El ciudadano universal ha alcanzado la paz interior, conoce esta cualidad que nace en lo más profundo del interior de cada ser, está sintonizado con el poder espiritual del amor universal y vive a plenitud, en armonía con el entorno que lo rodea, en respeto total hacia todas las personas, sucesos y cosas.

La paz no viene por casualidad, nadie nos la puede regalar, ni tampoco robar. La paz es un resultado del trabajo interno de transformación personal, de aquella persona que después de mucho batallar con su propio ego, logro doblegarlo, desvanecerlo para dar espacio a la verdadera manifestación del amor universal a través de la comprensión.

La paz es esa tranquilidad profunda que nos llega cuando somos capaces de soltar el temor y los pensamientos inquietantes, inútiles o amenazantes y transformarlos en pensamientos voluntariamente mantenidos, conscientemente sostenidos y sabiamente dirigidos.

La comprensión de que todo cuanto sucede y existe se da por amor, que el universo entero es una creación perfecta de Dios y obedece a una organización inteligente dirigida por la divinidad, que nada sucede por azar sino que todo responde a leyes divinas perfectamente diseñadas, produce en el interior del ser, la tan anhelada “Paz Interior”.

La paz es la liberación consciente y voluntaria de las preocupaciones, el sufrimiento, el dolor, el estrés y el temor, y redescubrir las incontables maravillas que nos ofrece la vida.

La paz es tener adentro de nosotros la certeza de que todo está bien, la comprensión de que a pesar de nuestras dudas e inseguridades el Creador tiene todo bajo control, a pesar del aparente caos, todo marcha como debiera y no sucede nada que no corresponda.

La paz nos llega cuando tomamos la decisión de entregarnos al fluir de la vida, de dejar de luchar contra las situaciones externas que no podemos cambiar y las aceptamos, comprendiendo que suceden porque así debe ser, que detrás de esos sucesos incomprensibles para nosotros hay un propósito divino, pedagógico y de amor.

Los embrollos mundanos, los conflictos generados por el ego, la lucha para conseguir que las cosas sean como queremos y la angustia producida por una carga de responsabilidades mal comprendidas y poco asumidas, nos sumergen en el sufrimiento y el temor.

En un estado mental alterado, invadido por el miedo y aprisionado por el sufrimiento no hay lugar para la paz. La paz sobreviene cuando desviamos nuestra atención de los problemas que no podemos resolver y la dirigimos al interior de nuestro ser, para conectarnos con nuestra propia divinidad y logramos escucharla con atención.

Nuestro ser interior, la divinidad que habita en nosotros conoce la solución a todos nuestros problemas, sabe cómo hacer para trascender el miedo que nos embarga y transformar el temor en amor, las dos caras de una misma moneda, pero de la cual durante la vida, posiblemente no hemos visto sino una sola cara.

El camino que nos conduce a la paz está lleno de obstáculos mentales, de amenazas muchas veces imaginarias creadas por una cultura enferma que son trasmitidas de generación en generación, cargas ancestrales que debemos tirar, para lograr llegar al propósito final.

Algunos de los grandes obstáculos para llegar a la paz están solapados, bien escondidos en el miedo al futuro y las lamentaciones por el pasado, en el deseo interno de buscar culpables y no asumir los resultados de nuestros actos, en la incapacidad de aceptar la vida y sus procesos y en falta de amor y gratitud por las bendiciones recibidas.

La paz se ve continuamente atacada por pensamientos de posesión que nos hacen creer que somos dueños de las personas y las cosas, y caer en el horror de tener que luchar continuamente para cuidar aquellas cosas que supuestamente nos pertenecen.

El ciudadano universal ha realizado el viaje hacia la paz, ha superado los baches de la envidia, los atafagos de la impaciencia, los callejones oscuros de la terquedad, las nubes de la rigidez y las tormentas de la agresión.

Ha recorrido y conoce el camino de la meditación y la oración meditativa, se ha cultivado a sí mismo, ha trabajado en su interior y abandonado el deseo de cambiar el exterior, ha dejado de luchar por cambiar a los demás comprendiendo que tienen derecho a ser como son y merecen respeto y aceptación.

El ciudadano universal encontró el camino hacia la paz interior, invulnerable a todo suceso externo, jamás la pierde ni se sale de su centro pues superó los miedos, y llego a la comprensión de la perfección de la Creación.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadLuz Stella Solano M. 

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