DESDE TIEMPOS INMEMORIALES ALGUNOS ANTIGUOS SABIOS CHINOS ACUÑARON UN CONCEPTO CUYA ENUNCIACIÓN REPRESENTA UN INMENSO LOGRO EN LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

a la par que la expresión de uno de los métodos de administración más sutil y poderoso que existe: el Wu Wei, también conocido como la Ley del Mínimo Esfuerzo o el arte de obtener resultados aprovechando las fuerzas existentes en cada situación en lugar de ir en contra de ellas, del cual las artes marciales orientales son su más conocido ejemplo.

Nuestra educación occidental ha sido cimentada en la exaltación de la acción arrolladora como valiosa en sí misma. Hemos sido formados en la cultura de que por encima de los medios está la consecución de los objetivos y que son los logros los que determinan ese apreciado valor social llamado éxito, independientemente del costo en que se incurra para obtenerlo, muchas veces reflejado en conductas que obstaculizan la cooperación presente y futura entre grupo y personas interdependientes. Frente a los habituales valores que sirven de base a la acción desbordante, la energía frenética, o el dinamismo de la excitación propia de cualquier lucha, la propuesta de este paradójico hacer con la mínima acción, se revela tan seductora como inaprensible si se trata de comprender desde una perspectiva sesgada por la visión de la vida como una lucha entre opuestos en lugar de una síntesis entre contrarios.

Tal vez por ello, el Wu Wei sea para nosotros, los occidentales, más difícil de comprender que para los pueblos de Oriente aunque, en realidad, el factor cultural es mucho menos condicionante que el deseo sincero que cada persona tenga de orientar su vida hacia la acción no violenta propia del Wu Wei usando métodos que enfaticen más la cooperación que la confrontación.

Pero ¿es este concepto algo más que una reflexión ingeniosa fruto de algún monje taoísta? Y, lo que es más importante:

¿Es susceptible de ser aplicado en el ámbito de lo concreto, en el mundo de las empresas o de la política, por ejemplo?

¿Cómo es posible hacer desde el no-hacer?

¿No son ambas ideas antagónicas?

Pues bien, la práctica del Wu Wei en la vida diaria no sólo es posible, sino que facilita el éxito, entendido como lograr lo que se quiere, tanto en resultados como en un mínimo de consecuencias adversas posibles, para las partes involucradas. Si entendemos el Wu Wei como la práctica que nos conduce a no violentar la naturaleza de lo que queremos modificar buscando la línea del menor esfuerzo, lograremos un valioso criterio para la acción eficaz en todos los órdenes de la vida.

Si bien es cierto que la acción no solo efectiva sino eficiente; es decir, lograda con el mínimo esfuerzo, es generalmente una consecuencia de la madurez proporcionada por la experiencia de tratar de lograr cambios con el mínimo costo posible, no es menos cierto que se trata de una forma de ver la vida desde la perspectiva de la no violencia, aplicable a nuestra conducta a través de un aprendizaje consciente.

Un sistema está como está porque no puede estar de un modo distinto, las múltiples fuerzas de distinta intensidad y dirección que lo componen se hallan en un equilibrio inestable que produce el resultado que se observa; esto independiente de los criterios de valor que sean usados para evaluar la situación y quererla llevar a un nuevo equilibrio.

Esta verdad de PEROGRULLO si se analiza con detenimiento es la clave de la acción transformadora eficaz y eficiente.

SI SE QUIERE MODIFICAR ALGO CON EL MÍNIMO ESFUERZO aplicando la concepción del Wu Wei, hay que entender lo más completamente posible qué determina el equilibrio del sistema y cuál es la intensidad y dirección de las fuerzas que generan su actual estado. El Wu Wei implica por lo tanto, conocer en profundidad la naturaleza de lo que se pretende cambiar con el fin de poder movilizar el sistema al resultado apetecido con un mínimo de intervención reconfigurando las fuerzas que lo integran.

Esto equivale a una acción “terapéutica” equivalente a retirar los elementos que dificultan que el sistema funcione en la forma deseada, logrando que este por su propia dinámica logre un desempeño que lo “optimice” lo cual implica conocer las fuerzas más poderosas y profundas que operan bajo la superficie del sistema que se quiere modificar, normalmente relacionadas con la naturaleza humana. El Wu Wei es parcialmente coincidente con la teoría de cambio de Kurt Lewin (2) cuyas investigaciones condujeron a la afirmación de que es más económico, en todos los sentidos de la palabra, modificar un sistema eliminando las fuerzas restrictivas que lo ubican en una determinada posición de equilibrio que aumentando las fuerzas impulsoras. Lo anterior implica en el mejor de los sentidos sabiduría en la acción, minimizando no sólo las intervenciones a las estrictamente necesarias sino también no proveerlas de una potencia superior a la mínima para lograr el resultado apetecido, concentrándose más en las restrictivas que en las impulsoras.

Aplicando una somera observación a la conducta empresarial, se evidencia de inmediato la tendencia que tienen los Gerentes a complicar el logro de sus propósitos por desconocimiento del sistema o por arrogancia del EGO, percibiendo los procesos de cambio como batallas de ganancia cero en la que forzosamente debe haber ganadores y perdedores. Siendo el Wu Wei el método de obtener resultados con la menor inversión de tiempo, esfuerzo, energía y medios posibles, podemos observar que el beneficio de usar esta perspectiva se multiplica en proporción directa a la complejidad del desafío y a la necesidad de causar el mínimo daño posible a las relaciones de cooperación necesarias en cualquier sistema compuesto por actores con metas coincidentes, aunque tengan intereses diferentes.

El Wu Wei no tiene nada que ver con la inactividad. Muy al contrario, siendo como es el arte de permitir que las cosas sucedan siguiendo su flujo natural, se puede afirmar que el no-hacer lo que no conviene hacer dada la naturaleza del sistema a intervenir, es la máxima expresión de la acción; es decir, una acción que brota de la profunda naturaleza de lo que se intenta modificar dejando al margen las necesidades del ego y el irreal mundo en el que habita. Este propósito esta expresado en la frase del Arte de la Guerra de Sun Tzu en la que sostiene que el supremo logro es someter al enemigo sin luchar.

También aunque con una filosofía distinta basada en el odio que desintegra y no el amor que une, subyace en la práctica marxista orientada a aumentar las contradicciones dentro de un sistema con el fin de provocar su cambio. Aplicado a la propia vida y a la administración de personas el WU WEI implica construir sobre fortalezas, las propias y las de los demás, en lugar de sobre debilidades. Para aplicar esta práctica del hacer sin hacer, volviéndonos maestros de la acción en la inacción; se sugieren los siguientes pasos:

1. Definir el QUÉ, el POR QUÉ y el PARA QUÉ de lo que se quiere cambiar. Establecer los límites del sistema que se intenta modificar.

2. Esto se hace contestando a la pregunta ¿Quiénes tienen poder o autoridad para lograr que el sistema cambie, o en su otra cara, para impedir su modificación?

3. Descubrir las fuerzas naturales, el ATRACTOR hacia donde se dirige el sistema. Las fuerzas más grandes son las que existen en la naturaleza humana; son ellas las que condicionan los movimientos de cualquier sociedad que solo produce satisfactores, no crea necesidades. La comprensión de la dinámica interna de un sistema humano, comienza y termina, por lo tanto, con el entendimiento de las necesidades e intereses de las partes que lo componen y la correlación de fuerzas entre los diversos intereses independientemente de que sean o no legítimos a la luz de cualquier criterio de valor. Está condenado al fracaso a corto, mediano o largo plazo cualquier cambio que vaya en contravía con la naturaleza humana; por ello conocerla es obligatorio para cualquier agente de cambio que no quiera ser agobiado por las fuerzas contrarias a sus propósitos que irreflexivamente desate. Para lograrlo vale la pena apoyarse en los descubrimientos de las ciencias humanas.

4. Evaluar las fuerzas existentes dentro del sistema definiendo cuáles son impulsoras en el sentido en que queremos se mueva el sistema y cuáles restrictivas de tal acción, concentrándose principalmente, en las restrictiva aplicando el Principio de Pareto.

3.  Actuar manteniendo una permanente observación sobre el sistema intervenido evaluando las repercusiones de las acciones y efectuando las correcciones necesarias. No olvidar que se es parte de el mismo y que este es tan complejo que no es posible predecir con alto grado de probabilidad los resultados, por lo tanto la estrategia debe estar al servicio de la cambiante situación, sin perder el objetivo que se busca modificándolo si las circunstancias lo hacen necesario.

La práctica hace al maestro, entre más rápido se empiece a incorporar estos factores en el análisis de las decisiones de cambio más pronto se empezaran a cosechar éxitos en el intento de establecer entornos sociales más ajustados a la naturaleza humana, permitiendo que los aspectos positivos de la misma se expresasen creando armonía en donde exista discordia y juegos de poder entre “buenos” y “malos”.

1. INSPIRADO EN UN ARTÍCULO ANÓNIMO DE INTERNET DEL MISMO TÍTULO [HTTPS://WWW.PROYECTOPV.ORG/1 VERDAD/WUWEI.HTM], MODIFICADO Y ADAPTADO AL MUNDO DE LAS DECISIONES EMPRESARIALES POR EL ADMOR. ALBERTO MERLANO EN DICIEMBRE 2012.

2. PSICÓLOGO ALEMÁN NACIONALIZADO ESTADOUNIDENSE (1890-1947).SE INTERESÓ EN LA INVESTIGACIÓN DE LA PSICOLOGÍA DE LOS GRUPOS, LA DINÁMICA DE LOS PROCESOS DE CAMBIO Y LAS RELACIONES INTERPERSONALES. ES RECONOCIDO COMO EL FUNDADOR DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL MODERNA.

3. WILFREDO PARETO (1848- 1923) FUE UN SOCIÓLOGO, ECONOMISTA Y FILÓSOFO, CREADOR DEL DENOMINADO PRINCIPIO DE PARETO TAMBIÉN CONOCIDO COMO LA REGLA DEL 80-20 QUE ESTABLECE QUE EN UN EVENTO SOCIAL UN MÍNIMO DE CAUSAS – APROXIMADAMENTE EL 20% – RESPONDEN POR LA MAYOR PARTE DEL EFECTO- APROXIMADAMENTE EL 80%. POR LO TANTO SI QUEREMOS CAMBIAR ALGO DEBEMOS CONCENTRARNOS EN LOS POCAS CAUSAS DEL EFECTO QUE QUEREMOS MODIFICAR. EL PRINCIPIO HA SIDO DE GRAN APLICACIÓN EN LA ECONOMÍA Y EN LA ADMINISTRACIÓN, ENTRE OTRAS.

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