Existe un campo invisible y amorfo que dirige todo cuanto existe, no se halla un lugar donde no esté, no se puede dividir y está presente en todo cuanto vemos, olemos, tocamos y sentimos. Es una fuerza infinita e invisible que está más allá del mundo de la forma y de los límites.

Fuerza invisible

Este universo tiene una clara intención y se manifiesta de mil formas en el mundo físico. Nuestra conciencia, pensamientos, emociones, sentimientos y cuerpo físico son parte de esa intención.

Esta ley está sustentada en el hecho de que la energía y la información están en todas partes. La naturaleza esencial de este universo es la interacción entre la energía y la información. Esta fuerza invisible está tanto en lo físico como en lo no físico.

Nuestro cuerpo físico forma parte de la totalidad de ese campo, al momento de nuestra concepción se dispara la intención que le dará forma al cuerpo, a su desarrollo, crecimiento y envejecimiento. También pone a funcionar mucho de nuestras emociones, sentimientos y forma de ser. La naturaleza, los árboles, los animales y todo cuanto existe responde a esa interacción de energía e información. Lo que nos distingue y nos hace diferentes unos de otros es la cantidad de energía e información y la forma como ellas interactúan.

Alguien que comprende esta sencilla ley y se conecta con el campo de la intención, se siente impulsado por una fuerza de voluntad que no permite que nada se interponga en la consecución de su deseo indestructible, es una determinación inquebrantable que lleva a las personas a la actitud de no rendirse nunca por ningún motivo ni circunstancia, además de tener una visión interna de que lo puede lograr, convirtiéndose en un visionario y creador de su realidad.

La intención lo define todo en el universo y está en todas partes, sin embargo, muchos de nosotros nos sentimos desconectados de ella y nos hace mucha falta. Los mundos natural, vegetal y mineral jamás se desconectan de su fuente, no censuran su intención.

El velo de las apariencias

Los seres humanos a pesar de tener unas capacidades cerebrales superiores estamos desconectados sin saberlo, porque tenemos un ingrediente llamado “ego”; el velo de las apariencias que nos impide ver la realidad de la existencia, una idea equivocada de lo que es, una serie de creencias limitantes y erradas de lo que debemos o no hacer y de nuestra finalidad.

Permitir que el ego nos muestre el camino a seguir nos aleja del sendero de la intención. El ego nos lleva a luchar por lo que queremos con ansiedad y angustia. Lo que queremos y no se nos da, necesariamente es porque todavía no corresponde, querer cosas y apoyarnos en una decisión inquebrantable para lograrlo es luchar y la lucha perturba la mente. Tener una gran fuerza de voluntad y estar dispuestos a todo con tal de alcanzar nuestros deseos es entrar en la línea del sufrimiento, significa pedirle al ego que sea la fuerza que controle nuestra vida.

La lucha incansable y la terquedad no permiten la conexión con la ley de la intención. La voluntad se convierte en una parte del ego que cree que estamos separados de los demás, que debemos luchar, atacar, competir y defendernos para alcanzar nuestros objetivos.

También es esa parte de nuestra personalidad (creencias falsas – ego) que cree que somos nuestras posesiones, nuestros logros, nuestros honores, títulos y poder. El ego quiere que continuamente obtengamos cosas para demostrar las capacidades y el poder que tenemos, nos empuja a sobresalir ante los demás y a publicar la importancia de nuestras acciones. Hace que sintamos un fuerte deseo de exponer una superioridad y prepotencia disfrazadas de excesiva dedicación, determinación y obsesión por el trabajo.

La atención y la intención

La sabiduría tiene dos cualidades inherentes a ella: la atención y la intención. La atención proporciona la energía y la intención la transforma.

La atención es un acto deliberado con una dirección específica. Todo aquello sobre lo que recaiga nuestra atención se fortalecerá y crecerá, porque se está nutriendo diariamente. Fijar nuestra atención con reiterada frecuencia sobre algo hace que lo potenciemos, permite que observemos su forma, su contenido, sus características y que nos conectemos con eso, pero de una manera natural y espontánea. Las cosas sobre las cuales prestamos más atención en nuestra cotidianidad crecerán con más fuerza en nuestra vida.

Contrariamente las cosas a las que no les prestamos atención se debilitan y tienden a desaparecer. Pierden fuerza por falta de atención y de la energía que esta les brinda.

La Intención es un concepto muy amplio superior al “ego”, a los “quieros” y a la “voluntad individual”. Es una energía que aviva la energía y la información transformándolas. La intención es esa fuerza que abre las puertas de las facultades dormidas y escondidas permitiendo que salga ese ser extraordinario que hay en nuestras profundidades.

La intención es esa fuerza infinita que nos impulsa a descubrir todo un océano de posibilidades, vemos a través de ella a ese ser eterno y maravilloso que somos y entendemos su valor y su capacidad creadora, nos invita a disfrutar de todo cuanto sucede y existe porque sabemos que tiene un propósito de amor, a estudiar, comprender y aceptar las Leyes del Universo y la esencia de la creación.

Cuando se unen la atención y la intención se desencadenan una serie de posibilidades nunca antes alcanzadas. Aparecen los sucesos, las personas y las circunstancias adecuadas para que se produzca el resultado esperado, obviamente este resultado se dará paralelo al respeto y cumplimiento de las Leyes del Universo. 

El deseo sin apego

La intención es el poder que lo organiza y lo dirige todo, hace que podamos poner a trabajar para nosotros ese computador cósmico que crea, diseña y gobierna todo lo que existe. La intención es muy poderosa porque es deseo sin apego. El deseo sin apego es esa brisa refrescante que nos anima a esperar que se produzca una maravillosa expansión, la multiplicación del bienestar, la abundancia y la prosperidad en todos los campos.

El solo deseo es débil porque contiene apegos. Cuando el deseo se reduce al ansia de algo específico, de algo que queremos experimentar o tener y al mismo tiempo tenemos conciencia de su ausencia, aparece la sensación de malestar e inconformidad y sufrimos por ello. 

Pensar en lo que deseamos y al mismo tiempo sufrir porque no lo tenemos, es bloquear cualquier posibilidad de que llegue a nosotros, todos los caminos se cierran porque se desconectan de la voluntad y el propósito Divino.  Pensar en lo que deseamos y desconectarnos del apego y del sufrimiento, sin hacer ninguna resistencia a la realidad presente es crear una correspondencia con nuestra intención.

La intención unida al desapego tiene un poder transformador. Transforma el presente porque la sensación de bienestar aparece de forma inmediata y el futuro como un resultado del presente sin luchas ni resistencia de ninguna clase.  

Luz Stella Solano M.

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