso, se está teniendo en cuenta el firme deseo de hacer sentir bien a la otra persona, de reforzarle su autoestima y elevar su confianza en sí misma.

Muchas personas podrían pensar: eso es decir mentiras, y yo no digo mentiras. Bueno aquí nos volvemos a encontrar con el tema de la verdad.

La verdad vista desde la sabiduría también está ligada a la capacidad de expresar siempre palabras de amor y bondad, a lograr que con nuestras acciones, pensamientos y palabras los demás se sientan bien. ¿De que sirve una sinceridad que causa daño a los demás? Si tus palabras y acciones causan daño a otros ¿realmente son una verdad? O más bien son la manifestación de un ego que no se sabe controlar.

Te invito a que desde lo más profundo de tu corazón y sin entrar en ningún tipo de polémica, porque no se trata de defender una hipótesis, sino más bien de ver las cosas desde un ángulo diferente, pienses ¿Qué tipo de acción tiene una persona cuando está brindando aceptación, valoración y amor a otros?  aunque esté pasando por encima de su gusto personal, afirmando algo que posiblemente no sea tan cercano a su verdadero gusto, pero que brinda gran emoción y satisfacción al otro.

¿En ese caso estás diciendo una mentira o, por el contrario, estás teniendo un acto de compasión y sabiduría? Algunas veces callar nuestra propia opinión para reafirmar a otro que necesita sentirse aceptado y reconocido es un acto de mucho valor, de gran generosidad y de genuino amor.

La sinceridad que causa daño a otra persona, no es un valor, es una acción egoísta y destructiva que muestra poca generosidad y respeto hacia los demás. Algunas veces puede ser que al decir pequeñas mentiras que hacen sentir valiosas e importantes a otras personas no es una acción ni mucho menos reprochable, es la manifestación del amor hacia los otros y el reconocimiento del profundo respeto que merecen.

Todo aquello que sea verdad siempre está unido al bienestar común, al respeto y la expresión del amor, aunque algunas veces hay verdades que resulten dolorosas pero que son inevitables. La sinceridad expresada desde la única verdad que existe en el universo que es el “Amor” siempre será un valor, aunque algunas veces como acto de compasión y generosidad, debamos pasar por encima de nuestras propias ideas o gustos personales, para satisfacer las necesidades o las carencias de otros.

Luz Stella Solano M

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Querer o necesitar

Querer o necesitar

Hay que saber escoger para no perdernos en la maraña mental y social de creencias obsoletas que nos llevan a desear tener muchas cosas, cosas absolutamente innecesarias pero que por una falsa creencia o por una costumbre social de aparentar lo que no somos, deseamos intensamente.

La vida esta sabiamente guiada por una inteligencia superior a nosotros, es una presencia continua y permanente que nos acompaña siempre, solo que nosotros muchas veces estamos distraídos y dirigimos nuestra atención hacia otros intereses.

Sendero a la ansiedad

Algunas veces ocupamos la mayor parte de nuestro potencial mental en desear cosas que no solo no necesitamos, sino que además no vamos a usar y en poco tiempo empezarán a estorbar, simplemente las queremos porque nos produce algún pequeño placer, o porque acumulando cosas que no necesitamos mostramos a otros que tenemos más que ellos, tal vez porque internamente no nos amamos lo suficiente, pensamos que los demás valen más porque tienen más cosas que nosotros, o inconscientemente entramos en una ridícula competencia de mostrar quien tiene más.

En cualquier caso, querer cosas es un sendero seguro a la ansiedad, al vacío interno que jamás podrá llenarse teniendo o acumulando cosas superfluas e inútiles. Las personas que más acumulan bienes, artículos o posesiones que no necesitan solo por la escondida y errada idea de que así ganarán el respeto o la admiración de los demás permanecen en un limbo oscuro desconectados de la realidad de la existencia humana.

Querer cosas se convierte en una continua fuente de ansiedad y descontento ya que, cada vez que se satisface un deseo inmediatamente surge uno o varios nuevos. Querer se convierte entonces en una fuerza frívola, vehemente, asoladora que jamás se satisface, es un catalizador de miedo y frustración.

Hay que tener en cuenta que esa inteligencia superior que nos acompaña siempre, también nos protege y por esa misma razón no permite en muchos casos, (la mayoría de ellos), que logremos satisfacer esos caprichos de niño malcriado. Uno de los más importantes y valiosos aprendizajes de la conciencia está en comprender que jamás se cumple la voluntad del hombre porque por encima de ella está la voluntad de Dios.

La voluntad del hombre solo se cumple cuando está en perfecta armonía y sincronía con la voluntad Divina, el ser humano en su ignorancia puede suponer que sabe conseguir lo que quiere cuando quiere, pero, en realidad consigue lo que quiere cuando le corresponde por voluntad de Dios aprender algo mediante la satisfacción de sus deseos, aunque estos sean superfluos o inútiles.

Puede ser que esas grandes luchas que algunos seres enfrentan para conseguir algo que quieren vehementemente, aunque sea del ego, finalmente termina enseñando a la persona la constancia, la paciencia y el enfoque requerido para lograr las cosas. El motivo inicial que motivo la acción era del ego, pero el proceso que tuvo enfrentar para conseguirlo se convirtió en una gran lección de vida y una profunda comprensión para la conciencia.

En nuestra vida siempre lograremos sin mayor esfuerzo aquello que necesitamos, por lo tanto, querer cosas que no necesitamos, solo con el fin de satisfacer el ego, no solo es fuente de angustia y ansiedad, sino una gran pérdida de tiempo, puesto que, como ya vimos en este universo nunca se cumple la voluntad del hombre, solo la voluntad Divina.

Las necesidades

Contrariamente a esto llevo años verificando el feliz resultado que se logra cuando renunciamos a querer cosas y nos enfocamos en aquello que necesitamos, tanto nosotros mismos como los otros. Las necesidades forman parte de las corrientes más profundas de la existencia de una persona, suelen ser significativas, necesarias y muy satisfactorias, no responden al capricho humano, sino a la voluntad de Dios.

El querer está centrado en satisfacer un capricho personal, mientras que la necesidad proviene del impulso innato de la conciencia de servir y apoyar a otros. Así pues, toda necesidad es motivada por una emoción sublime de amor y servicio, por el deseo intrínseco de sentirnos útiles, de dar lo mejor, de compartir nuestros valores.

Eso se logra cuando a cambio de luchar por querer satisfacer necesidades banales, enfocamos nuestros más hondos deseos en irradiar amor, en servir a otros y en aprender a satisfacer sus necesidades, que en últimas también son las nuestras.

Observemos algunas de las necesidades que tienen las personas:

Cuando la gente quiere:

  • Llamar la atención por encima de otros, necesita amor propio y atención.
  • Que los demás los traten con amabilidad y simpatía, necesita comprensión.
  • Lujosos automóviles y costosas viviendas, necesita transporte, techo, atención y amor.
  • Poder, necesita reconocimiento y aceptación.
  • Prestigio y fama, necesita respeto y admiración.
  • Diversión, necesita profunda satisfacción.
  • Dominar y controlar, necesita influir y guiar, satisfacer su capacidad de dirección.
  • Los hijos quieren libertad y tolerancia, necesitan disciplina y atención.
  • Comodidad, necesita realización y trabajo.

En la medida en que conozcas estas y muchas otras necesidades de los demás y aprendas a satisfacerlas de alguna manera, no estarás satisfaciendo las de ellos, sino las tuyas, te estarás llenando de un increíble gozo interno, que ya nunca más vas a dejar que se escape de tus manos.

Enfocar la atención en las personas para amarlas y servirles de la mejor manera posible llena de contento la vida, las cosas son para usarlas en la medida en que las necesitemos, más nunca podrán producir el gozo interior que genera el servicio incondicional.

Las cosas producen comodidad y facilitan la vida, el servicio en amor produce complacencia, paz y una verdadera felicidad, que nunca jamás cosa alguna podrá darnos.

Luz Stella Solano M.

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