Hacerte cargo de ti mismo, de tus propias emociones y sentimientos, es necesariamente una decisión personal y una determinación que en la mayoría de los casos no encaja con los parámetros culturales establecidos.

Desde nuestra cultura, la inteligencia es algo que se mide por la capacidad de resolver problemas complejos, de escribir, leer, computar a ciertos niveles, de resolver rápida y acertadamente ecuaciones abstractas y cálculos complejos.

Con esta visión de la inteligencia, es lógico que la educación  sea enfocada hacia una educación formal, rígida, exigente, centrada en conocimientos académicos, en la obtención de títulos, fomentando una especie de “esnobismo intelectual” o exagerada admiración por los logros académicos y los resultados intelectuales.

Se cataloga a una persona como inteligente si posee una serie de títulos académicos, o una gran capacidad dentro de alguna disciplina escolástica (matemáticas, física, ciencias, un gran vocabulario, muy buena memoria para recordar datos superfluos, etc.) Sin embargo los hospitales psiquiátricos están atiborrados de pacientes que tienen todas estas credenciales, como de gente que no las tiene, o sea que tener estas características no libra a ninguna persona del colapso nervioso, más bien en el afán de competir para alcanzar todos estos logros se convierte el alguien lleno de angustia, estrés, insatisfacción personal y depresión.

Entonces ¿qué es inteligencia? El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y efectiva, vivida cada día, a cada instante. Es la capacidad de vivir el momento presente sin juzgarlo, sin sufrirlo, sencillamente viviéndolo y actuando de acuerdo a lo que se necesite en ese preciso momento. Vives el momento presente sin culpar a nadie por tus sentimientos o emociones, lo que hace que sea imposible que te conviertas en una carga para nadie, porque eres totalmente responsable de lo que sucede en tu interior.

Inteligencia es la capacidad de elegir la paz, la armonía y la felicidad, en vez de la depresión, la angustia y la ansiedad, una persona inteligente sabe enfrentarse con los problemas que hay en su vida, no mide su inteligencia por la capacidad de resolver problemas, sino por su capacidad de seguir estando tranquila y feliz, se solucione o no el problema. Puedes empezar a considerarte realmente inteligente con base en cómo escojas sentirte al enfrentarte con circunstancias difíciles.

Tenemos problemas y dificultades y en realidad son bastante parecidas para todos. Los conflictos, las enfermedades, los aprietos  económicos, la vejez, la muerte, los desastres naturales, los accidentes son parte de lo que significa vivir la vida y presentan un obstáculo o inconveniente para todos.

Sin embargo algunas personas logran evitar la zozobra y el desconsuelo que inmoviliza conservando la calma y la lucidez mental,  otros se desploman, quedan inertes y sufren un ataque de ansiedad o depresión. Los seres humanos que reconocen los problemas como algo que es parte de la condición humana y de la vida misma y no miden su felicidad por la ausencia de problemas, esos son los seres humanos más inteligentes que conocemos, también los más raros y difíciles de encontrar.

La capacidad de disfrutar de la vida está completamente ligada a la aptitud y la disposición de hacerte cargo de ti mismo, que implica un proceso mental nuevo, que puede resultar difícil porque muchas fuerzas de nuestra sociedad se confabulan contra la responsabilidad individual.

Algunos padres están convencidos y enseñan a sus hijos que no podemos hacernos cargo de nuestras propias emociones, que no somos capaces de controlar los sentimientos, que la ira, el miedo, el odio, la angustia, el sufrimiento al igual que el amor, el éxtasis, la serenidad y la alegría son cosas que nos pasan sobre las que no tenemos ningún control.

Los sentimientos no son simples emociones que suceden, son reacciones que elegimos tener. Podemos ser dueños de nuestros propios sentimientos y emociones, podemos escoger sentirnos bien o derrotados. Cuando aprendemos a sentir lo que preferimos sentir iniciamos la senda de la inteligencia y de la autorrealización.

La gente realmente distinta no se preocupa por su propia felicidad, sino que la da por sentado, la siente como parte inherente a su condición humana. No necesita de otros para que le inyecten felicidad, no espera que nadie le haga feliz, sabe que es feliz por sí mismo y que puede compartir con otros su propia felicidad.

Luz Stella Solano Montes | Nueva HumanidadLuz Stella Solano M. 

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